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Godzilla

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Godzilla es el nombre de una criatura de ficción de tamaño gigantesco, con un aspecto similar al de los dinosaurios (o, al menos, a las antiguas reconstrucciones de estos animales extintos), aunque de unas dimensiones muy superiores.[1] El monstruo fue creado por cineastas japoneses en la década de los 50, siendo el protagonista de una saga de películas rodadas en Japón, así como de varias secuelas y reediciones (tanto cinematográficos como de animación o cómic), pues la criatura se ha convertido en una de las creaciones más populares del género fantástico.

Índice

[escribe] La historia

Godzilla apareció por primera vez en una película homónima estrenada en 1954, en España recibió el título de Japón bajo el terror del monstruo. Era un largometraje de 98 minutos en el que una serie de pruebas atómicas que tienen lugar en el océano Pacífico despiertan a un supuesto «dinosaurio submarino» y le provocan intensas mutaciones entre las que debe estar el aumento de tamaño o su inmunidad a las armas humanas más potentes y su capacidad de escupir fuego (o, más propiamente, vapores radiactivos). Godzilla emerge en las costas de Japón y comienza a destruir sus ciudades hasta que es neutralizado. En medio se entretejen otras historias, romances y dilemas morales como el de la posibilidad de destruir a la criatura con una nueva arma de potencia inusitada. Se plantean, entonces, dos problemas: por un lado, si es válido utilizar medios cuyas repercusiones podrían ser igual de nefastas que el propio monstruo o que podría acabar en malas manos.[2] por otro lado, si el ser humano tiene derecho a destruir una forma de vida única, es decir, si es legítima la aniquilación de otras especies para asegurar nuestra supervivencia.[3]

En su momento las películas de Godzilla tuvieron un éxito enorme en Japón, de ahí el rodaje de secuelas como El hijo de Godzilla, La venganza de Godzilla, Godzilla cabalga de nuevo, Godzilla contra los monstruos... creando un subgénero propio que se llamó «kaijū eiga» (怪獣映画: película [japonesa] de monstruos). En esta saga, Godzilla se convierte tanto en el destructor como en el salvador del planeta; apareciendo nuevas criaturas como Mothra (polilla gigante), Gamera (la inmensa tortuga), Goran (algo parecido a un pterodáctilo), Ghidorah (un dragón de tres cabezas), etc.

Aunque los efectos especiales no se pueden comparar con los obtenidos gracias al empleo de computadoras, en los años '50 y '60 provocaban el terror en el público. Al contrario que los filmes americanos, los japoneses no usaron el método llamado «stop-motion» (consistente en ir desplazando muñecos imperceptiblemente y tomar un fotograma en cada movimiento), sino que crearon elaboradísimas maquetas de todo tipo de escenarios (incluyendo la ciudad de Tokio) y vistieron a un actor con un pesado disfraz de goma (generalmente, Haruo Hakajima). Para alguna secuela usaron, también, grandes marionetas, como la de Mothra.

El nombre original en japonés es, en realidad «Gojira» (ゴジラ), aunque como se pronuncia | gäd'zilə |, se ha popularizado mundialmente con ese apelativo. Al parecer, el productor de la primera película, Tomoyuki Tanaka, se inspiró en el apodo de uno de sus empleados, famoso en la compañía por su fealdad. Sus compañeros habían inventado un mote que mezclaba la palabra gorila (ゴリラ, gorira en japonés) y ballena (鯨, くじら, kujira en japones): gorira+kujira=gojira. También se ha dicho que el nombre aludía al inmenso poder y al tamaño del monstruo.

[escribe] La metáfora

Aunque en su momento se dijo que las películas de Godzilla eran la imitación japonesa de filmes norteamericanos como El mundo perdido (1925) y King Kong (1933). Sin embargo, ambas películas son anteriores a la Segunda Guerra Mundial y a la Guerra Fría, periodo en el que apareció por primera vez Godzilla. La alusión a las pruebas atómicas y el contexto político de los años 50 son esenciales para comprender la alegoría del monstruo.

Godzilla es la representación de la capacidad destructiva de las bombas atómicas y la necedad de la raza humana al utilizarla. Haría, pues, referencia al bombardeo de Hiroshima y Nagasaki por parte de los Estados Unidos (ocurrido nueve años antes del estreno del primer largometraje). Las escenas de hospitales repletos de heridos, con terribles lesiones causadas por la devastación de la criatura, no son, sino una forma de que el mundo viera lo que había ocurrido en estas dos ciudades. Al parecer, también es una llamada de atención contra la escalada armamentística de la Guerra Fría, es decir, una crítica contra Estados Unidos y la Unión Soviética por no pensar en las consecuencias que tendría su rivalidad para todo el Globo.

Desde este punto de vista, muchas de las escenas de la película adquieren una nueva dimensión: lo que aparentemente es un mero espectáculo visual, se transforma en una reivindicación, una protesta y una velada acusación contra injusticias perpetradas contra Japón. Al mismo tiempo, la aparente exaltación del heroísmo épico se transmuta un aviso contra la posibilidad de repetir de nuevo los mismos disparates bélicos. Es un mensaje pacifista comparable —al menos en este aspecto— al de Hiroshima, mon amour.

