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Arte románico en Castilla y León

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El arte románico en Castilla y León no difiere en lo esencial del arte románico del resto de la península, pero sí tiene algunas características propias. Las primeras manifestaciones se dieron en objetos de orfebrería, de marfil y de metal con la introducción de temas y técnicas nuevas. Un buen ejemplo es la arqueta de San Juan Bautista también llamada Arca de los marfiles de San Isidoro de León. Los primeros artistas románicos fueron extranjeros, solicitados por los reyes; pronto se afincaron en tierras castellanas y leonesas y crearon escuela donde los artesanos locales aprendieron y empezaron a crear obras en el nuevo estilo. La arquitectura entró bastante más tarde que en las tierras catalanas y aragonesas, cuando la dinastía de Sancho el Mayor se implanta sucediéndole su hijo Fernando. Las primeras construcciones siguieron teniendo un recuerdo tradicional hispánico. En la segunda mitad del siglo XI y ya en pleno reinado de Fernando I que aunó el reino de León con el recientemente creado reino de Castilla es cuando verdaderamente comienzan las construcciones románicas en Castilla y León, bajo el impulso de la monarquía y muy especialmente de las reinas e infantas. Desde ese momento hasta bien entrado el siglo XIII se hará patente la producción románica.

Contexto histórico en Castilla y León

Fernando, el segundo hijo de Sancho el Mayor de Navarra, al casarse con Sancha, hija del rey leonés Alfonso V, ocupó el trono de León a la muerte de éste desde el año 1037 al 1065. Fue a partir de este momento histórico cuando empezaron las construcciones románicas en Castilla y León, bajo la influencia de los monjes de Cluny con quienes el rey Fernando mantuvo una estrecha amistad y a los que conoció tal vez a través de la presencia de monjes benedictinos catalanes que ostentaban cargos de responsabilidad en la iglesia secular. El rey Fernando favoreció con sus mandas al monasterio de Cluny al que concedió en principio la cantidad de 1.000 piezas de oro, razonando:

[…] para remedio de mis pecados […]

Su hijo Alfonso VI heredó de su padre la admiración por Cluny (a cuyo monasterio regaló en 1077 2.000 dinares de oro para financiar las obras del Cluny III) y fue el más grande propagador de la arquitectura románica y el introductor “oficial” de la liturgia romana en todos los monasterios e iglesias de su reino, comenzando por el monasterio de Sahagún que fue el pionero y el más famoso de su época. Con Alfonso VII se desarrolló la arquitectura cisterciense. Este rey protegió e hizo numerosas donaciones a los grandes monasterios situados en su reino.

Como hecho curioso se puede decir que en el reino de León fueron siempre las reinas o las infantas quienes impulsaron la arquitectura románica y las artes menores, siempre con el permiso y la aprobación del soberano. Así nació por empeño de doña Sancha (esposa de Fernando I) la construcción románica de San Juan Bautista en León, que más tarde se llamaría San Isidoro. Esta construcción será agrandada después por voluntad de otra mujer, Urraca, hija de Fernando y Sancha. Finalmente la iglesia será terminada y consagrada de nuevo en 1149 a instancias de la infanta Sancha, hermana del rey Alfonso VII. Por todo el reino de León todas estas damas poblaron las tierras de monasterios románicos, siendo la infanta Sancha la verdadera introductora de la orden del Císter en Castilla y León.

Arquitectura y escultura

Arquitectura y escultura formaron a la par un programa iconográfico dedicado a la doctrina cristiana. Al principio, en las primeras construcciones apenas había escultura y mucho menos escultura monumental, pero poco a poco fue apareciendo en las puertas de las iglesias con sus arquivoltas bien decoradas, incluso con decoración historiada, lo mismo que los capiteles, los tímpanos y los frisos.

En la arquitectura románica de Castilla y León se distinguen también las tres etapas del románico general, primer románico, románico pleno y tardorrománico, aunque la primera apenas tuvo lugar y sólo se conocen dos ejemplares.

Primer románico

Este periodo del románico se desarrolla entre la segunda mitad del siglo X y la segunda mitad del siglo XI. No llegó a realizarse en Castilla y León, que sólo cuenta con dos edificios, que se consideran algo insólito en estas tierras y que pertenecen a un periodo tardío coincidente con el desarrollo del románico pleno en el resto de las tierras castellanas y leonesas. Estos dos edificios son: Nuestra Señora de la Anunciada en Urueña y San Pelayo de Perazancas en Palencia. Sobre las circunstancias de su construcción se tiene muy poca noticia, pero estos dos templos demuestran que son obra de un buen taller y buenos maestros constructores que conocían bien los elementos del primer románico y que probablemente eran profesionales forasteros, seguramente llegados desde tierras catalanas donde este primer románico había entrado años atrás con mucha fuerza. Sobre el por qué y quién hizo llegar hasta aquí a estos artistas se han barajado varias hipótesis entre las que parece la más acertada el hecho de que estén relacionadas familias castellanas con familias catalanas, como es el caso del conde Ansúrez.

La iglesia de San Pelayo de Perazancas en Palencia fue consagrada en 1075. El ábside presenta las formas típicas del lombardo pero añade detalles que demuestran una época más avanzada como es la sustitución de las características lesenas lombardas por columnillas no monolíticas y el empleo del ajedrezado.

En el caso de la iglesia de la Anunciada de Urueña, se cree que el aire lombardo que tiene se deba a la influencia de los descendientes del conde Ansúrez (la familia de los Armengol de Urgel) que tuvieron buenas relaciones con los condes de Barcelona y que posiblemente conocían a las cuadrillas de maestros lombardos a quienes hicieron venir para llevar a cabo esta construcción.

Las construcciones del último tercio del siglo XI que han llegado hasta el siglo XXI son:

  • San Isidoro de León (1063) con la novedad de utilizar capiteles labrados e historiados, abriendo una nueva estética en el románico.
  • Iglesia de San Martín de Frómista (1066) con la novedad de incluir escultura en portadas y capiteles, más las impostas ajedrezadas[1]
  • San Salvador de Nogal de las Huertas.
  • San Isidoro de Dueñas en Palencia, monasterio anexionado a Cluny por Alfonso VI.
  • San Zoilo de Carrión de los Condes, que estuvo protegido por los Banú Gómez que lo convirtieron en panteón de la familia cuyo primogénito Fernando (hijo del conde Gómez Díaz y de Teresa) trajo desde Córdoba las reliquias del santo titular. Cuando su madre Teresa quedó viuda ofreció la iglesia a Cluny. Las investigaciones arqueológicas sacaron a la luz una galilea al oeste de la iglesia que no era sino un pórtico que servía de enterramiento para reyes y nobles.
  • San Benito de Sahagún.
  • San Pedro de Arlanza.

Románico pleno

Desde los últimos años del siglo XI hasta la primera mitad del siglo XII van apareciendo los edificios con las características del románico pleno en iglesias y monasterios mandados construir como se ha dicho más arriba por los reyes e infantas de Castilla y León. Hay además un movimiento de propagación directa por la vía del Camino de Santiago por donde llegan las nuevas tendencias que consisten, sobre todo, en la complicación de la ornamentación de puertas y la gran importancia de la pintura. Aparecen los primeros frisos y las figuras radiales en las arquivoltas cuya culminación será a partir de 1150 y aparece la escultura monumental. Los edificios se construyen abovedados.

Alcanza en este periodo gran importancia el arte de la eboraria cuya técnica es de carácter personal y claramente hispánico. Las mejores piezas salieron de un taller localizado en la ciudad de León muy cercano a la colegiata de San Isidoro que tuvo gran demanda y fama durante todo el siglo XI. La pieza más antigua documentada es el Arca de los marfiles (1059), que se concibió como relicario para los restos de San Juan Bautista y San Pelayo. Otra pieza de gran valor es el Cristo de Fernando y Sancha donado 1063, obra maestra reconocida en Europa como la más importante de este periodo. Se conserva en el Museo Arqueológico Nacional. Otra pieza a tener en cuenta es el Arca de las Bienaventuranzas (también depositada en el mismo museo), una de las 6 arquetas donadas por el rey Fernando I. Como característica general del taller de eboraria de León (escuela leonesa) hay que citar los ojos de azabache que llevan siempre los cristos y otras imágenes.

