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Dirigible Hindenburg

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Desastre del Hindenburg en 1937.

El dirigible LZ-129, bautizado Hindenburg en honor al político alemán Paul von Hindenburg, fue construido en 1935 por la empresa Zeppelin, siendo el mayor de todos los dirigibles hasta ese momento, era considerado el orgullo de Alemania. Medía 245 metros de largo y transportaba a más de 70 pasajeros. Su vuelo inaugural fue el 4 de marzo de 1936, desde una plataforma flotante en el lago Constanza.

La nave, un dirigible rígido, se sustentaba gracias a 198.000 de hidrógeno albergados en catorce de las dieciséis bolsas que poseía, cuyo contenido se regulaba desde la cabina de mando mediante cables que las abrían permitiendo liberar el gas a la atmósfera. La estructura se componía de 19 Km de vigas, unidas por cuatro millones de remaches y sostenida con 193 Km de alambre de piano. Todo estaba cubierto de tela, la cual tenía una superficie de 162.000 [1].

Supuso un hito, dado que a diferencia de modelos anteriores en él ya no se encontraban los viajeros hacinados, pues existía una estructura interna en el dirigible de dos cubiertas, en las que los pasajeros viajaban cómoda y lujosamente. Sería el equivalente a un viaje de lujo, no sólo por ser la tecnología más avanzada del momento sino también el mobiliario era de vanguardia, con asientos de armazón de aluminio y con diseño de estilo Bauhaus; así, si en barco un trasatlántico tardaba 10 días en atravesar el océano Atlántico, este medio realizaba el trayecto en dos días y medio. Existe una réplica de tales instalaciones en el museo Zeppelin de Friedrichshafen (Bodensee), eran camarotes confortables y disponían de un restaurante, e incluso de una sala para fumadores, en la que existía un único encendedor eléctrico (no se permitía el abordaje con cerillas por motivos de seguridad), estando prohibido fumar en el resto de compartimentos; dicha estancia era segura pues el hidrógeno no podía entrar en ella al encontrarse a mayor presión que las zonas contiguas y era una zona de aireación en la que el flujo de aire (oxígeno) siempre salía hacia el exterior. Lógicamente era un privilegio al alcance exclusivamente de gente adinerada, el billete de ida suponía un coste equivalente al precio de un coche medio, y el de ida y vuelta como el de una vivienda media[1].

El final de la era de los dirigibles llega el 6 de mayo de 1937 cuando se declaró un incendio en el Hindenburg durante unas maniobras de amarre en la base aérea naval de Lakehurst, [2] en Nueva Jersey (Estados Unidos de América). Ante 2.000 espectadores y los medios, la nave se precipitó al suelo cuando llegaba a su destino, desde una altura de unos 100 m, envuelta en llamas, a pesar de su tamaño se incendió en tan sólo 32 s muriendo 36 personas. Como consecuencia del desastre, se abandonó el uso del hidrógeno como gas de relleno por su gran inflamabilidad. Supuso el final para estos aparatos de su uso civil en líneas aéreas, pues el accidente horrorizó al público, ya que éste se retransmitió en directo por la radio, siendo además el primer gran accidente que se filmó, por lo que se pudo ver el suceso en todos los cines de la época[1].

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Notas

  1. a b c Krasendorf, Jesse. La era de los dirigibles. Atlantic Productions, 2007.
  2. YouTube - Hindenburg disaster, la película original sobre el famoso desastre del Hindenburg, en 1937, enlace revisado por última vez el 14 de febrero del 2008.
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