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Guerra de Sucesión de España

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La Guerra de Sucesión de España se origina al morir el rey Carlos II sin dejar herederos para la continuidad en el trono de la nación.

Carlos II fue un niño enfermizo y débil sobre el que recayó el futuro del gran imperio español con sólo cuatro años de edad, al morir su padre el rey Felipe IV. Su vida estuvo constantemente marcada por la regencia de la reina madre, doña Mariana de Austria, segunda esposa y ahora viuda del rey; y por la Junta de Gobierno creada al efecto para auxiliarla, donde había representantes de la política, la nobleza y el clero.

Carlos II se casó en dos ocasiones. Primero con la francesa María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV, el 30 de agosto de 1679; y pocos años después con la austríaca Mariana de Neoburgo, hija del elector del Palatinado, Felipe Guillermo, el 28 de agosto de 1689. Con ninguna de las dos tuvo hijos, de modo que a su muerte, el 1 de noviembre de 1700, España se quedaba sin heredero directo.

Sus parientes más cercanos eran sus hermanas, hijas también del rey Felipe IV:

  • Doña María Teresa, casada con el rey Luis XIV de Francia,
  • Y doña Margarita, casada con el emperador de Austria Leopoldo I

Ambas se creían con razones más que sobradas para considerar que el reino de España debía pasar a manos de sus herederos, Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV e hijo de Luis, el Delfín de Francia, en el primer caso; y Carlos de Ausburgo, hijo de Leopoldo I, en el segundo; dándose por abierto el conflicto que luego se conocería como la Guerra de Sucesión de España.

El testamento de Carlos II

CarlosII de España. Al morir sin descendencia las potencias europeas se disputaron su trono.

El testamento del rey Carlos II lo decía bien claro: "...Declaro ser mi Sucessor (en caso de que Dios me lleve sin dexar hijos), el Duque de Anjou, hijo segundo del Delfín; y como à tal le llamo à la sucessión de todos mis Reynos, y Dominios, sin excepción de ninguna parte de ellos; y mando, y ordeno a todos mis subditos, y Vassallos de todos mis Reynos, y Señoríos, que en el caso referido de que Dios me lleve sin sucession legitima, le tengan, y reconozcan por su rey, y Señor natural,..." [1]

Este párrafo de su largo testamento, el último, pues anteriormente había hecho otros, lo firmó el rey el día 2 de octubre del año 1700, y abría España a la nueva dinastía de la Casa de Borbón.

Llegar hasta él no fue fácil, debido a las muchas negociaciones e intrigas que convulsionaban a la Corte de Madrid, dividida en dos grandes bandos:

  • Los partidarios del Archiduque Carlos de Austria, encabezados por el conde de Oropesa y apoyados por la reina Mariana de Neoburgo, por un lado,
  • Y los partidarios de Felipe de Anjou, encabezados por el cardenal Portocarrero, por otro.

Pero en España la situación se hacía difícil, y los motines en la calle a mediados de 1699 debido a la escasez de alimentos y su carestía, en cuyas gestiones especulativas se vio implicada la mujer de Oropesa, dieron como consecuencia la caída de éste, dejando vía libre a los diplomáticos franceses que aprovecharon la situación con habilidad, y a Portocarrero, que presionó al monarca de modo que le planteó la designación del francés como un grave caso de conciencia. A los pocos días de la firma del citado testamento moría Carlos II, el día 1 de noviembre de ese mismo año.

