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Geografía humana de Galicia

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Estructura administrativa

Galicia es una de las regiones españolas en las que la ocupación humana está más imbricada con la explotación del medio. Esta ocupación de la región se remonta a épocas prehistóricas. Los castros, poblados prerromanos, se encuentran diseminados por toda la región. En la actualidad la división administrativa menor es la parroquia. Tiene una tradición histórica muy larga y es una realidad social, económica, fiscal y religiosa. Sin embargo, la actual movilidad de la población y los cambios en la base económica está desdibujando su función, en favor de otras divisiones administrativas más grandes y que dan servicio a más población: el municipio.

Galicia se convirtió en comunidad autónoma el 6 de abril de 1981. Comprenden cuatro provincias: La Coruña (A Coruña), Lugo, Orense (Ourense) y Pontevedra. La capital de la comunidad autónoma es Santiago de Compostela (La Coruña). Tiene una superficie de 29.365 km2 y sus costas tienen una longitud total de 1.498 kilómetros.

La Coruña tienen una superficie de 7.950 km2 y una población de 1.096.027 habitantes.
Lugo tienen una superficie de 9.856 km2 y una población de 357.648 habitantes.
Orense tienen una superficie de 7.273 km2 y una población de 338.446 habitantes. Es la única provincia que no tiene costa.
Pontevedra tienen una superficie de 4.495 km2 y una población de 903.759 habitantes.

Las provincias fueron creadas, con las del resto de España, en 1833. El límite de las provincias sigue criterios geográficos. La línea de cumbres de la dorsal gallega separa las provincias del interior de las de la costa, mientras que el río Sil separa Lugo de Orense y el río Ulla Pontevedra de La Coruña, grosso modo.

Con la división provincial se dividió Galicia en 326 municipios, en un intento de superar la vigencia de las parroquias. En la actualidad, y debido a procesos de fusión existen 315 municipios, que abarcan muchos núcleos de población.

Podemos distinguir, también, divisiones comarcales que agrupan a varios municipios, que pueden cambiar según las necesidades administrativas.

Rías Altas; en La Coruña, comarcas de: Tierra de Ortigueira, Ferrol, Eume, Betanzos, Comarca de La Coruña, Bergantiños y Finisterre (Fisterra). En Lugo, comarcas de: Tierra de Viveiro (Mariña occidental), Valle de Masma (Mariña central) y Valle del Eo (Mariña oriental).
Rías Bajas; en La Coruña, comarcas de: Tierra de Noya. En Pontevedra, Arosa norte, Arosa y Salnés, Tierra de Pontevedra, El Morrazo, Tierra de Redondela, Comarca de Vigo, Valle del Rosal (o Bajo Miño), El Condado y Paradanta.
Tierra de Santiago, en La Coruña, comarcas de: Tierra de Santiago, Tierra de Ordes, Tierra de Arzúa y Melide. En Pontevedra, comarcas de: Vega del Sar (o Vega de Caldas), Valle de Tabeiros y Tierra de Deza.
Meseta lucense, comarcas de: Tierra Cha, Tierra de Lugo, Tierra de Monterroso (o Tierra de Ulloa) y Tierra de Sarria.
Valles meridionales lucenses, comarcas de: Chantada (o Miñouto), Tierra de Lemos, El Caruel y Valle de Quiroga.
Sierras orientales, comarcas de: Meira, Tierra de Fonsagrada y Los Ancares.
Tierra de Orense, comarcas de: Arenterio-El Carballiño, El Ribeiro, Tierra de Celanova, Tierra de Allariz y Maceda, Tierra de Orense.
Valles orensanos meridionales, comarcas de: Baja Limia, La Limia, Valle de Monterrey o Verín.
Sierra y valles surorientales, comarcas de: Tierra de Trives, Tierra de Valdeorras y Tierra de El Bolo.

Población

Galicia posee, en el censo del 2001, 2.695.880 habitantes, y una densidad demográfica de 91 h/km2. Su población está marcada por dos fenómenos, la emigración y el envejecimiento. A pesar de la gran cantidad de núcleos urbanos que se dispersan por toda la región la mitad de la población vive en la costa atlántica, y sobre todo en el entorno de Vigo y La Coruña. Estas cifras suponen una importante pérdida de población con respecto al censo de 1991. En conjunto pierde 46.742 habitantes, de los cuales, 14.275 los pierde La Coruña, 12.655 Lugo, 11.345 Pontevedra y 8.467 Orense. Todas las provincias pierden población.

