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Falacia

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Una falacia es un razonamiento lógico que resulta independiente de la verdad de las premisas. En sentido estricto, una falacia lógica es la aplicación incorrecta de un principio lógico válido, o la aplicación de un principio inexistente.

Introducción

Un razonamiento que contiene una falacia se denomina falaz y se considera erróneo. La presencia de una falacia lógica en un razonamiento no implica necesariamente nada acerca de la veracidad de las premisas o de su conclusión: ambos pueden ser ciertos, pero el razonamiento no es válido porque la conclusión no se deriva de las premisas usando los principios de inferencia presentados.

Generalmente, un razonamiento puede contener una falacia lógica incluso si no es puramente lógico. Por ejemplo, un razonamiento que aplica incorrectamente principios de probabilidad o causalidad se puede considerar como lógicamente falaz.

El reconocer falacias en razonamientos prácticos puede ser difícil ya que el discurso está normalmente estructurado siguiendo patrones retóricos que ocultan las conexiones lógicas entre las afirmaciones. Como ilustran los ejemplos, las falacias pueden también aprovechar emociones o debilidades intelectuales o psicológicas en el interlocutor, aunque tener la capacidad de reconocer falacias lógicas en razonamientos puede disminuir la probabilidad de que esto ocurra.

Otro acercamiento a la comprensión y clasificación de falacias es la «teoría de la argumentación» (ver las referencias de Frans H. van Eemeren y Rob Grootendorst). En este acercamiento, una argumentación se considera un protocolo interactivo entre individuos que trata de resolver una proposición disputada. Dicho protocolo está regulado por ciertas reglas de interacción y las violaciones de estas reglas son falacias. La existencia de muchas de las falacias posteriores se entiende mejor bajo esta perspectiva.

Ejemplos de razonamientos falaces

Se ilustran errores comunes en un razonamiento. Cabe destacar que la crítica de un razonamiento no tiene relación con la validez de su conclusión. La conclusión puede ser válida, mientras que el razonamiento en sí mismo puede no serlo.

Primer ejemplo

  1. Algunos vertebrados son mamíferos.
  2. Algunos vertebrados son aves.
  3. Por tanto, algunos vertebrados son al mismo tiempo mamíferos y aves.

Esto es falaz. De hecho, no existe ningún principio lógico que afirme:

  1. Existen algunos x: P(x)
  2. Existen algunos y: Q(y)
  3. Por tanto, existen algunos z: P(z) y Q(z)

La mejor forma de mostrar que la inferencia anterior no es válida es usar Diagrama de Venn-Euler. En terminología lógica, la inferencia no es válida ya que al menos ante una interpretación de los predicados no preserva su validez.

Desafortunadamente, pocos razonamientos falaces son tan claros como el ejemplo anterior. Muchos de ellos involucran causalidad, que no es una parte de la lógica formal. Otras utilizan estratagemas psicológicas como el uso de relaciones de poder entre el orador y el interlocutor, llamamientos al patriotismo, la moralidad o el ego para establecer las premisas intermedias (explícitas o implícitas) necesarias para el razonamiento. De hecho, las falacias se encuentran muy a menudo en presunciones no formuladas o premisas implícitas que no son siempre obvias a primera vista.

Segundo ejemplo

  1. La pena de muerte implica matar a un ser humano.
  2. Matar a un ser humano es inmoral.
  3. Por tanto, la pena de muerte es inmoral.

Este razonamiento pretende probar que la pena de muerte es inmoral. En concreto, toma la forma de un silogismo categórico. Todos los razonamientos tienen que tener tanto unas premisas como una conclusión. En este caso, tenemos que preguntarnos cuáles son las premisas, esto es, el conjunto de suposiciones que la persona que propone el razonamiento puede esperar que acepte su interlocutor. La primera suposición es casi cierta por definición: la pena de muerte implica la muerte de una persona condenada a través de un proceso judicial. La segunda suposición tiene un significado menos claro y podría significar, por ejemplo, cualquiera de estas opciones:

  • Todos los actos que impliquen la muerte de un ser humano son inmorales.
  • La mayoría de los actos que impliquen la muerte de un ser humano son inmorales.
  • Todos los actos que impliquen la muerte de un ser humano son inmorales, excepto aquellos que se lleven a cabo con algún propósito legítimo, como disuadir de la comisión de delitos graves.
  • Algunos actos que impliquen la muerte de un ser humano son inmorales.

Para que el razonamiento sea válido, el interlocutor debe aceptar que todos los actos que impliquen la muerte de un ser humano son inmorales (la primera opción). Sin embargo, si el interlocutor cree que algunos actos que impliquen la muerte de un ser humano no son inmorales, como por ejemplo los que se produzcan en defensa propia o en el contexto de una guerra legítima, desde el punto de vista de ese interlocutor este razonamiento es falaz. En el primer caso, el interlocutor concede en la práctica el argumento, mientras que en el segundo pide que se demuestre la premisa, que es más general, y por ello probablemente más difícil de demostrar.