La prensa del momento dió así la noticia: "...Abrióse inmediatamente el testamento, con la solemnidad correspondiente al acto. Dexa su Mag. por Heredero vniversal al Señor Duque de Anju; y si llegase a ser Rey de Francia, por la incompatibilidad, à su Hermano el Señor Duque de Berri, y por la de este al Señor Archiduque Carlos; y en cuarto llamamiento al Señor Duque de Saboya..." [2]

La Gran Alianza

Desde muchos años atrás, siendo Carlos II aún un niño y doña Mariana de Austria la regente de España, comenzaron los Tratados de Reparto promovidos por las potencias europeas en previsión (o ante la esperanza) de que el joven príncipe muriera en cualquier momento sin dejar heredero. Un primer paso fue el acuerdo franco-austríaco de 19 de enero de 1668, ratificado un año después, en virtud del cual Francia se quedaría con Sicilia, Nápoles, Flandes, el Franco Condado, Navarra, Rosas, las plazas africanas y Filipinas; mientras que Austria pasaría a tomar posesión del resto de los demás territorios de la España peninsular e insular, mas Cerdeña, Milán, los presidios de Toscana y toda América.

Sin embargo Carlos II viviría todavía 32 años más, tiempo en el que las posiciones se fueron modificando de modo que frente al ambicioso plan expansionista francés se formó la Liga de Augsburgo (17 de julio del año 1686) promovida por el holandés Guillermo III de Orange, y a la cual se sumaron España, Austria, Suecia y los principados alemanes de Franconia, Suabia y Baviera. Así se inició un período de guerras y convulsiones en Europa que duró hasta la Paz de Rijswick de 1697, tras cuya firma Luis XIV devolvía las plazas conquistadas (entre otras, Barcelona, Gerona, Palamós y Rosas).

En 1699 Leopoldo I propuso a Guillermo III un nuevo Tratado de Reparto (firmado el 11 de junio), que llevaría a nuevas negociaciones y a un tercer Tratado de Reparto, este último firmado en La Haya el 25 de marzo de 1700.

Pero todo este movimiento interior en la política europea quedó sin valor con el testamento de Carlos II, por el cual todo el inmenso imperio español llegaba a las manos de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. No hubo necesidad de repartos: Felipe fue nombrado rey de España el 24 de noviembre de 1700, siendo su designación aceptada por todos los estados de Europa, menos por Austria, cuyo emperador Leopoldo I seguiría luchando por el trono de España en favor de su hijo el archiduque Carlos.

Se formó entonces la Gran Alianza (La Haya, 7 de septiembre de 1701), integrada por Inglaterra, Austria, Alemania y Portugal. La Gran Alianza declaró la guerra a España y Francia, dando comienzo así a la Guerra de Sucesión de España, que acabaría en el año 1714 con la toma de Barcelona por las tropas de Felipe V.

La Guerra de Sucesión de España

La Gran Alianza comenzó pronto sus acciones ofensivas con la clara intención de apear a Felipe V del trono de España; lo cual hizo que éste embarcara el 18 de abril de 1702 en la ciudad de Barcelona rumbo a Italia, pues estaban amenazadas las posesiones españolas en Europa. España quedó bajo el gobierno de la reina María Luisa Gabriela de Saboya, siempre bajo la atenta mirada de la princesa de los Ursinos.

Al constituirse la Gran Alianza, Inglaterra impuso su deseo de apoderarse de Gibraltar. Las crónicas de la época[3] explican las maniobras e intento de una invasión de España en 1702, y la idea de establecer cabezas de puente desde playas y ciudades de Andalucía, todo lo cual resultó entonces un fracaso; como lo fue también la intentona anglo-holandesa de ocupar la ciudad de Vigo.

Felipe V regresa en 1703, el mismo año en que el aspirante Carlos, archiduque de Austria, es proclamado rey de España (Vien, 12 de septiembre de 1703), llegando a Portugal -que se había unido a la Gran Alianza- al año siguiente, al frente de tropas de Inglaterra y Holanda. El 4 de agosto del mismo año 1704 se produce la ocupación inglesa de Gibraltar.

En España la alta nobleza castellana mostraba cierta indiferencia respecto a Felipe V, pero la pequeña nobleza y los caballeros, así como la iglesia, el clero, la bueguesía y todo el pueblo castellano, se puso desde el principio del lado del rey Felipe. De otra parte, el reino de Aragón de mostró en 1705 partidario del archiduque Carlos, hasta el punto que éste desembarcó en Barcelona el 7 de noviembre y comenzó a ejercer sus funciones de rey de España. Desde ese instante, la Guerra de Sucesión no sólo era una guerra internacional, por los países implicados en ella, sino que también se convirtió en una guerra civil para España, enfrentando el Reino de Aragón al Reino de Castilla.