[escribe] Su influencia

Posiblemente en Occidente, Godzilla no haya gozado del éxito que tuvo en Japón debido a que la sensibilidad nipona estaba a flor de piel en el momento del estreno y, tanto Estados Unidos como Europa Occidental no tenían la misma visión ni del desenlace de la Segunda Guerra Mundial ni de la Guerra Fría. La edición original fue alterada para que encajase mejor con los gustos hollywoodienses, poniendo más énfasis en las escenas de acción y evitando el tono sombrío y el pesimismo que destilaba el montaje genuino. Godzilla se convirtió en una película de culto, una rareza que sólo gustaba a los frikis, cada vez más abundantes con el paso del tiempo. Ningún crítico ni historiador del cine importante incluye entre sus publicaciones referencia alguna. Y no es extraño, en 1954 Akira Kurosawa estrena Los siete samuráis, alcanzando una repercusión inusitada que verá refrendada en 1957 con Trono de Sangre (una versión de Macbeth). Entre tanto, en 1955, el director japonés Miyamoto Mushashi recibe el óscar a la mejor película extranjera con Samurai. El panorama americano es mucho más rico, con auténticas obras maestras: en 1954 La condesa descalza encumbra a Ava Gardner, al tiempo que Humphrey Bogart hace lo propio en El motín del Kaine y Marlon Brando con La ley del silencio. Al año siguiente no se puede hablar con menos admiración de Robert Mitchum con La noche del cazador y James Dean con Rebelde sin causa o Al este del edén; por poner sólo algunos ejemplos. En España hay que recordar la memorable obra de Juan Antonio Bardem, Muerte de un ciclista.

Sin embargo, Godzilla ofreció a Hollywood una serie de recursos exitosos para películas de acción y no es raro notar su influencia en algunas grandes producciones, aunque generalmente pasan desapercibidas pues, lo que entonces fue novedoso hoy es algo habitual.

Godzilla es la primera película en la que se arrasa una populosa ciudad como Tokio: la desaparición de todos los símbolos y emblemas de una cultura milenaria como la nipona es algo que los japoneses habían vivido en carne propia, pero que nunca se había llevado al cine. Cierto que en King Kong el monstruoso gorila siembra el pánico en Nueva York y escala el Empire State, pero no se trata de una criatura agresiva, destructora por capricho, sino de un animal acosado que sólo desea escapar y defenderse. Kong muestra un comportamiento muy natural, pero Godzilla se muestra incomprensiblemente violento; destruye la ciudad sin razón alguna ante la impotencia de sus habitantes. Esta idea catastrófica fue, sin duda un auténtico hallazgo cinematográfico —dado el perturbador efecto que causa en el público—, que se ha repetido desde entonces hasta la saciedad. Ejemplos actuales los tenemos en Independence Day (1996), Deep Impact (1998) o El día de mañana (2004), en las que los símbolos más preciados para los estadounidenses son reducidos a escombros (por causas diversas).

En filmes norteamericanos son igualmente comunes los animales monstruosos con una agresividad antinatural, como se ve en Tiburón (1975) de Steven Spielberg, director que, como se verá inmediatamente, demuestra su admiración por Godzilla en más de una ocasión. Hay decenas de películas que desarrollan este patrón hasta agotar todas las ideas posibles (pirañas, arañas, serpientes, alienígenas, criaturas infernales, creaciones de laboratorio...).

Existen remakes modernos como Godzilla (1996) producida en Estados Unidos[4] y Godzilla 2000: Millennium, producción japonesa en este caso. Pero la mayoría de los paralelismos se han establecido con la trilogía de Jurassic Park (1993, 1997 y 2000), las dos primeras dirigidas por Spielberg. La segunda tiene guiños muy evidentes a la saga de Godzilla, repitiendo la escena de de los humanos huyendo en tropel despavoridos, tropezándose entre ellos. Primero en la isla, cuando el grupo de cazadores corre a refugiarse en una cueva, perseguidos por un Tyrannosaurus rex, y luego en San Diego (California), añadiendo un toque humorístico, ya que los que intentan escapar del Tyrannosaurus son un grupo de turistas japoneses.

Mucho más dramática, pero innegablemente similar, es la escena del primer ataque de los trípodes en La guerra de los mundos (2005), del mismo director, en la que el personaje que interpreta Tom Cruise, Ray Ferrier, y sus convecinos intentan sobrevivir.

[escribe] Referencias

Artículos relacionados

Bibliografía

Otras fuentes de información

Notas

  1. Originalmente era descrito como un dinosaurio submarino, a pesar de que en la realidad los reptiles submarinos no eran dinosaurios y no se parecían en nada a Godzilla. Posteriormente, en una secuela, se explica que este animal fue un dinosaurio terópodo llamado Godzillasaurus, que mutó debido a la radiación nuclear.
  2. Alusión muy evidente a los límites que ha de autoimponerse el ser humano, en pocas palabras, si en una guerra desesperada vale todo, aunque los resultados puedan dejar secuelas irreparables.
  3. De nuevo un mensaje pacifista, conservacionista, evidentemente alegórico, pero de gran alcance moral e histórico.
  4. A menudo conocido simplemente como «Zilla» para diferenciarlo del japonés. Éste se parece más a una iguana que a un dinosaurio y aunque también es una mutación provocada por las pruebas nucleares del océano Pacífico, en esta ocasión se echa la culpa a los franceses, representados por Jean Reno, que interpreta el papel de un agente del servicio secreto galo.
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