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Carlismo

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El carlismo es un movimiento político surgido en España de la controversia dinástica producida a la muerte de Fernando VII (1784-1833) como consecuencia de la abolición realizada por éste, poco antes de su muerte, de la Ley Sálica, que no permitía la transmisión de los derechos de sucesión a la corona por vía femenina.

Orígenes

Viudo por tercera vez, sin descendencia, Fernando había contraído nuevo matrimonio con María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y designado como sucesor a su hermano Carlos María Isidro, pero he aquí que, a finales de marzo de 1830, María Cristina queda embarazada y entonces Fernando viendo la posibilidad de tener un hijo heredero adopta una resolución que habría de dar lugar a tres guerras civiles a lo largo del siglo XIX.

El 31 de marzo de 1830 promulga la Pragmática Sanción, aprobada el 30 de septiembre de 1789, en tiempos de Carlos IV pero que no se había hecho efectiva por razones de política exterior. La Pragmática establecía que si el rey no tenía heredero varón, heredaría la hija mayor, aboliendo de hecho la Ley Sálica, importada de Francia por los Borbones, y restableciendo la tradición española. Esto excluía, en la práctica, al Infante Don Carlos María Isidro de la sucesión, en tanto que fuera niño o niña, quien naciera sería el heredero directo del rey.

Así las cosas, el 10 de octubre de 1830, nace la futura Isabel II y es proclamada heredera legítima.

Esto produce hondo malestar entre los partidarios del Infante Don Carlos, o carlistas, que de aquí nace el apelativo con el que desde entonces son designados sus partidarios. Irónicamente, los carlistas provocaron tres guerras civiles en nombre de la tradición, cuando los derechos de Carlos de Borbón solamente se apoyaban en una ley extraña y sin tradición alguna en la corona española.

Ideología

" El carlismo popular, que creo haber estudiado algo, es inefable, quiero decir, inexpresable en discursos y programas; no es materia oratoriable. Y el carlismo popular, con su fondo socialista y federal y hasta anárquico, es una de las íntimas expresiones del pueblo español"
(Miguel de Unamuno)

Los carlistas formaban el ala más conservadora de la sociedad española de la época, englobando a los denominados Apostólicos, católicos tradicionalistas y sobre todo a la reacción antiliberal, por lo que los enfrentamientos entre el rey y su hermano y entre partidarios de ambos son abundantes entre 1830 y 1832.

No obstante, en este punto, conviene señalar que la lucha entre ambos bandos trasciende del mero enfrentamiento dinástico y se convierte en un enfrentamiento político entre los defensores a ultranza del Antiguo Régimen y los partidarios de las reformas liberales, surgidas como consecuencia de la revolución industrial y de las ideas renovadoras de la Revolución Francesa, que dejaban desfasada a la antigua sociedad agraria predominante hasta entonces en España. Además, los partidarios de Don Carlos alentaban la reinstauración de la totalidad de los fueros de los territorios de las zonas sublevadas, lo que explica el mayor auge del movimiento en los territorios que habían disfrutado de regímenes forales, caso de Aragón, Valencia y zonas de Cataluña, así como en los que aún los disfrutaban, caso del País Vasco y Navarra, donde los veían amenazados por el afán de uniformidad de los liberales (de hecho, los primeros movimientos nacionalistas periféricos españoles surgieron a menudo de antiguos carlistas).


Hay que recalcar el hecho de que el carlismo defendía los diferentes Reinos y leyes de lo que ellos denominaban Las Españas. En Navarra, zona de arraigo carlista, no imperaba la Ley Sálica, por lo tanto al contrario que en el resto de España, Isabel de Borbón era Reina legítima del Reino de Navarra.

Por el mismo motivo, en sentido contrario, el otro bando reaccionaba defendiendo el centralismo. Los acontecimientos que siguen estarán siempre marcados por estos hechos.
A partir de la década de 1950 el Partido Carlista evolucionó hacia posturas de izquierda socialista autogestionaria.

