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Guerra Civil Española

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Fin de la Guerra

La Guerra Civil Española (17 de julio de 1936 -1 de abril de 1939), también llamada, según los bandos beligerantes, alzamiento nacional o rebelión fascista, fue una sublevación militar, apoyada por elementos conservadores del país, en contra el gobierno legalmente constituido de la II República de España.



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Origen

La causa primaria de esta guerra civil hay que buscarla en la marcada polarización de la vida y la política españolas que se había profundizado en las décadas precedentes. Por un lado, están la negativa de la alta burguesía industrial y terrateniente, las castas militares y la jerarquía católica a perder privilegios a favor de las clases trabajadoras. Esta pérdida de privilegios se estaba produciendo debido a la política de reformas sociales emprendida por los gobiernos republicanos de centro e izquierda.Por otra parte, podemos considerar causa directa de la guerra las aspiraciones revolucionarias de una parte importante de la izquierda, y el carácter marcadamente hostil a la Iglesia Católica del gobierno republicano, que no reprimió decididamente el asalto y quema de iglesias y conventos. Además, se suprimió la enseñanza religiosa y se prohibió la Compañía de Jesús, lo que causó profundo malestar en los sectores católicos. De este modo, la crispación política y social desencadenó una violencia creciente.

El arco ideológico cubría, de derecha a izquierda, a partidos y grupos monárquicos, conservadores, liberales, socialistas e incluso un pequeño movimiento Comunista dividido entre seguidores del líder José Stalin y su rival León Trotsky. En los extremos se encontraban la Falange Española, de orientación fascista y el anarquismo. La violencia callejera y el asesinato político se habían vuelto habituales.

Durante el bienio en que gobernó la coalición del Partido Radical de Lerroux y la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), hubo huelgas generales en Valencia y Zaragoza, luchas en Madrid y Barcelona, además de un intento revolucionario que sólo triunfó en Asturias, donde el levantamiento minero fue reprimido enérgicamente por las tropas del general López Ochoa y legionarios mandados por el teniente coronel Yagüe. En Cataluña Companys proclamó la República Catalana, aprovechando las reivindicaciones obreras, pero Cataluña fue fácilmente ocupada al carecer de apoyo popular. En este período se trató por todos los medios de anular las reformas sociales efectuadas en los años anteriores, especialmente en el ámbito agrario.

En 1936, tras una sucesión de crisis gubernamentales, las elecciones celebradas el 16 de febrero llevaron al poder al gobierno del Frente Popular, apoyado por la mayor parte de los partidos de la izquierda, con la oposición de los partidos de la derecha y lo que quedó del centro.

Pero el detonante último de la guerra fue el asesinato, a manos de Guardias de Asalto y militantes de izquierda, del líder del Bloque Nacional, José Calvo Sotelo, como represalia al asesinato del teniente José Castillo, perpetrado por miembros de la extrema derecha. El asesinato del diputado monárquico tuvo el efecto de decidir a quienes, como Francisco Franco, mantenían dudas sobre si debían sublevarse contra el Gobierno de la República.

Desarrollo

Balas utilizadas en el enfrentamiento
Artículo desarrollado → Cronología de la Guerra Civil Española.


En estas circunstancias, un levantamiento militar cuidadosamente planeado por los generales José Sanjurjo, Emilio Mola (el director del alzamiento) y Francisco Franco, en aquellas fechas destinado en la Comandancia General de Canarias, da comienzo en Melilla a las 5 de la tarde del 17 de julio de 1936 y se extiende al día siguiente a numerosos cuerpos del ejército en la península, a los que se unieron la mayoría de miembros de la Guardia Civil, quedando la Guardia de Asalto fiel al gobierno de la República. Pero en la mayoría de las ciudades, capitales de provincia y en las regiones industriales del país, el golpe fracasa, y lo que pretendía ser un golpe de Estado se convierte en una guerra civil.

