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Feminismo

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El feminismo es un movimiento de toma de conciencia y lucha de las mujeres por sus derechos y su emancipación social, así como por la igualdad real en la sociedad, de todos, hombres y mujeres, como personas. También se ha dado un feminismo radical que pretendía la superioridad de la mujer frente al hombre.

Los primeros tiempos

Es, sin duda, el movimiento alternativo de más larga tradición en la historia contemporánea. Nace en el siglo XIX con el movimiento sufragista en Inglaterra, aunque hunde sus raíces en las ideas ilustradas y en la Revolución francesa. Igualdad para todos, el lema de la revolución, implicará que las mujeres también quieran ejercer los derechos que se le reconocen al hombre. Sin embargo, esa igualdad sólo es real si se parte de unas mismas condiciones y unas similares posiciones sociales, de lo contrario se torna en desigualdad.

La situación social de partida de las mujeres es la de objeto decorativo y fuente de placer. Durante el Romanticismo se las consideró como unos sujetos pasivos que deben limitarse a ser bellas. Las mujeres han trabajado en todas las épocas, pero su incorporación al sistema de producción capitalista se produce durante el siglo XIX, aunque con rasgos distintivos ante el trabajo masculino. El trabajo femenino durante el siglo XIX era complementario de la economía familiar e intermitente ya que dependía de las obligaciones domésticas. Normalmente el puesto de trabajo estaba en el propio domicilio, un 55% de las trabajadoras, y de estas el trabajo de modistilla era el más habitual. Las mujeres comienzan a trabajar fuera de casa, hasta alcanzar un tercio de la población laboral a comienzos del siglo XX, en los países del centro de Europa. Las mujeres trabajadores eran solteras, o casadas cuya economía familiar era especialmente crítica. Naturalmente, en el campo las mujeres trabajaban habitualmente, aunque siempre dentro de la economía familiar. Durante la primera guerra mundial, la crisis de trabajadores favoreció la incorporación de las mujeres a la producción fabril. Sin embargo, a pesar de esta contribución laboral, no les eran reconocidos los derechos políticos.

El primer signo de protesta se produce en 1791 cuando Olimpia de Gouges proclama ante la Asamblea Nacional Francesa la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, que son los mismos que los Derechos del Hombre y el Ciudadano. Pero si la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano se fue imponiendo a lo largo del siglo XIX, los de la mujer no.

La lucha de las mujeres durante el siglo XIX se centra en conseguir el derecho al voto. Son las famosas sufragistas que se extienden por toda Europa y Estados Unidos. Este movimiento tiene su carta de nacimiento el 19-20 de julio de 1848 en Seneca Falls (Nueva York). La reunión de Seneca Falls fue convocada como respuesta al rechazo que soportaron dos activistas antiesclavistas en un congreso celebrado en Londres en 1840, sólo por el hecho de ser mujeres. Se redacto la Declaración de sentimientos, en la que se plasmaban sus reivindicaciones:

  1. Acabar con todas las leyes que producen su marginación social, lo que impide ocupar la posición social deseada;
  2. Reconocer la igualdad de derechos;
  3. Obtener una educación completa;
  4. Abrirse camino en empleos lucrativos;
  5. Obtener el derecho a votar.

La lucha por el voto era una cuestión central, ya que se consideraba que si un político dependía de sus votos para salir elegido atendería sus peticiones.

Pero la ideología más pujante, y de más proyección en la época, es el marxismo. Los marxistas unen la suerte de la emancipación de la mujer a la de la liberación del proletariado. Mujeres como Flora Tristán o Louise Michel están en esta posición.

Para los marxistas, la nueva sociedad creará otras estructuras e infraestructuras donde la mujer se verá liberada de la esclavitud a la que le somete el sistema capitalista; por consiguiente, mientras tanto, el marxismo no hace nada para mejorar la situación actual de las mujeres.