Dinastía carlista

  • Regencia:
    • Javier de Borbón-Parma (1936-1952)

El problema sucesorio tras 1936

La dinastía carlista original se extinguió con Alfonso Carlos I y Jaime III, que no tuvieron descendencia. Tras 1936, la dinastía original carlista se extingue y se plantean cinco alternativas dinásticas y un problema sucesorio complicadísimo aún no resuelto en nuestras fechas:

Los Borbón de España

Tras la muerte de don Jaime de Borbón y de don Alfonso Carlos, reyes de la dinastía carlista, los derechos sucesorios recaían en Juan de Borbón, padre del actual monarca, como descendiente de la rama de Francisco de Asís Borbón. La llamada "rama liberal" quedaría como depositaria de los derechos carlistas no como sucesora de Isabel II sino de su marido Francisco de Asís Borbón. Los carlistas que aceptaron a Juan de Borbón, Conde de Barcelona, fueron llamados los "estorilos". Minoritariamente y en esta misma línea, algunos creyeron que el hermano mayor del conde de Barcelona, Jaime de Borbón Battemberg, y su línea, representada actualmente por el duque de Anjou, Luis Alfonso de Borbón, eran los verdaderos depositarios de la línea carlista.

Los Borbón-Parma

Javier de Borbón-Parma, tras la muerte de Alfonso Carlos, fue nombrado Regente del carlismo hasta que alguno de los sucesores reconocieran la legitimidad carlista, para la que no hubo consenso. Javier de Borbón era el segundo hijo del segundo matrimonio de Roberto I de Parma. Los cabezas de la familia ducal de Parma eran Elías de Borbón Parma y su hijo Roberto (Roberto II). Los Borbón-Parma desautorizaron a Javier de Borbón situándose claramente a favor del Conde de Barcelona, don Juan. Ante la persistencia del problema dinástico algunos carlistas en los cincuenta declararon rey a Javier. Fue la opción mayoritaria y la que lideró la transición del carlismo hacia una ideología de socialismo autogestionario y confederalista y claramente enfrentada al régimen totalitario de Franco. Su hijo, don Carlos Hugo de Borbón-Parma, actual duque de Parma, fue reconocido rey en 1975 por la Junta de Gobierno del Partido Carlista. Sin embargo, fue nombrado Presidente del Partido Carlista hasta principios de los 80, cuando abandonó la política activa. En la actualidad Carlos Hugo se dedica a actividades de tipo cultural.

Los Habsburgo Borbón

La llamada Ley Sálica, en realidad semisálica, establecía que tras extinguirse la rama mayor de los Borbones, se debía buscar el sucesor en la hija mayor del último reinante, en este caso, Carlos VII. Hermana de Jaime III y sobrina de Alfonso Carlos I, esta hija era Blanca de Borbón y Borbón Parma, casada con el archiduque Leopoldo Salvador de Habsburgo. Algunos carlistas, conocidos como "carlo-octavistas", reconocieron al nieto de Carlos VII, Carlos de Habsburgo-Lorena y Borbón, como el legítimo heredero de los carlistas bajo el nombre de Carlos VIII. Esta rama dinástica, venida a menos con el tiempo, cuenta con la peculiaridad de ser la única realmente descendiente de la dinastía carlista, pues ni los Borbón-Parma ni el rey Juan Carlos están emparentados directamente con la dinastía carlista original.

Símbolos

  • Lema Tradicional: Dios, Patria, Fueros, Rey
  • Lema Actual: Libertad, Socialismo, Autogestión, Federalismo
  • Bandera o emblema: La Cruz de San Andrés en rojo sobre fondo blanco.
  • Himno: La Marcha de Oriamendi y el Gernikako Arbola.
  • Distintivo: Boina blanca o roja

Separación dinástica

En septiembre de 1832, hallándose el rey gravemente enfermo en La Granja de San Ildefonso (Segovia) se produce una revuelta de los partidarios de Don Carlos para hacerse con el poder y aunque este golpe de mano fracasa, el ministro Calomarde, próximo a las ideas apostólicas, consigue del rey la firma de un documento anulando la Pragmática sanción, con lo que el pretendiente D. Carlos vuelve a poder ser rey.