Galicia fue un país de emigración desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta 1973, cuando los flujos migratorios en el mundo desarrollado se detuvieron. Esta larga tradición emigratoria ha sido una sangría constante de población. Las dificultades económicas provocaron durante siglos una superpoblación que sólo tenía el recurso de emigrar. En la segunda mitad del siglo XIX emigran de Galicia a América medio millón de personas, principalmente a Cuba y Argentina. Entre 1900 y 1960 las salidas se reducen notablemente pero entre 1960 y 1973 la emigración vuelve a dispararse, esta vez a Europa. Desde 1973 el proceso se detiene, pero la crisis de los años 80 obliga a un nuevo proceso de emigración, esta vez al resto de España. Con el fin de la crisis y tras la entrada en la UE, Galicia comienza a recuperar población, no obstante entre el regreso de los emigrantes y la caída de natalidad comienza un proceso de envejecimiento de la población muy rápido. Se calcula que en todo este proceso se marcharon más personas de las que se quedaron. Hoy en día se observa un leve proceso de inmigración.

Un proceso tan intenso de emigración fue posible porque la natalidad era superior a la media de España. Se situaba en torno al 22‰, pero tras el fin de la transición demográfica la tasa cayó muy por debajo de la del resto de España (16‰). En los últimos tiempos se observan signos de recuperación (17‰) aunque sin llegar a la tasa de reemplazo.

La mortalidad general es algo superior a la del resto de España (10‰) pero hay que tener en cuenta que también es la población más envejecida. La mortalidad infantil está en los niveles del resto de España.

Con este panorama la población gallega tiene un crecimiento vegetativo muy reducido, en el que tiene tanta importancia el proceso de transición demográfica como la emigración.

Estructura urbana y poblamiento

La estructura urbana y de poblamiento gallega se caracteriza por dos constantes, la dispersión de los asentamientos y el policentrismo urbano. La dispersión da a Galicia uno de los mayores índices de densidad de población rural.

Un dato ilustra la dispersión del poblamiento gallego, de la totalidad de núcleos de población recogidos en el nomenclátor de España casi la mitad corresponde a Galicia. Dos hechos parecen explicar esta dispersión que se puede remontar a la Edad Media, la existencia de un medio geográfico con posibilidades de explotación equivalentes en casi toda la región y la tendencia a la división de la propiedad y la explotación agrícola a lo largo de la historia. Curiosamente, el cambio de una economía agraria a otra más industrial ha consolidado la dispersión. Este fenómeno parece explicarse por la dispersión de la prestación de servicios, sobre todo públicos aunque también privados. Un centro de salud, o un supermercado instalado en un pueblo relativamente pequeño se encuentra con una población dispersa que demanda sus servicios. Así el umbral mínimo de población necesario se alcanza rápidamente, y consolida la dispersión. Esto, y la segunda residencia, explica que muchas de las construcciones de los núcleos pequeños sean muy modernas.

La aldea es la unidad de hábitat elemental, y, normalmente, no tiene un núcleo de viviendas definido. No suele superar los 50 habitantes y está vinculada a la explotación agroganadera del medio. El pueblo es un asentamiento algo mayor y ya tiene un núcleo definido, con funciones de servicio básicas: sanidad educación y mercado. Su población está entre los 500 y los 1.000 habitantes. La villa es un escalón intermedio entre lo rural y lo urbano. Posee funciones terciarias diversificadas y permanentes, como los bancos, y alguna actividad industrial, normalmente vinculada a la transformación de los productos agrícolas, ganaderos o pesqueros. Suelen ser cabeceras de comarca o ciudades históricas. Poseen una población de entre 3.000 y 15.000 habitantes y un caserío moderno.