Tardorrománico

Es el último periodo del románico que terminará en algunos lugares en el primer cuarto del siglo XIII o se alargará hasta mediados de este siglo. La arquitectura y las técnicas de construcción se irán mezclando con el gótico hasta el triunfo de este nuevo arte cuya ornamentación será totalmente distinta del románico. Durante algún tiempo irán mezcladas técnicas románicas (contrafuertes, arcos de medio punto, etc.) con aportaciones netamente góticas.

Es el momento de las grandes edificaciones de templos, además de ser la época de mayor actividad de construcción de monasterios de los monjes cistercienses donde empiezan a aparecer los arcos apuntados, al principio como simple recurso constructivo y más tarde como arte ornamental. Se multiplican las arquivoltas en las portadas. Casi todas las iglesias de los monasterios del Císter se construyeron con estos arcos al mismo tiempo que se seguían usando los pesados contrafuertes y las arquerías de medio punto propias del pleno románico. La arquitectura busca el efecto de luces y sombras con la ayuda de la ampliación del número de columnas y de codillos en los pilares.

Hay una inspiración directa en las obras de la Antigüedad así como valores estéticos bizantinos junto con un naturalismo idealizado que se demuestra en el interés por la Naturaleza y en una tendencia realista. Ejemplos interesantes:

  • Fachada occidental de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes
  • Tema de la Anunciación en un capitel del claustro de Silos
  • Portada de San Vicente de Ávila


Primera construcción

Puerta del Cordero en San Isidoro de León.
La primera construcción románica en Castilla y León fue en tiempos de Fernando I y su esposa Sancha. Existía en León la antigua iglesia (perteneciente a un primitivo monasterio) edificada en ladrillo y adobe bajo la advocación de San Juan Bautista y San Pelayo, mandada construir por el rey leonés Alfonso V, para posible enterramiento de algunos reyes asturiano-leoneses. Debía estar muy deteriorada y la reina Sancha quiso que se ampliase y reconstruyese en piedra bajo la advocación de San Juan Bautista; así surgió el nuevo templo románico que fue el elegido por el rey Fernando como panteón real para guardar, en un principio, los restos de su padre Sancho III el Mayor. Para enriquecer la iglesia y darle una importancia religiosa aun mayor, los reyes mandaron traer desde Sevilla las reliquias de San Isidoro de Sevilla. El templo fue consagrado el 21 de diciembre de 1063, dando así la primera fecha en lo que a iglesias románicas en Castilla y León concierne. En este momento tomó la advocación de San Juan Bautista y San Isidro.
Puerta del Perdón en San Isidoro de León.
Tras esta primera reedificación, Urraca, hija de Fernando I, se encargó de seguir las obras; la iglesia fue ampliada por la parte del este y del sur y se añadió el crucero. A esta época pertenecen las dos portadas, portada del Perdón y portada del Cordero (la más antigua) que constituyen un exponente del románico leonés y de los primeros tiempos del románico en Castilla y León. Los capiteles historiados del Panteón de Reyes de San Isidoro presentan por primera vez en la historia del románico de Castilla y León temas bíblicos.

Con Alfonso VII y a instancias de su hermana Sancha se terminaron las partes altas de los muros que estaban sin concluir y se remataron las bóvedas. La nueva consagración tuvo lugar en 1149.

Promotores y mecenas

Para llevar a cabo la obra de arte, ya fuera un edificio, escultura, pintura o cualquiera de artes menores, se requería en principio un promotor, alguien a quien se le ocurriera que tal obra era necesaria o conveniente. A veces ese promotor era el mismo que financiaba tal obra y a veces era una persona distinta: el promotor elegía la obra, llamaba al artista y el mecenas financiaba, o el bien, el promotor llamaba al artista y además pagaba.

En los reinos de León y de Castilla los principales promotores fueron los reyes y los miembros de su familia y también los clérigos que estuvieron de acuerdo con la reforma eclesiástica iniciada en Cluny, la reforma de la liturgia romana y en menor medida (y sobre todo al principio), la nobleza.

La política de acercamiento a Europa iniciada por Sancho el Mayor fue seguida por su hijo Fernando I que se erige en verdadero impulsor de la obra románica. Fue el gran promotor junto con su esposa Sancha, encargando en primer lugar obras muebles y reclamando para su corte artistas extranjeros que introducirían el gusto por el nuevo arte y que además adaptarían su obra a la tradición hispana. Al mismo tiempo, estos artistas crearon escuela y los maestros hispanos fueron aprendiendo técnicas y valores que muy pronto se convertirían en verdaderas obras de arte románicas. Su hijo Alfonso VI heredó de su padre la admiración por Cluny (a cuyo monasterio regaló en 1077 2.000 dinares de oro[2] para financiar las obras del Cluny III) y fue el más grande propagador de la arquitectura románica y el introductor "oficial" de la liturgia romana en todos los monasterios e iglesias de su reino, comenzando por el monasterio de Sahagún que fue el pionero y el más famoso de su época. Alfonso VII fue otro gran promotor-mecenas del románico de su tiempo que coincidió con la arquitectura cisterciense. Protegió e hizo numerosas donaciones a los grandes monasterios situados en su reino.

Poco a poco, en el periodo del románico pleno, fueron apareciendo como promotores los monjes reformistas y los canónigos regulares de San Agustín y como mecenas, los nobles que querían seguir el ejemplo de los reyes y no ser menos, sufragando para Cluny y para los benedictinos obras importantes. Más tarde, en el tardorrománico, los promotores fueron los monjes cistercienses y los premostratenses no faltando nunca los mecenas-financieros que ofrecían su inversión confiados en que su pietas fuera conocida a perpetuidad. La mayoría de las veces estos mecenas intervenían de manera directa en la obra, encargándose hasta de los mínimos detalles. A veces el sufragio se buscaba entre el pueblo, ofreciendo como recompensa unas indulgencias extraordinarias.

Maestros constructores, escultores y pintores

Toda obra arquitectónica románica se componía de su director (maestro constructor), un maestro de obras[3] al frente de un grupo numeroso formando cuadrillas de picapedreros, canteros, escultores, vidrieros, carpinteros, pintores y otros muchos oficios o especialidades, que se trasladaban de un lugar a otro. Estas cuadrillas formaban talleres de los que a veces salían maestros locales que eran capaces de levantar iglesias rurales.

Estos maestros quedaron por lo general en el anonimato, aunque se han podido recoger muchos nombres de escultores que trabajaron en los territorios de Castilla y León, escultores que sí firmaron sus obras pero cuya vida y otros trabajos se desconocen.

Materiales y acabado del edificio

San Tirso en Sahagún, ladrillo y piedra.
La arquitectura románica, a partir del románico pleno, se hermana con la escultura y con la pintura. El material empleado en las construcciones dependerá en gran medida del dinero que se tenga para la obra y en otros casos de la proximidad o lejanía de las canteras de piedra, material éste por excelencia y el preferido en todas las épocas. Si se contaba con grandes recursos económicos, todo el edificio podía estar construido en piedra o al menos en sillarejo o mampostería forrado de sillares en las partes más nobles. Pero en muchos casos se recurría al ladrillo, fácil de obtener, más barato, y fácil de colocar. A veces el edificio hecho de ladrillo contaba con una escultura pétrea en capiteles y relieves; incluso podía tener grandes zócalos pétreos de donde arrancaban los muros.

La pintura ayudaba al acabado del edificio románico, preservándolo además de los grandes agentes externos que pudieran erosionar. La historiografía de los tiempos presentes insiste mucho en esto, haciendo hincapié en el hecho de que los muros internos e incluso externos estuvieran revocados con capas de pintura, que al haber sido eliminada puede haber sido la causa de erosión y ruina de muchos edificios.[4] Tras la pintura quedaban resaltadas las impostas , los canecillos, las roscas de los vanos, los capiteles, etc., hechos en piedra, aunque a veces estos elementos escultóricos se policromaban también, por el gusto del colorido.

Algunas de estas pinturas han quedado en ciertos edificios, como testimonio del pasado, tanto en paredes como en esculturas o capiteles. En la fachada de San Martín de Segovia todavía en el siglo XX podía verse restos de pintura, testimoniada y descrita por el historiador español Juan de Contreras y López de Ayala (más conocido como Marqués de Lozoya). Entre las ruinas del monasterio de San Pedro de Arlanza se han encontrado fragmentos de capiteles con su pintura original que pueden dar una idea de cómo estaba decorado el resto. La iglesia palentina de Valdeolmillos conserva dos capiteles del arco triunfal totalmente pintados.