Pero en el siglo XIX las primeras en conseguir resultados son las sufragistas. No en vano, ellas sí pretenden mejorar la situación de las mujeres en la sociedad capitalista. Además de la participación en la vida pública, a través del voto, reivindican, también, el derecho a la educación y a tener un empleo. Quizás las primeras en conseguirlo fueron las cantantes e interpretes de música y las maestras de escuela. Por supuesto estamos hablando de las mujeres pertenecientes a la burguesía y cierta clase media, ya que las mujeres del proletariado fueron protagonistas en la puesta en marcha de la revolución industrial. El trabajo femenino fue una constante desde los primeros tiempos, ya que cobraban menos.

En 1792 Mary Wollstonecraft publica en los Estados Unidos Vindicación de los derechos de la mujer. En esta obra trata de dar una batalla legal para que los derechos de la mujer sean incluidos junto con los del hombre en la constitución estadounidense. Con el tiempo, su postura se radicaliza y propone la abolición del matrimonio, ya que para ella esta es la causa, y el medio, de opresión de la mujer.

Las mujeres van consiguiendo el derecho al voto en diferentes países. En 1893 lo consiguen en Nueva Zelanda, en 1917 en Rusia, en 1918 en Inglaterra, aunque lo pierden y han de recuperarlo en 1928. En 1920 en Estados Unidos, en 1931 en España, y en 1971 en Suiza, el último país desarrollado. En la mayoría de los países islámicos el voto sigue negado a la mujer, cuando no al hombre.

El socialismo y el anarquismo obtienen pocos éxitos, ya que no profundizan mucho en la situación de las mujeres. Sin embargo, sus mujeres son las más activas y las que más contribuyen a la difusión del feminismo.

Los anarquistas dan por supuesto que las mujeres estarán en igualdad de condiciones con el hombre en la nueva sociedad, en la que no existirán ni clases, ni grupos de poder ni, por supuesto, diferencias entre hombres y mujeres. La educación liberaría al hombre de su prejuicio contra las mujeres. Su opresión no es más que otra manifestación de la represión general.

El socialismo está en la misma idea, pero Engels introduce un elemento más de análisis: la lucha de clases-sexo, no es específicamente capitalista, si no que tiene su propia dinámica. La liberación de la mujer se producirá con la del proletariado, pero para ello debe estar plenamente integrada en el modo de producción capitalista. Las mujeres deben luchar específicamente por la igualdad en el trabajo y en la sociedad dentro del propio partido. Paladinas de estas posturas fueron Clara Zetkim, Alexandra Kollontai y Rosa Luxemburg.

En el siglo XX el fascismo fue una ideología que dominó durante los años 20 al 40. El fascismo redujo a la mujer a la condición de cosa, y le privó de los más elementales derechos, algunos de ellos ni siquiera durante el Antiguo Régimen se les había negado, como el derecho a administrar sus bienes. Hasta 1978, en España una mujer no podía tener un pasaporte, abrir una cuenta corriente, o poner una denuncia, si no era con el consentimiento expreso de su marido, padre o hermano.

Será después de la segunda guerra mundial cuando el feminismo, como ideología, sea asumido por toda la sociedad, y ello gracias a la información y a la sociedad de masas.

Sin embargo, la visión de la mujer para la sociedad de consumo de masas es muy diferente a la de los feminismos. Esta sociedad impone un tipo de mujer: esposa, feliz en su hogar, porque tiene aparatos que le hacen todas las tareas de la casa. Esta mujer feliz, y con mucho tiempo libre para el ocio, no tardará en revelarse en su jaula de oro.

Después de la segunda guerra mundial aparecen tres grandes pensadoras del feminismo: Simone de Beauvoir, Betty Friedmann y Kate Millet.