En este contexto ambos bandos proceden a organizar sus respectivos territorios y a reprimir cualquier oposición o sospecha de oposición. Una estimación mínima señala que más de 50.000 personas fueron ejecutadas o asesinadas en cada bando, lo que nos da una indicación de la gran dureza de las pasiones que la guerra civil había desatado. Además, desde el año 1936 se desató en el bando republicano una feroz persecución contra la Iglesia Católica que duraría hasta el final de la Guerra. En ella, se persiguió, encarceló, torturó y asesinó a miles de religiosos y laicos por el hecho de ser católicos. Además, una gran cantidad de iglesias, conventos, ermitas y otros edificios religiosos fueron quemados o destruidos, lo que supuso una importante pérdida del patrimonio artístico y cultural español. La cifra de víctimas religiosas (es decir, sin contar a los laicos) se estima en 6.832, de los cuales 13 eran obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 religiosas. Esta violencia anticlerical fue promocionada y alentada desde los partidos marxistas y anarquistas tales como el PCE, el POUM o la CNT, tal y como ponen de manifiesto las declaraciones de Andrés Nin en 1936:

"La clase obrera ha resuelto el problema de la Iglesia, sencillamente no ha dejado en pie ni una siquiera [iglesias] (...) hemos suprimido sus sacerdotes, las iglesias y el culto." Andrés Nin, La Vanguardia, 2/08/36. Biblioteca de La Vanguardia.

Se luchó con gran ferocidad por parte de ambos lados, pero viéndose cada bando demasiado débil para conseguir una victoria rápida, se volvieron hacia el exterior en busca de ayuda. Los sublevados recibieron ayuda de la Italia fascista y de la Alemania nazi, mientras que los Republicanos la recibieron de la Unión Soviética, así como de las Brigadas Internacionales, formadas por un gran número de voluntarios que vinieron de otros países europeos y de los Estados Unidos de América. Alemania e Italia enviaron tropas, tanques y aviones para ayudar a los sublevados, mientras que la Unión Soviética aportó equipos y suministros a los Republicanos, quienes también recibieron ayuda de los gobiernos de Francia y México. Alrededor de 40.000 extranjeros lucharon en las Brigadas Internacionales en el bando Republicano y otros 20.000 sirvieron en unidades médicas o auxiliares.

El bando sublevado

Los nacionales. Cartel de la guerra civil

Del lado rebelde, denominado Nacionalista, se encontraban la mayor parte de la Iglesia Católica española, importantes elementos del ejército, la mayoría de los terratenientes, muchos hombres de negocios, así como algunos sectores intelectuales y obreros.

La capitanía de los Nacionalistas fue asumida gradualmente por el general Franco, liderando las fuerzas que había traído de Marruecos. El 1 de octubre de 1936, fue nombrado Jefe del Estado y formó gobierno en Burgos.

Los defensores del golpe desencadenan una revolución de carácter fascista, a favor del gran capital y de la instauración de una dictadura personal en España. Francisco Franco será quien aglutine todas las fuerzas, en un principio dispersas, bajo una estructura militar. Los sublevados se hacen con el poder, al mando del general Franco. Éste hará también su contrarrevolución, depurando a los opositores de su bando. Las fuerzas rebeldes tienen bajo su control la España agrícola, que a la postre, en una guerra larga, será más importante que la industrial, por la posibilidad de alimentar a sus tropas. Ante la evidencia de una guerra larga, Franco crea la sede de su gobierno en Burgos, donde se negociará con las potencias fascistas de la época, Alemania e Italia, y más tarde con las democracias occidentales.

El objetivo prioritario de la guerra es la conquista de Madrid. Pero Madrid no es una plaza fácil de tomar, y Franco emplea sus tropas en la conquista de otros territorios importantes para controlar el país, antes de asaltar Madrid. En 1937 el general José Solchaga conquista Asturias y el País Vasco, dos de las zonas industriales. La ayuda alemana e italiana es vital para el ejército Nacional. En España el ejército alemán ensayará las tácticas que pondrá en marcha durante la segunda guerra mundial, como la guerra en columnas, que superan al ejército republicano, por su indecisión, y el bombardeo de la población civil, como en Guernica.

El bando republicano.

Bandera republicana.

Del lado Republicano se encontraban todos los partidos de izquierda, desde los republicanos moderados hasta los anarquistas y comunistas, y los nacionalistas vascos y catalanes, del mismo modo que la mayor parte de los trabajadores urbanos y de los obreros agrícolas, mineros y gran parte de la clase media. Algunos sectores intelectuales fueron también partidarios de la República.