Los monjes cistercienses y los premostratenses también pintaban las paredes de sus iglesias, de blanco o de un color terroso claro y a veces perfilaban las juntas de los sillares en un tono gris.

La iglesia, elementos y dependencias

Al coincidir la difusión del románico con el cambio de liturgia, la construcción de las iglesias cambió también su planteamiento. El espacio eclesial necesitó de zonas diáfanas, de naves abiertas desde las cuales los creyentes pudieran seguir y ver al sacerdote que en la cabecera del ábside desarrollaba el rito de la misa o de otros oficios y rezos cristianos.

La planta

Se adoptó al principio como generalidad para los monasterios, catedrales y colegiatas la planta basilical de tres naves y tres ábsides semicirculares. Delante del presbiterio y cortando las naves, se diseñó el crucero. Éste fue el proyecto seguido por los primeros templos del románico pleno: San Martín de Frómista y San Isidro de Dueñas en Palencia, San Pedro de Arlanza en Burgos y San Benito en Sahagún. Más frecuente para la mayoría de las iglesias fue la planta de una sola nave con cabecera.

Después, en el periodo del tardorrománico el esquema se complicó,[5] construyendo en los brazos del crucero varios ábsides en batería, incluso girolas a donde se asomaban una serie de absidiolos-capilla. Las plantas cruciformes fueron más raras, aunque se pueden citar los ejemplos de Santa Marta de Tera en Zamora y San Lorenzo de Zorita del Páramo en Palencia. Como ejemplo de planta central (utilizada sobre todo por los caballeros templarios), están las iglesias de la Iglesia de la Vera Cruz (Segovia) e iglesia de San Marcos (Salamanca).

Bóvedas, cúpulas y cimborrios

A lo largo del siglo XI se fueron cubriendo las naves con la bóveda de cañón, de medio cañón o de cuarto de cañón, recurso empleado en el románico de toda Europa; más tarde se empleó la bóveda de arista. En Castilla y León se utilizaron los arcos fajones como recurso de contrarresto. El empleo de la bóveda de arista (originada por el corte perpendicular de dos bóvedas de cañón) había sido olvidado y fue retomado por los grandes maestros constructores. La bóveda de arista a su vez dio paso a la bóveda de crucería, procedimiento muy frecuente en la arquitectura gótica. Se dio también el tipo de bóveda llamado helicoidal usado exclusivamente en las escaleras de las torres (San Martín de Frómista). En los claustros de los monasterios y en los de las catedrales se edificaron las bóvedas en rincón, que son aquellas que resultaban del encuentro de dos pandas de un claustro.

Los grandes edificios se remataban con un gran cimborrio situado delante del presbiterio, en la confluencia de la nave central y el crucero. La idea era que estos cimborrios proporcionasen claridad a través de los vanos abiertos en ellos, pero la mayoría de las veces no llegaron a completarse e incluso muchos se hundieron arrastrando al resto del edificio. De esos grandes cimborrios han llegado al presente el de Frómista (reconstruido), que es muy esbelto. Otros más chaparros y apoyados sobre trompas pueden verse en el románico rural de Palencia y de Segovia. La solución más espectacular fue la que se dio en las cúpulas llamadas del Duero en las catedrales de Salamanca, Zamora y colegiata de Toro (Zamora). Son cúpulas gallonadas, con un tambor cilíndrico con ventanales sobre pechinas (sustituyendo a las tradicionales trompas), del cual arrancan ocho arcos que se cruzan en la clave con un despiece de 16 cascos llamados gallones. En el exterior están adornadas con torrecillas, voladizos y arquillos ciegos además de buenos relieves de ornamentación. Son fórmulas arquitectónicas de influencia bizantina que demuestran el conocimiento de la escuela de Poitou.

Criptas

Las criptas sólo existen en esta época como necesidad constructiva, cuando el terreno lo requería, y no como necesidad para la liturgia. En la localidad de Sepúlveda (Segovia), cuyo terreno es bastante accidentado, casi todas las iglesias están construidas sobre criptas que soportan el edificio, siendo la más interesante la de San Justo que está estructurada en tres espacios para la triple cabecera.[6]

Sacristías

Las sacristías sólo existieron en la época románica en las catedrales y en los grandes monasterios. Estaban ubicadas en un espacio junto a la sala capitular y tenían una puerta de acceso a la cabecera de la iglesia.

Torres

Las torres servían como campanarios pero en muchos de los casos eran verdaderas torres defensivas, sobre todo en los territorios fronterizos. La situación de estas torres no tenía un lugar determinado, unas veces se construían a los pies o en el lugar del cimborrio o a un costado o incluso exentas. Estas torres-fortaleza fueron perdiendo su aspecto a través de las múltiples restauraciones y cambios pero todavía se las distingue por tener sus cuerpos bajos muy sólidos y sin vanos.

A veces se encuentran incorporadas al sistema defensivo de la ciudad, a una muralla, como ocurre con la torre de San Isidoro de León o la de la catedral de Zamora. Independientemente del destino que pudieran tener las torres de las iglesias, por lo general se construían procurando la mayor belleza posible. Algunas han llegado a ser por sí solas lo más atractivo de la iglesia a la que pertenecen, como ocurre con las torres románicas de las iglesias de Segovia, siendo la de San Esteban la más famosa. Un caso diferente es el de las torres del románico de ladrillo de la ciudad de Sahagún (León). Se colocaron sobre el tramo recto del ábside, debido a que, al estar construidas las iglesias en ladrillo (material menos consistente que la piedra) fueron buscando el lugar de mayor resistencia que era siempre el emplazamiento de los ábsides.

Hubo también la llamada torre pórtico, construida a los pies de la iglesia, pero han sobrevivido pocos ejemplares en mal estado y en su mayoría muy transformadas en estilo gótico. Subsiste la torre-pórtico románica de la desaparecida Colegiata de Santa María la Mayor de Valladolid, desmochada pero conservando todavía las impostas de ajedrezado jaqués; sólo puede apreciarse desde la parte trasera pues en 1333 fue inutilizada al construir delante la capilla funeraria de San Juan y San Blas que ahora forma parte del museo catedralicio.

Espadañas

Las espadañas son elementos constructivos que cumplen más modestamente la función para cobijo de las campanas. En el románico fueron muy difundidas, aunque la mayoría de ellas ha resistido mal el paso del tiempo y muchas de las que se ven fueron totalmente restauradas en otras épocas. Pueden tener un piso o varios y el número de vanos para las campanas es indeterminado.

Pórticos

El pórtico es un espacio diseñado en su origen para prevenir de las inclemencias del tiempo. Se construía tanto en las iglesias rurales como de ciudad, delante de la puerta principal para protegerla. En la mayoría de los casos fueron hechos con estructura de madera que no resistió el paso del tiempo, pero en muchas ocasiones la construcción fue en piedra dando lugar a galerías de gran desarrollo que en algunos casos fueron verdaderas obras de arte. En la fachada de la iglesia de Santo Domingo de Soria pueden apreciarse vestigios de lo que debió ser la construcción de un pórtico de madera. Se observan los modillones de piedra en forma de ganchos, utilizados para apoyar las rastras del tejaroz[7]

Los pórticos fueron un recuerdo del nártex de las basílicas latinas. Formaba un cuerpo avanzado sobre la parte central de la fachada principal y si esta fachada tenía torres, entonces ocupaba el espacio comprendido entre ellas. Otras veces ocupaba todo lo largo de la fachada, formando un espacio cubierto al que se llamó galilea.[8] Lo que hoy se conoce como Panteón de Reyes en la iglesia de San Isidoro de león no fue otra cosa que un clásico pórtico románico (no estaba cerrado como ahora) abierto y separado por columnas. Cuando se añadieron los sepulcros de los reyes fue cuando se convirtió en panteón y se cerró.