Simone de Beauvoir publica en 1949 El segundo sexo. Sostiene, que la situación oprimida de la mujer en la sociedad actual es algo cultural, y no natural, como creen algunos. Pone de manifiesto las diferencias de hecho, pero sostiene que no suponen un rango inferior. Se deben buscar nuevas relaciones entre los sexos, lo que enriquecerá a ambos como personas.

Betty Friedmann arremete en 1963 contra la mística de la feminidad, la esclavitud del hogar feliz y la paz del mito consumista. Todo ello lo que provoca es el aislamiento de la mujer, que vuelve a estar engañada por los viejos mitos, aunque modernizados.

Kate Millet en 1970 desarrolla una teoría sobre la política sexual. Para ella el patriarcado es un arte de dominación masculino que afecta a todas las clases sociales.

Los años 60 y el nuevo feminismo

Desde los años 50 y 60 la opresión de las mujeres va desapareciendo de la vida pública y se concentra en el hogar. No obstante, las mujeres que trabajan sufren situaciones laborales discriminatorias: tienen salarios inferiores por igual trabajo, o puestos de menor categoría con la misma formación. Son las leyes de la ideología consumista que propagan la publicidad y la pornografía, y que convierten a la mujer en objeto de la publicidad, y en destinataria de los mensajes de consumo.

Las feministas de los años 60 se dan cuenta de que la sola igualdad jurídica es una estafa, y que sufren una situación de explotación económica, legal y sexual. Las mujeres son la minoría oprimida dentro de las minorías.

No se trata sólo la lucha de las mujeres por la igualdad, sino de un compromiso de la sociedad por destruir las barreras de la opresión social. El mundo está organizado según el modelo masculino, tanto en lo laboral como en la educación. Aunque es cierto que la mujer tiene derecho a la educación, también es verdad que los contenidos, y los métodos pedagógicos a los que acceden, pertenecen al modelo masculino. Un buen ejemplo de la situación de la mujer en esta época lo constituyen las películas de estos años, que transmiten la idea de la mujer sumisa, ama de casa y, sólo circunstancialmente, trabajadora, siempre en puestos de poca responsabilidad.

La mujer en el Tercer Mundo

Ejemplo de Burka

Este cuadro que hemos pintado es la situación de la mujer en la sociedad capitalista occidental. La situación de la mujer en el Tercer Mundo es aún más penosa, puesto que además de estar atrapada en una sociedad machista, es pobre. Sus recursos de defensa dependen del hombre, así como los económicos. Su educación es muy deficiente, según los patrones occidentales. Todo esto impide que se desarrollen movimientos de protesta o rebeldía semejantes a los occidentales. El caso más extremo fue la situación de la mujer en el Afganistán de los talibanes, y de los países islamistas en general. Aquí, la mujer debe ir cubierta con el burka, una prenda que la tapa totalmente, no tienen derecho a trabajar, aun siendo viudas y no teniendo hombres en casa, ni a la educación, o a salir a la calle si no van acompañadas. Tampoco tienen derecho a la sanidad, no es raro que las mujeres mueran en los hospitales ante la pasividad de los médicos. Sin llegar a tales extremos, la situación de muchas mujeres del Tercer Mundo es similar; si a toda la población se le niegan los derechos a ellas se le niega la posibilidad de reclamarlos, y no sólo desde el poder, sino desde su mismo ambiente social. Frecuentemente, la prostitución y la emigración es la única manera de conseguir dinero.

Conclusión

En la actualidad, el feminismo ha dejado de ser radical, pero impregna la ideología de toda la sociedad, de tal manera que es impensable, e imposible, legislar discriminatoriamente contra las mujeres, o tomar decisiones que no las tengan en cuenta. No obstante, los hechos nos siguen diciendo que la mujer sufre, en muchos casos, situaciones de opresión. La mujer sigue siendo el pilar fundamental del hogar, le cuesta más encontrar trabajo y, en caso de que lo consiga, suele tener un puesto inferior y un sueldo menor, en la empresa privada.

Referencias

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Otras fuentes de información

Notas