Tercer ejemplo

  1. Andre es un buen jugador de tenis.
  2. Por tanto, Andre es 'bueno', esto es, bueno moralmente.

Aquí el problema se encuentra en que la palabra 'bueno' es una palabra ambigua, lo que quiere decir que tiene diferentes significados. En la premisa, se afirma que Andre es bueno en una actividad particular, en este caso tenis. En la conclusión, se afirma que Andre es bueno moralmente. Estos son claramente significados distintos de la palabra 'bueno'. Aunque la premisa sea cierta, la conclusión puede ser falsa: Andre puede ser el mejor jugador de tenis del mundo y al mismo tiempo ser malvado o egoista.

Cuarto ejemplo

Una variante humorística de la falacia de la ambigüedad:

  1. Nada es mejor que la felicidad eterna.
  2. Una hamburguesa es mejor que nada.
  3. Por tanto, una hambuguesa es mejor que la felicidad eterna.

Este razonamiento tiene la apariencia de una inferencia que aplica transitividad en la relación «es mejor que», que en principio es posible. En este caso, es un ejemplo de ambigüedad sintáctica. La primera premisa semánticamente no implica ningún atributo del sujeto, como haría en la afirmación:

  • Una patata es mejor que la felicidad eterna.

De hecho, es semánticamente equivalente a la cuantificación universal:

  • No existe ninguna cosa en el universo que sea mejor que la felicidad eterna.

Así que si se instancia este hecho con una hamburguesa, lógicamente se obtiene:

  • No existe ninguna hamburguesa en el universo que sea mejor que la felicidad eterna.

La segunda premisa no intruduce nada en el razonamiento. Su significado es equivalente a:

  • Tener una hamburguesa es mejor que no tener ninguna cosa.

Quinto ejemplo

Ejemplos cotidianos:

  1. Si un objeto es de oro, brilla.
  2. Esta daga brilla.
  3. Esta daga es de oro.

Falacias en los medios de comunicación y la política

Las falacias se usan frecuentemente en artículos de opinión en los medios de comunicación y en política. Cuando un político le dice a otro «No tienes la autoridad moral para decir X», puede estar queriendo decir dos cosas:

  • Usar un ejemplo de la falacia del ataque personal o Argumentum ad hominem, esto es, afirmar que X es falsa atacando a la persona que la afirmó, en lugar de preocuparse de la veracidad de X.
  • No ocuparse de la validez de X, sino hacer un crítica moral al interlocutor (y de hecho es posible que el político esté de acuerdo con la afirmación). En este último caso, la falacia no existe, sino sólo una opinión personal sobre la moralidad del otro.

Es difícil, por ello, distinguir falacias lógicas, ya que dependen del contexto.

Otro ejemplo, muy extendido es el recurso al Argumentum ad verecundiam o falacia de la autoridad. Un ejemplo clásico es el Ipse dixit («Él mismo lo dijo») utilizado a lo largo de la edad media para referirse a Aristóteles. Un ejemplo más moderno es el uso de famosos en anuncios: un producto que deberías comprar/usar/apoyar sólo porque tu famoso favorito lo hace.

Una referencia a una autoridad siempre es una falacia lógica, aunque puede ser un argumento racional si, por ejemplo, es una referencia a un experto en el área mencionada. En este caso, este experto debe reconocerse como tal y ambas partes deben estar de acuerdo que su testimonio es adecuado a las circunstancias. Esta forma de argumentación es común en ambientes legales.

Otra falacia muy usada en entornos políticos es el Argumentum ad populum, también llamado sofisma populista. Esta falacia es una variedad de la falacia ad verecundiam: consiste en atribuir la opinión propia a la opinión de la mayoría y deducir de ahí que si la mayoría piensa eso es que debe ser cierto. En cualquier caso muchas veces la propia premisa de que la mayoría piense eso puede ser falsa o cuanto menos dudosa ya que, en muchos casos, dicha afirmación no puede ser probada más que con algún tipo de encuesta que no se ha realizado. En caso de ser cierto tampoco se justifica el razonamiento porque la mayoría piense eso. Se basa en la falsa intuición de que el pueblo tiene autoridad, tanta gente no puede estar equivocada. Se suele oír con frases del tipo todo el mundo sabe que..., o ...que es lo que la sociedad desea', así como la mayoría de los españoles sabe que....

Por definición, razonamientos que contienen falacias lógicas no son válidos, pero muchas veces pueden ser (re)formulados de modo que cumplan un modo de razonamiento válido. El desafío del interlocutor es encontrar la premisa falsa, esto es, aquella que hace que la conclusión no sea firme.

Otros ejemplos de falacias

Tipos de falacias no formales

La siguiente lista contiene tipos de falacias, aunque no es exhaustiva.

  • ad hominem abusivo (o argumentum ad personam)
  • ad hominem circunstancial (o ad hominem circumstantiae)
  • ad hominem tu quoque (o argumento del "tú también")


Referencias

Fuentes empleadas y notas

Bibliografía

Otras fuentes de información
En español:

En inglés:

Fuente:

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