El final de esta guerra comenzó con la Batalla de Almansa, producida el 25 de abril de 2007, donde las fuerzas aliadas al mando de lord Galloway fueron seriamente derrotadas. Su desarrollo quedó plasmado en la prensa de la época, y allí se explica cómo se fueron ocupando los territorios del Reino de Valencia. La situación se consolidaba en España con la recuperación de Mahón, Denia y Tortosa, y al año siguiente Alicante, aunque en el campo internacional hubo una nueva ofensiva donde intervino incluso el Papa Clemente XI, que presionado por Austria reconoció al archiduque Carlos como verdadero rey de España.

Las victorias aliadas de Almanara (27 de julio) y Zaragoza (20 de agosto) permitieron al archiduque entrar en Madrid el 28 de septiembre, obligando a Felipe V a refugiarse en Valladolid. Mas Luis XIV, rey de Francia y abuelo de Felipe envió un nuevo ejército a España que contribuyó a las victorias de Brihuega y Villaviciosa de Tajuña, en Guadalajara, donde se resolvió la suerte de la guerra en España, abandonando las ropas austríacas Madrid a principios de 1710.

Muy poco después moriría casi al mismo tiempo el Delfín de francia, padre de Felipe V y el emperador José, hermano del archiduque Carlos, quien entonces prefirió quedarse con el trono de Austria, abandonando la guerra por España. Las negociaciones acabaron con el Tratado de Utrecht en 1713 que señalaría la pérdida de las posiciones españolas en Europa, junto con Gibraltar, rindiéndose Barcelona en septiembre del año siguiente, y quedando así acabado el conflicto.

Difusión de la Guerra en la prensa de la época.

Toda la campaña bélica fue seguida y publicada con detalle por la prensa del momento, que para entonces había alcanzado gran desarrollo y difusión. Los primeros periódicos españoles nacieron en el siglo XVII siguiendo las corrientes y modelos de otros similares que también se hacían en Europa. Los primeros serían las "Relaciones y sumarios de noticias", que aparecen ya en 1624. Luego siguieron los "Compendios", hojas sueltas monográficas a las que siguieron después los "Sucesos".

Pero serían las Gacetas las que tomarían el relevo y se consolidarían como publicaciones periódicas, incluyendo noticias independientes entre sí sobre distintos lugares del mundo, política, economía o diplomacia. En especial sería La Gaceta de Madrid, titulada también como Boletín Oficial del Estado y fundada en 1661, la que divulgaría con más profundidad las noticias relativas a la llegada de Felipe V al trono y los detalles sobre las batallas que se originaron como consecuencia de ello.


Referencias

Artículos relacionados

Bibliografía

  • Revista Historia16. Nº 300, abril de 2001. Editorial Historia Viva, S.L.

Notas

  1. Transcrito por Pedro Pascual de: Novísima Recopilación. O.c., Ley 48, tit 4., lib. 2.R., en su artículo: Felipe V, un rey con buena prensa.. Historia 16. Año XXV, nº 300. Historia Viva, S.L., Madrid.
  2. Transcrito por Pedro Pascual de: Sobre la impresión de libros. Pragmática. Impreso en Valladolid en 1558 (texto íntegro original en la Biblioteca Nacional, Sg, R-15431), en su artículo: Felipe V, un rey con buena prensa.. Historia 16. Año XXV, nº 300. Historia Viva, S.L., Madrid.
  3. Crónicas del corresponsal de La Gaceta de Madrid, y el "Diario puntual de todo lo sucedido desde el día 23 de agosto de 1702...", escrito por Manuel Danio, y que relata con toda precisión las aciones de la flota aliada; acabando el 2 de octubre de ese mismo año