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Dama de Elche

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Dama de Elche. Museo Arquelógico Nacional (Madrid)
Foto ampliada
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Cerca de Elche existe un montículo que los árabes llamaron Alcudia (montículo) y que en la antigüedad estaba casi rodeado por un río. Se sabe que fue un asentamiento ibero llamado Helike y que los romanos llamaron Illici Augusta Colonia Julia. Cuando llegaron los árabes, situaron la ciudad más abajo, en la parte llana, conservando el topónimo romano de Illici, que fue arabizado por el sonido elche. En este montículo o alcudia es donde se encontró la Dama de Elche.

Es ésta una obra única que se data en el siglo IV adC o tal vez en el V, no comparable con ningún otro hallazgo ibérico. Tiene en su espalda un hueco que seguramente servía, como divinidad que se supone que era, para introducir reliquias y objetos sagrados. Otras muchas figuras ibéricas de carácter religioso, halladas en otros lugares, tienen también en su espalda un hueco y, como la Dama, sus hombros se muestran ligeramente curvados hacia delante.

Su indumentaria es totalmente ibera. Lleva túnica blanca de fino lino, mantilla sostenida por una peineta (que puede parecer una tiara), que cae atravesada sobre el pecho. Esta mantilla era roja y en ella aún quedan restos de pintura. Sobre la mantilla, un gran manto (albornoz) de tela gruesa y pesante. Era de color azul. Los labios conservan también restos de su color rojo. Está hecha de caliza fina, amarillenta y la cara tiene el color natural de esta piedra, que es el color de la tez española.

Lleva la Dama unas joyas características de los iberos: unas ruedas que cubren las orejas y que cuelgan de unas cadenitas sujetas a una tira de cuero que le ciñe la frente. Unos collares y coronas con esferitas y filigranas. Son reproducciones de joyas que tuvieron su origen en Jonia en el siglo VIII adC y que después pasaron a Etruria (Italia).

Artemidoro de Éfeso, hombre de Estado que viajó por las costas de Iberia allá por el año 100 adC, describe a la mujer ibera en un texto que ha llegado hasta nuestros días, y en el que puede reconocerse muy bien la descripción de la Dama de Elche, tal es el parecido:

Algunas mujeres ibéricas llevaban collares de hierro y grandes armazones en la cabeza, sobre la que se ponían el velo a manera de sombrilla, que les cubría el semblante. Pero otras mujeres se colocaban un pequeño tympanon alrededor del cuello que cerraban fuertemente en la nuca y la cabeza hasta las orejas y se doblaba hacia arriba, al lado y detrás.

Se descubrió el día 4 de agosto de 1897. Los obreros de la finca estaban realizando el desmonte de la ladera sureste de la loma de La Alcudia, con fines agrícolas. Manolico, un chico que ayudaba en las tareas, fue el verdadero descubridor.

El lugar donde se descubrió el busto de la Dama es hoy un extenso yacimiento arqueológico donde se han ido descubriendo a lo largo de los años numerosas piezas de mucho valor, iberas y romanas, testimonios de aquellas civilizaciones. Se ha descubierto un poblado ibero-púnico, alcantarillado romano, mosaicos, murallas y casas romanas y hasta los cimientos, un mosaico y una lámpara con la efigie de San Abdón, pertenecientes a una basílica cristiana que se supone del siglo V. Este último testimonio arqueológico está respaldado por los códices de los concilios de Toledo en donde se habla de los obispos asistentes procedentes de Illici (Elche).

Descubrimiento y avatares

Los obreros agrícolas del doctor Campello de Elche se hallaban tomando su almuerzo, mientras el zagal Manolico seguía en el terraplén del montículo de La Alcudia. En un golpe de azadón (propiedad de otro trabajador, Antonio Maciá) se dio cuenta de que topaba con algo duro que no era tierra. Llamó a los hombres y entre todos empezaron a escarbar la arena. Así fue cómo apareció el busto de la Dama de Elche. Desde ese momento fue bautizada por Manolico como reina mora.

Esta versión, sin embargo, difiere del informe oficial redactado por Pere Ibarra el 14 de Agosto del mismo año. Según este informe fue Antonio Maciá quien dió con su pico con la Dama.

El doctor Campello estaba casado con Asunción Ibarra, hija de Aureliano Ibarra Manzoni, un humanista del siglo XIX que además se dedicaba a la Arqueología como afición y que había ido encontrando una gran cantidad de objetos y vestigios iberos en sus propias tierras de labor y en más sitios del término municipal de Elche. Con ello había ido formando una valiosísima colección que dejó en herencia a su hija Asunción, junto con el encargo de que a su muerte, ésta hiciera los trámites necesarios para que la colección se ofreciera en venta a la Real Academia de la Historia para que finalmente fuese ubicada en el Museo Arqueológico Nacional de España. Se decía en el testamento que la colección debía comprarse en su totalidad.

Cuando murió don Aureliano, su hija se dispuso a cumplir con el testamento y comunicó el legado a los responsables en Madrid. Se reunió la Academia en sesión plenaria el 18 de marzo de 1891 bajo la presidencia de don Antonio Cánovas del Castillo. Se propuso estudiar el asunto y se nombró una comisión el día 17 de mayo. Los comisionados fueron don Juan de Dios de la Rada y don Juan de Vilanova, que pronto irían a Elche a hacer el oportuno trato. Estuvieron conformes con adquirir el lote que sería abonado en tres plazos. Pero ocurrió que uno de los plazos venció en fechas próximas al descubrimiento de la Dama y a partir de ese momento hubo un contencioso, pues su dueña doña Asunción no estaba de acuerdo con incluirla con las demás piezas y la Academia no estaba de acuerdo en seguir pagando.

Por su parte don Pedro Ibarra (hermano del fallecido don Aureliano y archivero municipal de Elche), en su entusiasmo por el nuevo descubrimiento, había hecho una foto cuyas copias hizo llegar al académico don José Ramón Meliá, al director del Museo Arqueológico Nacional don Juan de Dios de la Rada y al ilustre arqueólogo alemán Emil Hübner. Todos querían hacer la adquisición.

En Elche todo el mundo conocía el hallazgo y era motivo de conversación. Los amigos de la familia iban a visitarla a la casa pero las demás personas no podían hacer lo mismo, así que en un arranque de generosidad, la Dama (la reina mora) fue expuesta en el balcón para que la viera y contemplara todo el mundo.

Llegó el mes de agosto en que se celebraba durante los días 14 y 15 el Misterio de Elche. Don Pedro Ibarra había invitado a su casa para ver esta fiesta al arqueólogo francés Pierre Paris. Cuando el arqueólogo vio el busto ibero supo que se trataba de una verdadera joya e informó a los responsables del museo del Louvre en París que contestaron enseguida ofreciendo una gran cantidad: 4.000 francos de la época. Pese a la oposición de doña Asunción, el busto fue vendido y el 30 de agosto de 1897 la diosa ibera salía bien empaquetada rumbo a la capital francesa. En un lugar privilegiado del Louvre pasó 40 años hasta que con motivo de la invasión de Alemania en Francia y por temor a la guerra que se avecinaba, el Louvre decidió deshacerse de unas cuantas obras y mandarlas a lugares protegidos. Una de esas obras fue la Dama de Elche (bautizada de esta manera precisamente en París), que llegó a Madrid en 1941 y fue instalada en el museo del Prado de Madrid. Treinta años más tarde la trasladaron al museo Arqueológico donde se la puede contemplar hoy en día. Sólo una vez volvió de visita a su tierra.


Referencias

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Notas