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Pesebre napolitano

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Portal con el Misterio y los ángeles del belén napolitano. Museo de escultura de Valladolid.
Se conoce como belén napolitano a las colecciones cuyas figuritas proceden de Nápoles, lugar donde en el siglo XVIII se desarrolló con gran fortuna la costumbre de reunir un nacimiento hecho de figuras de porcelana procedentes de la Real fábrica de porcelanas de Capodimonte. La costumbre y el interés se debió al entusiasmo del rey de Nápoles Carlos VII, futuro Carlos III de España. Llevado por el recuerdo de su juventud en España donde su padre reunía un belén importado de Nápoles y unido a la propia tradición que ya existía en esta ciudad, el rey Carlos VII quiso que en la corte napolitana el nacimiento fuera algo muy especial, para lo que no reparó en gastos. A partir de entonces se empezaron a encargar las figuras a la Real fábrica de porcelanas de Capodimonte cuyos diseñadores eran gente consagrada. La materia prima era barro cocido, pintado después con sumo cuidado.


Antecedentes y desarrollo

En el siglo XVIII italiano ya se hacían las figuritas para los belenes en forma de maniquíes de madera, con cabeza y tronco de una sola pieza y brazos y piernas articulados, vestidos lujosamente con telas y adornos de calidad. Eran figuras de una medida establecida, lo que se llamó terzina, entre 35 y 45 cm de altura.[1] Después de estos comienzos se empezó a modelar en barro, sustituyéndose las terzinas por expresivas cabezas con diminutos ojos de cristal que se conocen con el nombre de testinas, mientras las piernas y brazos siguieron fabricándose en madera. Se mantuvo el tamaño de la terzina.

Personajes de la corte, aristócratas y burgueses se fueron aficionando a coleccionar estas figuritas que serían expuestas en sus respectivas mansiones por la época de Navidad, formando el inconfundible belén napolitano. A la larga fue una demostración pública de buena economía y buen gusto.[2]

Elementos esenciales

El belén napolitano consta de una serie de figuras esenciales que están siempre presentes en las colecciones y que fueron aumentando con el transcurrir del tiempo y gracias al ingenio de sus creadores. Cada grupo de estas figuritas tiene su propio nombre.

Pastori (pastores)

Gente en el mercado.
Los pastori son la base de todo belén napolitano, pues dentro de este vocablo entran todas las figuras humanas, sean en verdad pastores o no. Su elaboración es compleja y requiere un acabado perfecto.

En primer lugar se fabricaban las testinas (o cabezas) en barro cocido para terminar pintándolas con gran maestría artesanal. Con un pincel se aplicaba agua engomada sobre la superficie bien lijada; después se aplicaban dos capas de óleo diluido que daban a la testina la coloración de la piel que dependerá a su vez del personaje que se vaya a representar (piel rosada, oscura, casi negra, etc.). Después se aplicaban los detalles de cejas, labios, cabellos, mejillas, barba, bigote, etc. y a continuación se daba otra capa de agua antes de introducir la testina otra vez en el horno. El proceso final era la aplicación de los ojos de cristal y el lustre con la ayuda de un paño hasta conseguir la textura ideal.

Pero la cabeza no quedaba terminada del todo si no se le añadía la llamada pettiglia un empalme a la continuación del cuello por el pecho y por la espalda. Es precisamente en el revés de estas piezas donde se han encontrado las firmas de los autores, artistas que solían ser grandes maestros vinculados con la Real Fábrica de Capodimonte, difundiendo un estilo y un procedimiento que serían ampliamente imitados.[3] Las testinas mostraban la condición del personaje cuyo maniquí vestía de acuerdo con esta índole. Así salieron a la luz ángeles, vírgenes, georgianas, pastores, hombres y mujeres de distintas razas, tullidos, caras con defectos físicos, rasgos de estudio psicológico, etc. Se convirtieron en prototipos realizándose moldes para su reproducción en serie de forma que fueron accesibles a un público menos pudiente.[4]

Los brazos eran tallados en madera hasta el antebrazo. Las manos se tallaban con todo detalle y con los dedos dispuestos para recibir algún objeto determinado: utensilios de trabajo, instrumentos musicales, armas, etc. De acuerdo con esta disposición se ha podido averiguar al cabo de los años la misión de muchas figuritas descabaladas y solitarias que habían perdido su complemento y sus compañeros del belén de donde procedían. También había una distinción entre manos de niño, de mujer, de hombre, distintas razas, campesinos, etc. Igual que había ocurrido con las testinas, las manos llegaron a hacerse en barro cocido para facilitar la producción en serie.