Estos pórticos fueron evolucionando en las galerías porticadas típicas del románico español. Pueden confundirse con los pórticos y de hecho así sucede en la terminología vulgar, pero difieren bastante en cuanto a construcción, destino y localización geográfica, ya que sólo se encuentran en la zona de Castilla y León, principalmente en la región de Soria, donde se dieron los primeros ejemplares (San Esteban de Gormaz, iglesia San Pedro Apóstol de Bocigas[9] de Perales, San Martín en Aguilera,[10] ermita de Santa María de Tiermes en Montejo de Tiermes,[11] etc.) y en la región de Segovia, como los de las iglesias de San Martín y San Millán en la propia capital y en la Sierra de la Demanda, como el de Jaramillo de la Fuente. Fue tradicional el hecho de construir siete vanos o arcos dando lugar a una cierta especulación sobre el sentido simbólico del número siete en las Sagradas Escrituras. Se desconoce el origen y el uso primitivo que se les pudo dar, pero al ser un lugar cerrado pronto se usaron como reunión de concejos y de vecinos, costumbre que se implantó a lo largo de toda la geografía. Están colocadas sobre un pódium bastante alto con columnas simples o pareadas; tienen un tejaroz que suele estar bastante adornado y se cubren con madera; recorren una de las fachadas laterales de la iglesia o las dos, y a veces también la principal.

Ejemplos de galerías exteriores románicas:

Tribunas

Las tribunas eran unas galerías construidas sobre las naves laterales desde las cuales las personas importantes podían seguir la liturgia. Son muy escasas porque apenas se les dio importancia en el románico de España. Se conocen dos ejemplos: la tribuna de San Vicente de Ávila y la de San Isidoro de León. La historiografía tradicional ha supuesto que en esta última iglesia se trataba de un espacio especial para la reina Sancha, esposa de Fernando I, pero estudios más recientes demuestran que las fechas no concuerdan. Se tiene pocas noticias sobre este añadido arquitectónico.

La gran portada

Con el románico pleno se introdujo la gran portada escultórica, rematada por un tímpano que a veces estaba profusamente esculpido y en otras ocasiones se recurría a la pintura. (También hubo portadas sin tímpano). Las portadas decoraban por entero el centro de las fachadas. Al ser los muros de gran grosor, el vano de las puertas se tenía que abrir en arcos abocinados, formando las arquivoltas que van tomando un tamaño mayor de dentro a fuera. Cada arquivolta se corresponde con una columna en cuyo capitel van apoyadas. En todos estos elementos la decoración iconográfica es abundante y suele formar una unidad historiada con el tímpano. En algunas portadas existe también un friso ricamente elaborado, así como se labran muchas veces las enjutas.

El románico de Castilla y León es rico en portadas artísticas, historiadas o con ornamentación geométrica o vegetal, empezando por las que se consideran como las más antiguas: Portada del Cordero y portada del Perdón, ambas en la colegiata de San Isidoro de León.

En la región soriana las portadas de las iglesias rurales están abiertas en el lado sur del edificio y son de ornamentación muy sencilla, con arquivoltas aboceladas y con decoración geométrica (baquetón, bolas, zigzag, flores, dientes de sierra, bocel o toro, entrelazos, puntas de diamante, etc. Carecen de tímpano. También existen portadas muy labradas, siendo el mejor ejemplo el de Santo Domingo en la ciudad de Soria, con unas arquivoltas historiadas, con relieves radiales, siguiendo la escuela de Poitou.

En la provincia de Palencia se difundió durante el último tercio del siglo XII (tardorrománico) un estilo renovador de escultura de gran impacto, obra creada por varias corrientes de artistas. Durante la época anterior del románico pleno no se había dado la construcción de monumentales portadas y es ahora, en el tardorrománico cuando pueden encontrarse. Un buen ejemplo está en la fachada occidental de la iglesia de Santiago de Carrión de los Condes que muestra un conjunto escultórico extraordinario. La puerta consta de tres arcos y es el del medio el que está ricamente esculpido con el tema historiado de los artesanos en plena actividad de su oficio: Un forjador de espadas, un sastre, un alfarero, un fundidor, un cocinero, un herrero, un escribano, un monje copista, un arpista, un cerrajero, un zapatero, una plañidora, un músico, una danzarina contorsionista, un sastre y otros de peor identificación.[12] Todos estos personajes están labrados en forma radial con respecto al arco. Por encima, otro arco está adornado con motivos geométricos. Tangente a este último se desarrolla una imposta con el clásico ajedrezado y por encima el friso que ha dado la fama a esta puerta de la iglesia de Santiago. En el centro y dentro de una mandorla muy elaborada está el Padre Eterno, el Pantocrátor, bendiciendo con su mano derecha y sosteniendo el libro de la sabiduría con la izquierda. Es una escultura realizada en un solo bloque de piedra, digna de un gran maestro y muy próxima ya al estilo gótico. A sus costados están tallados los símbolos de los cuatro evangelistas. Se puede considerar casi una réplica la portada de la iglesia de San Pedro en Moarves, con un friso muy parecido pero salido del taller de escultores menos expertos.

Las portadas de la provincia de Zamora presentan arquivoltas muy trabajadas ricas en tallas vegetales y geométricas y a menudo polilobuladas: San Claudio de Olivares, La Magdalenas (Zamora capital), San Juan de Portanova (Zamora capital), colegiata de Toro y la propia catedral de Zamora.

Ávila tiene en su haber una de las portadas más artísticas de Castilla y León: portada occidental de la iglesia de San Vicente, con cinco arquivoltas muy elaboradas, parteluz y figuras de los Apóstoles en el lugar de las columnas. De todas las provincias castellano-leonesas, Valladolid es la que cuenta con menos edificios románicos y no hay ninguna portada que resalte excepcionalmente.

Rosetones

Rosetón de la iglesia de la Magdalena en Zamora.
Los rosetones son ventanas circulares realizadas en piedra, cuyo origen está en los óculos de las basílicas latinas. En España estos rosetones fueron empleados desde el siglo XI. A lo largo del románico los rosetones adquirieron importancia y fueron aumentando de tamaño hasta culminar en el gótico, época en que se dan los ejemplares más bellos y espectaculares.

El claustro y sus dependencias

El claustro es una dependencia arquitectónica construida siempre junto a las iglesias catedrales y las iglesias monacales, pegado a su lado norte o sur. El claustro por excelencia es el que difundieron los monjes benedictinos. Las distintas dependencias del claustro, articuladas en los cuatro lados de un patio cuadrangular, estaban dedicadas al servicio de la vida de la comunidad.

En el románico de Castilla y León el claustro no presenta ninguna novedad o diferencia respecto al modelo de cluny. Las dependencias importantes se van colocando siempre en las mismas zonas: la panda pegada al muro de la iglesia no tiene ninguna dependencia precisamente por encontrarse con dicho muro. Recibe el nombre de mandatum por celebrarse en ella el ritual del lavatorio de pies o mandatum todos los sábados y el Jueves Santo. En esta galería estaban instalados unos bancos donde los monjes o canónigos se sentaban para leer o meditar en las horas de recreo. La panda opuesta es la que se dedica a refectorio, calefactorio (cuando lo hay) y cocina. La panda este está ocupada por la estancia más importante en la vida de los monjes, la sala capitular. Suele ser una pieza bien construida, con bonitas bóvedas y buenas esculturas en los capiteles de las tres puertas de acceso que suele tener. Cerca del cuerpo de la iglesia se solía reservar un hueco llamado armariolum o armarium, donde se depositaban tanto los libros litúrgicos para los actos religiosos de cada día como los libros de lectura de los monjes. Cuando los monasterios acumularon una buena cantidad de libros y legajos, tuvieron necesidad de construir una biblioteca y el armarium quedó como un hueco obsoleto; en algunas ocasiones se utilizó para poner un altar de devoción.

En Castilla y León el paso del tiempo ha sido muy duro para la conservación íntegra de los claustros tanto de catedrales como de monasterios. Los cambios de estilo, destrucciones y desamortizaciones ocasionaron la desaparición de gran parte de ellos. Hay que tener en cuenta además que por toda la geografía se levantaron cientos de cenobios de menor importancia, de segunda, tercera y hasta de cuarta categoría, cuya arquitectura claustral no era sino un reflejo de la arquitectura doméstica, con materiales pobres y sin pretensiones monumentales, lo que hace que fuera casi imposible su conservación.

El mejor ejemplo de claustro que haya llegado íntegro hasta el tiempo presente es el correspondiente al monasterio de Santo Domingo de Silos, que comenzó a construirse en románico en los primeros años del siglo XII, continuando la panda de poniente sobre la mitad del siglo XII. Es además un caso insólito al conservarse también en románico el segundo piso. El claustro de Silos constituye una joya románica con las arquerías descansando en dobles columnas cuyos capiteles fueron ejecutados por maestros y talleres de gran calidad.