El presidente de la República Española hasta casi el fin de la guerra fue Manuel Azaña, un liberal anticlerical, procedente del partido Izquierda Republicana. El gobierno Republicano estaba encabezado, a comienzos de septiembre de 1936, por el líder del socialista Francisco Largo Caballero. Desde mayo de 1937 ocupó ese puesto Juan Negrín, también socialista, quien permaneció en él durante el resto de la guerra y continuó como jefe del gobierno republicano en el exilio hasta 1945. En el bando leal a la república se desencadena un proceso revolucionario, la revolución social española de 1936; que era lo que los sublevados pretendían evitar. Es el pueblo armado el que detiene a los insurrectos, ante la ineficacia de las fuerzas de seguridad. Los leales a la república controlan la mayor parte del país, las zonas industriales y las más pobladas, pero muy pronto dentro de ellos se adivina una división fundamental entre ganar la guerra y hacer la revolución. Aparecen dos bandos, uno revolucionario que pretende acabar con la república, dominado por la CNT y el POUM, y otro que pretende ganar primero la guerra, y hacer después la Revolución, dominado por el PCE.

El PCE es un pequeño partido de los que forman el Frente Popular, pero muy disciplinado, y tiene la ayuda de la URSS, con lo que rápidamente puede organizar un ejército con el que oponerse las fuerzas nacionales. Pero quienes habían detenido a los sublevados habían sido las milicias, que habían desencadenado la revolución, al mismo tiempo. Estos no estaban dispuestos a luchar por una república burguesa, y los comunistas del PCE tenían claro que para ganar la guerra era necesario la ayuda de las democracias occidentales, y que estas no querían una revolución en España. La república sólo recibirá la ayuda desinteresada de las Brigadas Internacionales, que se organizan con voluntarios de todo el mundo, reclutados por los partidos comunistas de sus respectivos países. También recibirá la ayuda de la URSS. Las democracias occidentales se desentienden del problema. Para implicarlas en el conflicto el PCE desencadena un proceso contrarrevolucionario contra el POUM y la CNT, que tiene su culmen en la guerra civil de las Jornadas de Mayo de 1937. Al final se trata de salvar la república burguesa, pero tampoco esta opción recibe la ayuda de las democracias occidentales.

Durante toda la guerra el gobierno de la república está en crisis. Se le concede el estatuto de autonomía al País Vasco el 1 de octubre de 1936, cosa que carece de transcendencia puesto que esta zona está aislada del gobierno central y pronto caerá en poder de los sublevados (marzo-abril de 1937). Los gobiernos se suceden vertiginosamente. El más estable es el de Juan Negrín. Incluso los anarquistas entran a formar parte del gobierno, ante la urgencia de ganar la guerra.

El ejército republicano no tiene capacidad de respuesta ante un ejército bien organizado. Brunete, Belchite y Teruel son las ofensivas más significativas del ejército republicano, pero nunca son ataques decisivos. La última ofensiva, de la República Española, que pretende ser decisiva, es la batalla del Ebro, pero también son rechazados, y el ejército sublevado se hace con toda Cataluña y Levante. Era en Valencia donde estaba el gobierno republicano. Con la caída de Cataluña y Levante la guerra está virtualmente terminada. Madrid cae el 1 de abril de 1939. Franco publicaba el siguiente parte de guerra:

“En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Burgos, 1º de abril de 1939. Año de la Victoria. El Generalísimo.

Consecuencias

El número de personas muertas en la guerra civil española solo puede ser estimado de forma aproximada. Las fuerzas nacionales han fijado la cifra en 1.000.000, incluyendo no solo los muertos en combate sino también las víctimas de bombardeos, ejecuciones y asesinatos. Estimaciones más recientes dan la cifra de 500.000 o menos. Esto no incluye a todos aquellos que murieron de desnutrición, hambre y enfermedades engendradas por la guerra. Otro efecto inmediato fue el exilio de numerosos republicanos temerosos de las represalias de los vencedores. Las atrocidades cometidas por ambos bandos en la represión de las ideas contrarias han sido objeto de multitud de estudios académicos y obras literarias.

Las repercusiones políticas y emocionales de la guerra trascendieron el marco de un conflicto nacional ya que la guerra civil española fue vista a nivel mundial como parte de un conflicto internacional que, dependiendo de su punto de vista, se libraba entre la tiranía y la democracia o el comunismo y la civilización. Para Alemania e Italia, España fue terreno de prueba de nuevos métodos de guerra aérea y de tanques. Para Gran Bretaña y Francia, el conflicto representó una nueva amenaza al equilibrio internacional que estaban tratando dificultosamente de preservar, el cual terminó de derrumbarse en 1939 con la Segunda Guerra Mundial.

