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Escultura barroca

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Introducción

La escultura barroca es heredera directa del manierismo. Se trata de una escultura realista en la que aparecen composiciones de gran dinamismo. Un dinamismo que no es ordenado, sino espontáneo, en el que predominan los escorzos. Utiliza el mismo tipo de material, mármol, bronce y madera. Los temas tienden a ser más profanos, mitológicos, en donde el desnudo adquiere particular importancia. Los retratos, bustos, recobran su importancia, continúan haciéndose monumentos funerarios, en los que se exalta la fama y la virtud. Sin embargo, predominan los temas religiosos. Se acude frecuentemente a las fuentes mitológicas. Pero, además, la escultura se vuelve urbana, aparecen en las calles, plazas y fuentes, integradas con la arquitectura. Predomina el gusto por el movimiento, la realización de esquemas compositivos libres del geometrismo, la inquietud que se manifiesta en personajes y escenas, la importancia de los ropajes, etc.

La escultura barroca se caracteriza por su fuerza y monumentalidad, su movimiento compositivo, su dinamismo, proyectado hacia fuera, sus composiciones diagonales, su expresividad y su tratamiento de la ropa. Pretende resaltar las virtudes políticas y humanas de los personajes, sobre todo en las tumbas. Todo el barroco está inundado de un fuerte naturalismo figurativo que a la vez expresa las pasiones.

Se realizarán grupos compositivos que permitan un contraste entre luz y sombra, donde los personajes se representen con un gran realismo, pero al mismo tiempo acentuando los efectos de teatralidad y efectismo.

La escultura se desarrolla, ante todo ligada a la arquitectura, y su visión de conjunto.

La escultura barroca en Italia

En Italia, la cuna del arte barroco, destaca el escultor Bernini, quién eclipsó al resto de artistas y fue considerado el Miguel Ángel del siglo XVII. Bernini es el intérprete de la Contrarreforma católica, de la Iglesia triunfante y su glorificación. Posee fuertes influencias helenísticas. Su escultura se caracteriza por la teatralidad compositiva, que resuelve en escenas. Es un gran arquitecto, por lo que pone la escultura al servicio de la arquitectura. Busca efectos emotivos con el fin de conmover, para lo que emplea el escorzo y las posiciones violentas y desequilibradas. Tiene obras mitológicas como Apolo y Dafne, religiosas, baldaquino de San Pedro, Transverberación de santa Teresa, Santa María de la Victoria, fuentes, fuente de los Cuatro Ríos o de la Barcaza, y retratos, busto de Luis XIV, y del cardenal Borghese, etc.

En Italia también trabajan Alessandro Algardi, un gran retratista de reyes, papas, aristócratas y burgueses. Utiliza una estética más clásica. En Nápoles trabaja Giuliano Finelli: estatuas de los condes de Monterrey, en las Angustias de Salamanca. Y en la Toscana Pietro Tacca: estatua ecuestre de Felipe IV en Madrid.

La influencia de Bernini se extiende al siglo XVIII con escultores como Pietro Bracci: Fontana de Trevi, Triunfo de Neptuno, Fillippo della Valle: Anunciación, Camilo Rusconi: Juan, en San Juan de Letrán, o René Michel Slodtz: San Bruno.

La escultura barroca en Francia

El barroco francés se reconoce por su carácter cortesano, mitológico y decorativo. Predominan los bustos, las estatuas ecuestres, las alegóricas y la escultura funeraria. Tiene cierta tendencia al clasicismo.

Durante el reinado de Luis XIII la escultura se reduce a los retratos casi siempre de carácter funerario. Destacan Simón Guillain y Jacques Sarrazin.

Durante el reinado de Luis XIV la escultura entra a formar parte del arte oficial que exalta a la monarquía absoluta. Versalles será el centro del arte en Francia. Aquí trabajarán escultores como François Girardon, que es el escultor más significativo, ya que tiene un gusto clásico. Realiza obras como Apolo y las Ninfas, la fuente de las pirámides o el sepulcro del cardenal Richelieu, en la cual prescinde de toda integración con la arquitectura a favor del efecto teatral. Pierre Puget es el más típicamente barroco, por su dramatismo, tensión y la violencia formal de sus obras. Está claramente influido por Bernini: Milón de Cortona, Alejandro y Diógenes, Andrómeda liberada por Perseo. Y Antoine Coyzevox que realiza numerosas estatuas para el conjunto de Versalles y los mausoleos de Mazarino y Colbert.

Ya en el siglo XVIII destacan escultores, de gusto rococó, como François Dumont, Edme Bouchardon o Jean Batiste Lemoyne.

La escultura barroca en otros países

En Inglaterra se continúa con una cierta aversión a la representación icónica típica del anglicanismo. La escultura se reduce a los motivos funerarios en los templos, que se convierten en panteones de personajes ilustres. Se trata de representaciones ostentosas que inmortalizan la fama del «gran hombre». Destacan escultores como Nicolás Stone, o los franceses Hubert le Sueur o Luis-François Roubillac.

En Alemania la escultura barroca encuentra un clima muy apropiado para su desarrollo. Predomina el estilo de Bernini, que llega a sus más altas cotas. Destacan Andrea Schliuter: retrato ecuestre del Gran Elector, y Baltasar Permoser.