Las obras de los claustros cistercienses se alargaron tanto que en la mayoría de ellos se fueron añadiendo soluciones góticas, aun cuando sus capiteles fueran románicos, como es el caso del Monasterio de Santa María de Valbuena.

Se conservan algunos espacios claustrales de los considerados como grandes monasterios románicos siendo en otros casos una ruina total:

Otro claustro que se conserva íntegro es el de Santa María la Real de Nieva, pero el románico de sus capiteles está elaborado en el pleno gótico, siendo un caso excepcional de románico arcaizante.

Escultura e imaginería

El monumento románico es un edificio donde se aglutinan y conjugan en perfecta armonía arquitectónica, escultura y pintura. En general los grandes monumentos románicos de Castilla y León están profusamente adornados con esculturas en sus portadas, frisos, arquivoltas, capiteles y canecillos. Cuando la ornamentación es historiada sigue un programa iconográfico de tipo doctrinal a la vez que embellece el edificio. Estos programas iconográficos no están repartidos al azar sino que desempeñan un plan de lectura que en muchos de los casos se complementa con la pintura. Por eso a veces esa lectura se interrumpe cuando la continuación podría estar en un tímpano cuya pintura ha desaparecido, o en unas paredes del interior donde puede haber ocurrido lo mismo. En el románico pleno la escultura se fue adaptando al marco arquitectónico que le servía de soporte, pero en el tardorrománico las esculturas se fueron liberando de dicho marco al mismo tiempo que las figuras fueron adquiriendo más naturalidad.

Los temas historiados no son siempre de carácter religioso; aparecen con frecuencia escenas costumbristas, oficios, combates, etc., así como representaciones de seres fabulosos, animales domésticos y animales exóticos que pueden simbolizar virtudes y vicios. El repertorio es bastante extenso, tanto en canecillos como en capiteles. Los hombres cultos conocían de sobra las representaciones de estos animales fantásticos y exóticos que se podían ver en los libros decorados de las bibliotecas de los monasterios.

Otros temas frecuentes son los geométricos y los vegetales (que se dan con abundancia en las iglesias rurales de la provincia de Soria), sobre todo en el tardorrománico, cuando aparecen las grandes construcciones de los cistercienses que tienen como norma huir de la representación de escenas que, a su parecer, podrían distraer a los monjes, en lugar de inspirarles devoción. La decoración escultórica de los cistercienses en Castilla y León es más arquitectónica que artística.

Existe también un afán moralizador al representar la lujuria, avaricia y casi todos los pecados. Las figuras están en actitudes procaces que pueden ser interpretadas en la época actual de manera muy diferente a lo que se quiso señalar en aquellos años: la intención era demostrar, afeándolo, la existencia del vicio que debía ser corregido. El mejor ejemplo es el que ofrecen los famosos canecillos de la colegiata de Cervatos en lo que ahora es Cantabria, limitando con la provincia de Burgos. Las representaciones de viejas fábulas fueron muy comunes, siendo temas de tradición oral, conocidos por el pueblo. [13]

Se puede observar una cierta evolución entre la escultura del románico pleno y la del Tardorrománico. Las representaciones de la infancia o pasión de Cristo del románico pleno son frías y distantes mientras que en el tardorrománico va apareciendo la expresión de alegría o de dolor propiamente humanos. Este cambio de expresión se aprecia en gran medida en la figura del Padre Eterno (Maiestas Domini o Pantocrátor), representado sentado y dentro de una mandorla (figura muy difundida en Castilla y León tanto en tímpanos como en frisos). En el románico pleno aparece distante e irreal mientras que en el tardorrománico su expresión se aproxima un tanto al ser humano. [14]

La misma diferencia existe con las representaciones de la Virgen; mientras en el románico pleno es un simple instrumento que sirve para entronizar a Jesús, en el tardorrománico toma personalidad propia presentándose como la nueva Eva o como la reina coronada. En casi todas las iglesias románicas de Castilla y León puede verse en arte popular correspondiente al tardorrománico a la Virgen coronada en la escena de la Adoración de los Reyes Magos.

En la escultura del románico pleno se observa una gran influencia de la escultura clásica, sobre todo de los sarcófagos hispano-romanos.[15] Este tema fue estudiado en profundidad por el profesor Bertaux en los capiteles de San Martín de Frómista. Su teoría se vio corroborada con la investigación del profesor Moralejo Álvarez que descubrió el modelo exacto en el sarcófago de Santa María de Husillos (Palencia), guardado en el Museo Arqueológico Nacional.[16]

La escultura más antigua que se conoce en Castilla y León es la del tímpano de la Portada del Cordero de la Colegiata de San Isidoro de León, datada hacia el año 1100 y seguida por el tímpano de la Portada del Perdón de este mismo edificio.

Ejemplos de riqueza escultórica en iglesias:

  • Segundo maestro de Silos
  • San Vicente de Ávila
  • Apostolado de Carrión de los Condes
  • Apostolado de Moarves
  • Apogeo de los grandes monasterios cistercienses (siempre con temas vegetales y geométricos).
  • Construcción de las últimas catedrales románicas: Zamora, Salamanca, Ciudad Rodrigo.

Imaginería

Los principales temas dentro de la imaginería tallada en madera fueron el Crucificado y la Virgen como trono, ambas imágenes alejadas de cualquier tipo de sentimiento humano durante el románico pleno. En el tardorrománico empezó una preocupación naturalista en la anatomía del cristo.

Cristo románico en la catedral de El Burgo de Osma.
Las dos imágenes más difundidas fueron la del Crucificado y la de la Virgen con el Niño. El Cristo románico tiene unas características propias que lo identifican fácilmente y lo distinguen de otras épocas. Es una escultura en bulto redondo que se impuso a partir del siglo XI con la figura sin expresión de dolor. Sus características son:
  • Cuerpo vertical con los brazos rectos, horizontales y las manos abiertas; piernas y pies paralelos.
  • 4 clavos
  • Ojos abiertos
  • Cabello largo que cae detrás de las orejas y mechones sobre los hombros, bien distribuidos; barba recortada y bigotes.
  • Nunca lleva corona de espinas
  • A veces lleva corona real y ropa talar, o también perizodium (paño hasta las rodillas anudado en la cintura). Éste es el llamado Cristo Majestad o Cristo en Majestad.
  • Sin señales de padecimiento
  • Hacia el 1200, los brazos no son tan horizontales (Cristo de Yanguas) y el cuerpo se quiebra levemente

En los crucifijos románicos tardíos aparece con frecuencia la cruz de gajos o de árbol sin desbastar, que hace alusión al árbol del pecado cuya consecuencia fue la redención. Su origen está en las palabras de San Ambrosio:

Por un árbol, Adán nos acarreó la muerte, por un árbol, Cristo nos devuelve la vida.
Los Santos Padres difundieron este simbolismo que durante la Edad Media tuvo una gran aceptación.

El Cristo del convento de Astudillo de Santa Clara (Palencia) influyó en multitud de obras. Es un cristo coronado, vestido con un colobio. Se custodia en el museo de los Claustros de Nueva York.

La Virgen románica con el Niño fue una imagen muy difundida. Se representa a la Virgen como trono de Jesús a quien se coloca en el centro y en actitud de bendecir, entre las piernas de la madre que no toca al Niño. Muchas de estas imágenes fueron desechadas de las iglesias por encontrarlas obsoletas, viejas o incluso feas y fueron sustituidas por otras tallas del nuevo estilo. Pero una imagen no se destruía nunca así que lo que se hacía era enterrarlas o emparedarlas en los muros de las iglesias. Por eso al cabo del tiempo y con ocasión de hacer restauraciones muchas de ellas han ido apareciendo, dando lugar en muchos casos a la creencia de haber surgido milagrosamente.[17]

Los altares

Los altares románicos han podido ser conocidos y estudiados gracias a las representaciones de las miniaturas. Se colocaban en las capillas absidiales y en el altar mayor debajo del arco toral del presbiterio, en cuyo fondo se ponía la silla del obispo. La mesa de altar era una tumba, con las reliquias de algún santo y sobre esta mesa se colocaba una losa llamada ara. Delante del altar mayor no solía haber retablo, sin embargo en los altares secundarios adosados al muro sí se colocaba un retablo de piedra o cobre esmaltado o madera pintada.