La estructura urbana de Galicia no siempre es fácil de establecer, debido a la gran cantidad de ciudades, con principios organizadores diversos y muy especializadas en un sector. En Galicia hay siete ciudades que superan los 50.000 habitantes —La Coruña, Vigo (Pontevedra), El Ferrol (La Coruña), Pontevedra, Orense, Lugo y Santiago de Compostela (La Coruña)— pero existen, también 145 centros de mercado que se asientan en ciudades históricas y centros comarcales (Betanzos (La Coruña), Ribadeo (Lugo), Mondoñedo (Lugo), Viveiro (Lugo), Monforte de Lemos (Lugo), Bayona (Pontevedra), Tuy (Pontevedra), Lalín (Pontevedra), Verín (Orense), Ginzo de Limia (Orense), etc.). Además, Ponferrada (León), también su ejerce influencia sobre áreas próximas de Lugo y Orense.

La Coruña aparece como la primera ciudad gallega: séptimo nivel, sin embargo esto es debido a que tienen en su entorno a otros centros importantes —Ferrol (La Coruña), Betanzos (La Coruña), Gándara (La Coruña)— y a que ocupa una posición importante en el sistema urbano español; es capital de provincia.

Vigo es la segunda ciudad gallega: sexto nivel, y también tiene e su entorno importantes núcleos de población —Pontevedra, Marín (Pontevedra), Cangas (Pontevedra), Bayona (Pontevedra), Porriño (Pontevedra)—. Su calificación como segunda ciudad es más por motivos cualitativos que cuantitativos y realidad económica, ya que no es capital de provincia. En realidad se puede considerar que La Coruña y Vigo están en el lugar más alto.

Santiago de Compostela (La Coruña) es la tercera ciudad de Galicia: quinto nivel. Es la capital de la comunidad autónoma, e históricamente ya sido uno de los grandes centros culturales de España, gracias a su universidad y a ser la meta del Camino de Santiago.

En el cuarto nivel se sitúan las capitales de provincia: Orense, Lugo y Pontevedra.

En un tercer nivel está El Ferrol (La Coruña), que es un importante centro industrial y de residencia para parte de los trabajadores de La Coruña. No ejerce actividades terciarias para el resto de la región, que se concentran en La Coruña. Como se puede ver no hay una relación directa entre la población y la importancia de las ciudades en el sistema urbano.

También entre las villas y capitales de comarca encontramos una cierta jerarquía (segundo nivel):

Villagarcía de Arosa (Pontevedra), Marín (Pontevedra) y Viveiro (Lugo) en la costa, Carballo (La Coruña), Monforte de Lemos (Lugo) y Betanzos (La Coruña) en el interior son villas con una completa dotación de servicios.

Lalín (Pontevedra), La Estrada (Pontevedra), Sarria (Lugo), Villalba (Lugo), Puenteareas (Pontevedra), Ordes (La Coruña), Ribadavia (Orense), Carballino (Orense) y Verín (Orense), son cabecera de comarca con un cierto grado de industrialización.

Puentes de García Rodríguez (La Coruña), Mondoñedo (Lugo), Tuy (Pontevedra), Pontedeume (La Coruña), Corcubión (La Coruña), Padrón (La Coruña), El Grove (Pontevedra), La Guardia (Pontevedra), Cangas (Pontevedra), Ginzo de Limia (Orense), Celanova (Orense), Barco de Valdeorras (Orense) y La Rúa (Lugo) son centros importantes, de carácter histórico y que hoy tienen un notable grado de terciarización.

Boiro (La Coruña), Sangenjo (Pontevedra), Burela (Lugo), Guitiriz (Lugo), Puente Nuevo (La Coruña), Muros (La Coruña), Sada (La Coruña), Cedeira (La Coruña), Cambados (Pontevedra), Bayona (Pontevedra), Bueu (Pontevedra), Moaña (Pontevedra), Foz (Lugo), Ortigueira (La Coruña), Caldas de Reyes (Pontevedra), La Puebla (Orense), Arzúa (La Coruña), Negreira (La Coruña), Becerreá (Lugo), Quiroga (Lugo), Rábade (Lugo), Puebla de Trives (Orense), Viana del Bollo (Orense) y Allariz (Orense), son centros con los servicios terciarios básicos.

Con esta estructura urbana prácticamente, no hay un solo núcleo urbano en Galicia que esté a más de 12 kilómetros de un centro con funciones terciarias, ni a más de media hora de una ciudad con servicios completos.

