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Chichimeca

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Los Chichimecas fueron un conjunto de pueblos indígenas que habitaron el norte de México.

Los españoles, después de la conquista de México-Tenochtitlán, nunca se imaginaron que tardarían más de dos siglos en conquistar todo el norte de México, que es una vasta región conocida como Aridoamérica.

En ella habitaban varios grupos cazadores-recolectores que fueron conocidos bajo la denominación de chichimecas (perro sucio e incivil). A la hora del contacto español, según Powell “las cuatro naciones principales de indios eran los pames, guamares, zacatecos y guachichiles”, éstos dos últimos a diferencia de los tecuexes, caxcanes y los otros dos grupos, tenían un grado cultural inferior, porque los demás tenían adoratorios y conocían la agricultura, aunque cabe resaltar que la mayoría de los chichimecas eran cazadores-recolectores y solamente los que conocían la agricultura eran los que vivían cerca de los ríos o en áreas donde había fuentes de agua, manantiales, ríos, etc.

Todas estas “naciones” no tenían un lugar fijo de asentamiento, lo cual provocó que la lucha contra ellos por parte del gobierno español fuera aún más difícil que con los mexicanos o aztecas. Los chichimecas se extendían al norte desde Querétaro hasta Saltillo (Coahuila) y de Guadalajara hasta San Luis Potosí, vivían en rancherías sin una delimitación fija, por lo que constantemente entraban en conflicto con otros grupos, principalmente a causa de los alimentos, porque cuando escaseaba tenían que ir en busca de ellos. Comían lo que la naturaleza les brindaba, dormían donde la noche les caía, en cuevas o en casas hechas de hoja de palma. Generalmente tenían caciques, éste era el guerrero más valiente de la tribu; no tenían dioses relacionados con la fertilidad como las culturas mesoamericanas, comúnmente adoraban al sol y a la luna; su desarrollo con las artes fue realmente escaso, esto se entiende debido a su “nomadismo”, el cual hacía que su nivel cultural fuera realmente pobre si lo comparamos con la de los pueblos de Mesoamérica. Sin embargo, a pesar de su condición cultural, los chichimecas lograron edificar templos-fortaleza, canchas de pelota, desarrollaron la cerámica, la pintura (petroglifos), etc., todo ello en un medio desfavorable, en una zona árida donde las precipitaciones pluviales son escasas y donde el clima es cambiante según la altitud.

Donde habitan ahora los chichimecas es en San Luis de la Paz (Guanajuato).

Origen de la palabra chichimeca

El nombre chichimeca proviene por tener un grado cultural inferior en comparación con los indios de Mesoamérica. Genéricamente, «chichimeca» era equivalente a bárbaro o salvaje. Sin embargo, el término tiene diferentes interpretaciones: por ejemplo, Alva Ixtlilxóchitl menciona que en su idioma quiere decir “las águilas”, para otros significa “chupadores”, del verbo chichi que significa “mamar”, y según Torquemada “este nombre se les dio porque chupaban la sangre de los animales que cazaban”. Así como estos, se conocen otras acepciones como el de chichic (amargo), chichi (perro), etc.; algunos otros proponen que chichimeca “significa la gente que vive en chichiman, y chichiman se entiende como lugar de perros”. De todas las interpretaciones, podemos decir que la mayoría concuerdan en que el término chichimeca designa un estado salvaje, incivil e inferior culturalmente.

Pueblos chichimecas:

1. Caxcanes:

Eran los más numerosos y merodeaban por El Teul, Tlaltenango, Juchipila, Teocaltiche y Aguascalientes; dentro de la tribu había un subgrupo “llamado los tezoles”. Se cree que descienden de las 7 tribus que salieron de Aztlán hacía la tierra prometida por Huitzilopochtli; esto se conoce por la Crónica miscelánea del padre Antonio Tello, quien dice que los caxcanes tienen cierta similitud de lengua a la de los mexicanos; hace referencia a que “los pueblos de caxcanes son gente que habla casi la lengua mexicana y se precian de descender de los mexicanos [...] pero no hablan la lengua mexicana tan culta y limada como ellos”. También se piensa que a partir del colapso de la cultura Chalchihuites hubo un “desplazamiento hacia el sur de algunos elementos de los grupos que más tarde serían conocidos como caxcanes”; cuyo significado de la palabra (caxcan) traducido al español quiere decir “no hay”, y este nombre se les quedó porque “cuando llegaron los españoles a esta provincia les preguntaban por comida u otras cosa, a lo que respondían en su lengua “de dónde lo he de tomar...?” “...no hay...”.

