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Diamante

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No puede negarse que el diamante es, en la actualidad, la joya más preciada del mundo y esta en el conjunto de la piedras preciosas. La explotación de mantos diamantíferos constituye un firme renglón para la minería y, finalmente, la venta de estas gemas constituye una fuente muy importante de ingresos.

Diamantes con el moderno corte de brillante.

La importancia del diamante no sólo se cifra un su innegable belleza, sino también en su gran utilidad en la industria. Baste decir que, sin el diamante, muchas actividades industriales estarían seriamente limitadas.

Desde hace miles de años, el diamante ha figurado entre las piedras preciosas preferidas por el hombre. Fueron las civilizaciones orientales las primeras en conocer esta gema. India (su primer y más vasto productor) dio al mundo los más hermosos diamantes, como el Ko-i-nor (que traducido significa algo así como "montaña de luz") que pesaba, en bruto, 787.5 quilates. (El quilate es la unidad de peso usada en piedras preciosas y equivale a 205 miligramos.)

El nombre del diamante proviene del griego adamas o adamantem, que significa "el invencible." En efecto, ha sido utilizado con frecuencia para simbolizar lo eterno e infinito. Además, antiguamente se le conferían toda clase de poderes extraños.

El diamante llegó a Europa muy posiblemente en el tercer siglo antes de nuestra era, quizás como consecuencia de los viajes de Alejandro Magno, que provocaron un enorme intercambio entre los puertos del Mar Rojo y los de la Costa de Malabar, en la India.

El diamante (la más costosa de todas las joyas, usada por reyes y damas famosas, causante de envidias y luchas sangrientas) es, en sus orígenes, un carbón: carbón cristalizado que, si se sometiera al fuego, quedarían de él sólo cenizas.

En efecto, el diamante es una de las formas del carbono elemental; la otra es el grafito, físicamente distinto pero químicamente idéntico al diamante. Mientras el grafito es un material "blando", el segundo es el mineral más duro que se conoce.

El diamante es carbono cristalizado que comúnmente tiene forma cúbica o romboidal. Aunque por lo general es una piedra transparente, a veces se presenta combinada con varios colores como el blanco amarillento, rosado, verdoso o azulado, siendo más apreciada todavía. Su índice de refracción es tan alto que da todos los matices del arco iris. Hay algunos que por estar manchados de gris o negro no sirven como piedras preciosas, pero son utilizados en la industria.

Las características geológicas de la formación del diamante son muy diversas. Algunos estudiosos coinciden en afirmar que se creó a grandes profundidades de la corteza terrestre y a consecuencia de presiones y temperaturas muy elevadas, superiores generalmente a los mil grados centígrados. Otros, por su parte, señalan que la cristalización de los diamantes en su matriz de kimberlita (una clase de roca) es producto de la acción de los líquidos en movimiento (sin formar parte del magma original), que más tarde son liberados por la acción glacial y la erosión y depositados después en ríos, arroyos y tierras desgastadas.

Las regiones ricas en diamantes son la India, Brasil y Sudáfrica, pero las características del suelo en donde éstos se hallan son distintas en cada zona.

En la India, por ejemplo, se encuentran principalmente en tierras areniscas y conglomerados antiguos, probablemente silúricos (pertenecientes al segundo periodo de la era primaria) y masas de los ríos.

En el Brasil, en el estado de Minas Gerais, los mantos se encuentran en metaconclomerados antecambrianos y en depositos aluvionales recentes; en los estados de Bahía, Goya y Matto Grosso se hayan en depósitos sueltos de aluviones y en las arenas de los ríos. Recién se han descubiertos algunas kimberlitas pero com poco diamantes.

En el Sur de África las condiciones son distintas: el diamante se encuentra en las arenas de los ríos y en depresiones crateriformes del suelo, llenas de una tierra que en la superficie es de color pardo amarillento y ya en profundidad es gris azulada, constituida por partículas de una roca eruptiva análoga a la serpentina, procedente de la descomposición de una roca de olivino (llamada kimberlita.)