Las consecuencias demográficas

Reunión de exiliados españoles en el Centro Español (1940). Archivo Ateneo Español de México.

La contienda causó estragos inmensos en la vida de los españoles. Una verdadera sangría demográfica que tuvo lugar durante los años de la guerra.

  • Los estudios elevan las muertes en los frentes a unas 145.000 personas.
  • Muchas personas se exiliaron, algunas de las cuales regresaron después. Se marcharon científicos e intelectuales, con el consecuente empobrecimiento cultural del país. Los historiadores estiman que México acogió a cerca de 25.000 refugiados españoles entre 1939 y 1942. [1]
  • Se vieron también afectados 400.000 españoles heridos en operaciones militares y 300.000 prisioneros de guerra en cárceles franquistas.
  • Esta sangría demográfica influyó más tarde en la caída de la natalidad.
  • En la represión franquista, que duró hasta 6 años después de acabada la guerra, fueron ejecutadas 400.000 personas.
  • En el lado republicano fueron ejecutadas 20.000 personas.

La imposible reconciliación

La guerra marcó moralmente a la sociedad española de la posguerra y dificultó considerablemente la reconciliación entre los vencedores y los vencidos. Desde el punto de vista bélico la guerra había finalizado el 1 de abril de 1939, pero la paz no terminaba de llegar, ya que durante un periodo de cuarenta años, la paz fue la aplicación de lo que los franquistas estimaban como su victoria. Más que la paz, la guerra trajo un estricto orden policial. La Guerra Civil estuvo presente en la memoria de los españoles a pesar de que el paso del tiempo diluyó su influencia. Las autoridades del nuevo régimen se encargaron de recordarla, pues era para ellos fuente de legitimidad.

La aprobación de una Constitución democrática tras las muerte de Francisco Franco ha integrado a España en la normalidad democrática que ha permitido su inserción en la Comunidad Europea y la restauración de sus relaciones internacionales.

Los efectos económicos

En el terreno económico la Guerra Civil tuvo efectos desastrosos:

  • España perdió muchos hombres y mujeres laboralmente activos (más de dos millones).
  • Se destruyeron unas novecientas mil viviendas.
  • Quedaron inservibles algo más de un tercio de la marina mercante, un 60% de locomotoras y vagones de trenes y una parte considerable del tendido ferroviario y redes de carreteras.
  • Dos terceras partes de la ganadería desaparecieron. La agricultura y la industria sufrieron devastaciones muy apreciables.

También la hacienda pública ofrecía un panorama desastroso:

  • Por una parte, gran parte del oro del Banco de España (unos seiscientos mil kilos de oro) había sido dado por los republicanos a la URSS en 1936, como último recurso ante la falta de apoyo de los países democráticos, a cambio de la ayuda prestada.
  • Por otra parte, el gobierno de Francisco Franco estaba endeudado con Alemania e Italia y con numerosas empresas y bancos norteamericanos (y en menor medida con Portugal) por los suministros que estos países y entidades habían aportado; la deuda ascendía a más de mil quinientos millones de dólares de la época (casi dos veces y media el valor del "oro de Moscú").

En conjunto, la Guerra Civil había supuesto para España grandes pérdidas económicas.

España, una excepción en Europa Occidental

España retrocedió en su nivel de desarrollo debido a causa del aislamiento internacional que conllevó la dictadura de Francisco Franco. Este permaneció en el poder durante casi cuarenta años, constituyendo una excepción con respeto al gobierno democrático del resto de países europeos después de la 2ª Guerra Mundial.

Durante mucho tiempo se ha considerado a la guerra civil española como la primera fase de la segunda guerra mundial, por ser una guerra entre las democracias y el fascismo. Pero no se tiene en cuenta que en la República Española se desencadenó una revolución, por lo que la guerra española fue una guerra entre el fascismo y la revolución, mientras que la segunda guerra mundial fue una guerra entre el fascismo y las democracias occidentales.

Personajes relevantes

Referencias

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Fuentes empleadas y notas

Bibliografía

Otras fuentes de información