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Consumo

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El consumo de los productos que proporcionan la industria y la agricultura es esencial para el sostenimiento de nuestra economía. El sistema productivo está orientado al consumo de todo lo que se produce. Para ello es necesario el concurso de la publicidad. El aumento del consumo, sobre todo si es excesivo, se llama consumismo. Se caracteriza por el abuso de los recursos naturales, cuando se usan productos una sola vez y se tiran. El consumismo genera basuras muy difíciles de eliminar. Qué hacer con las basuras es uno de los problemas ambientales más importantes de la sociedad actual.

El consumo está dirigido a satisfacer las necesidades de la vida en sociedad en un país desarrollado. Existen dos tipos de necesidades: unas primarias y otras secundarias. Las primarias son aquellas que se consideran vitales para vivir en sociedad, y cada día son más. Las secundarias son prescindibles y pueden llegar al lujo y la ostentación. Sin embargo, las necesidades secundarias pueden convertirse en primarias si están suficientemente difundidas. Hay una cierta tendencia a resolverlas individualmente, sin embargo la unidad de consumo básica es la familia, ya que la mayor parte de los productos los usa toda la familia, y en todo caso el dinero sale de la renta familiar.

El consumo ha invadido todas las esferas de la vida. Los símbolos más característicos del consumo son: el coche privado, la televisión y los electrodomésticos, las vacaciones y la casa secundaria. Los grandes almacenes, por un lado, y la vivienda, por el otro, son los lugares donde se expone el nivel de consumo estándar.

Estructura del consumo

La estructura del consumo depende del nivel de renta del que disponga una familia y de la oferta del mercado. En el Antiguo Régimen la economía de subsistencia implicaba que cada familia producía, en la medida de lo posible, aquello que consumía, y compraba en el mercado lo que no podía producir. Los artículos consumidos eran productos agrícolas, vestidos, aperos de labranza, menaje y útiles de primera necesidad. El mercado de lujo y de juguetes era excepcional. Los productos se adquirían, normalmente, en los mercados itinerantes y estacionales.

La primera revolución industrial no cambia en exceso las cosas, ya que los bienes producidos por las fábricas son mayoritariamente bienes de equipo, que son consumidos por la propia industria y el transporte: tractores, ferrocarriles, máquinas, etc. Sin embargo, el consumo de bienes de primera necesidad sí cambia. Continúan siendo el mismo tipo de artículos, pero ahora se compran en las tiendas permanentes que aparecen en las ciudades.

La burguesía cambia sus hábitos de consumo en mayor medida. Dedica un menor porcentaje de sus ingresos a la alimentación y la vivienda, y más al ocio y los gustos ostentosos y suntuarios.

El cambio radical que suponen la creación de mercados nacionales e internacionales, permite que determinadas zonas se especialicen en un producto, buscando ventajas comparativas; lo que implica que son necesarios los transportes y los mercados permanentes. Ya no es posible abastecerse de todo en el entorno inmediato.

Tras la gran crisis de finales del siglo XIX la industria comienza ha producir bienes de consumo, y los productos financieros, como el crédito, se populariza, empezando una fiebre consumista por parte de la burguesía y la pequeña burguesía que hace creer espectacularmente la economía. Este sistema entra en crisis en 1929 de una manera trágica, haciendo aumentar el paro y disminuyendo el consumo. De esta crisis se sale tras la segunda guerra mundial gracias al gasto público y al aumento del gasto privado. Aparece, así, la sociedad de consumo de masas, como instrumento imprescindible para sostener el sistema económico capitalista. Los objetos de consumo se abaratan, se diversifican y aumentan las rentas nominales. Este incremento de las rentas supone que se dedique un menor porcentaje a la alimentación, el vestido, la vivienda y las necesidades básicas, y que se aumente el gasto en el equipamiento del hogar, tecnológico, el automóvil, el ocio, etc., que progresivamente se van convirtiendo en necesidades básicas.

Este consumo en masa de los productos supone una subida de los precios de las cosas, es decir: inflación, que si es demasiado alta implica una pérdida del poder adquisitivo de las rentas, y una disminución del gasto, con lo que el sistema económico entra en crisis.

Referencias

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Notas