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Historia de Japón

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La historia japonesa ha estado condicionada por su relativo aislamiento geográfico, ya que la única extensión cercana de tierra es la península de Corea, que la conecta con el mundo chino. Hacia el sur y el este está rodeada por océanos, mientras que hacia el noroeste se extienden únicamente las bárbaras estepas de Siberia. Por este motivo, la civilización en Japón recién se instaló más o menos a comienzos de la Era Cristiana, en lo que se conoce como Época Yayoi. Se sabe que algunos reinos semibárbaros japoneses eran tributarios del Imperio Han, en China. El resto del territorio estaba poblado por tribus de cazadores-recolectores llamados ainus.

Inicio del Mikado

Después de la caída del Imperio Han, el archipiélago japonés emprendió un camino propio, aunque bajo la influencia de los monjes budistas provenientes de China. Hacia el siglo VI d.C. comenzó la institución del Mikado, llamada también el Trono del Crisantemo, el largo linaje de emperadores japoneses que han gobernado por lo menos unos quince siglos, y es la dinastía más antigua del planeta actualmente en el trono. El año 710, el Mikado abandonó su existencia seminómada a lo largo de todo el sur del Japón (la región conocida como Yamato), para instalarse como gobierno sedentario en Nara. La capital permanecería casi un siglo en dicha ciudad, siendo trasladada a Kioto el año 794.

Durante todo el período de Nara, y la primera parte del período de Kioto, la influencia china sobre la cultura japonesa fue muy marcada. Posteriormente, hacia los siglos IX y X, los japoneses desarrollaron una cultura con caracteres propios, llegando a la cúspide de su civilización.

Castillo Matsue.

Sin embargo, el militarismo de las regiones al norte del Yamato, en permanente guerra con los ainus del norte del archipiélago, desató una violenta guerra civil el año 1156. Siguieron una seguidilla de guerras que trajeron consigo gran inestabilidad, y en la que los generales (llamados shogunes) alcanzaron una gran relevancia. Finalmente, el año 1183 el general Minamoto Yorimoto tomó Kioto por la fuerza y amenazó al Mikado, por lo que éste le nombró shogún y le confirió plenos poderes. En la práctica, aunque el Mikado seguía en funciones, éste quedó reducido a un papel meramente decorativo, mientras que serían los shogunes quienes tomarían a su cargo el gobierno hasta el año 1867. A la muerte de Yorimoto, el Shogunato pasó a manos de su familia política, los Hojo, razón por la que a este período se le conoce más o menos indistintamente como Shogunato Minamoto o Shogunato Hojo. Después de una gran revuelta de tres años (entre 1333 y 1336), los Hojo fueron derrumbados, y el poder recayó en la familia Ashikaga. Los shogunes Ashikaga garantizaron cierta paz contemporizando con los daimios, la turbulenta nobleza feudal japonesa que había conseguido semiindependizarse del poder central aprovechando el caos, y habían tomado a su cargo diversos ejércitos compuestos por tropas cada vez más disciplinadas y militarizadas, los samurai. El verdadero poderío de los samurai había quedado en evidencia cuando Kublai Khan había intentado en 1292 una masiva invasión contra Japón, siendo duramente derrotado por el eficiente arte militar de sus enemigos. Entre la clase militar japonesa prosperaría grandemente una nueva variante de filosofía budista alejada de los cánones mahayánicos tradicionales: el budismo Zen.

La alianza entre los Ashikaga y los daimios trajo algo de paz a Japón, hasta que en 1470 este equilibrio político se rompió, y estalló una nueva seguidilla de guerras civiles. Los Ashikaga consiguieron mantenerse algo más de un siglo en el poder, pero finalmente el último miembro de la familia fue derrocado en 1588. A finales del siglo XVI, una serie de caudillos militares (Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu) emprendieron una salvaje oleada de guerras que en algo menos de un cuarto de siglo unificaron la totalidad del archipiélago japonés bajo la égida de la familia Tokugawa. El Shogunato Tokugawa gobernaría Japón en paz entre 1603 y 1867, gracias a la implacable opresión a la que Tokuwaga Ieyasu y sus sucesores sometieron a los rebeldes daimyos.

Torii del Santuario Itsukushima.

En la época final del período Ashikaga, los europeos llegaron por primera vez a Japón, tratando de introducir el cristianismo, y buscando fundar factorías comerciales. Tras una tibia primera reacción, Ieyasu consideró que la nueva religión era atentatoria contra las prácticas ancestrales de los japoneses, y desató una dura persecución que tuvo como hito simbólico la crucifixión de veintiseis mártires en Nagasaki (1596). Un capitán español había comentado a uno de los Daimyos que los españoles conseguían dominar el mundo mandando monjes a las tierra para conquistar, y donde más tarde con la ayuda interna de los creyentes católicos, llegarían a dominar las tierras con pocos soldados españoles.