Los caxcanes fueron conquistadores, pues a lo largo de su recorrido conquistaron y fundaron pueblos como Tuitlán, Juchipila, El Teul y Teocaltiche, “un centro de belicosos tecuexes que estaban aliados con sus vecinos los zacatecos y guachichiles para resistir la invasión”. Una de sus últimas guerras fue la ocasionada “por la comercialización de la sal, que involucró a una extensa zona y que se le conoce como la guerra regional de 1513”, después los mismos caxcanes intervendrían en la guerra contra los españoles, conocida como la guerra del Mixtón (diciembre de 1541).

Tenían los caxcanes “un sistema de vida político social de nivel aldeano, con una aldea mayor a manera de cabecera, la cual tenía varios barrios más pequeños como dependientes de ella”. A diferencia de otros grupos chichimecas, los caxcanes llegaron a alcanzar el sedentarismo, debido al contacto con otomíes y tarascos.

2. Tecuexes:

Se encontraban por el este de Guadalajara, se cree que provienen por la dispersión de grupos de Zacatecas probablemente de La Quemada; esto se supone porque en la zona que habitaban junto con los caxcanes se han encontrado vestigios arquitectónicos: en el cerro de Támara, en el Bolón, en Teocaltitán, en Corona, Cerrito y en algunos otros lugares que están al suroeste de Aguascalientes. Al igual que el grupo caxcan, los tecuexes alcanzaron el sedentarismo, sobre todo los que vivían en la parte sur de los estados de Aguascalientes y Jalisco; estos se establecían en los márgenes de los ríos, los cuales aprovechaban para cultivar frijol, calabaza, maíz, etc. Además, eran artesanos, carpinteros, canteros y petateros, pues Motolinia escribió: “en cualquier lugar... todos saben labrar una piedra, hacer una casa simple, torcer un cordel e una soga, e los otros oficios que no demanda sotiles instrumentos o mucha arte”.

3. Guachichiles:

Eran los más belicosos, merodeaban desde Saltillo hasta San Felipe (Torres Mochas). Su centro de operaciones fue el Tunal Grande, el cual, a parte de servirles como refugio o escondite, era una enorme fuente de alimento. El nombre de guachichil significa “cabezas pintadas de rojo”; este nombre se les dio porque se pintaban la cabeza y el cuerpo de color rojo; extraían el colorante de yerbas o de la misma tuna y de las minas de colorante encontradas en San Luis Potosí; también se adornaban el cabello con plumas de color rojo. Hay informes de canibalismo entre los guachichiles, esto lo dieron a conocer los zacatecos con quienes guerreaban constantemente; “estos afirman que los otros que son guachichiles comen carne humana y cuando los prenden en la guerra se los comen...”. Dentro de la misma tribu guachichil había subgrupos, unos eran llamados “los de Mazapil”, los de “las Salinas” y los que eran simplemente llamados “chichimecas”; su idioma incluía varios dialectos entre los diferentes grupos que lo conformaban.

4. Guamares:

Se concentraban en la región de Guanajuato y hacían incursiones hasta Aguascalientes y Lagos. “Eran los más valientes, más aguerridos, más traidores y más destructores, así como los más astutos”. Tenían subgrupos, unos eran los de la “Comanja de Jaso”, los llamados “chichimecas blancos” (por la blancura de su piel o por la blancura alcalina de las tierras donde habitaban), y los “copuces”.

5. Pames:

“Eran los menos belicosos de todas la naciones chichimecas”, esto se entiende porque se encontraban cerca de la ciudad de México y Querétaro; estaban influenciados por los otomíes en cuestiones religiosas y sociales. Algunas de las características de los pames son: “culto de ídolos; ofrendas de papel; ceremonias de plantación y cosecha, en que un jefe religioso rociaba las milpas con sangre de sus piernas (pantorrilla); templos (cues) en los cerros...”. Gonzalo de las Casas dice que la palabra “pame” significa “no” en su idioma, y se les dio dicho nombre porque lo decían muy frecuentemente.

6. Zacatecos:

Se extendían desde Zacatecas hasta Durango, “eran guerreros valientes y denodados, y célebres traidores”. Se distinguían de las demás naciones porque llevaban “medias calzas y vendas en la frente”. Los primeros conquistadores de Zacatecas hacen referencia a que andaban desnudos, pero “con medias calzas de perro”, de la rodilla al tobillo para defenderse de la aspereza de la vegetación. Cabe hacer mención que una de las características de los chichimecas fue la desnudez, aunque algunos se cubrían con pieles. También se clasifica a los zacatecos como “los mayores flecheros del mundo”, eran excelentes tiradores, “si apuntan al ojo y dan en la ceja, lo tienen por mal tiro”. Los cronistas españoles decían –aunque exageradamente– : “en una ocasión vi tirar a lo alto una naranja, y le tiraron tantas flechas, que habiéndola tenido en el aire mucho tiempo, cayó al cabo hecha minutísimos pedazos”. Y ha diferencia de los guachichiles, los zacatecos eran llamados “cabezas negras”, posiblemente porque se pintaban el cabello de ese color.

