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Dominó

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Juego de fichas del dominó.

Juego de mesa en el que se emplean 28 fichas rectangulares, generalmente blancas por la cara y negras por el envés, con aquella dividida en dos cuadrados, cada uno de los cuales lleva marcado de uno a seis puntos o ninguno. Los jugadores van colocando por turno sus fichas, una a una, en hilera, de modo que por lo menos unos de los cuadros tenga el mismo número de puntos que la ficha tras la que se coloca, al principio o al final de la hilera. Gana el jugador que coloca primero todas sus fichas o el que se queda con menos puntos si se cierra el juego. También se denomina dominó al conjunto de fichas que se emplean en este juego.


Origen histórico y etimología

El juego consistente en casar fichas con doble valor en su cara, independientemente de que estos valores representaran puntos, letras, signos, animales o cualquier otra imagen, es muy antiguo y se desconoce exactamente su origen, aunque se sabe que era conocido y practicado por chinos, egipcios y árabes, y de forma más o menos parecida se practicaba en la prehistoria de numerosas culturas. En estas civilizaciones ancestrales se debieron servir de los materiales en uso en aquellas épocas: hueso, piedra, madera, marfil,...; y el diseño de las piezas o fichas debió de ser el más estable y adecuado al doble valor de cada una: lo más parecido a prismas rectangulares de pequeña altura, cuyos valores en cada mitad de la cara irían grabados con los símbolos propios de cada cultura. En cuanto al número de las piezas y las normas del juego, son datos que se pierden en la lejanía de los tiempos.

Con anterioridad al año 1.000 a.C. se practicaba en la India un juego de azar muy relacionado, aunque solo sea estéticamente, con el juego del dominó. Nos estamos refiriendo a los dados, cuyos elementos materiales de juego eran pequeñas piezas cúbicas en cuyas seis caras se representaban mediante bajorrelieves circulares valores comprendidos entre uno y seis puntos. Podemos ver que hay dos semejanzas entre los dados y las fichas de dominó: La primera que el dado contiene valores de uno a seis puntos y el dominó valores de cero a seis y la segunda que ambos elementos expresan sus valores mediante bajorrelieves circulares (salvo la ficha blanca doble que no posee ninguno) que además se disponen geométricamente en idéntica posición en ambas piezas. No hay nada más parecido a una ficha de dominó que dos dados unidos por una de sus caras. Por lo tanto, no podemos dejar de lado la posibilidad de que el dominó moderno, tal y como lo conocemos, tenga su origen en una influencia mutua entre dos pasatiempos remotos: la acción de casar fichas de uno de ellos y la simbología representada en el juego de los dados. Podemos aventurar que fue en China donde el juego de dados cúbicos que llegó desde la India derivó al nuevo formato de fichas rectangulares que representaban las veintiuna diferentes permutaciones posibles de dos dados de seis lados o valores cada uno (del uno al seis). Posteriormente pasaría a Egipto y después a los árabes que, como descubridores del valor cero desconocido por las civilizaciones existentes hasta ese momento, incluirían las blancas y pasarían de veintiuna a veintiocho fichas por la aparición del nuevo «palo».

Dejando de lado los divertimentos orientales más o menos relacionados con el juego que nos ocupa, podemos afirmar que el dominó moderno lo pusieron de moda los italianos de Venecia y Nápoles a mediados del siglo XVIII, posteriormente lo introdujeron en Francia y Países Bajos y luego en España, países que a su vez lo difundieron por el resto del mundo a través de sus colonias, extendiéndose de forma extraordinaria.

En cuanto a la etimología del término dominó, al igual que en lo referente al origen del juego, no tenemos una certeza absoluta. La creencia más extendida sobre su nacimiento es que proviene del término latino domino, que es la 1ª persona del presente de indicativo del verbo dominare, «dominar», y que es la expresión que utilizan los jugadores cuando colocan la última ficha. La transformación de la palabra llana en la palabra aguda «dominó» se pudo deber a la adecuación de dicha palabra a la particular pronunciación de los franceses.

