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Dictadura

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La dictadura es la forma de gobierno en la que se concentra en las manos de un dictador (y en ocasiones algunos "ayudantes") el poder absoluto, contolando éste los tres poderes del estado: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Aunque muchos dictadores han detentado el título de Presidente, con el propósito de aparentar una legitimidad que no poseían, han gobernado con poderes extraordinarios, a menudo no constitucionales, o de facto, degenerando con facilidad en regímenes despóticos y tiránicos a menudo violentos.

No es el peligro del abuso,
sino el del envilecimiento,
lo que me hace censurar
el uso indiscreto de
esta suprema magistratura


Rousseau, El contrato social.

Los dictadores pueden alcanzar el poder de formas muy variadas. Pueden ser elegidos, designados por un partido único o por la jerarquía comunista o heredar el poder tras el fallecimineto del pariente que lo ostentaba. En otras dictaduras modernas, el dictador ha llegado al poder tras un golpe de estado militar, quedando posteriormente sostenido en su cargo por el ejército.

En una dictadura, los líderes no se renuevan periódicamente por sufragio universal, libre, directo y secreto. De este modo, aunque el dictador alcance el poder en unas elecciones democráticas (como Adolf Hitler en la Alemania nazi) no transcurre mucho tiempo tras la elección antes de que el dictador prohiba todos los partidos políticos (salvo el suyo) e imposibilite así posteriores elecciones democráticas, aún cuando por razones propagandísticas periódicamente se orquesten desde el poder votaciones manipuladas que otorguen una pátina democrática al gobierno y muestren el fervor popular que suscita entre lá población. En estas elecciones, usualmente, el dictador es el único candidato a la presidencia y como se podrá imaginar, la corrupción y las coerciones impregnan la elección, obteniendo el candidato unos resultados increiblemente altos; ése fue el caso de Charles King en Liberia, reelegido con una ampia mayoría, tan amplia que obtuvo unos votos que superaban en un 15% el censo de votantes.

La dictadura Romana

La dictadura romana, legalmente constituida, era el gobierno extraordinario que confería a una persona, el dictador, una autoridad suprema en los momentos difíciles, especialmente en los casos de guerra; la dictadura nació, al parecer a propuesta de Tito Larcio, quien fue además el primero en ejercer el cargo. El dictador era nombrado por uno de los cónsules en virtud de una orden del Senado que tenía la potestad de determinar cúando era necesario el nombramiento y quién debía ocupar el cargo. En un principio, sólo los patricios podían ser nombrados dictadores, pero en el año 356 adC se les reconoció ese mismo derecho a los plebeyos.

Cuando los cónsules, hacia 500 adC propusieron el alistamiento de los plebeyos en el ejército para responder a la amenaza que suponía para Roma la alianza entre los pueblos del Lacio y los Tarquinos, se encontró con su negativa. Como todo el poder recaía en los patricios, eran ellos los que poseían las riquezas y a ellos tenían que acudir los plebeyos para obtener los préstamos con los que subsistir; sin embargo, los patricios abusaban de las leyes contra los deudores insolventes que permitían al acreedor incluso hacer esclavo suyo al deudor. No resulta extraño, entonces, que los plebeyos se negaran a defender con su vida a aquellos que tan mal les trataban, a no ser que fuera a cambio del perdón de todas o parte de sus deudas. Ante esta situación, el Senado, para poder repeler al enemigo exterior y satisfacer las demandas de los plebeyos propuso, por iniciativa de Tito Larcio, el nombramiento de un magistrado superior a los demás y a las mismas leyes, a lo que el pueblo accedió esperando quizá algún alivio de la novedad.

El magistrado supremo recibía los nombres de dictador y senador del pueblo (dictator, magister populi ) y ejercía su autoridad por espacio de seis meses a lo sumo, período en el que quedaban en suspenso todos los procedimientos ordinarios, los magistrados, excepto los tribunos del pueblo, se abstenían en el ejercicio de su jurisdicción y nadie podía criticar, censurar ni discutir las órdenes del dictador. Para demostrar su superior magisterio, el dictador marchaba precedido de 24 lictores, frente a los 12 que acompañaban a los cónsules.

De la traducción del título de "magister populi" como capitán de infantería, por analogía con el magister equitum que el dictador nombraba como su lugarteniente para capitenar la caballería, parece inferirse que en un principio el cargo estaba destinado a hacer frente a crisis militares que difícilmente podían abordarse con el mando conjunto de los dos cónsules anuales. No obstante, con posterioridad afirman tanto Cicerón como Claudio que la represión de revueltas civiles también pudo ser una de las causas por las que se instituyó la dictadura, y aunque ésta no estuviera en su origen, llegó a ser función del cargo como atestigua, por ejemplo, el nombramiento de un dictador durante las revueltas causadas por las leyes Licinias (367 adC). También parece que se nombraron dictadores para asuntos menores con ocasión, por ejemplo, de la celebración de juegos o festivales o la organización de las elecciones al senado.

El uso de los pueblos más libres que jamás
han existido sobre la Tierra me hace creer
que hay casos en los que es preciso correr,
por un momento, un velo sobre la libertad,
como se ocultan las estatuas de los dioses.


Montesquieu.