A. Factor económico:

Los grupos chichimecas zacatecos y guachichiles no alcanzaron a conocer o desarrollar la agricultura, pues eran principalmente nómadas. Los que sí se relacionaron con la agricultura e implantaron técnicas para desarrollarla fueron los tecuexes, caxcanes, pames y guamares. No se sabe con precisión cuando descubrieron la agricultura, pero es seguro que si no fue de manera accidental, fue por influencia de sus vecinos los otomíes y tarascos. Para cultivar hacían primero “corte de árboles, roza, quema de campos, siembra y desyerbe ...". Utilizaban utensilios como las hachas de garganta y las coas (las había de metal y pedernal), para cultivar chile, fríjol y maíz. Antes que descubrieran la agricultura subsistían de frutas silvestres y vegetales, comían tunas (de la cual hacían una especie de licor), semillas, raíces, el dátil y del mezquite “hacen de aquella fruta ciertos panes que guardan para entre año”.

Desde luego que la caza también constituyó su base alimenticia, pues comían conejos, ranas, peces, etc.; por lo general los comían sin lavar y medio crudos, despedazándolas con las manos, dientes y uñas, “a manera de lebreles”; a veces también cortaban la carne con las cuchillas de pedernal. El comercio lo realizaban por medio de trueque; éste era un intercambio de excedentes agrícolas, utensilios domésticos, caza, artesanías y alfarería. “Las operaciones las hacían en días de plaza en un lugar que llamaban “tianquisitli” o plaza pública”. El fraile Bernardino de Sahagún en Historia general de las cosas de la Nueva España menciona que los grupos del sur (caxcanes y tecuexes) hacían trueque con los otomíes, a quienes les intercambiaban armas por excedentes agrícolas.

La cerámica que desarrollaron fue poca; lo que se conoce es por las excavaciones de tumbas, donde se han encontrado figurillas - a modo de ofrendas -cuando mucho de 10 cm. de largo, las hay pertenecientes a mujeres que muestran marcas en el cuerpo - escarificación o pintura -, y ojos rasgados. Estas figurillas fueron localizadas en San Luis Potosí (zona guachichil); también se encontraron vasijas de barro cocido que tienen como decoración curvas muy simples que tal vez pudieron estar pintadas de color rojo.

Las artesanías que produjeron fueron escasas, pues se redujeron a simples carpinteros, tejedores y lapidarios, “porque conocían y labraban los pedernales y navajas para las puntas de las flechas”. Por otra parte, estos grupos siempre estaban en constante guerra, de hecho eso fue lo que los caracterizó de otras culturas; estaban guerreando siempre por el territorio, pues cuando les apremiaba el hambre porque no había comida, dejaban su territorio e iban en busca de alimentos, lo cual provocaba que entraran en conflicto con otros grupos.

El chichimeca se preparaba para la guerra con oraciones y danzas; en la danza de guerra (el mitote), “trababan los brazos con los de sus compañeros, y todos giraban vigorosamente en un circulo alrededor de una hoguera”; es probable que a la hora del mitote incluyeran música con un tambor o con el golpeo del arco y la flecha. Por lo general el mitote lo hacían de noche, y consumían peyote (péyotl) o “hongos malos” (nanácatl). Sobre las danzas y alucinógenos Sahagún nos dice: “y se juntaban en un llano después de lo haber bebido y comido, donde bailaban y cantaban de noche y de día, a su placer, y esto el primer día, porque el día siguiente lloraban todos mucho, y decían que se limpiaban y lavaban los ojos y caras con sus lágrimas".

