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Concepto de Estado y nación del liberalismo

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El siglo XIX es en el que la burguesía alcanza el poder político, pero también es la época en la que nacen los nacionalismos y el liberalismo económico, que se traducirán en dos concepciones económicas contrapuestas, la libertad de comercio y el proteccionismo de los intereses de la industria nacional.

La historia del siglo XIX está marcada por el triunfo de la Revolución francesa, las revoluciones liberales que afianzan a la burguesía en el poder, la unidad italiana y la alemana y el imperialismo colonial.

El concepto de nación es muy moderno. En el siglo XIX se identifican, por primera vez, las ideas de nación, pueblo y Estado. Son aún nociones difusas que están por definir. La nación se identifica con un grupo de personas que tienen en común algo. Pero ese algo es diferente según el grupo de intereses que se definan. La nación la suele constituir un pueblo, que se identifica con un territorio (el concepto de pueblo también es difuso). Para que una nación pueda considerarse como tal, se entiende que debe tener un Estado independiente, con lo que se identifica Estado y nación. La visión romántica del asunto pretende que cada pueblo, para ser tal, debe luchar por tener un Estado. Lo que sí estaba muy claro era qué era un Estado: un conjunto de instituciones que administra y gobierna un territorio.

La nación es una e indivisible, y está compuesta por un conjunto de ciudadanos con soberanía indiscutible que se expresa en la formación de un Estado. El derecho a tener un Estado, de los pueblos, supone, así, un derecho natural anterior a la creación del mismo. Pero este concepto implica, también, el de democracia participativa, puesto que es en el pueblo en donde reside la soberanía, y el que se concede un determinado tipo de Estado.

Sin embargo, en la práctica, jamás se definió lo que era un pueblo, y los Estados nación se constituyeron sin atención a etnias, lenguas o religiones, ni a diferencias culturales. Lo que identificaba el sentimiento nacional era el bien común frente al privilegio, y el sentimiento, irracional, de pertenecer a una misma comunidad. El imperialismo demuestra que tampoco la identificación con un territorio era motivo para la creación de una nación. Además, existen naciones sin territorio, como los judíos o los gitanos. En realidad, el nacionalismo tiene que ver con un sentimiento de la clase burguesa que entra en competencia gregaria con otros estados, por el dominio económico. El ciudadano es el que pertenece a un pueblo soberano que forma un Estado. Pero en esta época, el concepto de nación no se forma por exclusión de una frente a otras, sino que pretenden aglutinar en un Estado nación a todos los que de alguna manera se pueden identificar como pertenecientes a un mismo pueblo: son los pannacionalismos.

Italia, Alemania y Austria-Hungría son los tres Estados nacionales que surgen en la época. Los tres son grandes Estados con un peso específico dentro de las potencias europeas. Pero también hay nacionalismos que se definen según la diferencia ante otros. Son los idionacionalismos patrioticos que aparecen en el ámbito del Imperio turco como el griego, el servio, el rumano, el búlgaro y otros, que se desgajan del Imperio otomano.

A pesar del empuje del nacionalismo como ideología, no todos los Estados son nacionales, ni todas las naciones tendrán Estado. En realidad, la formación de un Estado es independiente del concepto de nación, y en todos los Estados hay varias naciones o pueblos. Es un problema de escala: el Estado para que sea viable económicamente ha de tener un determinado tamaño mínimo, que viene definido por el mercado para los productos industriales. Los Estados se crean a raíz de la formación de un mercado nacional libre de trabas aduaneras. El debate de la nación Estado se plantea fuera de la ideología liberal, que en última instancia es la que predomina a la hora de crear Estados reales. La complejidad para definir lo que es una nación y lo que es un pueblo, que tienen derecho a un Estado, es, ante todo, metodológica.

El concepto de nación tiene un fuerte componente ideológico, que se define en el «amor a la patria», y se concreta en la investigación de las peculiaridades que definen al pueblo y en el conocimiento de la geografía nacional. Es la época en la que aparece el excursionismo y las sociedades de amigos del país. Sin embargo, existe una contradicción fundamental entre el nacionalismo que excluye a los demás, al definirse como diferente a los otros, y el internacionalismo que aboga por la supresión de todas las barreras económicas. La teoría liberal se formó atendiendo a empresas individuales, y a expensas de las nacionales, que pretendían tener el mayor espacio posible libre de trabas comerciales.

Todos los grandes teóricos de la política y la economía del siglo XIX intentan definir lo que es una nación. Para Adam Smith una nación es la que tiene un Estado territorial. Según esto, sólo son pueblo, y por lo tanto nación, aquellos que tienen Estado. Schoenberg dudaba que el concepto de renta nacional elaborado por Smith tuviera algún sentido, ya que implicaba al conjunto de los ciudadanos y a la renta de un territorio. Sin embargo, el interés individual no tenía porqué coincidir con el nacional. La teoría liberal abogaba por la no intervención del Estado, pero el Estado controlaba ciertos monopolios que se consideraban básicos para el funcionamiento del país: la moneda, las finanzas, la normativa fiscal y aduanera, etc. Los Estados constituían espacios homogéneos y libres para ejercer las actividades de las empresas capitalistas, pero estaba restringido a sus habitantes. Llegado el caso, en épocas de crisis, se podía restringir el mercado con el exterior tomando medidas proteccionistas. Estas medidas las solían adoptar los Estados menos desarrollados.

El sistema implica la formación de una economía nacional, en la que el país debe tener un tamaño suficiente para que el mercado pueda consumir lo que la industria produce, y la nación sea así viable económicamente. La nación Estado tiene que estar integrada, lo que se consigue gracias al transporte, que crea los mercados nacionales. Y además tiene que tener en su territorio los recursos naturales que emplea su industria. Es el principio del colonialismo.

En el siglo XIX se esperaba que los movimientos nacionales fuesen en favor de la unificación y de la expansión, pero también fueron en favor de la división. Servios y croatas se separaron del Imperio otomano intentando crear una unidad política sin precedente histórico: Yugoslavia. Y lo mismo hicieron checos y eslovacos, o los suizos (algo antes).

Se pensaba que las naciones sin Estado estaban condenadas a desaparecer, por que la imposición de la cultura dominante acabaría barriendo los sentimientos nacionales populares menores. Pero estos sentimientos se mantuvieron gracias a los nacionalismos políticos que surgieron en todos los países, y que mantuvieron este sentimiento nacional separatista dentro de las grandes naciones que se formaron en el siglo XIX.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas


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