Los altares románicos fueron desapareciendo con el tiempo a medida que las variadas reformas litúrgicas iban apareciendo. Se tenía noticia de muchos pero aparentemente no se conservaba ninguno. En los últimos años del siglo XX y con motivo de las restauraciones de los retablos aparecieron algunos altares en Castilla y León, unas veces empotrados en el muro y otras como núcleo de los nuevos altares de épocas venideras. Esto se debe a que un altar fue considerado desde siempre pieza sagrada que incluso era guardián de las reliquias de algún santo.

Se sabe que durante el románico existieron dos tipos de altar: el cúbico y el de columnas. El altar cúbico iba revestido con paneles de orfebrería, o placas de marfil esculpido o pinturas sobre tabla. La placa delantera se llamaba frontal o antipendio. Algunos de estos frontales se conservan en los museos. Por lo general se dejaba una inscripción en el ara horizontal por medio de la cual se daba a conocer el tipo de reliquias que se guardaban en este espacio.

Los altares con columnas también fueron frecuentes. Un buen ejemplo para hacerse idea de cómo podían ser es el conservado en San Salvador de Cantamuda, que tiene siete columnas en su frente.

Pilas de bautismo

Pila de bautismo en el monasterio de Retuerta.
El bautismo es un sacramento de la Iglesia católica, que tiene su rito propio, rito que a través de los tiempos ha ido cambiando de configuración y cambiando también el aspecto de las pilas de bautismo y el emplazamiento de las mismas.

La anterior liturgia hispana exigía para este sacramento una zona que estuviera totalmente cerrada. Esta idea se heredó durante la época románica y se mantuvo con algunas variantes, cerrando el espacio a veces con una cerca movible o bastidor que se podía poner y quitar. En las iglesias grandes se destinaba alguna habitación contigua y otras veces, si existían varios ábsides, uno de ellos era empleado para este rito. También se utilizó en muchos casos la planta baja de las torres.

Las pilas bautismales románicas suelen ser grandes recipientes, redondos, con unas medidas aproximadas unas de otras: 90 cm de altura por 1 m de diámetro en la boca. La pila más antigua que se conoce es la de San Isidoro de León. Los temas de ornamentación son diversos: temas historiados con narraciones alusivas casi siempre al bautismo, temas vegetales y temas geométricos. Muchas son simples y no presentan más que unos gallones en su panza. A veces llevan alrededor del círculo una leyenda en que se advierte el nombre del autor, o bien se adoctrina a los fieles:

[…] El pecado […] ha sido borrado y completamente ahuyentado en esta fuente.[18]

Enterramientos y sarcófagos

La liturgia hispana prohibía los enterramientos dentro de las iglesias y esta norma o costumbre se respetó durante todo el siglo XI (incluso con la liturgia romana) y casi todo el siglo XII. En este siglo empezaron a producirse excepciones y ya entrado el siglo XIII se convirtió en práctica común.

Lo habitual eran los enterramientos en torno a las iglesias, en los atrios, y junto a los ábsides cuando se trataba de monasterios. Para los poderosos e influyentes se adaptó el pórtico que en principio y como su nombre indica era un espacio abierto y que poco a poco se fue convirtiendo en espacio cerrado dedicado definitivamente a panteón regio y de nobles.[19] El ejemplo más claro es el del panteón de San Isidoro de León. Fue un pórtico abierto que se cerró y que en la época del románico se volvieron a levantar los muros agrandando el espacio, dejando los muros anteriores muy rebajados, justo a la altura que pudieran servir de banco. A esta zona se entraba desde la iglesia. Con el tiempo los enterramientos no solo fueron con lápidas en el suelo sino que se llenaron de sarcófagos. Además de esta galilea-panteón que ha llegado casi intacta, hubo otras famosas en la región, desaparecidas en la actualidad: la del monasterio de Sahagún, de Santoña, de Arlanza y de San Zoilo de Carrión, esta última bien descrita en los documentos.

Al principio del románico los sarcófagos se construyeron siguiendo la tradición de tiempos anteriores, es decir, un cuerpo excavado en forma antropomórfica cubierto por una lápida llamada tampa en cuyo centro y de forma longitudinal se ve labrado un resalte que divide ambas partes. Por lo general a los dos lados de este resalte se hizo una inscripción laudatoria, incluso escenas religiosas en que a veces aparece el propio fallecido. Otras veces la tampa se realizó sin ningún otro tipo de decoración que no fuera el resalte ya descrito, tal y como se ve en el primer sepulcro de Domingo Manso (Santo Domingo de Silos), muerto en 1073.

De unos años más tarde es la tampa conservada del sepulcro de Alfonso, hijo del conde Ansúrez, esta vez con abundante decoración a uno y otro lado del resalte longitudinal.[20]

Otros sarcófagos conservados:

  • Sarcófago de un abad en la iglesia de Vivanco en el valle de Mena (Burgos), del año 1188, donde puede verse uno de los temas más recurrentes del románico: los 12 Apóstoles bajo arcadas que acompañan al Pantocrátor labrado en un lateral.
  • Cenotafio de los santos Vicente, Sabino y Cristeta en el crucero de San Vicente de Ávila. En este caso se trata de todo un monumento funerario con un programa iconográfico muy importante y con baldaquino sobre 12 columnas.
  • Sarcófago de San Juan Ortega en Burgos, en el que de nuevo surge un apostolado bajo arcadas románicas.

Pintura románica

Los edificios románicos estuvieron profusamente decorados con pinturas murales de las que apenas ha llegado a nuestros días una pequeña muestra. Menos ejemplos aun han llegado de la pintura sobre tabla, de la que se supone hubo una gran riqueza. El tiempo, las modas, los agentes climáticos y los avatares históricos hicieron desaparecer la mayor parte del patrimonio artístico. También hay que tener en cuenta las técnicas empleadas en algunos casos, que no siempre fueron tan buenas para la conservación de las obras.

Las figuras representadas son humanas, divinas y fruto de la imaginación o de procedencia de los bestiarios de los manuscritos. La figura divina más representada es la del Pantocrátor rodeado de una mandorla y de los símbolos de los Apóstoles (Tetramorfos). En la pintura de Castilla y León son frecuentes los fondos blancos (San Isidoro de León) o rojizos (San Baudelio de Berlanga), y los fondos divididos en bandas (Maderuelo y San Pedro de Arlanza). En cuanto a las formas geométricas, la más utilizada es el círculo, englobando las imágenes del Agnus Dei y de la mano que bendice, llamada Dextera Domini, así como indicando santidad con la figura del nimbo. Los temas representados son bastante variados sobre todo en San Isidoro de León, y en los demás templos, escenas del Génesis y de la Biblia en general. Dentro del tema del Génesis está muy frecuentado el Paraíso, lugar idílico representado sobre todo por árboles. El ejemplo más característico es el que ofrece la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo con las figuras de Adán y Eva y los cuatro árboles cargados de simbolismo.

Pintura mural

El conocimiento de una técnica para la perfección y perdurabilidad de la pintura mural solo se dio en la Antigüedad y en el Renacimiento.[21] La técnica empleada durante el románico era poco perdurable aunque muy agradecida para el pintor porque permitía las rectificaciones, pero en cambio se descascarillaba con facilidad lo que suponía un continuo mantenimiento. Se fijaba sobre la pared una mano de cal sobre la que se pintaba una capa de colores disueltos en agua. Sobre esta capa se trazaba el contorno de las figuras, generalmente en negro u ocre y se hacía el relleno de los detalles en distintos colores. Este conjunto era rematado con temple o con otros productos grasos. Los fondos eran planos y monocromos con lo que se conseguía un resalte mayor de las figuras. La pintura se adaptaba perfectamente a los elementos arquitectónicos.

En Castilla y León la mejor pintura conservada es la del Panteón de Reyes de la Colegiata de San Isidoro de León, datada de los primeros años del siglo XII y considerada en la actualidad como obra maestra e insólita dentro de la pintura mural románica.

