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Hipertensión arterial

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La hipertensión arterial es una condición médica que cursa con una elevación persistente de la presión arterial, por encima de los 140/90 mm Hg. Es uno de los principales factores de riesgo de cardiopatías , ictus y es una de las principales causas de insuficiencia renal.

La hipertensión puede deberse a que hay demasiado líquido en los vasos sanguíneos normales o una cantidad normal de líquido en los vasos sanguíneos estrechos.

La tensión arterial mide la fuerza de la sangre contra las paredes de los vasos sanguíneos. La tensión arterial que se mantiene alta por un tiempo largo se llama hipertensión (Valores normales , hasta 140/90 mm Hg). Si hay demasiado líquido en el cuerpo, aumenta la cantidad de líquido en los vasos sanguíneos y sube la tensión arterial. Los vasos sanguíneos atorados o estrechos también hacen que suba la tensión arterial.

La tensión arterial alta hace trabajar al corazón con más fuerza y, con el tiempo, puede dañar los vasos sanguíneos de todo el cuerpo. Si se dañan los vasos sanguíneos de los riñones, es posible que estos órganos dejen de eliminar las impurezas y el líquido extra del cuerpo. Este líquido extra en los vasos sanguíneos puede hacer que sube aún más la tensión arterial. Es un ciclo peligroso.

La tensión arterial alta es una de las principales causas de insuficiencia renal, llamada también enfermedad terminal de los riñones. Las personas con insuficiencia renal deben recibir un trasplante de riñón o someterse a diálisis continua. Cada año, la tensión arterial causa más de 15.000 casos de insuficiencia renal en los Estados Unidos.

Efectos de la hipertensión arterial

La hipertensión arterial, o tensión alta, es un factor importante en la aparición de problemas renales en personas diabéticas. Tanto los antecedentes familiares de hipertensión como su presencia misma parecen aumentar las probabilidades de que el paciente presente una enfermedad renal. La hipertensión también acelera la evolución de la enfermedad renal cuando esta ya está presente.

En el pasado, la hipertensión se definía como la tensión arterial superior a 140 milímetros de mercurio (sistólica) y 90 milímetros de mercurio (diastólica). Los profesionales de la salud abrevian este límite como 140/90, que se lee "140 sobre 90". Los términos "sistólica" y "diastólica" se refieren a la presión en las arterias durante la contracción del corazón (sístole), y entre una contracción y la siguiente (diástole).

En 1997, el Instituto Nacional del Estudio del Corazón, los Pulmones y la Sangre (National Heart, Lung, and Blood Institute) emitió nuevas metas de tensión arterial específicamente para diabéticos y para personas con insuficiencia renal en el Sexto Informe del Comité Nacional Conjunto para la Prevención, Detección, Evaluación y Tratamiento de la Hipertensión Arterial (Sixth Report of the Joint National Committee on Prevention, Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood Pressure, JNC VI). En este informe, el comité recomienda que las personas diabéticas mantengan su tensión arterial en menos de 130/85 y que las que sufren insuficiencia renal (proteinuria mayor de 1 gramos en 24 horas) la mantengan en menos de 125/75.

La hipertensión se puede considerar no sólo como una causa de la enfermedad renal sino como resultado del daño ocasionado por la misma. A medida que la enfermedad renal avanza, los cambios físicos de los riñones provocan un aumento de la tensión arterial. De esta manera se crea una espiral peligrosa, en la que se combinan la hipertensión y los factores que la producen. La detección y el tratamiento precoces de la hipertensión, incluso de los casos leves, son de suma importancia para las personas diabéticas.

Referencias

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Otras fuentes de información

Notas