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Cambio climático rápido
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
Uno de los problemas que se plantea a la hora de analizar el cambio climático es la velocidad de los cambios. Tradicionalmente se venía afirmando que los cambios en el clima son lentos, que ocurren en cientos o miles de años, y es que los climas de la Tierra tienen unos umbrales máximos y mínimos y mientras no se rebasen no hay cambio climático. Ello, a pesar, de que, como ocurre en la actualidad un corrimiento hacia temperaturas más cálidas y en la sucesión de tipos de tiempos que presenta valores que tienden a estar más cerca de los umbrales. Pero ¿es posible un cambio climático rápido? ¿Un cambio climático que dure unas decenas de años?
En la antigua concepción del clima como el estado medio de la atmósfera se pueden establecer, casi arbitrariamente, la velocidad de los cambios climáticos, sólo hay que escoger un rango más o menos grande para determinar cuándo se produce un cambio climático, pero en la concepción genética del clima, que define el clima como la sucesión de tipos de tiempo sobre un lugar determinado y en ciclos definidos causados por centros de acción, los climas tienen un margen de tolerancia en los que continúan siendo el mismo clima mientras no se rebasen los umbrales máximos y mínimos. Sólo podremos hablar de cambio climático cuando se alteran estas variables. La consecuencia fundamental de los climas, pues, es la aparición de una serie efectos debidos a esa sucesión de tipos de tiempos: vegetación, posición de los centros de acción, movimiento de la atmósfera, etc. Esto, naturalmente, sin perjuicio de que esa misma tolerancia implique períodos más o menos fríos o cálidos.
Por otra parte la mayor parte de los cambios en la naturaleza se presentan en forma de crisis, y no de forma paulatina. Por ejemplo, la corteza terrestre es estable a pesar de que en un punto concreto por el movimiento de las placas tectónicas se esté acumulando tensión. Mientras esa tensión no rebase el umbral de elasticidad de las rocas todo permanece estable, pero en cuanto se traspasa el umbral se produce un terremoto, un cambio brusco de liberación de esa energía, en el que las rocas encuentran otro equilibrio sin posibilidad de vuelta atrás.
En la concepción genética del clima los cambios rápidos son posibles, ya que implican que sobre un territorio comiencen a actuar centros de acción que antes no estaban presentes, o en épocas que no les corresponden. Así el cambio climático puede producirse en forma de crisis, de «terremoto climático». El hecho de que el clima no dependa de los valores medios sino de los procesos atmosféricos, y que estos estén presentes en unas determinadas condiciones de temperatura, humedad, presión, etc., y que esas condiciones aparezcan entre unos umbrales máximos y mínimos así lo hace pensar.
De esta manera clima de la Tierra, y la distribución de los climas en la Tierra, no cambia mientras no se rebasan los umbrales, pero una vez traspasados comienzan a actuar procesos que son secundarios, y los procesos que son principales dejan de funcionar. Por ejemplo, de derretirse los casquetes polares la función reguladora que tienen dejaría de tener lugar, y no volvería ha activarse hasta que se volviese a acumular suficiente hielo, pero para eso el enfriamiento debería de venir de otro fenómeno climático. Algo similar sucedería con la variación de la corriente del Golfo o el fenómeno de El Niño.
Cambio rápido, en términos climáticos quiere decir unas pocas décadas. En el transcurso de la vida de un hombre se verían cambios bruscos y palpables, e implicarían la total redistribución de los climas de la Tierra. Además, rápidamente se alcanzaría un nuevo equilibrio que, este sí, duraría miles de años.
Los científicos han demostrado que estos cambios rápidos ya se han dado en la historia de la Tierra. Estudios, por investigadores españoles, en el mar de Alborán que apuntan a que el Mediterráneo se habría congelado en muy poco tiempo, lo que demostraba que el clima sufría cambios muy bruscos en periodos cortos de tiempo. También las oscilaciones del Dryas, constituyen una prueba de que son posibles los cambios climáticos repentinos.
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