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Catedral de Cádiz

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Catedral de Cádiz. Detalle de su fachada principal.

La Catedral Nueva de Cádiz se construye muy cerca de la primitiva Catedral Vieja de la Santa Cruz, aquella que mandara edificar Alfonso X el Sabio tras su toma de la ciudad a los musulmanes hacia el año 1260, y para la que trató la restauración-traslación de la diócesis desde Asido (Medina-Sidonia (Cádiz)|Medina-Sidonia) a Cádiz para sede de su propia sepultura en esta ciudad; más tarde reformada por Cristóbal de Rojas y Ginés Martín de Aranda en estilo herreriano, a finales del s. XVII.

La nueva catedral es la obra más ambiciosa de la ciudad, acometida en el siglo XVIII, convertido en su “Siglo de Oro” gracias al traslado del Consulado de Indias y la Casa de la Contratación en 1717, desde Sevilla hasta Cádiz, por real orden de Felipe V.

Trataba de responder a la prosperidad económica y social del momento que atravesaba la ciudad, y supone una importante operación de reforma urbana, al tenerse que derribar numerosas casas para ubicar el templo y la plaza frente a él, en unas obras que abarcan desde 1721 hasta finales del siglo XIX.

Vicente Acero es el arquitecto elegido como Maestro Mayor de las obras, en 1721, conservando el Archivo Catedralicio varios de los planos originales que le sirvieron para conseguir su designación. La planta del templo está inspirada en la que diseñó Diego de Siloé en 1525 para la Catedral de Granada, ciudad donde vivió y trabajó Acero durante cinco años; una planta de cruz latina, con tres naves y con girola.

Hasta el año 1729 las obras las conduce el propio Acero según su espectacular proyecto barroco, que preveía una atrevida cúpula de 82 m. de altura (luego reducida a la mitad y construida en estilo neoclásico) con linterna, y torres laterales de planta octogonal y cien metros de altura. Su exterior combina las líneas cóncavas y convexas, ya trabajadas por él en su espectacular fachada para la catedral de Guadix (Granada). En la cripta, inspirada en la de El Escorial, pero más atrevida y plana y donde se conservan los restos del compositor local Manuel de Falla, se acredita como un magnífico arquitecto, dotado de gran preparación técnica.

Interior barroco de la Catedral de Cádiz.

Debido a las características del proyecto, Acero estuvo al frente de las obras sólo durante siete años, ya que el Cabildo no aprobó el colosanismo de su altura y pronto le retiró del cargo.

En el año 1759 le sucede en la dirección el arquitecto gaditano Torcuato Cayón de la Vega, quien introduce el gusto francés en el conjunto, reformando parte de la planta y alzados y acortando la altura prevista de la cúpula y las torres, a las que coronó de estatuas. En 1783, cuando éste fallece, faltaban aún por hacer parte de las bóvedas y la cúpula; en total, casi la tercera parte del conjunto, sucediéndole en el cargo su entonces aparejador, Miguel de Olivares.

Por diferentes desavenencias entre distintos técnicos consultados sobre cómo continuar las obras, el cabildo recurre a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, por lo que el rey Carlos IV, declarado protector de las mismas, en el año 1790 nombra a Manuel Machuca, arquitecto madrileño neoclásico de moda, director de aquellas. Este presenta nuevos diseños para las torres, resueltas a modo de templetes coronados de jarrones y la cúpula sobre tambor con estatuas, que conservan aún una cierta altura.

Pero las guerras con Inglaterra y la interrupción reiterada del comercio con América hacen que en 1796 se paren las obra en un largo período de tiempo lleno de acontecimientos de gran trascendencia para el país: la Guerra de Independencia, las Cortes Generales y Extraordinarias, y la restauración del régimen absolutista de Fernando VII, incluido el paréntesis del Trienio Liberal.

Finalmente, por razones de economía y premura, cuando el arquitecto valenciano Juan Daura, en el año 1832 reanuda las obras, lo hace reduciendo considerablemente la altura del tambor y de la media naranja, ya sin linterna, hasta su estado actual, el menos airoso de cuantos se habían considerado, dándose finalmente por acabadas las obras en 1853.

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