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Escultura gótica

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Características

Esculturas góticas en la portada principal de la Catedral de Sevilla.

En la escultura gótica se observa una progresiva liberación del marco arquitectónico y un mayor naturalismo que en la escultura románica. En principio la escultura se integra en los elementos arquitectónicos formando parte de las jambas, la estatua columna que se independiza del marco, pero poco a poco se irán haciendo estatuas de bulto redondo. Continúa teniendo una función didáctica, a demás de estética.

Sus formas son tienden a ser naturales, tanto en las proporciones como en las referencias al mundo real, sobre todo en los motivos vegetales. Hay una cierta influencia de los modelos clásicos, se busca la belleza natural de las formas. Sin embargo, no falta en la iconografía el bestiario fantástico de influencia oriental, como en las gárgolas y ciertos elementos secundarios, es un programa iconográfico similar al románico. El peso de la tradición románica es muy grande, hasta el punto de que en el siglo XIII la escultura aún está subordinada a la arquitectura. El conjunto tiene un sentido narrativo en el que se destacan los sentimientos nobles y la melancolía de la imagen. Las imágenes se comunican entre sí expresando sentimientos: alegría, tristeza, dolor, etc., hasta llegar al patetismo en el siglo XV. La divinidad se humaniza, el Cristo majestad pasa a ser el Hijo del Hombre, y la Virgen reina a Virgen madre. Reaparece el retrato.

El material preferido para la escultura es la piedra, pero también la madera, generalmente policromada.

Se rompen algunos convencionalismos del románico, como la frontalidad, el hieratismo y la adaptación al marco. El artista tiene libertad para hacer sus obras y las firmará. Las obras se colocarán en las portadas, sillerías, sepulcros, retablos, etc., en general en todos los lugares significativos.

Existirá una escultura monumental, ya que en las grandes catedrales empezaron a considerarse como algo más que mera decoración. Aparecen las estatuas columnas monumentales. Las figuras adquieren autonomía y se liberan del marco arquitectónico. Se abandonan los convencionalismos románicos. Los capiteles desaparecen de la vista de los fieles, y se abandonan aquí los motivos narrativos, quedando sólo una decoración vegetal. También se desarrollarán los retablos, realizados en madera. Algunos de estos retablos son móviles: dípticos, trípticos y polípticos. En el gótico final los retablos serán soporte de la pintura. También adquiere gran importancia la escultura funeraria. Este es el ámbito del retrato y donde hay un mayor realismo. Generalmente es un sepulcro exento, aunque en España triunfa el sepulcro incrustado en la pared, en la que aparece esculpida una escena. Otro ámbito en el que encontramos esculturas es en las sillerías del coro. Están hechas en madera y en ellas la libertad del artista es mayor, ya que no son vistas, normalmente, por los fieles.

Durante el período protogótico destaca el conjunto del pórtico de la Gloria, atribuido al maestro Mateo, y el pórtico Real de Chartres. En ellos se observan estatuas en las columnas con un profundo naturalismo.

En el período clásico encontramos una tendencia a la belleza ideal, a la ingenuidad y a la sencillez. Suelen ser conjuntos narrativos que ocupan, principalmente, las portadas. Aparecen todo tipo de temas, María, los santos, el juicio final, Cristo redentor, etc.

El gótico flamígero se caracteriza por la utilización, de manera decorativa, de la curva y la contracurva, que da movimiento a las figuras. La escultura se hace totalmente exenta y se difunde la estatuaria funeraria. Los artistas dejan de ser desconocidos.

La escultura gótica en Europa

Las primeras manifestaciones de escultura se encuentran en Francia, sobre todo en las fachadas de las catedrales. Destacan: la fachada de la catedral de Chartres, de influencia románica, los pórticos de la Virgen y San Esteban de Notre-Dame de París y portada de la de la catedral de Reims. En el siglo XIV la escultura se vuelve exenta y se traslada al interior del templo. En Francia destaca la escuela borgoñesa, y dentro de ella Claus Sluter, que realiza el Pozo de Moisés con figuras individualizadas: encapuchados y gentes en actitudes naturales.