Hay otra posible explicación etimológica, más legendaria que real, que propone su origen en la expresión ¡Benedicamus Dómino!, «¡Bendigamos al Señor!», utilizada por los monjes cuando ganaban una mano de dominó para dar gracias a Dios por la merced concedida, y que con el paso del tiempo quedaría reducida a ¡Dómino!.

Finalmente hay una tercera hipótesis, que creemos que es la más consistente de todas, y que hace referencia a un disfraz carnavalesco que era conocido, con mucha más antelación que la aparición del juego en su concepción moderna, con el nombre de dominó. Viene definido en el diccionario como "traje talar con capucha, que ya sólo tiene uso en las funciones de máscara". La credibilidad de esta teoría se basa en la similitud cromática entre las fichas (blancas en la cara y negras en el envés) y el traje de máscara que se compone de cuerpo o túnica blanca y capa con capucha negra.


Elementos materiales utilizados en el juego

Aunque las fichas son el elemento material principal e imprescindible para desarrollar una partida de dominó, no es el único necesario, ya que se necesitan una serie de elementos complementarios que no por ello dejan de ser importantes. Estos son la mesa, las sillas y el lugar donde se va a ir anotando la puntuación de la partida.

Las fichas del dominó

Lo primero que hay que tener en cuenta es que todas han de ser iguales entre sí salvo el valor que expresen cada una en sus dos caras. Esto quiere decir que una vez vueltas sobre la mesa no debe haber ninguna de ellas con alguna marca o desperfecto que pueda indicar a los jugadores cual es la ficha de que se trata. En cuanto a la forma de una ficha de dominó podemos decir que es un prisma rectangular dividido longitudinalmente en dos mitades iguales y unidas entre sí por un clavo con cabeza semiesférica que va situado en el centro geométrico de una de ellas a la que llamamos cara y que también está atravesada por una ranura que la divide en dos cuadrados en los que se indican los dos valores que corresponden a cada ficha. La otra mitad de la ficha se llama envés o reverso. Actualmente el clavo no cumple las funciones originales de unir las dos mitades aunque se conserva para facilitar el movimiento de las fichas cuando están boca abajo.

El tamaño de las fichas puede diferir de un modelo a otro dependiendo de las preferencias de los jugadores. Sin embargo, no deben de ser ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas, garantizando la manejabilidad de las mismas y que en todo momento puedan ser fácilmente identificados sus valores. Podemos dar como medidas más usuales las de 40 mm. de largo, 20 mm. de ancho y 10 mm. de alto.

El material empleado en los dominós clásicos ha sido el hueso o marfil para la cara, la madera de ébano para los puntitos, la madera para el envés y el latón para el clavo de sujeción, aunque actualmente se imponen los materiales sintéticos, como el acetato de celulosa, y siempre con una textura lisa. Debido a los materiales que se empleaban en los inicios de este juego, los colores que se impusieron para cada una de las partes que componen una ficha son el blanco o tonos claros para la cara, el color negro o tonos oscuros para los puntos que indican los valores, el envés y la ranura, y el color dorado o plateado para la cabeza del clavo.

Hasta ahora nos hemos referido al juego estándar de 28 fichas o del doble seis que es el que está más extendido. En América es también muy utilizado el juego de dominó de 91 fichas, que llega hasta el valor del «doble doce», o también el del «doble nueve» con 55 fichas.

Valor de las 28 fichas del dominó

El valor de cada una de las 28 fichas es la combinación de los valores representados en cada uno de los dos cuadrados de su cara, lo que hace que no haya ninguna ficha igual a otra. Estos valores se representan en cada cuadrado, dejándolo en blanco para mostrar el valor 0 o colocando tantos huecos o puntos negros como unidades se quieran mostrar. En total hay siete valores que van desde el cero al seis.

Se pueden dividir en fichas sencillas y dobles. Las fichas sencillas o mixtas tienen un valor distinto en cada uno de sus dos cuadrados y se nombran enunciando los números cardinales de estos dos valores siendo indiferente que se cite en primer lugar la cifra de mayor o de menor valor. Hay que tener en cuenta que se denominan «blancas» aquellas fichas en las que uno de sus valores es el cero. El número total de fichas sencillas es de 21.