María llevaba siempre una túnica rosa y un manto azul, José un manto de tonos marrones u ocres.
Las piernas también fueron talladas al principio en madera y se adaptaron para cada personaje con una gran variedad de zapatos, botas, polainas, sandalias, pies descalzos... Se hacían sin peanas y para sujetarse en el suelo llevaban en los pies unos orificios donde se insertaban unos clavos que estaban dispuestos en el propio decorado. Con el tiempo las piernas y los pies fueron realizados en terracota para su producción en serie.

A continuación se unían todas estas partes con una armadura de alambre flexible que después se envolvía con estopa[5], dando a la figurita una gran movilidad. Por último se confeccionaba la ropa: María llevaba siempre una túnica rosa y un manto azul, José un manto de tonos marrones u ocres. Se normalizó el tamaño de las figuritas a 38 cm las normales y a 20 cm para la perspectiva. Con este tamaño fueron llamadas terzinas.

Academias

Tomaron el nombre de academias unas figuritas elaboradas de forma distinta a los pastori. No se fabricaron a modo de maniquíes para vestir sino como desnudos modelados íntegramente, con estudios anatómicos de gran calidad que recordaban la copia «al natural» que se hacía en las academias. Los personajes solían ser querubines, mendigos, ciegos, niños, etc.[6]

Animali (animales)

Un tercer grupo lo forman los animales salvajes y exóticos, como camellos y elefantes.
Los animales del belén napolitano son unas figuras que manifiestan una total veracidad y un acabado perfecto. Se realizaron por artistas especializados tras concienzudos estudios y tratado de ciencias naturales. Algunas piezas de las que se conservan son de barro sobre patas de madera, cuernos de plomo y ojos de cristal. En algunos casos los artistas se inspiraban en pintores de género muy conocidos (como el napolitano Domenico Brondi, 1683-1736) y en otros casos la copia era directamente del natural, incluyendo el jardín zoológico del rey donde podían tomar contacto con animales exóticos llegados de otros continentes.[7]

Dentro del conjunto de animales están los de trabajo, pastoreo y corral. Las ovejas y cabras de los rebaños muestran diferentes posturas, imitando lo real y sus lanas y pelaje están perfectamente modelados. También pueden verse búfalos en los rebaños pastoriles, fiel reflejo de los pastos que había entre Nápoles y Paestum, cuyas hembras daban una leche especial muy rica en grasa con la que se fabricaba la mozzarela.[8] La mula y el buey del portalito son los animales por excelencia que no faltan nunca en ningún belén.

Otro conjunto está compuesto por animales callejeros urbanos: gatos, perros, pájaros y palomas. Un tercer grupo lo forman los animales salvajes y exóticos muchos de los cuales se integraban en el cortejo de los Reyes Magos: caballos de raza árabe, camellos, elefantes, monos, pavos reales y muchos más.

Vestiti (vestimenta)

El vestido es el acabado en el proceso de la elaboración de un pastore (figurita). El vestido estaba siempre de acuerdo con la cabeza para dar el aspecto final del burgués, cortesano, rey, soldado, turco, niño, etc., incluso ponía de manifiesto la región o pueblo de donde procedía el personaje en cuestión. Para la Virgen, San José, Reyes Magos y su séquito, georgianas y arménides, se empleaban telas selectas, sedas adornadas con brocados de oro y plata, terciopelos y pasamanería. Los personajes rústicos se vestían con paños de lino, algodón, arpillera; los pastores llevaban piel de oveja. La confección era a medida y se aplicaba a la estopa del maniquí por medio de diminutos alfileres. Cada atuendo era confeccionado específicamente para cada figura, que a su vez pertenecía a un grupo determinado, estableciéndose cinco grupos y por tanto cinco tipos de atuendo:

