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Creencia

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En la conversación ordinaria sobre creencia o creencias en plural solemos hablar de algo relacionado con la religión o con las ideologías. Se trata de formas de explicación última, en el sentido de que detrás de la creencia no hay nada que explicar. Podríamos decir que detrás de la creencia, para su justificación no hay más que el propio creer.

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua dice que la creencia es:

  1. f. Firme asentimiento y conformidad con algo.
  2. f. Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos.
  3. f. Religión, doctrina.
  4. f. ant. Mensaje o embajada.
  5. f. ant. salva (ǁ prueba que se hacía de la comida y bebida).

Tomando el sentido 1 como el más propio, la cuestión es la siguiente:

¿Una creencia es creencia por ser firme o por ser asentimiento y conformidad? Parece evidente que es por la firmeza. La cuestión de la firmeza es lo que hay que investigar para encontrar la verdadera esencia y sentido de lo que es el creer y la creencia.

Sin embargo en las coversaciones sobre estos temas se suele poner el acento en el contenido, como si la creencia consistiera en una afirmación relacionada con un conocimiento objetivo, en relación con una verdad o falsedad.

Pero el tema de la verdad o falsedad de las afiramciones son referentes al conocimiento, no a la creencia.

La observación crítica de los tipos de afirmaciones que se hacen basándose en las creencias nos muestran las diferencias a las que son propias del conocimiento.

Merece la pena ver matices de significado en expresiones como estas: “Se ir a la Puerta del Sol”, “conozco la Puerta del Sol”, “¿Sé la puerta del Sol?; “conozco China” “¿sé China?”; “conozco a Fulano”, “¿sé a Fulano?”, "Sé de Fulano"; “me sé la lección”, “¿conozco la lección?” ; “sé de mecánica” “conozco la mecánica”; “sé que Dios existe”; “¿conozco que Dios existe?”; "sé montar en bicicleta", "¿conozco montar en bicicleta?".

La creencia es un "saber".

El lenguaje no aporta una nítida diferenciación entre los términos saber y conocer, pero cuando hay expresiones que no admiten sino el uso de uno de ellos, es porque se expresan diferencias conceptuales que el lenguaje registra. Algunas veces la imposibilidad de sinonimia es total, otras veces es cuestión de matices.

Cuando el referente es el conocimiento podemos pedir explicaciones, datos o razonamientos; en las creencias no; aunque en la vida ordinaria solemos confundir bastantes veces el conocer y el creer.

Otra cosa es que, cuando creemos algo, (que no es lo mismo que creer en alguien) tenemos seguridad de que el tal algo es verdadero. Ahora bien, ¿es verdadero en el mismo sentido que cuando conozco y lo afirmo como verdadero? ¿Cómo podemos explicar eso?

Creer y creencia - Saber y conocer

Seguramente todos, bueno, desgraciadamente casi todos, “sabemos quién es nuestra madre”, lo que nos permite afirmar: “sé que mi madre es mi madre”. Pero si necesitamos conocer si “esta señora es mi madre” o si “mi madre es esta señora” es porque nos ha surgido algún problema. Porque dudamos de nuestra creencia.

Creo que mi madre es mi madre. Por eso lo sé.

Creer algo es vivenciar, tener por seguro que ese algo satisface una necesidad mía. No necesariamente soy consciente de ello. En principio es un mecanismo natural de vivencias.

“Creer”, es anterior a la creencia;

Poco a poco la madre adquiere un carácter independiente de la necesidad, es un objeto propiamente dicho en el mundo, con entidad y contenido propio.

Pero el mundo no es una suma de objetos sino unos objetos con los que tengo establecidas unas relaciones que, por un lado, satisfacen las necesidades, pero, por otro, según “roles” y "valores" sociales aprendidos, perfectamente establecidos y asumidos por mí. Por eso vivimos nuestro mundo, cada uno “su mundo”.

El mundo se constituye como el entorno en el que “sé lo que tengo que hacer, sé lo que tengo que exigir, incluso lo que puedo esperar”, no sólo en cuanto a la satisfacción de mis necesidades sino en todos los aspectos que tienen lugar en ese entramado de relaciones que soy yo y mi mundo.

"Saber conducir" no es sólo manejar el coche, ni tener el carnet, es, además incorporarse a un status social, es poder presentarse de una manera, es conversar sobre unos temas, sentirse "más importante" que el vecino....etc. depende de muchos roles y pautas y valores culturales. Ciertamente es algo mucho más que resolver el problema del transporte y conducir.

Esos son los saberes, ”saber estar en el mundo”. Eso son las creencias.

