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Enrique III de Castilla
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[escribe] Biografía
Llamado el Doliente por su débil constitución. Sucedió a su padre, Juan I, haciéndose cargo del poder en 1393 aunque faltaban aun dos meses para cumplir los catorce años, edad legal, señalada por su padre en el testamento, por los desórdenes instigados por el consejo de regencia múltiple.
A primeros de agosto, ante los grandes y prelados, en el Monasterio de Santa María La Real de Las Huelgas en Burgos lugar de coronación de reyes (Alfonso XI y su hijo Enrique de Trastámara, se armaron caballeros Fernando III el Santo, Alfonso XI, Pedro I de Castilla y Juan II de Castilla) anuncia la toma de posesión del Reino. En aquella ocasión tomó la palabra el Arzobispo de Santiago que describe claramente la España de 1393.
- No con menos piedad y alegría hablaré agora, que poco antes en aquel sagrado altar dije misa por vuestra salud y vida; confio que con el mismo ánimo vos me oireis. Este es el tercer año despues que por el testamento de vuestro padre, fuimos puestos por vuestros tutores y gobernadores del reino. Cuánto hayamos en esto aprovechado, quédese á juicio de otros. Esto con verdad os podemos certificar que ningun trabajo ni peligro de nuestras vidas hemos acusado por esa causa, por el bien y pró comun destos vuestros reinos. Hablar de nuestras alabanzas, es cosa penosa y ocasion de envidia; no puedo empero dejar de avisar como hasta ahora siempre hemos conservado la paz, y el reino ha estado en sosiego, que es de estimar asaz en tanta variedad de parecer y voluntades. En nuestro gobierno, ni sangre, ni muerte de alguno no se ha visto: cosa que se debe atribuir á milagro, y á vuestra buena dicha y felicidad, que plegue á Dios sea así y se continúe en lo restante de vuestro reinado. Con los moros, enemigos perpétuos de la cristiandad, habiéndose rebelado para eximirse de vuestro imperio, hicimos nueva confederación. Aplacamos con treguas los ánimos feroces de los portugueses. Honramos como convenia y granjeamos con todas buenas obras y correspondencia á franceses, ingleses y aragoneses. Dirá alguno que los pueblos están irritados y gastados con nuestras imposiciones. Cómo puede ser esto, pues para aliviallos redujimos el alcabala á la mitad menos de lo que antes pagaban, es á saber, á razon de uno por veinte? todo á propósito de acudir á las necesidades del pueblo, atajar sus quejas y disgustos. Así, muchos que se habian desterrado de sus tierras, y desamparado sus haciendas por la violencia y crueldad de los alcabaleros, se hallan al presente en sus casas. Dirá otro que los tesoros y rentas reales están consumidas y acabadas. No lo podemos negar; pero de otra suerte, cómo se pagaran las deudas y las obligaciones que quedaban, y se apaciguaran las alteraciones de la nobleza y del pueblo, si no fuera con hacelles mercedes y acrecentalles sus gajes? que si pareciese demasiado, quién quita que no lo podais todo reformar como pareciese mas espediente asentadas
| Predecesor | | Sucesor |
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| Juan I | Enrique III de Castilla 1393 – 1406 | Juan II |
[escribe] Referencias
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Bibliografía
- PALACIO, EDUARDO DE. Historia General de España. Madrid 1867. III
Otras fuentes de información
Notas
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