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Dioniso

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En la mitología griega, Dioniso o Dionisos (Διóνυσος), era el dios del vino y el exceso. Hijo de Zeus y de la mortal Sémele, hija de Cadmo, fue él quien enseñó a los hombres a cultivar la vid y a fabricar el vino.

Uno de sus epítetos a partir del siglo V adC era Baco (Βακχoς), nombre por el que se lo conoció en la mitología romana. Los romanos le identificaron con el antiguo dios itálico Liber Pater que era una deidad de las viñas, el vino y el delirio místico, como el dios griego. Hoy en día el adjetivo báquico se refiere a los efectos del vino.

Moría cada invierno y resucitaba en la primavera y con él renacían también los frutos de la tierra. En Los misterios de Jesús. El origen oculto de la religión cristiana (2000), Timothy Freke y Peter Gandy plantean la hipótesis de que Jesús de Nazaret no existió, sino que fue un mito de origen judío, al modo de Dioniso.

Para celebrar su resurrección se organizaban grandes fiestas de rituales orgiásticos que agradaban mucho al dios. Los actos eran muchos y variados y con el tiempo se incluyó también una competición de obras dramáticas cuya sede era la ciudad griega de Atenas. Esta competición se llevaba a cabo durante cinco días en la primavera. Grandes dramaturgos griegos como Esquilo, Sófocles y Eurípides escribieron obras para estas fiestas que eran preservadas en el archivo del templo de Dioniso.

Dioniso representaba la emoción y el caos, características que contrastaban con las de Apolo, dios del sol, que simbolizaba la armonía, el orden y la razón. Los diferentes roles atribuidos a estos dioses quedan reflejados en los adjetivos apolíneo y dionisíaco, analizados por Nietzsche en El origen de la tragedia. Sin embargo, los griegos pensaban en las dos cualidades como complementarias: los dos dioses son hermanos, y cuando Apolo en el invierno se marchaba a la Hiperbórea dejaba el oráculo de Delfos a Dioniso. En el tímpano del oeste del gran templo de Delfos se esculpió el tiaso, que era la reunión de fieles que celebraban el culto a Dioniso. Este culto era una religión mistérica con un aspecto público y otro interior, reservado para los iniciados. Las seguidoras de Baco eran las bacantes y sus fiestas las bacanales. Las bacantes eran famosas por su desenfreno (y la creencia de que consumían carne cruda), reflejado en la tragedia homónima de Eurípides y en el mito de Orfeo, a quien despedazaron al verse rechazadas por él. Se dice que las primeras bacantes fueron las ninfas que cuidaron de Dioniso cuando niño, las llamadas ménades. El dios Pan formaba también parte de su cortejo.

Como símbolo de su divinidad empuñaba el tirso, cetro cubierto de hojas de hiedra o vid, y se le asociaba simbólicamente al burro. Su origen es probablemente tracio o frigio.

Dioniso en el mito y la leyenda

La fábula de su nacimiento cuenta que estando embarazada Sémele de seis meses, la celosa Hera, esposa de Zeus, disfrazada de anciana la convenció para que pidiera a su amante que le mostrara su verdadera naturaleza. Al pedírselo a Zeus, sin embargo, éste se no accedió, negándole entonces ella sus favores en tanto no accediera. Zeus, lleno de ira, se transformó en rayo y consumió a su amante pero antes Hermes consiguió salvar al niño cosiéndolo al muslo de Zeus y asistió al parto al cabo de tres meses. Es por esta razón por la que se conoce a Dioniso como «el dios nacido dos veces».

Cuando Hefesto se negó al ruego de Hera y Tetisde que regresara al Olimpo intervino el dios Dioniso, quien mediante una pócima logró la promesa de Hefesto de acudir a la llamada de Hera.

Al huir de Creta, Teseo se llevó consigo a Ariadna, hija del rey Minos, pero, según la tradición más común, la abandonó dormida en la isla de Naxos, aprovechando una escala del barco. Allí la encontró el dios Dioniso y la hizo su esposa, regalándole como presente nupcial una magnífica corona de oro fabricada por Hefesto.

También tuvo amores con Afrodita.

En La Ilíada, Canto VI, 123, Diomedes, hijo de Tideo, dice a Glauco, vástago de Hipóloco:

Poco vivió el fuerte Licurgo, hijo de Driante, que contendía con las celestes deidades: persiguió en los sacros montes de Nisa a las nodrizas del furente Dioniso, las cuales tiraron al suelo los tirsos al ver que el homicida Licurgo las acometía con la aguijada; el dios, espantado, se arrojó al mar y Tetis le recibió en su regazo, despavorido y agitado por fuerte temblor que la amenaza de aquel hombre le causara; pero los felices dioses se irritaron contra Licurgo, cegole el Cronión, y su vida no fue larga, porque se había hecho odioso a los inmortales todos.

La leyenda de Dioniso y los piratas

Dioniso convierte a los piratas en delfines. Mosaico, en el Museo del Bardo

Dioniso, en su recorrido por Grecia y Asia Menor, llegó de nuevo a Argos y quiso acercarse a la isla de Naxos. Para ello contrató los servicios de unos piratas tirrenos. Los piratas fingieron aceptar el trato pero en lugar de conducirle a Naxos pusieron rumbo a Asia con el fin de venderle allí como esclavo. Dioniso se dio cuenta y con ayuda de su poder transformó los remos de la nave en serpientes, llenó el barco de hiedra y después hizo sonar unas flautas invisibles. Finalmente paralizó la nave entre enramadas de parra.

Los piratas, enloquecidos y asustados, se arrojaron al mar y una vez allí se convirtieron en delfines, cuyas almas seguían siendo de piratas, pero piratas arrepentidos. La leyenda dice que por eso los delfines acompañan y salvan a los náufragos, porque son aquellos piratas que quieren expiar su culpa.

La historia se propagó y así el poder de Dioniso fue reconocido por todo el mundo y el dios pudo ascender a los cielos después de haber terminado su tarea en la Tierra.

Dioniso en el arte antiguo y moderno

Referencias


Notas