El arma principal del chichimeca fue el arco y la flecha, de los cuales tenían una gran habilidad en el manejo de ellos. “El arco chichimeca era de uno dos tercios de largo de un cuerpo mediano y llegaba, aproximadamente, de la cabeza a la rodilla [...] la flecha, de unos dos tercios de largo del arco era sumamente fina”. La punta de la flecha por lo general era de obsidiana o “eran tostadas en la punta agudizada”. Para protegerse del golpe de la cuerda del arco, el guerrero llevaba un brazalete de piel. También tenían otras armas: hachas, cuchillos de pedernal, jabalinas y macanas, “que son unos palos con sus porras en la punta y cuchillas de pedernal”. Respecto a la manera de combatir, fray Juan de Torquemada nos dice: “pelean desnudos, untados con matrices de diferentes colores, y con arcos y flechas con puntas de pedernales, armas que por ser de caña parecen débiles, pero es increíble el estrago que, puestas en sus manos, hacen en los hombres armados y en sus caballos, aunque vengan cubiertos”.

En la guerra, mujeres y ancianos animaban a los guerreros, quienes como trofeo cortaban el cuero cabelludo y los órganos sexuales de sus víctimas, los colgaban al cuello y los exhibían en la boca. Después, en tiempos de la conquista del norte de México, se sabe que a sus prisioneros les cortaban el cuero cabelludo, les sacaban las costillas y demás huesos, a los niños los tomaban de los pies y les estrellaban la cabeza en las rocas.

B) Factor político:

La política de gobierno de los chichimecas fue el cacicazgo, dirigido por el tlatoani, quien tenía el cargo de jefe civil máximo y supremo sacerdote; dictaba leyes muy sencillas. “En el caligüe (callihuey, casa grande) era donde habitaba la autoridad máxima”.

Por otra parte, Powell menciona que entre los chichimecas había caudillos quienes dirigían a un gran número de hombres y que la sucesión de éstos se realizaba mediante “el asesinato, el desafío o la elección”. Sin embargo, Torquemada dice que “no tienen reyes ni señores, más entre si mismos eligen capitanes grandes salteadores con quien andan en manadas movedizas, partidas en cuadrillas; no tienen ley ni religión concertada”.

C) Factor social:

Su vestimenta era muy sencilla, pero generalmente andaban desnudos (principalmente cuando entraban en guerra); a veces los hombres cubrían sus genitales con ramas, las mujeres con pieles –ardilla, venado, coyote– de la cintura a la rodilla; utilizaban guaraches con suela de cuero. “Los caciques tenían sobre la espalda una manta de pellejo de gato montes u otros animales, también traían adornos de plumaje. Su mujer traía naguas y camisa de los mismos pellejos, también las demás mujeres traían faldellín y huipil de pellejos”.

En cuanto a su aspecto físico, hombres y mujeres usaban cabello largo hasta la cintura, algunos acostumbraban a pintarse el cabello de color rojo, así como otras partes del cuerpo, siempre que hacían esto era cuando entraban en guerra; se pintaban víboras, sapos, coyotes y otros animales que los protegían durante el combate; también usaban adornos como collares, aretes u orejeras de hueso. Por fuentes de cronistas se sabe que eran fuertes, robustos y lampiños, “que apenas tienen pelos en la barba y en todo el cuerpo”, otros cronistas los describen como “de mediana estatura, morenos a manera de gitanos y muy lampiños”; algunos “eran muy ligeros, parecía que volaban por su gran ligereza”.

Su dialecto era muy variado, pues los grupos del sur (tecuexes, caxcanes y guamares), debido a la influencia otomí-tarasca, hablaban un poco de tocho o rústico mexicano; los del norte (zacatecos y guachichiles), tenían también un dialecto muy variado, incluso dentro del mismo grupo.

Esta diversidad de dialectos fue la que ocasionó graves problemas a los frailes en su “conquista espiritual”, porque había una gran cantidad de lenguas que a veces los frailes se les oía decir: “¡a quien no admirará ver que en estas provincias [hay] en cada pueblo o poco menos un lenguaje diferente, tanto que los vecinos no lo entienden! Y cierto que hay por aquí pueblos de a quince vecinos que hablan en ellos dos o tres diferencias de lenguas”.

Las prácticas matrimoniales eran de dos tipos: la poligamia caracterizaba a los chichimecas del norte, y la monogamia a los del sur; en ocasiones había matrimonios intertribales para hacer la paz entre dos “naciones”. En los grupos del sur, “el que cometía adulterio lo flechaban junto con la mujer”. En la vida matrimonial, cuando la mujer estaba preñada “el marido le daba calores con fuego por las espaldas, y le echaba agua, y después que había parido, dábale el marido dos o tres coces en las espaldas para que acabase luego de salir la sangre; [retoño, hijo], hecho esto tomaban a la criatura y metíanla en un huacalejo...”.

Se acostumbraba que el hombre se dedicara a la caza, guerra, agricultura y artesanías; la mujer se ocupaba de la recolección de frutos y semillas, así como del acarreo del agua en nopales huecos y guajes.

