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Catedral de Córdoba

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La catedral de Córdoba se alza en el centro de la gran mezquita.

La ciudad de Córdoba la reconquista para el reino de Castilla en el año 1236 el rey Fernando III el Santo, quien de inmediato dispone la consagración de su Mezquita por medio del obispo de Osma, convirtiéndola así en catedral cristiana bajo la advocación de Santa María la Mayor; siendo actualmente su nombre oficial el de Iglesia catedral de la Asunción de Nuestra Señora.

Ya en el año 1257 se levanta en su interior una Capilla Mayor, y a la espalda del altar mayor Enrique II funda en 1371 la Capilla Real.

A partir de ahí son varias las pequeñas transformaciones que se van incorporando a la Mezquita a lo largo de su superficie. Así, en 1377 se decora la Puerta del Perdón, y posteriormente se agregan distintas capillas adosadas a los muros. Otros pequeños añadidos góticos de menor importancia junto con las galerías del patio, es lo único que se superpone al edificio islámico a partir de los últimos años del siglo XV.

Bóvedas platerescas.

Es en el año 1521 cuando el obispo don Alonso Manrique, en su deseo de emular a otras diócesis, insta al cabildo para que se levante una catedral nueva, al estilo de las que se venían construyendo en otras ciudades de España, dentro de la propia mezquita. La idea fue aprobada, y las obras se encomendaron en 1523 al maestro burgalés Hernán Ruiz el Viejo.

Iniciadas las primeras demoliciones, los vecinos de Córdoba trataron de impedir la continuación de los trabajos, en un elogioso intento de salvar la integridad de aquél edifico singular heredado de la arquitectura islámica. También se opuso el Concejo de la ciudad, requiriendo al cabildo a parar las obras e incluso amenazando de muerte a los que intervinieran en ella.

Fue tan tensa la situación que se solicitó del emperador Carlos su autorización; un laudo que fue favorable al cabildo, y del que más tarde él mismo se arrepintió, con su famosa frase al ver la nueva catedral: "Si yo tuviera noticia de lo que hacíades no lo hiciéredes, porque lo que habéis hecho puede hallarse en muchas partes, pero lo que aquí teníades no lo hay en todo el mundo..."

Detalle de la rica decoración de la bóveda de la Capilla Mayor.

No obstante el maestro Hernán Ruiz El Viejo, dando muestras de gran sensibilidad y buen hacer, condicionó el ancho y el largo de la nueva planta catedralicia a la modulación existente en las naves de la vieja mezquita, de modo que solo hubo que desmontar una pequeña parte de ella en el centro, quedando intacto todo el resto del amplio oratorio islámico. Así, levantó sus muros ornamentándolos con follajes góticos y frisos donde aparecen unos abultados motivos platerescos; y a su muerte, en 1547, ya se construían las bóvedas nervadas que cubren los brazos del crucero, también con abundantes decoraciones en sus superficies, tanto en las claves como en los plementos.

Cúpula ovalada renacentista sobre el crucero, obra de Diego de Praves de 1599.

A partir de ese momento le sigue en las obras su hijo, Hernán Ruiz II o El Joven, quien con un carácter renacentista prosigue los trabajos hasta su fallecimiento, en 1569. De esta época son las bóvedas de crucería de la Capilla Mayor, acabadas hacia el año 1560, que muestran nervios decorados con círculos y óvalos y plementos recubiertos de bustos en medallones, y diferentes figuras y grutescos.

La bóveda del coro la terminó el maestro Juan de Oliva en el año 1598, dotándola de lunetos y bellos estucos italianizantes, dando lugar a una de las mejores decoraciones puristas del renacimiento español. Más espléndida es aún la gran cúpula ovalada que cubre el centro del crucero; construida por Diego de Praves en 1599, se apoya sobre pechinas labradas es una pieza espectacular que se apoya sobre pechinas organizadas en cuadros donde se incluyen figuras, y ornamentada con delicados motivos renacentistas estucados dispuestos en forma radial, en cuya clave dispone de un medallón central.

Retablo mayor, realizado entre 1618 y 1629.

Exteriormente, y al igual que se hizo con el alminar almohade de la catedral de Sevilla, aquí se levantaron sobre el alminar de Abderramán III varios cuerpos de campanas, realizados por Hernán Ruiz III o El Mozo, hijo de Hernán Ruiz II. En su parte más alta se colocó la imagen del arcángel San Rafael, patrono y custodio de la ciudad.

Custodia de Enrique de Arfe de la Catedral.

En su interior se incluyen verdaderas obras de arte entre las que destaca el Retablo Mayor, realizado según proyecto de líneas manieristas creado en 1618 por el jesuita granadino Alonso Matías, y acabado en 1629 la obra en piedra por Juan de Aranda y Salazar. O la espléndida sillería barroca del coro, realizada por Pedro Duque Cornejo, retablista, escultor y grabador que trabaja en la línea y la tradición del gran Pedro Roldán.

La sillería consta de más de cien asientos donde se interpretan episodios de una Biblia editada en la ciudad de Venecia en 1677. [1] La Parroquia del Sagrario, sobre uno de lo ángulos interiores de la mezquita, está revestida con pinturas murales de César Arbasia que representan a los mártires de la ciudad. Y en el Tesoro Catedralicio se conservan interesantes piezas de culto, entre las que destaca la Custodia del Corpus Christi realizada por Enrique de Arfe.[2]



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Bibliografía

Otras fuentes de información

Notas

  1. Virginia Tovar Martín: El siglo XVIII español. En: Historia del Arte, volumen 34. Publicación del Grupo 16, año 1989
  2. La Catedral de Córdoba, Testigo vivo de nuestra historia. Folleto divulgativo editado por Cajasur.
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