No obstante, poco tiempo después, una vez restablecido, Fernando VII anula el documento derogatorio y las cosas vuelven al punto inicial, siendo destituido el gobierno presidido por Calomarde, que es sustituido por Francisco Cea Bermúdez el cual inicia la aproximación del poder real a la burguesía liberal.

El Infante Don Carlos marcha al destierro en Portugal al no aceptar el nombramiento de Isabel como princesa de Asturias y se autoproclama rey con el nombre de Carlos V.

Las guerras carlistas

En el siglo XIX se produjeron varias insurrecciones de los carlistas contra el gobierno de Isabel II y sucesivos, que se llamaron guerras civiles. Al producirse una nueva insurrección en 1936, que llevó a una guerra más destructiva, se hizo habitual designar como guerras carlistas a las del siglo XIX, y reservar el término Guerra Civil para la de 1936-1939.

El 29 de septiembre de 1833 muere Fernando VII, mientras Don Carlos alienta al ejército a rebelarse, desde su destierro en Portugal. A partir del día 2 de octubre se producen proclamas a favor de Carlos (con el nombre de Carlos V) en Talavera de la Reina, Vitoria, Salvatierra, Bilbao, Orduña, Logroño, etc. que no tienen ningún resultado positivo hasta que bandas de voluntarios navarros sublevados se unen en Estella para nombrar como jefe a Tomás de Zumalacárregui el 14 de noviembre, momento a partir del cual comienza a desarrollarse la Primera Guerra Carlista que ha de durar siete años. Centrada principalmente en el País Vasco, Navarra y partes pobres de Cataluña, Aragón y Comunidad Valenciana, finaliza en el norte el 29 de agosto de 1839 con el Convenio de Oñate. En 1840 son derrotadas las tropas que restan en Aragón y Cataluña, pero bandas sueltas de carlistas (Balmaseda, Matías el Ventero, etc) continúan la guerra como salteadores de caminos.

En 1845 Carlos V abdica a favor de su hijo Carlos Luis de Borbón, conde de Montemolín, que toma el nombre de Carlos VI (1818-1861), e inicia la Segunda Guerra Carlista o Guerra de los Matiners, desarrollada principalmente en Cataluña, Aragón, Navarra y Guipúzcoa durante los años de 1847 a 1860.

Derrotado y hecho prisionero al desembarcar en España, en San Carlos de la Rápita (Tarragona), tuvo que renunciar a sus derechos a favor de su hermano Juan, Juan III en la dinastía carlista, y con escasos partidarios, el cual se mantiene como pretendiente hasta 1868 en que abdica en favor de su hijo Carlos María, que adoptaría el nombre de Carlos VII (1848-1909) En 1869, el pretendiente Carlos VII publica un manifiesto en el que expone sus ideas, entre ellas las de constituir unas Cortes de estructura tradicional y promulgar una Constitución o carta otorgada, así como llevar a cabo una política económica de corte proteccionista. En su entorno se agrupan políticos derechistas, especialmente de los llamados neocatólicos.

En este tiempo Isabel II ha sido destronada en 1868 y después de un periodo de regencia del general Serrano, en 1870 el Parlamento designa como rey a Amadeo I de Saboya.

Carlos VII que ve alejarse la posibilidad de la restauración borbónica, en cualquiera de sus dos ramas, inicia en 1872 la Tercera Guerra Carlista, primero contra Amadeo, luego contra la Primera República Española, proclamada en 1873 después de la abdicación de este y finalmente contra Alfonso XII, hijo de Isabel II, proclamado rey por el general Martínez Campos en Sagunto.