  • Campesinos, pastores y pescadores, llevaban camisa de cuello alto, chaqueta y chaleco cerrado con cintas, fajas a la cintura y alpargatas; las mujeres vestían camisa de mangas anchas, escotes, vestidos ajustados a la cintura, corpiños, pañoletas al cuello o a la cabeza, delantales largos.[9]
  • Trajes regionales, propios del reino de Nápoles y Sicilia.
  • Comerciantes, burgueses y artesanos, personajes que iban vestidos a la moda urbana del siglo XVIII: camisas de mangas anchas, casacas, capas, chalecos y pantalones hasta la rodilla; medias, sombreros de ala ancha o de tres picos, zapatos y botas con lengüetas y broches. Para las mujeres corpiños encorsetados, cuellos y puños de encaje, faldas hasta los tobillos, delantales elegantes y zapatos con un poco de tacón.
  • Mezzocaracttere: Son los personajes de procedencia campesina que, recientemente enriquecidos, llevan vestimentas burguesas a base de sedas, terciopelos, botones de plata, etc. Pero sus testinas manifiestan facciones burdas y a veces taras físicas, delatando su procedencia vulgar.
  • Cortejo de los Reyes Magos. Todo el cortejo ofrece un mundo exótico de fantasía con indumentaria inspirada en las cortes orientales, como los sofisticados turbantes adornados con ricos broches, plumas y perlas, ricas sedas, objetos suntuosos, bandas de música perfectamente uniformadas y portando instrumentos desconocidos, acompañantes femeninas que llevan el nombre de georgianas o arménides (por sus testinas inspiradas en la raza caucásica). El diseño de los vestidos y la elección de los componentes estaban inspirados en los grabados que circulaban en la época con referencias orientales, especialmente chinas e indias.

Personajes religiosos

Uno de los ángeles que decoran el portal de Belén.
Los personajes religiosos son María, José, Jesús y los ángeles. Son los únicos personajes del belén napolitano en que el color de los vestidos es invariable. La Virgen lleva una túnica rosa, un manto azul celeste, un velo blanco y sandalias. En ocasiones viste también una camisa con el cuello fruncido y rematado con encajes. José lleva una camisa blanca, una túnica de color morado, un manto de color azafrán y sandalias. Los ángeles suelen llevar túnicas blancas o amarillas con estolas de diferentes colores dispuestas de manera que parecen estar agitadas por el viento. Son portadores de incensarios (los llamados ángeles turiferarios) o instrumentos musicales. Se colocan suspendidos en el aire, agrupados y bien visibles pues en definitiva son los ángeles los que indican la ubicación del portal donde está Jesús.

Finimenti (accesorios)

Literalmente, la palabra finimenti significa aparejos o arreos, siempre relacionado con los caballos. En el belén napolitano los finimenti son todos los accesorios posibles. Pertenecen al mundo de la miniatura donde tiene cabida la gran variedad de utensilios, productos alimenticios y objetos de todo tipo. Los finimenti abarcan un extenso mundo de detalles y son muy necesarios para el resultado final de la puesta en escena del belén. Los coleccionistas que van encontrando determinadas figuras no cesan hasta dotarlas de sus correspondientes accesorios.[10]

Todos los finimenti eran realizados a escala y en ellos se empleaban los mismos materiales que en la realidad, con la excepción de los productos perecederos que se hacían generalmente de cera. Los autores de toda esta producción eran artistas de prestigio pero rara vez firmaban sus obras. Se encuentran algunas excepciones como en el grupo de verduras del belén del museo de Valladolid que está firmado y fechado por el escultor Eduardo Ingaldi.

Il plastico (decorado, escenografía)

El belén, compuesto por todos estos personajes ya descritos, necesita un lugar idóneo para su ubicación, un decorado que ayude a que la representación de los hechos cobre vida y sea agradable y fácil de contemplar.[11] Es lo que en el belén napolitano se llama il plastico, que suele adoptar una disposición longitudinal dividida en cuatro espacios siempre presentes: lugar del nacimiento de Jesús, paisaje y establos para la anunciación del ángel a los pastores, núcleo urbano con posada y mercado, zona para el cortejo de los Reyes Magos.