En Alemania la influencia francesa es tan notable como en la arquitectura. La mayor parte de las obras escultóricas están en el interior del templo. Destacan las obras de las catedrales de Bamberg, Estrasburgo, Friburgo, Núremberg y Naumburgo. Se conocen artistas como Hans Multscher, que hizo el retablo de la catedral de Sterzing; Georg Syrlin: retablo de San Wolfgang de Salzburgo; Veit Stosz el Viejo, que trabaja en las catedrales de Núremberg y Cracovia; Adam Krafft y Tilmann Riemenschneider.

En Italia no se dan las portadas con programas iconográficos. La escultura está al servicio del mobiliario de las iglesias y del arte funerario. Aquí se rechaza la estética románica a favor de una más clásica. Destaca Nicolás Pisano que hace el púlpito del baptisterio de Pisa y el de la catedral de Siena, en el que se observan influencias de los sarcófagos romanos. También destacan Giovanni Pisano: púlpito de la catedral de Pisa, Arnulfo di Cambio, fray Guillermo de Pisa, y Tino di Camaino. En Florencia trabaja Andrea Pisano, en las puertas de baptisterio de Florencia, Andrea Orcagna y Nino Pisano. Además, Lorenzo Maitani realiza obras como las fachadas de las catedrales de Siena y Orvieto.

La escultura gótica en España

En España podemos distinguir cuatro períodos: el protogótico, el clásico, el manierista y el hispano flamenco.

El período protogótico abarca la segunda mitad del siglo XII y la primera del XIII. Todavía mantiene una influencia muy grande del románico. Se conoce al maestro Mateo que hace el pórtico de la Gloria en Santiago, la cámara Santa de Oviedo, y San Vicente de Ávila.

En el período clásico, mediados del siglo XIII, se entronca con la tradición francesa. Destacan las portadas de las catedrales de Burgos y León. También sobresalen los sepulcros. Existen tres talleres: el de Burgos (puertas Sarmental y Coronería), el de León (Virgen Blanca, obispo san Mauricio) y el de Palencia.

En el período manierista los talleres más importantes se encuentran en Toledo, pero también destacan las escuelas de Navarra y Levante. Se introduce la estética italiana, más estilizada y con el canon más largo. Las figuras tienen formas blandas, sinuosas y delicadas. Destacan las puertas del Reloj y de Escribanos en la catedral de Toledo, la catedral de Vitoria, el claustro de la catedral de Pamplona, la portada de Santa María de La Guardia y la portada de la catedral de Huesca.

En el período hispano-flamenco se deja sentir la influencia borgoñesa, y del arte flamenco y germánico. Ahora se acentúan las notas patéticas y dolorosas en las expresiones de las figuras, que se hacen más naturales. Dominan los temas de la Virgen y los crucificados. Son característicos los ropajes amplios que producen efectos de claroscuro. Es el estilo de Claus Sluter. En la Corona de Argón se conocen a autores como Guillén de Sagrera: San Pedro y san Pablo de la catedral de Mallorca; Pere Oller: retablo de la catedral de Vich, Pere Joan: San Jorge de la Diputación de Barcelona; y Pere Anglada: Ángel del Ayuntamiento de Barcelona. En Castilla trabajan Francisco de Colonia y Diego de la Cruz. Pero sobre todo destacan las figuras de Juan de Colonia: retablo de san Nicolás en Burgos; y Gil de Siloé: sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal en la cartuja de Miraflores y su retablo, los castellanos son los escultores isabelinos. En Andalucía destacan las obras de Lorenzo Mercadante de Bretaña en la Catedral de Sevilla, y la figura de Pedro Millán.

Referencias

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