La guerra termina en 1876 con la conquista de Estella (Navarra), la capital carlista, y la huida a Francia del pretendiente. Hay algunos intentos posteriores, aprovechando el descontento por la pérdida de las posesiones ultramarinas en el 1898, pero no tienen éxito.

El carlismo en el siglo XX

El 18 de julio de 1909 muere Carlos VII, sufriendo el movimiento carlista una fase de depresión, haciéndose finalmente cargo de la dirección del mismo Jaime de Borbón, hijo de Carlos VII, con el nombre de Jaime III. Bajo el liderazgo de Jaime III, el Partido Carlista iniciará una primera evolución hacia posturas socializantes de izquierda (llegando el propio Jaime III a definirse como “socialista”) muy inspiradas por la Doctrina Social Católica, y renovará su foralismo en clave confederalista.

Dictadura y II República

Durante la Dictadura del general Primo de Rivera, el carlismo no adopta una posición definida como lo haría a partir de 1931 frente a la Segunda República Española, donde forma alianza electoral con grupos nacionalistas y pequeños partidos de la derecha para oponerse políticamente a la misma.

Desde el punto de vista político y con marcado carácter foral y pro-confederalista se presentan unos proyectos de estatuto para Cataluña y para Euskal Herria (provincias vascas y Navarra ). Estos proyectos, que no pasaron de tales, son los denominados Estatuto de Cataluña de 1930 y Estatuto de Estella de 1931.

En este tiempo se celebran conversaciones entre el rey Alfonso XIII, en el exilio, y Jaime III con vistas a la reunificación de las dos ramas mediante un pacto por el que Alfonso XIII reconocería a Jaime III como Jefe de la Casa de Borbón a cambio de que este nombrase heredero al infante Don Juan, hijo de aquel.

Las negociaciones terminan bruscamente con la muerte de Jaime a consecuencia de una caída de caballo el 2 de octubre de 1931.

El único heredero directo es Don Alfonso de Borbón, hermano de Carlos VII, de 82 años, que toma el nombre de Alfonso Carlos I en memoria de su hermano y reorganiza el movimiento carlista como Comunión Tradicionalista adoptando posturas ideológicas integristas.

Los carlistas apoyan el intento de golpe de estado del general Sanjurjo el 10 de agosto de 1932 y sus juventudes tienen serios enfrentamientos con las de los partidos de la izquierda.

En las elecciones de 1933, aunque la CEDA, formación que agrupa a los partidos de derecha, obtiene el triunfo, los carlistas no ven cumplidos sus objetivos y pasan a la conspiración y a la acción directa.

Guerra Civil Española

Guiados por Manuel Fal Conde, un abogado sevillano, dirigente del Carlismo y por José Luis Zamanillo, delegado nacional de requetés (milicias armadas del carlismo) los carlistas prepararon su propio levantamiento armado contra la República aunque, tras largas negociaciones, se sumaron al que preparaba por su parte el ejército y que habría de dar lugar a la guerra civil en las que las unidades de voluntarios carlistas, agrupados en los Tercios de Requetés, tuvieron una actividad destacada.

La formación carlista de civiles navarros bajo el mandato del general Mola (aunque su jefe inicial fue Hedilla) fue detenida, por segunda vez en menos de un siglo, en el puerto de Navacerrada en su intento de conquistar Madrid.

La muerte de Alfonso Carlos I el 29 de septiembre de 1936 y la unificación impuesta por Franco, en abril de 1937, con Falange Española, en contra de la opinión de algunos dirigentes carlistas, entre ellos Fal Conde que hubo de exiliarse a Portugal, termina con el carlismo como partido, aunque no como fuerza política.

Del final de la Guerra Civil hasta nuestros días

Después de este hecho, asumió la regencia don Javier de Borbón-Parma, sobrino político de don Alfonso Carlos pero, debido a su disconformidad con el Decreto de Unificación, no pudo llegar a residir en España, haciéndolo en Francia, donde fue hecho prisionero por los nazis e internado en el campo de concentración de Natzweiler y luego, ante el avance de los aliados en Dachau, de donde fue liberado por estos.