Decorado que representa unas casas de la ciudad de Nápoles.
Al principio el lugar del nacimiento era una gruta donde se colocaba la sagrada familia, el buey y la mula, acompañados de una corte de ángeles. En un rincón aparecía siempre la figura de un demonio y su propia corte.[12] Tras el descubrimiento de las ruinas de Herculano y Pompeya se modificó este espacio cambiando la gruta por un templo romano en ruinas, imitando los restos pompeyanos, dando gusto así al fervor despertado por la arqueología además de simbolizar el fin del paganismo con la llegada de Jesús.[13]

La anunciación a los pastores se decoraba con establos y paisaje rural en el que aparecían colinas, incluso montañas, vegetación, labranza y a veces el río con su puente.

El núcleo urbano fue siempre la sección más extensa, con más vida y más cercana al espectador. No faltaba nunca la hostería o posada en alusión al pasaje bíblico, cuando la sagrada familia pide cobijo para que María pueda dar a luz. Sin embargo este pasaje se oculta y la posada es un lugar más en la vida de los napolitanos. En su entorno se colocaba siempre el mercado lleno de agitación, la fuente del pueblo, el pozo y las construcciones urbanas que a veces eran fiel retrato de las calles napolitanas. Se colocaban personajes en los puestos de ventas, en las puertas, balcones y ventanas. Todo este espacio urbano absorbía el mayor número de figuritas. El cortejo de los Reyes Magos era una continuación de este espacio.

Los materiales del plástico

Se utilizaba el corcho, el cartón, la madera, el ladrillo, la paja...
Se utilizaba el corcho, el cartón, la madera, la cera, la escayola, la tela y el barro cocido, fabricando pequeños ladrillos, tejas, baldosas, balaustradas, todo ello montado por albañiles profesionales. Los carpinteros fabricaban vigas, puertas y ventanas, entramados de las casas, además de los rótulos de los comercios y puestos de venta. Los arquitectos se ocupaban del montaje; algunos de estos montajes se convirtieron en prototipos. El más generalizado fue el de Giovanni di Nola.

Dado el carácter perecedero de estos decorados se han conservado muy pocos. Cuando por herencia o por venta se disgregaron las colecciones, los plásticos pasaron a un lugar de apreciación secundario y muchos se destruyeron. Después de más de tres siglos se ha renovado su valorización, conservando y cuidando con gran respeto los pocos que sobrevivieron y recreando con el recurso de fotografías, grabados, pinturas, bocetos y descripciones.

Autores

Aunque se desconoce el nombre de muchos de los autores especialistas en las figuras de los belenes napolitanos se ha podido hallar la firma de algunos escondida en las testinas. También se tiene conocimiento del trabajo realizado en este arte por escultores prestigiosos de la época, algunos de ellos pertenecientes al siglo XVII, como Incola Fumo (1647-1725) especialista en la talla en madera; Giacomo Colombo (1663-1757) y Matteo Bottigliero (1685-1757) gran escultor en mármol.

Ya entrado el siglo XVIII se tiene noticia de Giuseppe Sanmartino (1720-1793) considerado como uno de los granes no sólo en Nápoles sino en Europa. Dentro de su extensa obra hay que tener en cuenta las testinas realizadas para los belenes, que se caracterizan por su estudio psicológico que expresan un estado de ánimo y por la elegancia de sus academias. Creó escuela y fueron muchos sus seguidores.

Francesco Celedrano (1729-1814)

Trabajó como director de modelado en la fábrica de Capodimonte donde hizo numerosos encargos de testinas para el rey Fernando IV. Estas testinas fueron para fabricar las famosas parejas representantes de las distintas provincias del virreinato, que más tarde este rey envió como regalo a su hermano Carlos IV de España.[14]

Celedrano fue el creador de tipos populares y campesinos dando a sus testinas unas fisonomías de gran realismo, con pómulos marcados, mentón cuadrado, nariz ancha, a veces deformidades comunes reflejo de vejez y enfermedad.[15]

Lorenzo Mosca (1720-1793)

Se inició como ayudante de su padre el escultor Giuseppe Mosca modelando testinas para pesebres hasta que llegó a destacarse como modelista en Capodimonte. Fue especialista en crear familias enteras vestidas con los trajes típicos del sur del reino de Nápoles; sus modelos fueron muy imitados. El duque de Diano Calá le nombró director (encargado) de su propio belén. Su producción fue muy extensa y se dispersó en colecciones particulares y en museos. En el museo Bayarisches Nacional Museum de Munich conserva una buena muestra de su obra.