En los Países Bajos los temas escultóricos alcanzaron cierta relevancia, muy lejos de la pintura. Encontraron su hueco dentro del retrato, el busto y la decoración de tumbas. En Bélgica trabajaron Jeroen Duquesnoy y Hendrik Verbruggen y Frans Verbruggen; y en Holanda Hendrik de Keyser y Rombout Verhuls.

La escultura barroca en España

En España la escultura barroca tiene sus propias peculiaridades que la diferencian del resto del mundo. Se caracteriza por el uso prioritario de la madera policromada, que se conocerá como imaginería. La escultura está al servicio de la Contrarreforma. Busca la sensibilidad popular, la expresividad, que se manifiesta en los pasos de Semana Santa. La religiosidad trasciende a la calle y comienzan a popularizarse las procesiones. La necesidad de sacar las figuras a la calle supone que deben ser de bulto redondo y, en general, de cuerpo completo, o al menos que se puedan vestir. Su mayor realismo la aleja del gusto italiano, las obras se realizan para ser objeto de la devoción popular. Apenas existe escultura civil, incluso la funeraria está en decadencia. Los escultores trabajan para gremios y cofradías de carácter religioso. Los temas son religiosos, se representa ante todo la pasión de Cristo y la Virgen. En España encontramos dos centros principales: la escuela castellana y la escuela andaluza: y dos grandes figuras: son Gregorio Fernández, perteneciente a la escuela castellana, y Martínez Montañés de la escuela andaluza.

En la escuela castellana encontramos dos centros Madrid y Valladolid. Aquí trabajó Gregorio Fernández, uno de los imagineros más representativos, tanto por su expresionismo, como por su patetismo y su carga dramática, en el que refleja un hondo sentimiento religioso y un profundo naturalismo. Tratará de despertar la piedad popular a través de la visión de figuras descarnadas. Presta gran atención a la representación del cuerpo humano. Fue el creador de los tipos iconográficos más característicos, como el Cristo yacente, el crucificado o la piedad. Realiza obras como el Cristo yacente, paso del Descendimiento, y la Piedad. Otros escultores vallisoletanos son Francisco Díez de Tudanca y Narciso Tomé: esculturas del monasterio benedictino de Sahagún, y ya en el siglo XVIII, Alonso de Villabrille, que trabajará también en Colombia. En todos ellos se encuentra la influencia de Gregorio Fernández. En Madrid trabajan Manuel Pereira: Crucifijo del oratorio del Olivar, Crucifijo de Lozoya en Segovia, Juan de Bolonia: estatua ecuestre de Felipe IV, y Felipe de Espinabete. En Madrid primó el retablo religioso y los retratos de la Corte, casi lo único que no es religioso de la época.

En la escuela andaluza también encontramos dos centros: Sevilla y Granada. Su imaginería tiene un carácter más intimo, de recogimiento interior, y un lenguaje más clásico. Las figuras tiende a tener un aspecto infantil, y una expresión más melancólica y mística que trágica. Las tallas son de un gran virtuosismo técnico. Trabajan aquí escultores como Montañés o Alonso Cano, que se caracterizan por su idealismo figurativo y sus vírgenes niñas. En Sevilla trabajó Juan Martínez Montañés, muestra en sus figuras una tendencia al equilibrio y la serenidad. Crea los tipos de la Inmaculada y los crucificados, más humanos. Obras suyas son: el Cristo de la Clemencia, Inmaculada de santa Clara, San Ignacio y Jesús de la Pasión. Discípulo de Montañés fue Juan de Mesa: Jesús del Gran Poder, Cristo de la Buena Muerte. Tiene una cierta tendencia al patetismo. Otros escultores sevillanos son Pedro Roldán, Pedro Duque Cornejo y Luisa Roldán, que utiliza la técnica del barro cocido policromado, sobre todo en los belenes. En Granada trabaja Alonso Cano, discípulo de Montañés. Destaca por su serie de Inmaculadas. Aborda la belleza formal buscando arquetipos: Inmaculada, San Antonio de Padua. Es el creador del centro granadino. También está Pedro de Mena, que es probablemente el imaginero más significativo. Se caracteriza por sus contenidos ascéticos y místicos. Realizó obras como la Dolorosa, Magdalena penitente, San Francisco de Asís y San Pedro de Alcántara. Otros escultores son José de Mora, Diego de Mora y Alonso de Mena, otro de los grandes escultores del momento, que trabaja entre Granada y Sevilla: San Juan Bautista, el Entierro de la Caridad de Sevilla.

En el siglo XVIII podemos considerar otra escuela en Murcia, en la que destaca Francisco Salzillo, caracterizado por sus figuras delicadas y su gusto rococó. Crea pasos en grupo, conjuntos con varias figuras. No sólo hace pasos de Semana Santa sino también belenes. Sus figuras están llenas de movimiento y poseen una delicadeza femenina. Entre sus obras destacan la Virgen de la leche, el paso de la Oración del huerto y sus belenes.

Referencias

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Otras fuentes de información

Notas