Los niños tenían como diversión entrenarse en el uso del arco y la flecha; sobre sus diversiones, fray Bartolomé de las Casas nos dice: “tenían un juego de pelota que acá [en México] llaman “batey”, que es una pelota, tamaño como las de viento, sino que es pesada y echa de una resina de árbol muy correosa, que parece nervio, y salta mucho y juegan con las caderas y [a]rastreando las nalgas por el suelo, hasta que venció el uno al otro. También tiene otro juegos de frijoles y canillas, que todos son sabidos entre los indios de estas partes...”. Se han encontrado canchas similares a la de La Quemada, una en San Luis Potosí –Río Verde–, y la otra en el norte de Guanajuato. “En la región caxcan entre el estado de Jalisco –de acuerdo con Beals– hay terrenos para el juego en Teocaltiche, Teuchitlán (abiertas con altares terminales) y Teocaltitlán [...] la cancha más grandiosa es de 90 m. de largo y se sitúa al principio de una plataforma en Rancho Nuevo Jalisco”.

D) Factor cultural:

Estos grupos del desierto, por su bajo nivel cultural no lograron desarrollar construcciones magníficas como los pueblos mesoamericanos. Comúnmente vivían en cuevas naturales o artificiales, a veces hacían sus chozas de zacate o de hojas de palma, algunas otras “eran pequeñas y de un solo piso, con muros de tepetate, o de adobe con zoquite y techos de terrado; también usaron otros materiales como basalto, fibras de maguey y tepetatl”.

Los chichimecas tampoco desarrollaron ningún tipo de escultura debido a su nomadismo. Las pocas pinturas –petroglifos y pictogramas– que hay, se encuentran en cuevas, barrancos, riscos, peñas, etc. Los signos pueden bien representar a sus dioses, animales o escenas de la vida cotidiana, pero muchas de ellas son abstractas e incomprensibles. Algunas de las pinturas se encuentran al “oriente del valle de Aguascalientes hasta Pinos, Ciénega de Mata y Loreto”, muchas de estas pinturas fueron tapadas o borradas por los evangelistas, quienes taparon las pinturas con cal y en ellas pusieron símbolos cristianos, “tal como sucedió en las cuevas de Villa García, Zacatecas”.

La religión era practicada en centros cívico-religiosos; la realizaban por medio de sacerdotes, brujos o hechiceros “que llaman madai cojoo, que quiere decir hechicero grande”; por lo general estos centros ceremoniales o adoratorios (cues), los hacían en las laderas de las montañas o en lugares altos. Caxcanes y tecuexes usaban los templos como fortalezas en tiempo de guerra, y aún quedan algunas ruinas “en el cerro de la Corona, en el Bolón, en Teocaltitán, en Támara y en algunos otros lugares... El centro ceremonial más importante de los tecuexes y caxcanes fue Teocaltitán, “distante 12 kms. al oriente de Jalostotitlán: Teocaltitán: lugar donde abundan los templos o teocallis”.

Según Powell, rendían culto a cuerpos celestiales como el sol y la luna, también tenían cierta adoración por algunos animales. Sin embargo, los cronistas opinaban así de sus dioses: “creen como descreen y no adoran ni aún [han] adorado a Dios conocido, sino hoy una piedra que hallan o hacen, y mañana otra diferente figura y ordinariamente de animales, sin permanecer en ninguna”.

Acostumbraban a quemar a sus muertos y guardar sus cenizas, no así con sus enemigos, a quienes también quemaban, pero sus cenizas era esparcidas por el campo. Desde luego que hacían entierros, por lo regular eran en los montes y les ponían ofrendas: alimentos y figurillas.

Las danzas que realizaban alrededor de sus enemigos tenían un concepto religioso. Asociada con la religión estaba la cosecha, porque “después de danzar muchas danzas, se sienta [el jefe de la tribu] en un banquillo y con una espina se pica en una pantorrilla, y con aquella sangre que sale rocía la milpa, a modo de bendición”. En sus ritos religiosos utilizaban mucho la bebida (alcohol de tuna o maguey) y alucinógenos (peyote).

Como se pudo apreciar, algunos grupos chichimecas no eran tan inciviles como normalmente se supone, pues si bien es cierto que su condición cultural fue baja, tampoco fueron unos incultos, lo que los hace aún más destacables, pues a pesar de tener condiciones adversas lograron sobrevivir, incluso ellos fueron quienes pusieron mayor resistencia a la conquista tanto espiritual como material.

Fuente:

Revista conciencia. Vicente A. Esparza Jiménez. Licenciado en Historia.