Angelo Viva (1748)-(1837)

Fue uno de los mejores alumnos de Giuseppe Sanmarino. Parte de su actividad como escultor la dedicó a las figuritas de belén, firmando siempre sus obras, lo que ha dado lugar a la publicación de un catálogo completo bajo el título de Pesebres Napolitanos elaborado en 1970 por Andrea Borrelli.

Salvatore di Franco (activo 1770-1815)

Fue otro de los buenos alumnos de Sanmarino. Sus figuritas de belén son elegantes y expresivas, en especial las madonnas y figuras orientales, reflejando retratos y fisonomías del Nápoles de su tiempo en mesoneros, vendedores y mendigos. Muchos de sus pastori están firmados y fechados.

Francesco Gallo (activo de 1770-1929)

Se especializó en animales de terracota y en hortalizas de cera. Trabajó en Capodimonte elaborando expresamente todas las piezas para el pesebre real del palacio de Caserta. Todas sus figuras están firmadas.

Giuseppe Gori (activo de 1770-1820)

Fue el más popular de los seguidores de Sanmarino. Como escultor se dedicó exclusivamente al modelado de pastori. Su estilo está dentro del clasicismo; su forma de acabado naturalista y la aplicación del esmalte le hicieron famoso, siendo su obra muy apreciada.

Giuseppe da Luca (activo de 1785-1827)

Su obra es de gusto neoclásico, realizando pastori muy elegantes de colores transparentes que dan un resultado parecido a la porcelana. Muchas de sus testinas son retratos de los comitentes (entre otros Fernando IV). Se ha descubierto la firma en la mayoría de sus obras. Modeló también animales y accesorios.[16]

Francesco y Nicola Vassallo

Los dos hermanos fueron especialistas en el modelado de animales para lo que tuvieron un permiso especial para poder tomar apuntes en el jardín zoológico de Fernando IV.

Además de todos estos autores, reconocidos y bastante famosos en su época, existieron muchos otros de segunda fila que se omiten por no hacer la descripción demasiado pesada.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas

  1. TRAVIESO ALONSO, José Miguel. Presepium, p. 31
  2. Ibídem, p.31
  3. Ibidem, p.39 a 41
  4. Ibidem, p.41: En la calle de San Gregorio Armenio, en el centro de Nápoles, venden sus obras durante todo el año muchos artesanos que reproducen fielmente los modelos del siglo XVIII.
  5. Estopa es la parte basta o gruesa del lino o del cáñamo, que queda en el rastrillo cuando se peina y rastrilla, y la tela gruesa que se teje y fabrica con la misma.
  6. Ibidem, p.45
  7. Ibidem, p. 48
  8. Carmelo y Emilio García de Castro Márquez y Santiago Alcolea. El Belén, expresión de un arte colectivo. Barcelona, 2001, p. 45
  9. TRAVIESO ALONSO, José Miguel. Presepium, p. 55
  10. Hermanos García de Castro, “El belén napolitano”. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
  11. Gennaro Borrelli. Personaggi e scenografie del presepre napoletano. Nápoles 2001.
  12. En los belenes mexicanos siguen todavía esa tradición de colocar cerca del pesebre la figura de un demonio vestido de rojo.
  13. Herculano se descubrió en 1738 y pompeya en 1748. ambas excavaciones fueron promovidas por Carlos VII (Carlos III de España) bajo la dirección del ingeniero español Roque Joaquín de Alcubierre. TRAVIESO ALONSO, José Miguel. Presepium p. 64
  14. Se encuentran custodiadas en el Belén napolitano del museo de escultura de Valladolid. (TRAVIESO ALONSO, p.97).
  15. Incola Morelli. Biografía de Francesco Celebrano, 1786.
  16. Su producción ha sido estudiada por Gennaro Borrelli en la obra I fuoriclasse del Presepe

Bibliografía

  • TRAVIESO ALONSO, José Miguel. Presepium. En torno al belén napolitano del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid. Edita Asociación Cultural Domus Pucelae. ISBN 978-84-612-8103-9
  • GOCKERELL, Nina. Nacimientos. Editorial Taschen. ISBN 3-8228-7390-X
  • URREA, Jesús y FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Rosario. El belén napolitano. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Depósito legal M-50044-2000