Estructura de las comunicaciones

La red de comunicaciones en Galicia es una de las más densas de España, pero también una de las más deficientes. La multitud de núcleos de población obliga a trazar gran cantidad de carreteras comarcales que atraviesan numerosos pueblos, y esto dificulta la existencia de grandes vías de comunicación rápida. No obstante, esta situación ha cambiado mucho en los últimos años. Además, la topografía y la estructura del relieve, con ríos encajados, dificulta y encarece el trazado de las carreteras. Así, la mayoría de las carreteras son lentas, sinuosas y técnicamente antiguas.

La red de primer orden tiene dos vértices básicos, La Coruña y Vigo. Entre estos dos puntos hay una autopista que pasa por Santiago de Compostela. Tanto en torno a La Coruña, como a Vigo, existe una red más densa de autovías que pone en contacto las poblaciones del entorno con el centro. Además hay dos autovías que ponen en contacto a Galicia con la meseta: la que llega a La Coruña y pasa por Lugo y Ponferrada (León), y la que parte de Benavente (Zamora), pasa por Orense y llega a Vigo. Además, hay carreteras autonómicas que unen Orense, Lugo y Santiago de Compostela. Estas son las carreteras que tienen más tráfico.

La red de ferrocarril es notablemente deficiente. Su trazado es muy antiguo y no responde a las necesidades de una región dinámica. La red básica entra por El Bierzo y en Monforte de Lemos (Lugo) se divide en dos ramales, uno hacia La Coruña, pasando por Lugo y otro a Vigo. La red complementaria entra por el sur de Orense y en Orense se une a la red básica. También hay una línea entre Vigo y La Coruña y otra entre Orense y Santiago de Compostela. También existe una línea de vía estrecha, FEVE, que va desde El Ferrol (La Coruña) hasta Ribadeo (Lugo), por toda la costa y continúa hasta Avilés (Asturias) y Oviedo (Asturias).

La red de aeropuertos es bastante buena. Posee un aeropuerto internacional, el de Labacolla (La Coruña); dos nacionales, Peinador en Vigo y Alvedro en La Coruña; y otros dos autonómicos, Lugo y El Grove. El aeropuerto de Santiago de Compostela absorbe el 80% de los pasajeros y tiene conexiones con las principales ciudades europeas y americanas.

La red de puertos es muy buena, y se sitúan entre los mejores puertos de Europa de tamaño medio. Desgraciadamente la deficiencia de las comunicaciones con el interior les resta importancia. Encontramos cinco grandes puertos que trafican con productos industriales y pesca: La Coruña, Vigo, Ferrol, Pontevedra-Marín y Villa García de Arosa; pero además existen múltiples puertos pesqueros y deportivos diseminados por todas la costa. La mayor instalación portuaria es la de Vigo, el principal puerto pesquero de España, pero el de La Coruña, más moderno, posee un tráfico mayor, centrado en productos industriales y petróleo. Falta, no obstante, un puerto refugio para emergencias, en un mar tan bravo como es el Atlántico frente a las costas gallegas.

Economía

Agricultura y silvicultura

La economía gallega presenta grandes contrastes. Así, podemos encontrar una economía muy retrasada de pequeñas explotaciones ganaderas extensivas en las montañas del interior y la más avanzada industria tecnológica en la costa, vinculada a la universidad de Santiago de Compostela. Durante la última década del siglo XX Galicia ha dado un salto importantísimo desde los últimos puestos entres las regiones españolas a una posición cómoda por encima de la media. Muchas de las cifras económicas oficiales de Galicia están por debajo de la media por culpa de una economía sumergida mucho más importante de lo deseable. Además, la gran cantidad de empresas familiares, principalmente en la agricultura, y los asalariados en barcos mercantes radicados fuera de la región son actividades de muy difícil cuantificación. La unidad económica básica es la familia, y sus ingresos suelen llegar de actividades diversas en las que participa toda la familia.

En Galicia existe una especialización regional de la economía notable. La Coruña es una provincia industrial y con mucha presencia de los servicios terciarios. En Pontevedra predominan las actividades primarias, agricultura y pesca, y la industria agroalimentaria. El terciario se centra en el turismo de las Rías Bajas. En Orense y Lugo predominan las actividades agroganadera y su industria asociada. Encontramos explotaciones muy avanzadas junto a otras muy poco capitalizadas.