Las fichas dobles son las que representan en ambos cuadrados el mismo número de tantos. Se nombran enunciando el valor numérico de sus cuadrados seguido de la palabra «doble». El número total de fichas dobles es de 7.

El conjunto de siete fichas que tienen en común uno de sus valores, o los dos en el caso de las dobles, se denomina palo. Por tanto el número de palos coincidirá con el número total de valores y, como cada valor tiene un doble, con el número total de dobles, es decir, 7.

La suma total de los valores de las 28 fichas es de 168, dato importante y que deberemos tener en cuenta a la hora de hacer los cálculos de los tantos que quedan sin jugar para sopesar la conveniencia o no de efectuar un «cierre».

Elementos complementarios

Los elementos complementarios que permiten desarrollar con normalidad una partida de dominó son la mesa, las sillas y el material de anotación de puntos. Aunque ninguno de ellos en estrictamente imprescindible no es concebible una partida medianamente seria que no disponga de estos tres elementos que faciliten un desarrollo cómodo, relajado y con la debida concentración.

Los jugadores deben contar con una mesa que les permita colocar sus fichas y las que se vayan jugando. El material de las mesas donde se jugaba al dominó ha sido tradicionalmente el mármol, aunque una mesa de dominó puede ser de distintos materiales, tamaños, formas o colores siempre que cumpla unos requisitos mínimos: Que su tamaño permita la correcta colocación de las fichas de cada uno de los jugadores y las que componen la hilera de las ya jugadas, que se distingan correctamente sobre el fondo del tablero de la mesa, que se puedan mover sobre la misma con facilidad al mezclarlas y que su altura y anchura permita a los jugadores jugar con comodidad y colocar las fichas en la hilera con facilidad. Se pueden establecer como medidas ideales entre 70 y 100 cm. de lado para las mesas cuadradas y entre 100 y 120 cm. de diámetro para las redondas.

En cuanto a las sillas, lo único que hay que tener en cuenta es que salvo la justificada excepción debida a limitaciones físicas de alguno de los jugadores, han de ser todas iguales para que todos los contendientes estén en las mismas condiciones y que han de tener una altura proporcional a la de la mesa para permitir la correcta colocación de las fichas por parte de los jugadores.

La finalidad del material de anotación es dejar constancia fehaciente de los resultados que se producen mano a mano durante el desarrollo de una partida evitando las posibles discusiones a que daría lugar si se dejara esta tarea a la memoria de los jugadores.


Desarrollo de una partida a compañeros

Esta modalidad de juego de dominó a compañeros es, sin duda, la más extendida y divertida de todas las modalidades que permite el dominó. Por tanto, vamos a extendernos en explicar detalladamente y de forma didáctica la mecánica de desarrollo de una partida por parejas, exponiendo las normas que se aplican tanto en los torneos y competiciones en España, como en las partidas más relajadas fuera de campeonato, aunque debido a la popularidad de este juego y a la gran diversidad de países en los que se practica, hay reglas que se aplican con muy distinto criterio según los países o regiones de que se trate.

Antes de comenzar la partida se constituye la mesa de juego formada por los cuatro jugadores que van a componer las dos parejas. Se pueden dar dos casos: que con anterioridad se hayan elegido los compañeros entre sí por ser jugadores bien avenidos y compenetrados, por lo que se sentaran a la mesa de juego en el orden que ellos establezcan, o bien, que prefieran efectuar un sorteo para determinar la composición de las parejas. Para ello cada jugador volteará una ficha del montón donde se encuentran las 28 fichas boca abajo, formándose la primera pareja con los dos jugadores que hayan descubierto las dos fichas más altas y la otra pareja con los que hayan sacado los dos valores más bajos. En caso de que dos o más jugadores tengan fichas con el mismo valor, voltearán nuevas fichas para deshacer el empate.

Los compañeros se sentarán de frente entre sí, es decir alternativamente un miembro de cada pareja. Una vez sentados los jugadores se puede comenzar la partida. Se volverán las fichas que se hubieran utilizado para el sorteo y se procederá a mezclar las 28 fichas vueltas boca abajo. En este inicio de la partida podrá mover las fichas cualquier jugador. En manos sucesivas será el jugador que haya salido en la mano anterior el que deberá efectuar dicho movimiento.