En años posteriores los Tokugawa expulsaron a todos los comerciantes occidentales de Japón, salvo a los holandeses, a quienes les permitieron permanecer en la isla de Deshima, cerca de Tokio, en condiciones de casi total aislamiento. Japón fue una sociedad cerrada a las influencias extranjeras durante 230 años, desde el decreto de reclusión de 1638 hasta la restauración del poder imperial y la Revolución Meiji que comenzará en 1868.

Período Tokugawa

Barco japonés (1634).

Hacia 1600 el shogún Tokugawa consiguió someter a dominio feudal a todo el Japón, pero no era el emperador legítimo sino sólo un señor feudal: un samurai. En general el período Tokugawa fue de gran tranquilidad. Sin embargo, la cultura japonesa se había esterilizado profundamente. Los japoneses experimentaron un proceso de «retorno a las raíces», expresado en el renacimiento de los cultos ancestrales, hasta conformar la religión semiestatal que recibe el nombre de sintoísmo. Sin embargo, esta idílica paz se rompió el año 1853, cuando el capitán estadounidense Matthew Perry ingresó en la Bahía de Tokio con cuatro cañoneras, y amenazando con bombardear los puertos japoneses, forzó a los shogunes Tokugawa a ignominiosas concesiones comerciales. Ante la disyuntiva de occidentalizarse o perecer hubo intensas discusiones, pero finalmente el Mikado, sometido desde hacía siete siglos al poder de los shogunes, tomó las riendas del problema. En 1867 el Mikado Meiji Tenno tomó a su cargo el gobierno, deponiendo al último shogún Tokugawa, e impulsando las reformas de la Era Meiji, en las que Japón se transformó en un estado occidentalizado en pocas décadas.

Era Meiji (1868-1912)

En 1868 el emperador de Kioto restaura el poder imperial derribando al sogún y creando la dinastía meijí. La dinastía pretende modernizar la nación a la manera de los países capitalistas europeos de la época. Construye un modelo de Estado liberal de estilo occidental. En 1885 se forma un gabinete de gobierno al modo prusiano, en 1889 el emperador concede una constitución y convierte su imperio en una monarquía constitucional. El Estado se conforma con una estructura bicameral: el Congreso o Shugi-in y la Dieta o Kokai; y habrá un Gobierno o Sangi-in. En 1890 se realizan las primeras elecciones libres. Todo ello es un regalo imperial que tiene como objetivo modernizar el país y crear un imperio colonial al estilo europeo.

Durante todo el período los samurais van perdiendo sus privilegios y se instalan en el Japón las costumbres occidentales, como en la manera de vestir, con lo que se borra, a golpe de decretos, la apariencia de la división de clases y estamentos.

A pesar de todo, en Japón aún no había una sociedad de clases, ya que no había habido una revolución industrial. Este hecho condicionará la sociedad hasta nuestros días. Sin embargo, la diferencia entre samurais y comunes era cada vez menor, a fuerza de decretos. Nacen los partidos políticos, a semejanza de los europeos y con el impulso de la ilustración francesa.

En 1877 se crea el servicio militar obligatorio, con lo que se forma un ejército fuerte y nacionalista, y que se pone en manos de un proyecto expansionista e imperialista. Pero la potencia militar de la época se fundamenta en la industria, y para tener un ejército fuerte hace falta tener una industria que fabrique las armas. El militarismo será el origen de la industria japonesa.

Japón se desarrolla, en principio, por el impulso del Estado, que pretende abastecer a su ejército de productos industriales, pero, luego, las empresas privadas tomarán el relevo, mientras las costumbres se occidentalizan. Esta dicotomía entre impulso del Estado e iniciativa privada será una constante en la economía japonesa, hasta nuestros días.

El crecimiento económico de Japón y su nuevo Estado occidental le llevó a una política imperialista sobre las regiones de su entorno: Corea, China, sobre todo Manchuria, e incluso sobre las regiones orientales del Imperio ruso, que había llevado el Transiberiano hasta Vladivostok (1891-1904). En 1904 Rusia y Japón inician una guerra por el control de la zona; que ganará Japón y supondrá en Rusia el inicio del ciclo revolucionario. En la década de los 90 del siglo XIX Japón invade toda la zona; y mantendrá el control indiscutible tras la primera guerra mundial, aunque con el rechazo de chinos, coreanos y rusos.

Era Showa (1926-1989)

Abarca desde la ascensión al trono del emperador Hirohito el 25 de diciembre de 1926, hasta su fallecimiento el 7 de enero de 1989. Etapa convulsa y trágica, muy alejada del significado de su nombre, Showa, «periodo de paz ilustrada» en japonés.

El apogeo del militarismo llega durante los años 30 y la segunda guerra mundial, en la que se invade Manchuria y gran parte de China, y se lanzan por el Pacífico invadiendo Filipinas, Indochina e Indonesia; toda una amplia región que le garantizaba las materias primas para su industria, que le faltaban en su territorio. Se enfrenta en el Pacífico a EE UU en una guerra de desgaste. Al finalizar el conflicto Japón está totalmente arruinado y sometido, tras una larga contienda y dos bombas atómicas sobre su territorio.