La agricultura gallega tiene aún gran cantidad de explotaciones que no han sido renovadas. Estas explotaciones aportan menos al PIB que las explotaciones modernizadas. Sin embargo son las explotaciones marginales las que proporcionan ingresos a muchas familias, y por ello la imagen de la agricultura gallega es la del subdesarrollo. Son explotaciones cuyos empresarios tienen edades avanzadas y en su mayoría el reemplazo generacional no está asegurado, por lo que cabe esperar que en un futuro más o menos próximo tiendan a desaparecer. Hay que tener en cuenta que gran parte de estas explotaciones pequeñas funcionan en régimen de autoconsumo, e incluso de agricultura a tiempo parcial, por lo que las rentas familiares proceden de otras actividades, lo que no estimula la modernización. Este hecho nos señala otra de las características de la agricultura gallega: el policultivo.

Son muchas las causas que explican este subdesarrollo: unos suelos poco propicios; la presencia, muy fuerte, de condicionantes históricos, como el régimen de herencia y el tipo de contrato agrario; el policultivo agrícola y una geografía que hace difícil la concentración parcelaria; y la dispersión de la población. Todo ello favorece la persistencia del minifundio, un minifundio que encontramos en las zonas de montaña, pero también en la agricultura a tiempo parcial, más moderna.

A pesar de ello en Galicia también encontramos explotaciones modernas cuya producción está íntegramente dirigida al mercado y vendida a la industria agroalimentaria. Estas explotaciones están regidas por familias cuyos ingresos principales se obtienen de la actividad agropecuaria. Predominan las explotaciones de tamaño medio. Aquí encontramos gran diversidad. Persisten explotaciones el policultivo, aunque los ingresos vienen de la producción lechera. Más rentables son las explotaciones que se especializan en un producto, lácteos, ganadería de carne, vinos, madera, etc. Se encuentran en el entorno de los centros urbanos. En estas explotaciones especializadas encontramos empresas capitalistas muy modernas en buena medida desvinculadas del modelo agrícola tradicional: avícola, porcino, visones, conejo, etc. Algunas de estas explotaciones tienen dimensiones notablemente más grandes. La mayoría se encuentran en el eje urbano occidental. Son empresas familiares con muy poca mano de obra asalariada.

En Galicia tienen gran importancia las explotaciones de cooperativa. Son explotaciones especializadas que controlan gran parte de los procesos de producción y mercantilización del producto. Son muy comunes de la producción láctea y vitivinícola del interior.

El policultivo agrícola hace que Galicia no destaque en casi ningún producto agrícola. Se cultiva patata, maíz, frutas, hortalizas, etc., pero los cultivos más representativos son: el forraje para ganado, la vid para la industria vinícola y la silvicultura para la industria papelera y del mueble.

Galicia es la región española más destacada en silvicultura. La mayor parte de la superficie de la región es forestal, aunque sólo una parte es productora de madera. Además, la producción maderera se transforma en la propia región, lo que la hace muy rentable. La mayor parte de la producción se saca de bosques de repoblación con especies de crecimiento rápido: pino gallego y eucalipto, cultivados en montes de propiedad privada. Se sitúan cerca de la costa, en las sierras de la dorsal gallega. La mayor parte de la producción se dedica a la producción de pasta de papel (40%), pero también para tableros y muebles. Por su necesidad de transformación es una de las actividades que más impulsa el desarrollo industrial. Los incendios forestales no son sólo un problema ecológico, sino, también, un problema económico.

Del bosque gallego se comercializan otros productos, como las castañas y los hongos comestibles.

Ganadería

El medio rural gallego está muy vinculado a las actividades ganaderas, y principalmente a la cabaña de vacuno, tanto de carne como de leche, aunque en la actualidad la diversificación ganadera es notable y alcanza a todo tipo de ganadería. El porcino se concentra en La Coruña y Lugo, junto con la cunicultura, ya que es una de las principales regiones productoras de conejos. La cabaña avícola es una de las más importantes de España, sobre todo en gallinas ponedoras. Orense en la provincia con una mayor presencia de la cabaña avícola. La producción de carne de pollo, cerdo y conejo supera ampliamente a la carne de vacuno.

