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Formas litorales

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Los litorales presentan formas muy variadas en función de las particularidades de la erosión marina, las características litológicas y las influencias bioclimáticas. En un primer momento podemos distinguir entre las formas de ablación y su formas de modelado, y las formas de acumulación, que nos dan distintos tipos de costa.

Formas de ablación marina

Las formas de ablación, o accionamiento, son fruto de la acción destructora del mar sobre la roca del litoral. Distinguimos dos tipos fundamentales, los acantilados y las plataformas de abrasión o rasas costeras, íntimamente ligadas. Ellas forma costas de ablación.

Los acantilados

Acantilados de Dover, labrados sobre caliza.

Un acantilado es un escarpe litoral de pendiente abrupta que ha sido modelado por la acción de la erosión litoral sobre los elementos del relieve continental. Se encuentran predominantemente en regiones de calizas, cadenas montañosas, macizos antiguos, afloramientos de rocas sedimentarias coherente y rocas volcánicas. Forman las costas altas.

Acantilado sobre rocas sedimantarias deleznables (Dinamarca).
Los acantilados se diferencian por su perfil. Siempre tiene una pendiente muy fuerte y terminan en una nítida ruptura de pendiente basal que señala el paso a la plataforma rocosa. Generalmente esta línea presenta una muesca más o menos profunda y continua. También pueden presentarse una serie de grutas más o menos profundas a lo largo de la línea. Estas grutas se desarrollan en los puntos más vulnerables, como las diaclasas y fallas que presenta la roca, o bien en zonas donde las olas inciden con especial virulencia.
Costa de Asturias. Acantilado sobre rocas cristalinas.
Las grutas tienen forma de embudo y pueden desembocar en cámaras circulares cuyo techo puede estar abierto al exterior por detrás de la línea de costa, muy frecuentes en zonas calizas. Durante las tormentas o las grandes mareas el agua es inyectada a presión por estas grutas y expulsas con violencia por estos boquetes, llamados tafonis. En estas grutas se distingue: pistas, acanaladuras, cúpulas y tafonis, si tienen salida al exterior. La progresiva erosión de estas estructuras produce, de menor a mayor: boquetes, pozos, puentes naturales, espigones, agujas y conjuntos de islotes.
Los Gigantes. Tenerife (Canarias). Acantilados sobre rocas volcánicas.

Los acantilados más verticales y con el escarpe más rígido y definido se desarrollan sobre rocas sedimentarias o esquistosas coherentes, como las calizas, las areniscas y las pizarras. Si la capa no ha sido plegada, y por lo tanto está en posición horizontal, muestra un brusco escarpe en la intersección de los planos horizontal y vertical.

En las rocas sedimentarias deleznables, menos coherentes, la verticalidad es menos acentuada, hasta reducirse a los 45º (100%), incluso a los 30º en las regiones áridas. Además, los movimientos en masa y los fenómenos de acarcavamiento producen un perfil irregular. Si se alternan rocas deleznables y coherentes, dispuestas horizontalmente, aparecen numerosos resaltes en la línea del acantilado.

Las rocas cristalinas, como las de los macizos antiguos o las rocas volcánicas, dan lugar a acantilados muy definidos, pero con un perfil convexo y cubiertos de vegetación. Sin embargo, la erosión marina sólo afecta a la base de la roca, por lo que en realidad se trata de falsos acantilados, ya que no son producto de la erosión marina.

Los acantilados pueden presentar una muralla costera vertical que puede alcanzar los 300 y hasta los 500 metros de altura, auténticos megaacantilados como los de Irlanda, Escocia o Galicia.

Ante una llanura se pueden formar acantilados muy bajos, de dimensiones de decimétricas, que presenta una ruptura de pendiente antes de dar paso a la llanura. A esta estructura se le llama nip, y constituye en primer estado del ataque de las olas sobre la costa.


Las plataformas de abrasión litoral o rasas costeras

Las plataformas de abrasión litoral, llamadas, también, rasas costeras, son rampas de anchura variable con una pendiente muy suave (la misma que la de la playa) labrada por la acción de las olas por ametrallamiento y la compresión-descompresión sobre el sustrato rocoso del continente. Normalmente está cubierta por arena, gravas o cantos que es el material abrasivo que usan las olas para desgastar la roca. En la parte cercana al acantilado puede observarse pero mar adentro puede tener una terraza de acumulación más o menos potente. El talud terminal de la rasa marca el límite del dominio litoral. Por supuesto el depósito de clastos no puede ser tan potente que la fuerza de las olas no sea capaz de movilizarlo por completo.

La rasa se encuentra a los pies de los acantilados, aunque los cabos y las puntas carecen de ella. Tampoco se forma rasa en las zonas donde la eficacia de la erosión marina es escasa. En las bahías puede asentarse sobre ella una playa arenosa.

La anchura de estas rasas es variable. En mares con mareas débiles no tiene más de unos cinco metros de anchura, y en los de mareas vivas pueden alcanzar varias decenas de metros.

La rasa costera, pues, se forma por la acción de las olas en la zona que estas alcanzan, pero frecuentemente se presentan rasas escalonadas, estas son una prueba de las diferentes alturas que el nivel del mar ha alcanzado en el pasado. En rigor, la rasa es la plataforma de abrasión heredada. Las plataformas escalonadas se presentan en gradas separadas por rebordes con escarpes más o menos altos. En ocasiones en estas rasas han quedado depósitos de cantos, gravas y hasta arenas, residuos de playas fosilizadas.