Aunque a lo largo del tiempo las atribuciones del dictador se fueron ampliando, entre ellas se encontraban el hacer la paz y la guerra y condenar a muerte sin posibilidad de apelación. No podía, sin embargo, disponer del Tesoro Público sin la autorización previa del pueblo, ni abandonar Italia, y estaba obligado a rendir cuentas de sus actos tan pronto terminaba en el ejercicio de su autoridad. Además, durante su mandato se hallaba bajo la vigilancia de los tribunos que conservaban toda su autoridad y que, cabe esperar, se ocuparían con esmero y escrupulosidad en la tarea de poner coto a la ambición y prepotencia de los tribunos, especialmente cuando uno de ellos concentrara en sus manos todos los poderes.

Esta institución fue sin duda alguna de gran importancia y utilidad en los tiempos de la República, unas veces para salvarla de la ruina y otras para facilitar grandes conquistas que sometieron a la Ciudad Eterna pueblos más civilizados que los romanos y cuyos conocimientos científicos y literarios contribuyeron a dar un fuerte impulso a la civilización romana. Sin embargo, andando el tiempo, las virtudes cívicas y abnegación de los primeros dictadores cedieron ante la corrupción de las costumbres y las ambiciones desenfrenadas de poder convirtiendo la dictadura en instrumento de tiranía.

Entre los dictadores de Roma figuraron Tito Larcio, Postumio Cincinato, Camilo y Papirio, todos los cuales dimitieron del cargo antes de que expirase el plazo máximo que señalaba la ley. Sila y César, los últimos dictadores, rebasaron los límites de la duración constitucional de la magistratura. El segundo de ellos llegó al extremo de hacerse nombrar dictador perpetuo, con lo que asestó un terrible golpe a la legalidad de la República y creó las circunstancias que acabaron por propiciar la instauración del Imperio.

Dado que la dictadura representaba la autoridad suprema de Roma, era el mecanismo natural mediante el que se podían fundar las monarquías. Con el ostensible propósito de evitarlo, Marco Antonio promulgó una ley aboliendo esta forma de gobierno.

La dictadura en la actualidad

A lo largo de la historia, la dictadura, bajo diferentes denominaciones pero con el mismo poder absoluto concentrado en una persona (o a lo sumo un pequeño grupo), ha sido la forma de gobierno más extendida. En la primitiva historia de Europa, el poder fue ejercido por monarcas absolutistas que gobernaban sus reinos con un poder virtualmente ilimitado, amparándose, con frecuencia, en la naturaleza divina del monarca. Con el paso de los siglos, comenzó a extenderse el liberalismo político hasta el advenimiento del estado nación, la constitución y la democracia que conforman la forma de gobierno más extendida hoy día; no existiendo en la mayoría de los ordenamientos jurídicos de los países mecanismo siquiera parecido al de la dictadura romana.

En el proceso, los monarcas perdieron la mayoría de sus poderes y en algunos casos todos al ser las monarquías abolidas y sutituidas por repúblicas. En muchos países, la transición derivó en revueltas sin control y períodos de gran confusión y vacío de poder que fueron aprovechados por algunos líderes para hacerse con el control. Así, tras la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparte logró consolidar rápidamente el poder convirtiéndose posteriormente en un dictador.

El siglo XX vio dos Guerras Mundiales provocadas por las ambiciones expansionistas de regímenes dictatoriales: las monarquías absolutistas supervivientes en Europa en la Primera Guerra Mundial, y las de corte fascista surgidas de las elecciones en Alemania e Italia en el caso de la Segunda.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los países, principalmente europeos, que mantenían colonias en Asia y África se desprendieron de ellas. La independencia de estos territorios se hizo, sin embargo, de forma precipitada y sin control por parte la metrópoli; virtualmente abandonados a su suerte, muchos de estos incipientes países se colapsaron en dictaduras militares.

Durante la Guerra Fría, período que se prologó durante la posguerra hasta las postrimerías del siglo XX, no sólo los países recientemente creados si no otros con tradición democrática, sufrieron las consecuencias de la lógica de bloques este/oeste, comunismo/liberalismo o U.R.S.S./EE.UU. Durante este período ambas superpotencias fomentaron y financiaron regímenes dictatoriales a lo largo y ancho del planeta con el mero propósito de frenar el avance del modelo socio-económico del enemigo; así, por ejemplo, EE.UU. colaboró con dictaduras de corte fascista en España y Argentina, mientras que la Unión Soviética hacía lo propio sosteniendo el régimen comunista de Cuba.

Al finalizar la guerra fría, fuera por la disminución de la financiación hasta entonces otorgada por la superpotencia aliada o por el incremento de la presión interna, algunas dictaduras se vieron sustituidas por democracias. A ello contribuyó también la creciente preocupación internacional por la defensa de los derechos humanos y la subsiguiente creación del Tribunal Penal Internacional destinado a juzgar y pedir resposabilidades a los dictadores y sus sucuaces por los actos por ellos cometidos.

Actualmente tanto Europa como América, con algunas excepciones, se encuentran libres de dictaduras, concentrándose estos regímenes en algunas regiones de África, Asia y en la mayoría de Oriente Medio.

No obstante, ya se alzan algunas voces predicando el peligro que supone para la democracia el incremento del control de los ciudadanos y el fortalecimiento del estado que algunos países propugnan para hacer frente a la amenaza terrorista tras los atentados que sufrió EE.UU. el 11 de septiembre de 2001, siendo paradójicamente la víctima, o quizá por ello, histórico adalid en la defensa de las libertades, el mayor defensor de dichos cambios.

Referencias

Artículos relacionados

Fuentes empleadas y notas

Bibliografía

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Otras fuentes de información