Cuando están suficientemente mezcladas las 28 fichas cada jugador retira del montón siete de ellas entre las más próximas al lugar que ocupe en la mesa, cogiendo en último lugar el que las ha mezclado. Se considera inadecuado cogerlas una a una o elegirlas de distintas zonas del montón. Una vez en sus manos, los jugadores alinean sus fichas verticalmente sobre la mesa en hilera regular con la cara vuelta hacia su poseedor, guardando entre sí un espacio que permita coger cualquiera de ellas sin riesgo para la estabilidad de las demás y ocultando su contenido a la vista de los otros jugadores. No es recomendable colocar las fichas acostadas o en semicírculo porque los demás jugadores tendrán dificultad en ver cuántas fichas quedan, además de que se corre el riesgo de que los adversarios puedan ver las fichas de los extremos. El jugador deberá abstenerse de cubrirlas con las manos o de tocarlas, salvo para hacer uso de su turno de juego, debiendo permanecer siempre todas las fichas a la vista de los demás participantes. La cantidad de fichas que le quedan a cada uno siempre debe estar visible al resto de los jugadores, para evitar que constantemente se pregunte cuántas fichas le quedan al jugador.

Hay dos opciones para decidir qué jugador es el que efectúa la salida en la primera mano de una partida. Si se ha efectuado sorteo al efecto, saldrá el jugador al que le haya correspondido en dicho evento, colocando boca arriba y en el centro de la mesa la ficha que elija porque así le convenga al desarrollo de su juego. En caso de no efectuar sorteo, será el jugador que posea el seis doble el primero en poner ficha, siendo esta la llamada salida oficial. En posteriores manos irán saliendo los demás jugadores en turno sucesivo y rotatorio siguiendo la dirección del juego. En estos casos el jugador saldrá con la ficha que mejor le parezca. Cuando una mano termina con un cierre y se produce un empate a puntos, en la siguiente mano vuelve a salir el mismo jugador que salió en la mano empatada. Si el empate se produce en la primera mano y se juega con salida oficial al seis doble, saldrá el jugador que lo posea en esta nueva mano.

El jugador que sale colocará la ficha de salida boca arriba en el centro de la mesa. En el caso que esta ficha sea un doble, la colocará en sentido transversal a la posición del jugador salidor; si se trata de una ficha de dos valores, la colocará longitudinalmente, siempre con el lado de mayor valor más cerca de su compañero.

A continuación, cada jugador juega una vez poniendo una ficha en cada jugada, debiendo coincidir en uno de sus palos, o en los dos si se trata de una ficha doble, con alguno de los dos que aparecen en los extremos de la hilera que van formando las anteriormente puestas, llamada también cadena. Se colocan longitudinalmente en el caso de fichas mixtas o transversalmente en el caso de fichas dobles, de forma que casen los palos coincidentes. Si el jugador de turno no posee ninguna ficha que case con alguno de los palos que aparecen en la hilera, anunciará que pasa, quedando sin jugar hasta su siguiente turno. Si sólo dispone de una ficha para poner, la colocará inmediatamente para no inducir a error sobre su juego y confundir a su compañero y a la pareja contraria. En el caso de disponer de varias fichas para elegir podrá pensar un tiempo prudencial para optar por la que más le convenga.

Una mano puede terminar de dos formas: Cuando uno de los jugadores pone su última ficha, es decir, gana por dominó que es el modo más común de finalizar la mano; o cuando ninguno de ellos puede seguir jugando porque no puede colocar ninguna de sus fichas y todos los jugadores tienen alguna ficha en su poder, es decir, finaliza por cierre. Este se produce cuando se hayan jugado cinco fichas de un palo sin el doble o seis con el doble incluido y se coloquen la sexta y/o la séptima ficha de forma que ese palo se muestre en los dos extremos de la cadena.