En los esteros de mayor pendiente situados por delante de los acantilados aparecen las plataformas acanaladas. Estas presentan acanaladuras paralelas orientadas según la línea de máxima pendiente, que se rellenan de arena durante la marea.

En las cavidades de las rocas se forman torbellinos que crean marmitas de erosión turbillonar. Son oquedades más o menos profundas abiertas hacia el mar a través de un surco por que entra y sale el agua.

La rasa no es una plataforma lisa y regular, sino que tiene una amplia variedad de micromodelado que traduce la estructura geológica de la roca: diaclasas, diferentes planos de capas, esquistosidades, líneas de debilidad, etc. Aparecen, así, surcos, crestas, cubetas y resaltes rocosos que no superan el metro de desnivel.

El modelado de las formas de ablación

El desarrollo de los acantilados y las plataformas de abrasión están íntimamente ligados, ya que el retroceso de la base del acantilado implica el desarrollo de la plataforma de abrasión. Los verdaderos acantilados resultan de la acción de las olas en su base. Como se ha visto, esta acción se traduce en la formación de una muesca o una serie de grutas, producto del ametrallamiento de las olas cargadas con fragmentos pequeños de rocas (arenas, gravas y cantos) y los efectos de la compresión y la descompresión neumática del agua y el aire. Por supuesto estos mecanismos son más eficaces en rocas deleznables o quebradizas. Curiosamente las muescas más nítidas se producen cuando estas acciones mecánicas son débiles, debido a que, en estos casos, la disolución y la corrosión aumentan su importancia, debilitando la roca en la base del acantilado a un nivel constante, tras lo cual el transporte del material desaloja los fragmentos periódicamente.

La acción de zapa del mar provoca la creación de extraplomos que potencian la acción de la gravedad por llamada al vacío. En estas condiciones, excepcionalmente, pueden presentarse desprendimientos catastróficos de grandes fragmentos de roca (delimitados por las diaclasas) o deslizamientos, si existe una capa arcillosa que haga de superficie de deslizamiento. Sin embargo, lo normal es que el ataque al acantilado se ejerza de manera continua y de manera combinada con los procesos continentales, lo que produce pequeños desprendimientos de rocas constantemente.

En rocas poco coherentes la muesca apenas tiene oportunidad de desarrollarse debido a los constantes deslizamientos y solifluxiones provocados por la arroyada. A parte de la formación de cárcavas.

Los acantilados son producto de diversas acciones morfogenéticas, que se suceden en el tiempo, por lo que su formación se realiza de manera discontinua. Los fragmentos acumulados en la base han de ser evacuados para poder continuar el ataque de la roca. Estos intervalos son más largos en la roca coherente que en la roca deleznable.

La velocidad de la excavación depende de las condiciones climáticas y la acción del mar. En ocasiones el retroceso del acantilado es más rápido que la labor erosiva de las aguas corrientes por lo que la desembocadura queda colgada, valles colgados, sobre el nivel de mar. Estos valles colgados también pueden deberse al abandono de las aguas del valle, por ejemplo por infiltración en los países calizos, o por un «repentino» descenso eustático del nivel medio del mar.

Se considera que existe un límite en la progresión de las plataformas de abrasión, y por lo tanto en el retroceso del acantilado. Este límite depende de la altura, sin embargo la lentitud del retroceso es menor que las variaciones eustáticas del mar, por lo que nunca se alcanza.

La influencia del clima

En la formación de los acantilados y las plataformas de abrasión también tienen su influencia el dominio morfoclimático.

En los dominios de la zona fría predominan los procesos mecánicos que aportan gravas y cantos, y el oleaje es muy fuerte durante los meses en los que la playa no está cubierta de hielo. Una de las originalidades es la presencia de una amplia plataforma rocosa, strandflat, que puede tener decenas de kilómetros y que no se explican sólo por la acción de las olas. En la formación de las strandflat tiene una importancia decisiva el hielo, aunque se discute cómo actúa, si como elemento abrasivo, o como creador de unas condiciones erosivas más eficaces, en combinación con el mar.

En los dominios de la zona tropical húmeda predominan los procesos químicos. Se caracteriza por la presencia de acantilados vivos y nítidos, pero cuya presencia se limita a los cabos y puntas, mientras que los golfos, en los que desembocan las aguas corrientes, presentan formas de acumulación. Además los acantilados se encuentran recubiertos de vegetación, por lo que sólo la parte inferior está expuesta a la erosión marina. Aquí predominan las arenas, menos eficaces para la abrasión que las gravas. De los acantilados se desprenden grandes bloques que aparecen a los pies del acantilado de manera caótica. Además los procesos químicos favorecen la presencia de microformas, particularmente en las calizas.

En los dominios de la zona templada existen procesos tanto mecánicos como químicos. Su originalidad está en que se desarrollan sobre formas heredadas.

Las formas de acumulación litoral

Las formas de acumulación litoral son el resultado de la sedimentación marina y de la actividad de los seres vivos. Se localizan delante de las costas bajas y presentan gran cantidad de tipos, dependiendo de las modalidades de desarrollo y las condiciones del medio que las acogen. Los principales tipos son: las playas, con sus diferentes tipos de playa, las dunas litorales, las áreas pantanosas del litoral y las marismas, las desembocaduras fluviales: estuarios y deltas del dominio fluviomarino y los arrecifes coralinos. Cada una forma los tipos de costa.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información