Tras la guerra Japón queda bajo la tutela de Estados Unidos. Se impulsa la economía capitalista. Se le concede una nueva constitución, más acorde con la nueva mentalidad, creando una monarquía parlamentaria en la que el emperador era el jefe del Estado pero no tenía poderes ejecutivos. Además, se imponen acuerdos comerciales preferentes con Estados Unidos, pero que eran también ventajosos para Japón, ya que se permitió la transferencia de tecnología, a raíz de la guerra de Corea, y la industria japonesa se puede modernizar casi en su integridad; lo que le permitió obtener ventajas comparativas, ya que poseía una industria más moderna, y una mano de obra trabajadora, preparada, barata y sumisa. En estas condiciones Japón llegó pronto a ser la segunda potencia dentro de los países capitalistas.

El Imperio japonés

Hongo nuclear de la bomba atómica «Fat Man» sobre Nagasaki en 1945. Termina la Segunda Guerra Mundial.

Japón es la única potencia no europea que logra tener un imperio. A la manera de Rusia su imperio está unificado en torno al país metropolitano, pero es un imperio marítimo. Consta, sobre todo, de su área de influencia más próxima y de los países de donde obtiene la materia prima para su industria.

Japón se expande por Manchuria, por la que entrará en guerra con China en 1890, por Manchuria y Formosa, por lo que entrará en guerra con Rusia en 1904, por Corea, etc. Su expansionismo llega hasta la segunda guerra mundial, cuando domina gran parte del sureste asiático y las islas del Pacífico.

La occidentalización de Japón aumentó la necesidad del país de obtener materias primas. Además, el nacionalismo japonés se había incrementado en torno a la figura del Mikado. Durante la Primera guerra mundial Japón ingresó del lado de la Triple Entente, y ocupó militarmente las islas de Oceanía que pertenecían a Alemania, quedándoselas definitivamente después de los tratados de paz. Estas islas se convirtieron en la base de lo que los japoneses querían convertir en un gran imperio oceánico. Para esto invadieron Manchuria en 1933 y China en 1937. Esta expansión militarista chocaba frontalmente con los intereses de Estados Unidos, por lo que las relaciones entre ambos países se enfriaron.

El año 1941 los japoneses atacaron el puerto estadounidense de Pearl Harbor, lo que los llevó a una guerra que terminaron por perder, luego de que las ciudades de Hiroshima y Nagasaki fueran arrasadas por sendas bombas atómicas. Japón se rinde formalmente el 2 de septiembre de 1945 firmando el Acta de Rendición a bordo del acorazado estadounidense USS Missouri. Estampan sus firmas Mamoru Shigemitsu, Ministro de Relaciones Exteriores japonés, y el general Douglas MacArthur, que había sido nombrado el 15 de agosto por el Presidente Harry S. Truman Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en el Frente del Pacífico Sur. El Mikado se ve obligado a renunciar a sus pretensiones de divinidad.

Periodo de la Ocupación (1945-1951)

El emperador Hirohito y el general MacArthur en su primer encuentro tras la rendición. El atuendo del general, sin corbata, dio lugar a diversas interpretaciones.

El general MacArthur al mando de las fuerzas de Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda e India, acomete profundas reformas como mando supremo de la Ocupación, si bien respeta el estatus del emperador Hirohito, con el que se reúne el 27 de septiembre de 1945.

El año 1947 se aprueba una constitución de corte más bien liberal, aunque conservando al Mikado como símbolo de la unidad nacional japonesa. Se implanta un sistema parlamentario en el que el emperador pasa a ser un Jefe de Estado con función representativa únicamente. El poder ejecutivo es competencia del Primer Ministro. Se renuncia a la guerra, se prohibe la esclavitud y se permite la libertad de culto. Se acomete una reforma agraria y educativa, y se juzga a los criminales de guerra.

La paz fue firmada oficialmente el año 1951, y ese año terminó la ocupación militar estadounidense en Japón. El país inició entonces un enorme esfuerzo modernizador en el área económica, que lo llevó a transformarse en un país tecnologicamente avanzado, y a convertirse en una de las mayores potencias económicas del planeta.

Período Heisei

Es el período que llega hasta nuestros días a partir de la muerte del emperador Hirohito en 1989, comenzando el día 8 de enero con Akihito. Como continuación del período precedente, Japón ha proseguido con su desarrollo económico, manteniéndose como la segunda potencia mundial tras los Estados Unidos.

En el 2004 Japón envió un contingente de tropas a Irak, aun cuando según su constitución el Estado no puede realizar actos de guerra, siendo la primera intervención militar relevante japonesa en el extranjero desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Referencias

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Otras fuentes de información

Notas