La otra muestra importante de pintura románica es la de los murales de la ermita de San Baudelio de Berlanga, cuyas paredes, ábsides, bóvedas, nervaduras y columnas estuvieron totalmente recubiertas. Lo que se puede ver en la actualidad en gran parte del edificio es un negativo de la pintura, huellas que dejaron al ser arrancadas para vender al anticuario Leon Levi. Las pinturas han sido estudiadas muy a fondo, tanto in situ como en los respectivos museos donde se guardan. Se consideran obra de tres artistas locales distintos: Maestro de Maderuelo o Primer Maestro de Casillas, a quien se atribuyen todos los temas decorativos de arquerías y bóvedas, las grandes escenas bíblicas y las pinturas del ábside. Maestro de San Baudelio, que debió pintar las escenas de caza de la zona baja, que son las pinturas más originales. Un tercer maestro, de menor importancia, a quién se atribuye las pinturas del interior del coro.

Se conservan también algunos fragmentos de pintura mural en la iglesia de San Pelayo (Perazancas) y en la iglesia de San Justo (Segovia), pintura perteneciente a la segunda mitad del siglo XII. Estas pinturas románicas del ábside fueron descubiertas en los años 60 del siglo XX tras una restauración del templo. Se representa el Pantocrátor y narraciones bíblicas. Del tardorrománico son las pinturas del monasterio de San Pedro de Arlanza, documentadas en una crónica de 1563 en la que se cita al pintor Gudesteo como decorador de los muros de la iglesia con el tema de la Pasión de Cristo y de los muros de la sala capitular con temas de la Biblia.[22]

Pintura sobre tabla

Se sabe por la documentación existente que hubo una gran riqueza en pintura sobre tabla, pero lo cierto es que han llegado muy pocos ejemplares al presente. La pintura sobre tabla se utilizó para los frontales de altar, para arquetas de todo tipo y para revestir los sarcófagos. Los temas desarrollados fueron principalmente el Pantocrátor y los 12 Apóstoles, casi siempre representados bajo arcadas de medio punto. En los sarcófagos se pintaban temas relacionados con la resurrección o escenas que tuvieran que ver con la vida del fallecido.

El estilo es de líneas esquemáticas y tratamiento austero. Los colores empleados suelen ser el rojo, ocre, blanco y azul. El azul se emplea mucho como fondo. En la mayoría de las obras que se conservan se aprecia un cuidadoso tratamiento de los rostros.

Las dos obras más importantes que se pueden presentar como buenos ejemplos son, el sarcófago de los santos mártires de la iglesia de San Vicente de Ávila y el arca del monasterio de Carrizo, con el frontal y la parte delantera de la tapa, pintados.

Artes menores o suntuarias

Eboraria

La eboraria es el arte de trabajar el marfil o el hueso, calificado dentro de las artes aplicadas, cuyos productos de destinan al uso diario o al culto o a la ornamentación. También puede calificarse dentro de las artes suntuarias. Estas piezas fueron muy apreciadas en época románica por su técnica y por su estética. En muchos casos se incluyeron como complemento de otras obras: cubiertas de libros, frontales de altar, arcas para reliquias, etc. Durante todo el siglo XI este arte fue en progreso, ofreciendo nuevos avances en realización y técnica, anticipándose a la escultura monumental en piedra.[23]

Taller de marfiles de León

Estaba situado muy cerca de la Colegiata y era un taller real, es decir, sujeto al patrocinio y supervisión de los monarcas. Durante dos siglos tuvo una vida próspera, siendo el siglo XI el de máximo esplendor; fue entonces cuando gozó de las aportaciones originales de rasgos de tradición musulmana mezclados con elementos de procedencia germánica. Durante el siglo siguiente la eboraria leonesa se mantuvo con éxito aunque ya entonces fue a la zaga de la escultura monumental de piedra, perdiendo poco a poco su condición vanguardista en las artes plásticas.

Fernando I y su mujer Sancha donaron a la Colegiata de San Isidoro algunas de las mejores obras salidas de este taller.[24] La pieza más antigua es la conocida como Arca de los Marfiles (o Arqueta de San Isidoro de León), obra muy importante pues fue concebida para guardar los restos mortales de San Juan Bautista y San Pelayo, titulares de la primitiva Colegiata. Data esta obra de de 1059 y en ella participó tanto el arte de la eboraria como el de la orfebrería. Las placas en marfil de mayor calidad son las del apostolado, con 12 figuras independientes, en pie, situadas bajo arcos de medio punto y arcos de herradura, cuyo modelo se ha podido rastrear en la miniatura mozárabe.

Este ejemplar está considerado como obra maestra de la eboraria románica europea. También fue una donación real a la Colegiata. Está depositado en el Museo Nacional Arqueológico. La imagen del cristo es casi una talla de bulto redondo, toda ella de marfil. La cruz es de madera, revestida por los dos lados de marfil que en su origen estuvo sobredorado. Llevó incluida una reliquia de la Vera Cruz. Bajo los pies del crucifijo puede leerse esta inscripción:

Fredinandus Rex Sancia Regina

Fernando I había donado seis arquetas a la Colegiata de las que solo ha llegado al tiempo presente ésta de las Bienaventuranzas. Posiblemente fuera destinada a relicario. Es una arqueta de madera cuyo recubrimiento de plata repujada se perdió, quedando como ornamentación los ocho pequeños relieves de marfil que representan las Bienaventuranzas, que en forma de figura masculina aparecen dialogando con un ángel bajo arcos de medio punto en los que se ve inscrito el comienzo de cada bienaventuranza. Los ojos de los personajes están hechos de azabache, según costumbre de la escuela de marfiles de León.

Procedente del monasterio de Carrizo, se guarda en el Museo de León. Tiene las características propias del románico de esa época: cristo vivo, rígido, sin acusar dolor, con cuatro clavos, sin corona y el paño de pureza largo hasta las rodillas, que están en parte vaciadas para guardar reliquias.

Durante todo el siglo XII el taller de marfiles de León continuó con vida aunque bajó bastante en productividad, no así en calidad que siguió siendo muy alta, según lo demuestran las piezas conservadas. El estilo fue cambiando hacia rasgos naturalistas al compás de las distintas manifestaciones románicas de todo este siglo.

Es una de las piezas más importantes de los primeros años del siglo XII. La obra de marfil consiste en el relieve del Padre Eterno dentro de una mandorla, en actitud de bendecir. La base es de madera con plata sobredorada.[25]

De mediados de siglo, custodiado en el Museo de león. Le faltan los brazos y la cruz de soporte. Es un cristo románico de cuatro clavos pero ya evolucionado hacia el naturalismo, apareciendo las marcas de la Pasión, abultamiento de vientre y corona real de oro. Lo más destacable de esta evolución es el tratamiento de la cabeza y de la cara, con el ceño fruncido y los pómulos muy salientes que contribuyen a señalar un aspecto patético.

Orfebrería

La orfebrería tuvo una gran importancia en las artes románicas y fue de una gran productividad en objetos litúrgicos, algunos de los cuales han llegado casi intactos. Los principales materiales utilizados fueron el oro y la plata, a veces sobredorada, acompañados por esmaltes, camafeos, perlas y cabujones que aportaban un colorido muy atractivo. También se utilizó el cobre y el bronce. Los objetos más abundantes fueron:

  • Frontales de altar (o antipendio), con placas de oro o de plata y engarces en pedrerías. Aunque en Castilla y León no se ha conservado ninguno se sabe que en la Colegiata hubo cuatro donados por los reyes Fernando y Sancha y se tiene la descripción de los que hubo en la catedral de Salamanca y de Zamora.
  • Cálices y patenas. Se conserva el donado por doña Urraca de Zamora, procedente de los talleres reales. Es una pieza de gran valor, ricamente trabajada con labores de filigrana e incrustaciones de piedras preciosas y perlas. El cáliz de Santo Domingo de Silos es de plata sobredorada, con decoración de filigrana.
  • Relicarios. El Relicario de la vera Cruz de la catedral de Astorga, de los últimos años del siglo XII, es una cruz afiligranada y decorada con cabujones. El Arca de las Reliquias de San Isidoro de León fue otro regalo de Fernando y Sancha para a Colegiata, destinado a guardar las reliquias del santo, fechada en 1063. [26] Es una caja forrada ricamente por dentro con telas musulmanas, y recubierta con plata repujada en la que se representan varios pasajes del Génesis, símbolos de los Evangelistas y escenas cortesanas que parecen referirse al rey y la reina con parte de su séquito.
  • Imágenes: También se elaboraron imágenes que tuvieron gran éxito y difusión. La más importante de las que quedan es la Virgen de la Vega que puede verse en la catedral vieja de Salamanca. Su nombre se debe a que pertenecía al antiguo monasterio de la Vega de Salamanca. Representa a la Virgen sedente como trono y el Niño sentado en sus rodillas. Es de chapa de cobre y bronce que recubre una talla de madera; está muy adornada con cabujones y esmaltes procedentes de talleres de la Península. Otros ejemplares importantes son los de la Virgen de Husillos (Palencia) y la Virgen de la Majestad de la catedral de Astorga.