El proceso de extracción es también muy diverso, ya que depende de la región en la que el diamante se explote. Pero, en general, las operaciones de laboreo se dividen en tres partes: eliminación del estéril (tierra y piedra que cubre la arena diamantífera), extracción y lavado.

Debido a que el laboreo de estas minas es muy costoso (de cada diez toneladas de mena, sólo se extrae un quilate de diamante) las compañías únicamente invierten en aquellas zonas que les garanticen una vasta producción. Por lo general, extensos kilómetros de terreno son excavados para obtener una gema de tamaño apreciable. Esto explica por qué el diamante tiene tan alto precio en el mercado.

Un diamante cautiva por sus destellos. La belleza de su resplandor se debe a que posee un alto índice de refracción de la luz y un gran poder dispersivo: al penetrar, los rayos de luz sufren innumerables reflexiones interiores y la luz blanca se dispersa, regresando al interior convertida en un abanico de múltiples colores. Los diamantes y las gotas de agua funcionan como prismas al frenar, en mayor o en menor grado, las longitudes de onda (violeta al máximo, rojo al mínimo), haciendo que los colores se extiendan en forma de arco iris.

El grado de la belleza del iris del diamante depende, en gran medida, del tallado y pulido de la pieza. Aunque naturalmente los diamantes tienen sus propios destellos, éstos pueden ser mejorados y multiplicados bajo la mano paciente de un lapidario experto.

Por su extrema dureza, el diamante sólo puede partirse con otro diamante. Por eso, en el tallado y pulido de la piedra uno de los elementos más importantes es el diamante mismo.

Antes de proceder a cortar, se examina la gema para determinar sus planos de crucero. Luego se traza sobre ella una línea que marque el perímetro de dichos planos. Sobre éste se hace una pequeña ranura con una especie de palo que lleva en su extremo una arista de diamante. Por esa abertura se introduce una finísima hoja de acero, se le da un golpe seco y la piedra se parte en dos.

Para el tallado, los lapidarios usan sierras circulares de fósforo sobre cuyo filo se pone polvo de diamante mezclado con aceite de oliva, tantas veces como dure la operación (que, en ocasiones, se prolonga durante días dependiendo del tamaño y dureza de la gema.)

Pero no todos los diamantes son útiles para joyería. Cualquier defecto puede restarles valor y entonces sólo tienen aplicación industrial. Generalmente esto sucede con aquéllos que presentan en su interior burbujas o partículas extrañas, o bien, con los que están irregularmente formados o pobremente coloreados.

Hay dos tipos de diamante comúnmente usados en la industria: el carbonado y el ballas. El primero presenta un marcado principio de cristalización con un gran número de puntitos blancos luminosos. El ballas es de forma semiesférica y superficie granulienta. Por su extrema dureza es imposible lapidarlos.

Con estos diamantes se fabrican troqueles y muelas para pulir herramientas. También se emplean para perforar pozos petroleros y para cortar todo tipo de piedras.

Durante mucho tiempo se soñó con lograr producir diamantes artificialmente. Fue hasta 1954 que la compañía General Electric produjo (aunque pequeños) auténticos diamantes al someter una sustancia carbonosa (rica en grafito) a una temperatura de 2 mil 899 grados centígrados y presión de más de 100 mil atmósferas (semejante a la que se supone que existía en las profundidades de la corteza terrestre cuando se formaron los mantos diamantíferos.)

A partir de entonces, el diamante artificial se fabrica en gran escala. Su mayor aplicación es de tipo industrial, aunque también se fabrican diamantes para joyas. Su precio es más reducido que el de uno auténtico y, tal vez, sus características sean casi idénticas al más puro diamante. Sin embargo, todavía la gema extraída de la tierra no ha sido eclipsada por aquélla, producto de laboratorio. El hombre todavía compra sus caprichos a muy alto precio.


Referencias

Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información