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Economía en España en los siglos XVI y XVII

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La economía española bajo los Austrias tiene dos tendencias, generales, diferentes: la expansión en el siglo XVI y la crisis en el siglo XVII.

Agricultura

El tipo de agricultura dominante continúa siendo la tradicional de subsistencia, a la que llegan nuevos productos y en la que se integra el ganado y el bosque.

En el siglo XVI se observa un importante crecimiento de la producción, que se traduce en un aumento de la población, tanto rural como urbana. El aumento de la producción agrícola genera tensiones con la Mesta, ya que necesita superficie de expansión, que ocupa la ganadería extensiva. La superficie se gana comiendo terreno a los pastos, y reduciendo la superficie de barbecho, gracias a la asociación de cultivos, que empezaba a generalizarse en esta época. Se hace necesaria más superficie de cultivo para la alimentación humana. Los bueyes, que se venían utilizando para arar las tierras y como animal de tiro, son sustituidos por mulas, mucho más rápidas y menos exigentes en la calidad de la comida (comen paja seca) pero, sin embargo, aran a una profundidad menor. No en todos los reinos hay un incremento de la población, ya que en Aragón, tras la expulsión de los moriscos en 1609, se sufre una crisis de fuerza de trabajo, y una reducción de la producción agrícola.

En el siglo XVII se produce una decadencia de la agricultura y un reajuste de las estructuras. Fenómeno que no ocurre en todas partes a la vez; dándose el caso de que unas zonas están en crisis, otras están saliendo y otras no han entrado aún. En esta época se introducen en España productos nuevos, como el maíz, en Mondoñedo en 1645, o la patata. Se generaliza la asociación de cultivos, y de la ganadería con la agricultura, lo que a la larga supone el fin de la Mesta, ya que el ganado se hace sedentario y la producción ganadera más intensiva.

Industria

La industria de los siglos XVI y XVII se debate entre la ubicación rural y la urbana; entre las condiciones de calidad que imponen los gremios, con sus privilegios y los precios más baratos del mundo rural; entre la prosperidad y la crisis; y con el proteccionismo de fondo, sobre todo en la importación de materias primas.

Durante el siglo XVI se observa un fuerte crecimiento de la industria; principalmente la textil; aunque continúa produciendo unos paños de segunda calidad. Las ordenanzas que se promulgan pretenden que los paños sean mejores, y quienes se ocupan de la calidad de ellos son los gremios. Pero la industria no está preparada para esa mejora de calidad, y tiende a instalarse en el campo, donde no llega la autoridad de los gremios. El proceso de ruralización se da, sobre todo, en el norte de la península, mientras que en el sur continúa siendo urbana, y también de mejor calidad. Será en las regiones del sur donde se introduzca el cultivo y la producción de seda, con técnicas italianas. Esta es una zona productora de tradición musulmana, Toledo es el primer centro sedero del país.

La industria metalúrgica, y particularmente la ferrería vasca, tiene un auge importantísimo. Sus productos se venden en toda Europa, en donde están considerados como productos de primera calidad, y donde desplazan a los productos de hierro autóctonos, por sus precios más baratos.

Pero la producción industrial española tuvo un importante vicio: los altos aranceles imponían un auténtico proteccionismo de la industria española, con lo que los productos industriales, a pesar de ser de inferior calidad no tenían competencia, y las industrias no consideraron que tuviesen que modernizarse. Cuando cayó el proteccionismo las industrias españolas se encontraron en grave desventaja.

El XVII fue un siglo de decadencia para una industria española obsoleta. La pérdida de guerras en Europa supuso el debilitamiento del proteccionismo. El control de los gremios se hace insoportable y antieconómico, por lo que la industria se ruraliza aún más. Se incrementan las importaciones de productos de todo tipo, que compiten con ventaja con los autóctonos, ya que son más baratos y de calidad homologable. La agricultura suponia la base principal economica de muchos pobres y campesinos, que permanecían bajo el mandato y ordenes de su señor: un noble.

Comercio

El comercio en los siglos XVI y XVII tiene, aún, muchos puntos en común con el medieval. Se mejora la red de caminos, con la construcción de posadas, ventas y mesones, lo que hace aumentar la seguridad. Se crea la Santa Hermandad (en 1476) que vela por la seguridad en los caminos. Se promulga una Reglamento de Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, que era la zona más despoblada de España, y la menos segura para el transporte. Y se privilegia a las asociaciones de carreteros (los que transportan grandes volúmenes de mercancías en carretas y por carreteras) y arrieros (los que transportan pequeños volúmenes de mercancía por caminos de herradura). Continúa habiendo carreteros y arrieros temporales, aunque también los hay profesionales, que suelen pertenecer a ciertas zonas, como los maragatos, o ciertas etnias, como los moriscos. Se intenta mejorar la red de canales y ríos navegables. Son muchos los proyectos que se emprenden en tiempos de Felipe II, la mayoría fracasados, como el proyecto de hacer navegable el Tajo desde Madrid hasta Lisboa. Se mejora la red de puertos, que estaba en manos privadas, y la circulación por los mares. La navegación de cabotaje fue la que más mercancía movió, hasta el siglo XIX. El buen estado de los caminos era responsabilidad de los ayuntamientos, aunque frecuentemente sólo se adecentaban con motivo de una visita real.

El comercio se organiza alrededor de un sistema de ferias y mercados itinerantes. No existía un mercado nacional, muy al contrario, había multitud de aduanas e impuestos de paso. En el siglo XVI se observa la decadencia de la feria de Medina del Campo y del ciclo de ferias en torno al camino de Santiago. Apenas existen tiendas fijas, todas ellas son, en realidad, talleres en los que se vende la producción. En muchas ciudades se creó la lonja como lugar de contratación principal. Las ferias y mercados se continuaron haciendo en días fijos, pero el sistema se extendió a toda España. Los comerciantes iban de una ciudad a otra en circuitos locales o comarcales, aunque también había comerciantes con circuitos más amplios, regionales o nacionales.

Una parte importante de los ingresos de la corona venía del control del comercio con las Indias. Desde el primer momento se trató de controlar ese comercio con la creación de la Casa de Contratación (1503) y el Consulado de Sevilla (1543) en Sevilla, donde debían arribar todas las flotas y galeones que comerciasen con las Indias. La Casa de Contratación se ocupaba de organizar las flotas, que debían ir protegidas en convoyes, a causa de la piratería; y el Consulado de Sevilla controlaba a los comerciantes matriculados, que tenían permiso para negociar con las Indias. Pero no faltaron compañías privilegiadas que comerciaban con América al margen de la Casa de Contratación, aunque las del siglo XVII fracasaron.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información