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Historia de la ciencia en Grecia y Roma
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
Al igual que otras distintas civilizaciones (véase la primera parte de este trabajo), el mundo helénico partió con un pensamiento mítico e irracionalista, en el cual los dioses eran la explicación de todos los fenómenos del mundo. Sin embargo, el despertar del racionalismo jonio llevó a nuevas concepciones del mundo. En esto influyó poderosamente que los helenos se transformaron en un pueblo en contacto con culturas más antiguas, tales como Egipto y Mesopotamia. Numerosos personajes históricos helénicos del Siglo VI adC viajaron a dichas tierras y aprendieron conocimientos científicos, entre los cuales se encuentran Pitágoras de Abdera y Tales de Mileto.
La ciencia griega durante los siglos VI y V adC conoció un brillante período de desarrollo. Entre los grandes se cuentan personalidades como Anacarsis, por ejemplo. Muchos personajes calificados de filósofos, en realidad parecen haber sido grandes científicos, puesto que no sólo se dedicaban a especular sobre el universo, sino que muchas veces emprendían ingeniosos experimentos para demostrar sus asideros. Así, por ejemplo, Anaximandro no se limitó a enunciar que el aire es una substancia material, sino que probó su aseveración mediante una clepsidra. Y Heráclito, de quien se dice se arrojó en un rapto místico al interior del monte Etna, es posible que haya fallecido en alguna clase de expedición geofísica. El más grande de los investigadores de esta generación fue Hipócrates de Cos, llamado quizás de manera un tanto hiperbólica, pero con un respeto muy justificado, el Padre de la Medicina. Además del célebre juramento hipocrático, legó estupendos consejos sobre el tratamiento de los enfermos, incluyendo el estudio de los climas y aires que influyen sobre su recuperación, así como la importancia de la dieta; todo esto, combinado con un legado más sutil, pero también más importante, de un saludable escepticismo y de un espíritu de averiguación lejos del dogmatismo propio de la medicina en tiempos anteriores.
Entre los siglos IV y II adC, el mundo mediterráneo se vio sumergido en un sinfín de guerras, que llevaron a la ampliación del mundo helénico. Siguiendo el adagio según el cual las guerras estimulan la inventiva humana, dicho período fue muy saludable para las ciencias griegas. Probablemente el pionero de esta nueva manera de entender la ciencia fue Aristóteles, cuyo Liceo fue tanto un centro filosófico como una especie de laboratorio de investigación. Los reyes de los imperios orientales fundaron a su vez sendos centros científicos, transformando a ciudades como Pérgamo o Alejandría en brillantes centros del saber científico. Destinada a hacerse célebre, la Biblioteca de Alejandría albergaba miles y miles de rollos sobre todas las cosas, incluyendo las ciencias; paralelamente estaba el Museo, fundado por los Tolomeo, que dio nombre a todos los museos del mundo. Estas instituciones estaban dirigidas por grandes prohombres de la talla de Eratóstenes, el primero que calculó correctamente la circunferencia de la Tierra usando tan solo una vara clavada en la tierra, una referencia geográfica, y sus agudas dotes intelectuales. Otros grandes astrónomos de la época fueron Hiparco de Nicea y Aristarco de Samos. La medicina avanzó también notablemente. Euclides, por su parte, se dedicó a la recopilación de numerosos problemas geométricos; su tratado (los Elementos) no sólo es el tratado científico más reproducido de la Historia, sino que variantes del mismo son usados hasta hoy en la enseñanza de la misma a los escolares de todo el mundo. Varias disciplinas, tales como la hidrodinámica, deben enormes esfuerzos al genio de Arquímedes, quien en su nativa Siracusa desarrolló ingeniosos mecanismos de guerra al mismo tiempo que fundaba las bases del estudio físico de los fluidos, y trataba de calcular el valor de pi. Quizás el apogeo de la ciencia helénica fue alcanzado cuando Herón de Alejandría diseñó en el Siglo I una turbina que no era otra cosa sino la primera máquina de vapor conocida en la Historia.
Todo este desarrollo llegó a su fin durante la edad romana. El ambiente de bucólica paz, sumada a la enorme descomposición social al interior del Imperio Romano, provocaron un abandono generalizado de las artes y las ciencias. Mientras los artistas se dedicaban a imitar las formas artísticas del pasado, los científicos comenzaron una labor de recopilación de problemas antiguos. Muy pocos matemáticos pudieron igualar a Euclides, con la excepción de Diofanto e Hipatia. Lo irónico es que los grandes tratados escritos en esta época (el de medicina de Galeno, el de astronomía de Claudio Ptolomeo, o el de botánica de Dioscórides), a pesar de estar plagados de errores e inexactitudes, se transformaron en los manuales de referencia del Medio Oriente hasta el período islámico, y en Occidente hasta el Renacimiento. Mucho antes de terminarse el Imperio Romano, la ciencia había retrocedido hasta niveles próximos a la barbarie. El triunfo de la Iglesia Católica aceleró el proceso, ya que ésta estimaba que la salvación debía lograrse a través del abandono de este mundo en pos de una recompensa ultramundana, y por ende la investigación de los fenómenos de la naturaleza era inoficiosa y superflua. En el mundo bizantino se conservó una cantidad superior de conocimientos, debido al papel claramente más subordinado que la religión desempeñó en su interior. A la larga serían los pueblos del Islam los que retomarían los estudios griegos y los llevarían a una nueva fase de esplendor.
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