Una vez terminada una mano se procede al cómputo de resultados y a la anotación de los mismos. Para ello hay que distinguir si la mano ha finalizado por dominó o por cierre:

Finaliza por dominó: Se sumarán los puntos contenidos en todas las fichas sin jugar, los que han quedado en poder de la pareja perdedora y las del compañero del jugador que ha dominado. Los tanteos posibles podrán ser pares o impares y oscilarán entre 3 y 129 puntos.
Finaliza por cierre: Se sumarán separadamente los puntos contenidos en las fichas que hayan quedado en poder de cada pareja, ganando la mano la pareja cuya suma de puntos sea inferior, independientemente de que haya efectuado o no el cierre de la mano. A la hora de anotar los resultados se sumarán conjuntamente los puntos de los cuatro jugadores. Las puntuaciones posibles serán siempre pares y oscilarán entre 6 y 126 puntos.

En la anotación de resultados hay dos opciones: Anotar los puntos directamente o convertirlos a decenas. Una vez anotados los puntos o las decenas pasaremos a denominarlos de forma unificada como tantos. Se aconseja utilizar la hoja de anotaciones para el control del resultado de la partida. En ella se consignará el resultado de cada mano y el acumulado total de la partida.

Una vez finalizada la mano actual y computados y anotados los resultados de la misma, se procede a colocar boca abajo las 28 fichas y se comienza la siguiente mano con el proceso de mezclar nuevamente las mismas por parte del jugador que acaba de salir en la mano finalizada. Este proceso continuará hasta que la suma de los tantos anotados por alguna de las dos parejas iguale o supere el límite de tantos a los que se esté jugando la partida y que habrá sido establecido antes del inicio de la misma.

Aunque la modalidad de juego más común es la de parejas, con cuatro jugadores, aunque existen otras modalidades como son:

  • Dos jugadores: Mano a mano con 7 fichas cerrado (sin robar fichas), mano a mano con 7 fichas abierto (robando fichas) y mano a mano con 14 fichas.
  • Tres jugadores: Entre tres jugadores con 7 fichas y entre tres jugadores con 9 fichas
  • Cuatro o más jugadores: El chamelo, la garrafina o correlativa, el venenoso, etc.


Normativa y reglamentos

La Federación Española de Dominó (en adelante, FED), en el Art. 9 del Capítulo II de sus estatutos, dispone que "la FED tiene competencia excluyente dentro del Estado español para organizar y supervisar las competiciones oficiales de dominó de ámbito estatal e internacional que se celebren en España, así como para homologar, en su caso, las que no ostenten tal carácter y los resultados de éstas, con independencia de que tengan lugar dentro o fuera del territorio del Estado español". Así mismo, en los artículos 10, 11 y 12 del mismo capítulo, se definen los tres tipos de competiciones oficiales u homologadas que se pueden celebrar en España:

Competiciones Oficiales de Ámbito Estatal: Las organizadas y supervisadas por la FED celebradas en territorio español para todo el Estado en su conjunto. Se regirán por el reglamento de competiciones aprobado por la FED y por las disposiciones particulares que la Junta Directiva de la Federación acuerde para cada edición de los campeonatos.

Competiciones Oficiales de Ámbito Internacional: Las organizadas y/o supervisadas por la FED bajo el control de una organización supraestatal a la que la FED se halle adscrita, celebradas en territorio español con participación, reconocimiento y efectos internacionales. Se regirán por el reglamento de competiciones aprobado por la correspondiente organización supraestatal y por las disposiciones particulares que reglamentariamente se dicten para cada edición de los campeonatos.

Competiciones Homologadas: Las organizadas por Entidades públicas o privadas, nacionales o extranjeras, estatales o supraestatales, no sometidas a la disciplina de la FED ni a la de las Organizaciones internacionales a las que ésta pueda pertenecer, celebradas dentro o fuera del territorio del Estado español bajo el auspicio y con arreglo a las normas de competición de la FED o de las referidas Organizaciones internacionales.

En todas estas competiciones, la participación de jugadores quedará restringida a quienes reúnan los requisitos establecidos en la correspondiente convocatoria que, como mínimo, serán los siguientes:

  • Hallarse incluido en el ámbito personal del Organismo convocante.
  • Estar en posesión de la correspondiente licencia federativa en vigor.
  • Acreditar los niveles deportivos exigidos.
  • Aceptar y someterse a las bases de la convocatoria que rija la competición de que se trate.


Referencias

Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información