El vacuno tiene presencia en toda la región, aunque más peso en la economía del interior, mientras que las cabañas ganaderas más modernas se concentran en torno a las grandes ciudades. Es precisamente en la ganadería bovina en la que encontramos las explotaciones más modernas. La facultad de Veterinaria de Lugo es una de las más importantes del país, e impulsa la modernización de las explotaciones, haciendo de estas unas de la más rentable del país. La vaca «rubia gallega» se está empleando, en la actualidad para carne, mientras que para la producción lechera se importan razas como la frisona y la pardo alpina.

La actividad agroganadera gallega sido, desde 1986, dependiente de las subvenciones de la EU, sin embargo estas ayudas tienden a desaparecer por lo que será necesario hacer un esfuerzo notable de renovación para liberarse de esta dependencia.

Pesca

Galicia es una de las regiones pesqueras más importantes de Europa. Más de la mitad la producción pesquera de España se recoge en Galicia, y solo ella pesca más que países la mayoría de los países de Europa. La aportación de la pesca al PIB es mayor que la de toda la agricultura. Además, la pesca genera industrias asociadas: conserveras, congelados, astilleros y las industrias metalúrgicas y químicas asociadas a ellas. También impulsa los servicios financieros, banca y seguros para los barcos.

La actividad pesquera gallega está entre las más modernas del mundo, aunque perviven barcos pesqueros de bajura, de manera marginal. La flota gallega pesca en todos los mares del mundo. La plataforma continental de Galicia es la más extensa de la costa atlántica de la península. Uno de los bancos tradicionales para la flota gallega en el del Gran Sol, al suroeste de Irlanda. Ha sido, precisamente, su vocación atlántica, la que le ha permitido desarrollar una importantísima flota de altura, muy moderna; con barcos factoría y congeladores. Además, la flota gallega es puntera, también, en la búsqueda de especies alternativas para el consumo humano.

Sólo un tercio de sus capturas se consumen en Galicia, el resto se exporta: el 75% al resto de España y el 25 % a otros países. La flota de altura en regiones lejanas cada día descarga menos en los puertos gallegos. Se está generalizando el transporte de las capturas en aviones de gran capacidad desde los puertos locales hasta los aeropuertos de los mercados consumidores.

Una de las principales actividades pesqueras en Galicia es la acuicultura. En las rías los cultivos marinos gallegos tienen una larga tradición. Desde que el marisco comenzó a aumentar su valor en el mercado las bateas y el marisqueo se desarrollaron los primeros cultivos marinos. Hoy en día en las rías se cultivan todo tipo de mariscos, pero también muchas especies de peces. No obstante, la producción de marisco es inferior a la demanda, debido al prestigio del marisco gallego. Sin embargo, no hay que olvidar que parte de esta escasez se debe a la sobreexplotación de los recursos marinos, que han esquilmado la costa gallega, por lo que es necesario un plan de explotación sostenible. En determinadas especies, como el mejillón, el número de explotaciones está saturado, pero en otras el potencial de crecimiento es, aún, muy importante.

Minería y energía

Galicia tiene grandes recursos mineros pero en general no son aprovechados por su propia industria. Sin embargo estos recursos no son fáciles de explotar y no siempre tienen rentabilidad económica. Se explotan en las comarcas montañosas cinc, plomo en Piedrafita del Cebrero (Lugo), volframio en Santa Comba (La Coruña) y Lousame (La Coruña), estaño en Lousame, lignito en Meirama (La Coruña) y Puentes de García Rodríguez (La Coruña), caolín en Foz (Lugo) y Vimianzo (La Coruña), y magnesita en Rubián (Lugo).

Además son muy importantes las canteras de pizarra de Valdeorras, y de granito en Porriño.

Galicia es una de las principales regiones productoras de energía eléctrica. En La Coruña se encuentra tres centrales termoeléctricas que convierten a esta provincia en la que más potencia produce: Meirama, Puentes de García Rodríguez y Sabón. Por su parte Orense produce gran parte de la energía hidroeléctrica nacional. Además, en Estaca de Bares se están aprovechando sus vientos para a producción eólica de electricidad. En este capítulo cabe destacar la refinería de La Coruña, que proporciona derivados del petróleo a toda España.