Las creencias son las medidas que ordenan nuestro mundo, como horizonte objetivo de nuestro saber vivir, completando socialmente lo que los instintos nos aportan en la atención a nuestras necesidades como mundo meramente subjetivo... y asumiendo los roles y valores que la sociedad cultural en la que uno se desenvuelve nos ofrece en general y nos impone en otras ocasiones.

Cuando mi madre es una creencia tiene un contenido conceptual y social objetivo que se expresa con una palabra “mamᔠo “madre” y es comunicable como experiencia, comparable con otras similares. Puedo afirmar y comunicar y expresar mis sentimientos a los demás, porque creo que me entienden.

Al mismo tiempo sobre ciertos roles y valores que engloba dicha creencia juzgo también a los demás, valoro mi propia creencia….. construyo una forma de ver y vivir en el mundo.

La verdad de mi creencia consiste en la satisfacción que ello tiene en mi mundo, el encaje adecuado a mi experiencia de mi mundo. Es la verdad de mi vivir.

Por eso las creencias son firmes.

Solamente cuando por circunstancias de la vida mundana surja la duda, entonces necesitaré “conocer la verdad”. Entonces buscaré un conocimiento, buscaré explicaciones, datos etc. que fundamenten una afirmación de conocimiento.

Creencia y Lenguaje

Desde las reflexiones de los gramáticos de Port Royal, Saussure, Chomsky etc. ha quedado claramente establecido que el orden del lenguaje manifestado implica órdenes anteriores más profundos de los que la manifestación se deriva. El orden de las palabras, el habla, manifiesta un orden anterior en el que ha sido concebido, la lengua.

La creencia tiene asimismo una estructura profunda que, a falta de otra denominación mejor, llamo “creeres”, un orden anterior a su manifestación en forma de creencia.

El creer es el fundamento que hace posible la creencia.

La motivación se refiere a las pulsiones o tendencias de las necesidades; el creer viene a ser como la configuración del mundo en la forma de percibir posibles acciones y objetos “satisfactorios” respecto a alguna necesidad.

Por el “creer” adquieren forma de objeto las percepciones y, por ello, posibles “significados” capaces de ser expresados social y lingüísticamente al convertirse en creencias.

Conocimiento y acción son inseparables por lo que, en realidad, la distinción motivo-cognición, como creer-creencia es meramente conceptual y no tiene más sentido que una distinción metodológica.

La creencia formula lingüística y socialmente en la conciencia cultural del individuo lo que “son las cosas”, “lo que hay que hacer”, o que “aquello (un objeto, una finalidad) hacia lo que se dirige la acción intencional, es eficaz para la satisfacción de una necesidad”.

Los significados, anteriores a las palabras, surgen a partir de las percepciones de objetos, percibidos como unidades, que se ofrecen al individuo como “capaces de satisfacción”, en el sentido de satisfacer el hambre, el gusto por un color, un deseo de tacto o simplemente un gozo estético, o incluso la satisfacción como una verdad que satisface según un contexto meramente cognoscitivo.

El hombre se abre al mundo movido por la necesidad hacia un objeto como “término ad quem” como motivo, como búsqueda.

Pero también el hombre se sitúa ante su mundo, como lo que se le ofrece como “termino a quo”, como algo que le llama la atención, que le requiere, que se le ofrece, que le satisface; el objeto genera o sucita el creer.

En el juego de ambas situaciones, la motivación y el creer, el objeto toma su propia consistencia, y su sentido social mediante el lenguaje. Es cundo adquiere propiamente su categoría de objeto. La relación que era meramente subjetiva se convierte en una relación objetiva y social: es una creencia.

El primitivo que sale al bosque en busca de alimento y encuentra una baya de árbol que no conoce, pero se siente “llamado” por esa percepción, la coge, la palpa, la huele, la chupa,…… va completando un esquema de percepción de objeto que le permite comparar con las creencias que él ya tiene sobre los objetos que en su tribu están ya aceptados como objetos de alimentación. Finalmente viendo que el objeto que se le ofreció como posible alimento puede ser aceptable como tal, se lo come. Lo come porque “cree” que es bueno.

Si la experiencia es positiva, ha adquirido un creer sobre dichos objetos que pasan a formar parte de su mundo.

¿Cómo llamaremos a esa baya? Se lo dejamos por el momento a su iniciativa, cuando quiera comunicar al resto de la tribu que dichos objetos que hay en esta zona del bosque pueden ser muy buenos para comer y pasar el invierno.

Cómo, finalmente, esa baya acabe llamándose “blitri” es un tema de investigación social que cae fuera de lo que estamos tratando. Pero en el momento en que los miembros de la tribu crean que “los blitris son muy buenos alimentos”, nuestro amigo ha introducido en su sociedad una nueva creencia.

Saber y confiar

Creencia y poder social

Creencia e ideología

Referencias


Notas