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Himno de México

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Historia

El himno nacional mexicano fue convocado a realizarse en Noviembre de 1853, por el entonces presidente de México, Antonio López de Santa Anna.

A dicha convocatoria se presentaron 26 composiciones. Francisco González Bocanegra fue distinguido como ganador. Cabe señalar que para decidirlo a que tomara parte en el concurso su prometida, Guadalupe González del Pino y Villalpando, lo encerró en una pieza de su casa, comunicándole que no abriría las puertas hasta que terminara la letra del Himno Patrio.

Después de haberse dado a conocer el resultado del concurso literario, el Ministro de Fomento, Colonización, Industria y Comercio, nombra una comisión integrada por José Antonio Gómez, Agustín Balderas y Tomás León, encargada de calificar las 15 composiciones musicales recibidas a consecuencia de una convocatoria para musicalizar los versos de González Bocanegra. Dicha comisión otorgó el primer lugar a la composición que tenía por epígrafe Dios y Libertad y las iniciales J. N.

En Mayo de 1843, un decreto del entonces presidente de México, Manuel Ávila Camacho oficializó el himno.

El 8 de Febrero de 1984 Se publica en Diario Oficial de la Federación la Ley sobre la Bandera, el Escudo y el Himno Nacional Mexicano donde se especifica su uso y características de los Símbolos Patrios.

El himno Nacional de México ha sido considerado entre la comunidad internacional como uno de los mas hermosos, tanto en letra como en música


Compositores

Letra: Francisco Gonzáles Bocanegra (1824-1861). Nacido en San Luis Portosí, SLP. México
Música: Jaime Nunó (1824-1908). Nacido en España.


CORO

Mexicanos, al grito de guerra
El acero aprestad y el bridón,
Y retiemble en sus centros la tierra
Al sonoro rugir del cañón.

ESTROFAS

I

Ciña ¡Oh Patria! tus sienes de oliva
de la paz el arcángel divino,
que en el cielo tu eterno destino
por el dedo de Dios se escribió.

Mas si osare un extraño enemigo
profanar con su planta tu suelo,
piensa ¡Oh Patria querida! que el cielo
un soldado en cada hijo te dió.

II

En sangrientos combates los viste
por tu amor palpitando sus senos,
arrostrar la metralla serenos,
y la muerte o la gloria buscar.

Si el recuerdo de antiguas hazañas,
de tus hijos inflama la mente,
los laureles del triunfo, tu frente,
volverán inmortales a ornar.

III

Como al golpe del rayo la encina
se derrumba hasta el hondo torrente
la discordia vencida, impotente,
a los pies del arcángel cayó.

Ya no más de tus hijos la sangre
se derrame en contienda de hermanos;
solo encuentre el acero en tus manos
quien tu nombre sagrado insultó.

IV

Del guerrero inmortal de Zempoala
Te defiende la espada terrible,
Y sostiene su brazo invencible
tu sagrado pendón tricolor.

El será del feliz mexicano
en la paz y en la guerra el caudillo,
porque el supo sus armas de brillo
circundar en los campos de honor.

V

¡Guerra, guerra sin tregua al que intente
de la patria manchar los blasones!
¡guerra, guerra! los patrios pendones
en las olas de sangre empapad.

¡Guerra, guerra! en el monte, en el valle,
los cañones horrísonos truenen
y los ecos sonoros resuenen
con las voces de ¡Unión! ¡Libertad!

VI

Antes, Patria, que inermes tus hijos
bajo el yugo su cuello dobleguen,
tus campiñas con sangre se rieguen,
sobre sangre se estampe su pie.

Y tus templos, palacios y torres
se derrumben con hórrido estruendo,
y sus ruinas existan diciendo:
de mil héroes la patria aquí fué.

VII

Si a la lid contra hueste enemiga
nos convoca la trompa guerrera,
de Iturbide la sacra bandera
¡Mexicanos! valientes seguid.

Y a los fieros bridones les sirvan
las vencidas enseñas de alfombra:
los laureles del triunfo den sombra
a la frente del bravo adalid.

VIII

Vuelva altivo a los patrios hogares
el guerrero a contar su victoria,
ostentando las palmas de gloria
que supiera en la lid conquistar.

Tornáranse sus lauros sangrientos
en guirnaldas de mirtos y rosas,
que el amor de las hijas y esposas
también sabe a los bravos premiar.

IX

Y el que al golpe de ardiente metralla
de la Patria en las aras sucumba
obtendrá en recompensa una tumba
donde brille de gloria la luz.

Y de Iguala la enseña querida
a su espada sangrienta enlazada,
de laurel inmortal coronada,
formará de su fosa la cruz.

X

¡Patria! ¡Patria! tus hijos te juran
exhalar en tus aras su aliento,
si el clarín con su bélico acento
los convoca a lidiar con valor.

¡Para tí las guirnaldas de oliva;
¡un recuerdo para ellos de gloria!
¡un laurel para ti de victoria;
¡un sepulcro para ellos de honor!