Don Javier I de Borbón regresó en diversos momentos a España, siendo en todas ellas expulsado por las autoridades franquistas por su actividad política. En la década de 1950, se inició la renovación ideológica del Partido Carlista impulsada por las organizaciones universitarias AET y obrera MOT, con el apoyo de Don Javier. En 1958 se produjo una escisión en el Carlismo, que fue liderada por Mauricio de Sivatte, el cual organizó un grupo bajo el nombre de Regencia Nacional de Estella. Sivatte consiguió arrastrar inicialmente a gran parte de los carlistas catalanes, pero casi todos sus partidarios lo abandonaron en 1964 para volver a reintegrarse en el Partido Carlista que lideraban Don Javier I y su hijo Don Carlos Hugo de Borbón Parma.

En el Congreso federal de 1972, el Partido Carlista se define como un partido de masas, de clase, democrático, socialista y monárquico federal. Poco después D. Javier tras sufrir un serio accidente de automóvil, concedió plenos poderes a su hijo Don Carlos Hugo de Borbón Parma para dirigir al Partido, y el 20 de abril de 1975 abdicó en el mismo. Durante estos años, el Secretario Federal de Organización del Partido Carlista será el conocido periodista Carlos Carnicero de El País.

A partir de aquí, el Partido Carlista entra en una fuerte crisis debido a los cambios políticos de sus dirigentes, que pidieron el voto positivo para la constitución de 1978 provocando el transvase de muchos carlistas hacia movimientos nacionalistas y regionalistas de izquierda. Además al Partido Carlista se le impidió participar en las primeras elecciones democráticas y por otro lado, el príncipe Sixto de Borbón, apoyado por el franquismo, intentó organizar un carlismo alternativo al Partido Carlista y de extrema derecha, con una fuerte colaboración de Fuerza Nueva, llegando sus seguidores a realizar una agresión terrorista en la concentración anual carlista de Montejurra en 1976.

Existe actualmente también la denominada Comunión Tradicionalista Carlista (CTC), partido integrista que se fundó en 1986 y está formada tanto por grupos integristas expulsados del Partido Carlista durante la época franquista como por grupos procedentes de la extrema derecha. No han superado la Guerra Civil, a la cual hacen referencia como “la Cruzada de 1936”

No obstante, oficialmente, la causa de la Legitimidad no se ha terminado. Don Carlos Hugo de Borbón Parma, que en 1980 dimitió de sus cargos de gobierno en el Partido Carlista, no ha renunciado sin embargo a sus derechos dinásticos a la corona de España cuya pretensión ostenta desde la abdicación de su padre en 1975. Por otro lado, el Partido Carlista , única organización apoyada por Don Carlos Hugo de Borbón Parma, ha continuado existiendo hasta la actualidad celebrando todos los años el acto de Montejurra. A principios del 2000 se inició un proceso de reconstrucción del Partido Carlista y se presentó a las elecciones municipales de 2003 en varios municipios navarros, obteniendo representación en una decena de ayuntamientos. En el Congreso Federal de Tolosa de Noviembre 2005, el Partido Carlista se reafirma en su espíritu foral bajo las fórmulas de Confederación y Autodeterminación, y se posiciona en contra de la Constitución Europea.

El Carlismo ante el siglo XXI

En opinión de la princesa María Teresa de Borbón Parma, hermana de Carlos Hugo: El Carlismo es una experiencia histórica muy arraigada en el presupuesto federalista de libertad colectiva y de aunar la esperanza cristiana y socialista, y eso no ha muerto, eso tiene futuro en España y en la sociedad europea. María Teresa fue miembro del Consejo Federal del Partido Carlista y responsable de Relaciones Internacionales. En la actualidad es profesora del Departamento del Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid e Infanta de España. Es autora, entre otros libros de La clarificación ideológica del Partido Carlista.

Referencias

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