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Catedral de Santa María de Sevilla
La Catedral de Sevilla se instala en el interior de la gran Mezquita Mayor almohade desde la toma de la ciudad por el rey Fernando III El Santo, en el año 1248. Durante el siglo XIV se vienen sucediendo distintas transformaciones en el viejo edificio, cuyo estado ruinoso se va deteriorando por causa de diversos terremotos que se dan en esta centuria.
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Proceso constructivo
En el año 1401, el Cabildo, visto su estado ruinoso, decidió “...que se labre otra Eglesia, tal e tan buena, que no haya otra su igual y nos tomen por locos...”. Así, se derriba la antigua mezquita, quedando en pie sólo su gran Patio de las Abluciones o Patio de los Naranjos, la alta torre alminar, y la Capilla Real, que al ser de patronato regio no podía demolerse sin autorización del rey.
La primera piedra de la nueva catedral se coloca en el año 1403; y en 1432, acabada la mitad occidental, el rey Juan II autoriza el derribo de la vieja Capilla real, finalizándose las obras de esta espectacular iglesia gótica, la mayor del mundo en su género, en el año 1506.
Muchos fueron sus arquitectos en los más de 100 años que se tardó en levantarla. En 1386 su Maestro Mayor es Alonso Martínez, a quien muchos historiadores suponen autor de las trazas. Tras la sucesión de otros muchos arquitectos y el desplome del cimborrio en 1511, se cierra éste de nuevo a 40 metros de altura por Juan Gil de Hontañón en 1519, quedando finalmente tal como hoy se ve.
Una vez acabado el gran templo gótico, con sus altas cinco naves de enormes proporciones, pronto se le van añadiendo otras dependencias, ya en estilo plateresco y renacentista, en las que intervienen los más prestigiosos arquitectos y artistas de su época. Así, ya en tiempos del emperador Carlos I y con su autorización, se derribó el ábside poligonal gótico para construir allí la espectacular Capilla Real.
Diego de Riaño levantó en el año 1528 las capillas del transcoro; diseñó y comenzó a construir la Sacristía Mayor, y trazó la espléndida Sala Capitular, de planta elíptica y composición sobria, uno de los más severos recintos de nuestra arquitectura.
Le sigue en las obras Martín de Gaínza, levantando en 1535 la Sala Capitular diseñada por Riaño, e iniciando las de la Capilla Real, magnífica fábrica renacentista, cuya finalidad fue de servir de panteón a los reyes, y que conserva el cuerpo incorrupto del conquistador de la ciudad, Fernando III el Santo. En el año 1582 se cierra la cúpula de la Sala Capitular, proyectada por Asensio de Maeda, acabando finalmente la fábrica Juan de Minjares, en 1592.
Para acabar la Capilla Real a la muerta de Gainza concurrieron con sus trazas varios maestros, siendo elegido el cordobés Hernán Ruiz II, quien cierra su cúpula en 1562. El carácter manierista de su arquitectura llega a su máxima expresión en la citada Sala Capitular, cuyas nuevas trazas presentó en 1558. Su novedad no radica sólo en su planta elíptica, excepcional y anterior a las experiencias italianas, sino también en el orden suspendido que articula sus muros y en la magistral bóveda oval con que cubre este espacio, uno de los mejores de la arquitectura europea del siglo XVI.
Mención especial en este templo merecen tanto el citado Patio de los Naranjos, antiguo patio de abluciones de la anterior mezquita, como la gran torre-campanario La Giralda, de casi cien metros de altura, a cuyo cuerpo almohade se le añade en el siglo XVI un campanario cristiano de estilo renacentista, obra emblemática del arquitecto Hernán Ruiz II.
En el siglo XIX hubo un nuevo derrumbamiento en el crucero; reedificado de nuevo, se completó éste con dos nuevas portadas neogóticas levantadas en los extremos del mismo.
Interior del templo
En la construcción de esta catedral se emplearon unos 120 años, y luego en revestirla por dentro, unos trescientos años más. Artistas españoles y extranjeros durante cinco siglos dieron forma y contenido a esta gran obra. Interiormente el templo está repleto de obras de arte de incalculable valor, imposible de enumerar en poco espacio, resaltando aquí sólo algunos de los ejemplos de mayor importancia.
Su Retablo Mayor es el más extenso del mundo cristiano. En él, con doscientos veinte metros cuadrados y más de un millar de imágenes talladas por al menos veintiséis maestros reconocidos, que encabeza el flamenco Dancart en el año 1482 y finaliza Juan Bautista Vázquez en 1564, se explica y compendia toda la Historia Sagrada.
En la Sacristía de los Cálices se conserva el Cristo de la Clemencia, obra cumbre del artista alcalaíno Juan Martínez Montañés.
La espectacular Custodia Grande de esta catedral, la mayor pieza de plata de este género, es obra de Juan de Arfe.
La sillería del coro es obra de Nufro Sánchez, finalizada por Dancart; y el grandioso sepulcro de Cristóbal Colón, de corte romántico, es obra de Arturo Mélida, de 1891.
La Capilla de San Hermenegildo guarda el sepulcro del cardenal Cervantes, obra de Lorenzo Mercadante de Bretaña, artista que, junto con Pedro Millán labraron en barro cocido las imágenes para las puertas occidentales de la catedral; siendo Miguel Perrin el encargado de hacer lo propio 70 años más tarde en las puertas orientales.
De Andrea della Robbia son las figuras de terracota de la Virgen del Cojín y la Virgen de la Granada; y el sepulcro del arzobispo Hurtado de Mendoza, de Doménico Alessandro Fancelli.
Además, una colección de pinturas incalculable valor se guardan entre sus paredes, con obras de artistas de la talla de Sturnio, Pedro de Campaña, Luis de Vargas, Roelas, Herrera el Mozo, Zurbarán, Murillo, Alejo Fernández, Alonso Cano o Valdés Leal, entre otros.
Catalogación
- Bien de Interés Cultural desde el año 1928, además está catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1987.
Referencias
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Bibliografía
- Historia de la Arquitectura Española. Volumen 2: Arquitectura gótica, mudéjar e hispanomusulmana. Editorial Planeta, año 1985.
- Historia de la Arquitectura Española. Volumen 3: Arquitctura renacentista. Editorial Planeta, año 1985.
- Sevilla. Manuel Bendala Lucot. Editorial Everest. Año 1976.
Otras fuentes de información
Notas