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Hiroshima, mon amour (1959)

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Hiroshima, mon amour
Dirigida porAlain Resnais
GuiónMarguerite Duras
MúsicaGeorges Delerue y Giovanni Fusco
SonidoP. Calvet, R. Renault y Yamamoto
FotografíaSacha Vierny y Takahashi Michio
MontajeHenri Colpi, Jasmine Chasney y Anne Serraute
Estreno1959
PaísFrancia

Obra del director Alain Resnais, emblemática de la Nouvelle vague.

Ficha artística

Reparto: Enmanuelle Riva (Ella), Eiji Okada (El), Stella Dassas (La madre), Pierre Barbaud (El padre), y Bernard Fresson (El alemán)

Argumento

Una joven francesa de Nevers y un japonés de Hiroshima se encuentran en esta última ciudad y comparten horas de amor, comunicación y, sobre todo, recuerdo. Las imágenes de memoria entreveran, por una parte, el trauma sufrido en la adolescencia por la joven, en tiempo de guerra, cuando se enamoró de un joven soldado enemigo. Este fue asesinado ante sus ojos y ella fue condenada a permanecer en el sótano de su propia casa. Por otra parte, la inenarrable experiencia de la bomba atómica en Hiroshima crea un polo dialéctico a la experiencia individual de guerra y odio.

Comentarios

¿Tú no has dicho nada?, podría reprochárseme, al hilo del siguiente discurso sobre esta obra maestra del cine francés, mundial, todo lo que pudiera decírse sería poco. Obvio resulta que ¿ya se ha dicho todo? sobre Hiroshima, mon amour, pero eso no agota sus posibilidades y, quien dijese lo contrario, tendríalo yo por quien la ¿ha olvidado?.

Nada queda, en principio, tras desmenuzar mediante la palabra de un experto este filme; dar cuenta de la perfecta conjunción de una serie de elementos especialmente puestos en él para ello, a la hora de crear una ¿realidad sintética? (Hernando Valencia Goekel, Oficio Crítico).

A estas alturas resulta muy fácil (o imposible, si se quiere innovar) aplaudir el trabajo de tres verdaderos artistas renombrados: un primerizo para la gran pantalla Alain Resnais que, afortunadamente, nunca consiguió con Hiroshima hacer un documental; la que escribiera El Amante y ahora un tan fresco guión ¿de mujer?, Marguerite Durás; y una banda sonora que nunca haría mejor hincapié a eso: sonidos y una banda que, por sí sola, tiene vida propia, gracias a George Delerue.

No acaba aquí todo el trabajo ni lo que hay que decir de Hiroshima, pero lo que esta aproximación pretende valorar, se centra mucho más en algo tan concreto, por ceñirme a ello, como abstracto, por su naturaleza tan ¿intangible? en un filme, que se encuentra en el ¿aura?, y no en su interpretación -excelente-, la de una actriz desconocida hasta entonces, para quien aquí escribe.

Como digo, más allá de su capacidad interpretativa, la primera vez y siempre que vi a Enmanuelle Riva en Hiroshima, observé, escuché -si cerraba los ojos-, sentí y, sobre todo, disfruté, a una mujer sin nombre dotada, casi por sí misma, o bien dotando Ella al filme en conjunto, de lo más placentero que hasta para el más puro espíritu iletrado en las artes, guiado por un innegable instinto romántico, puede tener una buena obra: Ella tiene en su poder la musique y literature de Hiroshima.

Dicho esto, pueden ya abalanzarse sobre mí los expertos en cine para reclamar que las virtudes no son de Ella sino de un guión literario y musical de la famosa escritora antes citada y del gran trabajo que hay en una música que sabe hacer vibrar la fibra sensible al ritmo de unas imágenes que completan su majestuosidad. Pero, repito y aclaro: no se trata de esa música ni de unos diálogos que todos quieren llamar, para mi algo excesivamente, literarios, ni, como decía, del gran maestro Delerue. A lo que me refiero es algo que aporta y lleva consigo la actriz en su forma de Ella, la muchacha francesa sin nombre de Nevers, algo irrefutable desde mi punto de vista.

En una serie de planos, casi meramente de estudio fotográfico, su rostro evoca toda la historia de Nevers, pero más que por el recuerdo de lo que ya en el filme se nos ha informado, el vacío que se supone de una imagen sólo compuesta por una cara y un fondo, traen consigo esos grandes momentos de nula acción pero total movimiento del sentir que, por su carácter abstracto, a menudo sólo podemos encontrar en la literatura y gracias a otro nivel de evocación que tienen las palabras. Pero aquí no hay palabras, y sin embargo está presente todo el universo onírico de Ella en una mirada perdida, de infinito ámbar solo ensoñado bajo el claroscuro del filme en blanco y negro?

Y, de igual manera, escuchamos crecer flores musicales (esas ¿nuevas flores después de la explosión?) en su espalda antes mostrada, y luego ocultada bajo la escarcha y sus palabras. Aquí las flores no aparecen (visualmente) en el momento en que se les nombra, pero están allí, con la naturaleza literaria y la composición musical de la voz y la imagen de Ella.

Al respecto, podrían ponerse numerosos ejemplos sobre lo que aquí intento exponer, nunca sin lo fructífero que resultara ir de nuevo a contemplarla; y sentir, dentro de esa gran conjunción de infinitos motivos y logros artísticos de un gran filme, Hiroshima, mon amour, cómo suena, crea un mundo musical y literario por sí sola Ella.

No es casual que, a pesar de mis nulos conocimientos en la lengua original del filme, haya dicho que busco la musique y la literature; así, en francés, porque es que tal vez mucho de eso también se encuentre en la sonoridad y el exquisito sabor que tal idioma produce, sobretodo de un modo incomparable cuando nos encontramos a algo tan próximo a la literatura, como es Ella, más que lo que pueda tener por sí Hiroshima.

Y de hecho, un buen ejercicio de constatación de esto, resulta de intentar -sólo a estos fines- ver Hiroshima, mon amour en cualquier idioma que no sea ya no tanto el francés, sino la lengua de Ella. Podrá recriminárseme, si se quiere, que para la entera comprensión de todos los matices (más aún cuando hablamos de algo literario) de un guión basado casi íntegramente en descripciones, se requiera conocer al máximo la lengua en que se decodifica, pero entonces, muy segura de mi argumento, yo podría reclamar algo tan simple y a primera vista que es el hecho de que nunca las traducciones puedan ser totalmente fieles a sus originales.

Sin embargo, no es esto por lo que abogo aquí, aunque también sea muy cierto, sólo invito a que se haga la prueba, se vea Hiroshima en otro idioma, o si fuera posible, cambiando la interpretación femenina por cualquier otra buenísima actriz francesa, y veríase no tanto desmoronarse el filme como estructura, decíamos, ¿sintética?, sino acabar con la musique y la literature que sólo hay en Ella.

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