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Condiciones de la intervención del clima sobre el relieve

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La eficacia de la intervención del clima depende de los modos de interacción entre la atmósfera y la litosfera. El clima es un agente capaz de imponer su huella en el relieve. Distinguimos dos modos de intervención básicos: directo (rexistasia) e indirecto (biostasia), aunque resistencia de las rocas puede ser relativas con respecto a las condiciones bioclimáticas.

La rexistasia

El modo de intervención directo se observa con toda claridad en las regiones que tienen poca presencia de cobertera vegetal. Predominan los paisajes con afloramientos rocosos, como los de los desiertos cálidos o fríos. En estas condiciones los procesos meteóricos consisten en acciones sencillas: fragmentación o desagregación granular, y los procesos de meteorización mecánica. Su eficacia depende de la temperatura y la humedad.

El transporte, accionamiento y acumulación están directamente relacionados con las características de la dinámica de vertientes. En los desiertos cálidos la violencia de las lluvias provoca fenómenos de accionamiento. En los desiertos fríos las aguas corrientes están controladas por las temperaturas. La eficacia del viento aumenta en ausencia de cobertera vegetal.

La biostasia

El modo de intervención indirecto se presenta cuando sí hay una cobertera vegetal que protege el relieve. De esta manera se dificulta la interrelación de la atmósfera con la litosfera; o mejor dicho, la hace más compleja.

La vegetación y los suelos modifican notablemente las condiciones térmicas e hídricas (creando auténticos microclimas) en las que se desarrolla la meteorización. En consecuencia, se modifican los valores del clima, el balance hídrico y la escorrentía, y se modifican las propiedades fisicoquímicas del material rocoso.

La cantidad de calor activo, desde el punto de vista morfogenético, es diferente al proporcionado por la radiación solar, ya que evita tanto los calores extremos como las pérdidas excesivas. La función de aislante es particularmente eficaz en las selvas tropicales y en las grandes praderas.

Los suelos también regulan la presencia de agua activa, tanto por que evita las grandes arroyadas como por que conserva la humedad necesaria para desencadenar los procesos de meteorización química. Se contiene, así, la evaporación. El agua que no se evapora se reparte entre la infiltración y la arroyada, en función de la permeabilidad y las características topográficas. Los mantos freáticos y las aguas infiltradas circulan entre los suelos y la roca madre. En las regiones tropicales húmedas las alteritas mantienen el suelo en un estado de saturación permanente.

El manto vegetal introduce, también, fenómenos de meteorización biológica, desencadenando procesos de edafogénesis, aunque también pueden favorecer la cementación de derrubios deleznables. La vegetación protege al suelo de la erosión pluvial, y las raíces dificultan la ablación y el transporte, reteniendo agua y favoreciendo los procesos de meteorización química. El propio suelo cede al agua ácidos que intervienen en los procesos químicos.

En resumen: en las regiones cubiertas por vegetación y suelos los datos del clima sólo proporcionan una idea aproximada de los fenómenos morfogenéticos reales.

La resistencia de los materiales según las condiciones bioclimáticas

Las peculiaridades petrográficas de una roca condicionan la erosión en la medida en que las característica bioclimáticas lo permiten. Ya que el clima puede determinar la eficacia de la erosión, y la existencia o no de cubierta vegetal.

En los sistemas morfogenéticos en los que predominan los procesos mecánicos son particularmente deleznables las rocas porosas y las que tienen gran cantidad de fisuras, que regulan la penetración del agua. Este supuesto es típico de los climas fríos o secos.

En los sistemas morfogenéticos en los que predomina los procesos químicos y biológicos son particularmente deleznables las rocas cristalinas. Este supuesto es típico de los climas húmedos, tanto templados como cálidos. En los climas húmedos y cálidos las rocas ricas en elementos ferromanganésicos las partículas se concentran en corazas durante la estación seca. La protección de la cubierta vegetal ante las acciones mecánicas confiere mayor resistencia a las rocas básicas que a las ácidas. Si existe una estación seca acusada se invierte el grado de resistencia a la meteorización.

En climas muy lluviosos la continua lixiviación termina por debilitar la cohesión interna de los suelos, incrementándose las posibilidades de arrastre, acelerada en cuanto desaparece algo del manto vegetal.

Referencias

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Otras fuentes de información

Notas