Industria

En Galicia la tradición industrial siempre fue secundaria, hasta que en los años 60, y con los planes de industrialización, comenzó a despegar de manera extraordinaria. Se establecieron en Galicia tres polos de desarrollo: La Coruña, Vigo y Villa García de Arosa. La industria se localiza en este eje de la costa atlántica. Se trataba de una industria desarticulada, con muy poca vinculación con la industrial tradicional, de grandes empresas en las que destaca la industrial agroalimentaria vinculada a la ganadería, la pesca y los astilleros. En los últimos tiempos han comenzado a aparecer pequeñas y medianas empresas en el interior, estás sí vinculadas a los recursos de la región.

La industria agroalimentaria es la de mayor productividad y la que más empleos tiene. Es la ganadería y la pesca la que constituye el sector central de esta rama. Se trata de una actividad orientada mayoritariamente a la exportación extrarregional, tanto al resto de España como internacional.

El sector de la construcción naval y la automoción es el segundo en importancia en Galicia. Se concentra en los astilleros de El Ferrol (Astano) y Vigo, y la fábrica de Citroën en Vigo. Los astilleros de Vigo se dedican normalmente a la construcción de barcos pesqueros muy complejos.

La industria de la madera está muy diseminada. Son Orense y Lugo las que tiene una mayor cantidad de serrerías, pero es en Pontevedra y en La Coruña de donde se extrae más madera y donde se encuentran las fábricas de transformación, que sigue siendo un sector muy poco desarrollado. La mayoría de la madera extraída en Galicia se transforma en el extranjero, la industria del mueble apenas tiene importancia. Más importante es la fabricación de celulosa, en Pontevedra, y papel, en Santiago de Compostela, aunque por su emplazamiento presenta graves problemas ecológicos.

La industria química tiene poco peso económico pero es muy prestigiosa. Destacan los cosméticos de La Toja (Pontevedra), los abonos y fertilizantes de Cros, los Plásticos en Vigo y la celulosa en Pontevedra. Pero la más importante es la industria farmacéutica de Porriño en donde se encuentran industrias farmacéuticas de importancia internacional: ICI, Farma y Zeltia.

En la industria siderometalúrgica destaca la producción de aluminio, pero salvo algunas fábricas en La Coruña su transformación final se hace fuera de la región.

La industria textil tiene gran tradición en Galicia, pero normalmente venía abasteciendo sólo el mercado interior. En los últimos tiempos ha habido una gran promoción exterior de la moda de Galicia que ha revitalizado el sector. No obstante, al contrario que en otros sectores, en este importa los tejidos y es en Galicia donde se confecciona la ropa.

Terciario

El sector terciario es, como en todas las economías desarrolladas, el que más contribuye al PIB y el que más empleos produce. Sin embargo en Galicia aún tiene rasgos anticuados, una importancia excesiva de servicios personales de baja cualificación, concentrados en el mundo rural. Entre los servicios especializados destacan el transporte, el turismo, la enseñanza, el comercio y las financieras.

La Coruña es la ciudad que tiene un sector servicios más desarrollado, con sectores cuyo alcance sobrepasa el ámbito de la comunidad. No obstante, el carácter multipolar de la red urbana gallega permite la diversificación de los servicios por toda la región.

La universidad de Santiago de Compostela tiene un alcance internacional, tanto por su tradición como por la calidad de sus estudios e investigaciones. Gracias a ella los servicios educativos gallegos generan importantes rentas a mucha población activa.

El turismo es un de los principales sectores de Galicia. Tiene dos destinos con dos características diferentes, Santiago de Compostela, final del camino de Santiago, de carácter cultural y religioso; y las Rías Bajas, donde se concentra el turismo de sol y playa vacacional. También La Coruña y La Toja son destinos turísticos importantes, aunque muy lejos del resto. En los últimos tiempos está despegando el turismo rural y de balnearios en el interior, principalmente en Orense donde se encuentran numerosos puntos termales.

Referencias

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Bibliografía

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Otras fuentes de información

Notas