Esmaltes

El esmalte es un arte que emplea una técnica que se apoya principalmente en la química. Utilizando el plomo y el bórax que se mezclan con óxidos metálicos, y sometiéndolos a altas temperaturas, se consigue una vitrificación con un colorido brillante.

El esmaltado surgió en Oriente (probablemente en China); se extendió por el Imperio Bizantino, sobre todo durante los siglos X y XI, y de allí pasó a Europa. Adquirió gran difusión en la Iglesia cristiana de la época románica, surgiendo importantes talleres al amparo de monasterios y de los reyes. Uno de los más famosos y populares fue el de Limoges en Francia, que estuvo custodiado por los Plantagenet. De allí salieron obras producidas en serie, de bajo costo, que llegaron a todos los rincones del mundo conocido.

Hubo en España otros talleres de mejor técnica, de trabajos artísticos más elaborados y precisos que no pudieron competir con Limoges por resultar sus productos mucho más caros, como sucedió con el taller de Silos.

El auge del esmalte se dio en Castilla y León durante el siglo XII, empleando la técnica del excavado, llamado también campeado o camplevé, que consiste en excavar la plancha metálica destinada al esmalte con huecos o pequeñas celdas donde se colocará dicho esmalte. Durante el siglo XI también hubo talleres de esmaltado, aunque solo se conocen algunas piezas por sus descripciones. Las obras que se pueden contemplar y que han llegado casi intactas están datadas de la segunda mitad del siglo XII y corresponden en su mayoría al prestigioso taller del monasterio de Silos. Sobre estas obras está hecho un exhaustivo estudio y una buena catalogación.

El taller de Silos estuvo bajo la protección del rey Alfonso VIII y de su mujer Leonor de Aquitania, siendo además (junto con la corte) los principales consumidores, adquiriendo tanto obras de temas religiosos como obras suntuarias de uso personal. Una de las características del trabajo de este taller es el colorido, empleando Santiago de Compostela predominante el verde y el azul y como secundarios los colores rojo y blanco, (los esmaltes de Limoges tienen como predominante el color amarillo). Otra característica es la técnica de las cabezas que se cincelan en alto relieve.

De este taller salieron obras que complementaban la orfebrería y también obras enteras, independientes. Todas están inventariadas, estudiadas y catalogadas. Hay frontales de altar, arquetas, cubiertas de libros litúrgicos, relicarios, cruces, etc. La obra más conocida y que se tiene como obra maestra es la Urna de Santo Domingo, datada de 1165 a 1170, destinada al sepulcro de este santo. Consta de dos hojas o placas cubriendo el sarcófago, una esmaltada y otra simplemente barnizada y grabada con el Agnus Dei y un Apostolado. La hoja esmaltada se guarda en el Museo Arqueológico de Burgos. Es también obra importante una pareja de cubiertas de Evangelario. Una está en el Instituto de Valencia de Don Juan de Madrid y la otra en el Museo de Cluny de París.

Rejería

Durante el periodo del románico, las rejas se utilizaron para cerrar pequeños huecos o ventanas por las que podía colarse cualquier animal, para proteger recintos o capillas sagradas muy especiales y para reforzar las puertas de madera. Se reconoce fácilmente una reja románica porque su diseño es casi igual en todas las piezas con pequeños detalles que puedan diferenciarlas.

Son diseños muy sencillos: pequeñas piezas que se enrollan en espiral, unidas a las barras verticales por abrazaderas o grapas y unidas entre sí también por abrazaderas. Su época de expansión duró desde mediados del siglo XI hasta el trece y en algunos casos tuvieron una supervivencia en pleno estilo gótico. La región de Castilla y León fue muy rica en rejas románicas, aunque la mayoría han desaparecido formando chatarra o cambiando en la fragua su aspecto por otro más moderno. Fue esa una costumbre muy extendida: se llevaba la reja vieja y con el mismo material se construía la nueva.[27]

Algunas rejas conservadas:

  • Iglesia de San Cipriano de Zamora cuyas ventanas están resguardadas por rejas muy antiguas. Además están documentadas con la escritura que aparece en el muro sur y que dice
Vermudo Ferario qui fecit memoria de Sua Fauica
  • Iglesia de San Isidoro de León donde se conserva un bonito ejemplar de ventana.
  • Catedral Vieja de Salamanca, con rejas románicas cerrando el ábside.
  • Catedral de Palencia, que guarda un bonito ejemplar en una puerta lateral de la capilla del Sagrario.
  • San Vicente de Ávila, con una reja de labrado perfecto que se supone correspondía al coro.

En el románico rural es frecuente que aparezca la reja reforzando la puerta de entrada a la iglesia, como se puede ver en la fotografía adjunta de la iglesia del pueblo de Presencio en Burgos.

Arquitectura civil y militar

La arquitectura civil románica es casi desconocida y la mayoría de los edificios que se consideran de esta época, no lo son; aunque algunos conserven parte de los cimientos o alguna puerta o ventana de medio punto de época románica, su desarrollo y diseño arquitectónico pertenecen a tiempos más modernos. Sin embargo queda algún resto como ejemplo, unas veces a la vista y otras embutido en la obra que se hizo después.[28]

Murallas

La muralla o la cerca fue un elemento arquitectónico de suma importancia en el periodo del románico, casi siempre relacionado o heredero de las cercas o pequeñas murallas o murallas romanas, construidas en periodos anteriores por los núcleos y asentamientos primitivos. Las ciudades amuralladas de tradición romana no hicieron sino aportar su estructura, que en algunos casos estaba muy deteriorada, por lo que hubo necesidad de rehacer. Las ciudades de León y Lugo conservan sus murallas romanas que han llegado en buen estado hasta el siglo XXI.

Las murallas y cercas puramente románicas se construyeron en los últimos años del siglo XII y todo lo largo del XIII. En muchos de los casos no solo tenían un destino de protección del núcleo habitado sino que hicieron la labor de aglutinar núcleos dispersos que tenían grandes espacios entre sí, que serían el inicio de una ciudad autosuficiente con sus propios cultivos, pudiendo así resistir un asedio prolongado. Así la futura ciudad quedaba separada del resto, con unos derechos y unas obligaciones propios. Por otra parte daban lugar estas cercas o murallas al control del movimiento de mercancías, siendo este el sentido fiscal, exigiendo en las puertas el correspondiente pago.

Las murallas de Castilla y León evolucionaron mucho en los siglos siguientes, o incluso llegaron a desaparecer, por lo que no se puede contar más que con restos o ruinas que sean auténticamente de época románica. El mejor ejemplo de muralla románica es la de la ciudad de Ávila, conservada casi íntegras sus partes pertenecientes a dicho periodo de la historia.

Castillos y recintos amurallados

Durante la época del románico se arreglaron muchos castillos ya existentes y se construyeron otros, fuertes importantes en los avances de la Reconquista, sobre todo en el reinado de Fernando II, en torno a 1180, cuando las zonas de Ávila, Segovia, Salamanca, Valladolid y Zamora fueron objeto de repoblación. Estos castillos tenían plantas rectangulares y sencillas, a veces torres circulares en cada esquina y muy raramente de planta cuadrada, como avance a lo que sería la torre del homenaje. Se construían con hiladas de encofrado de cal y canto, según se puede observar en los restos estudiados. En Tierra de Campos se construyeron cercas y castillos de tapial, como corresponde a la arquitectura de la zona. Aparecieron también las torres albarranas como clara influencia musulmana.[29]

Pero todos los castillos fueron renovados o demolidos en épocas siguientes y sus restos románicos apenas pueden adivinarse, aunque existen ejemplos que aun pueden dar testimonio, como la parte del alcázar de Segovia construida sobre el espolón rocoso en la unión de los ríos Eresma y Clamores, o la sala de los Ajimeces con ventanas de arco de medio punto.

De entre los recintos que amurallaban una fortaleza se puede hacer mención de unos pocos, más o menos arruinados y que muchos de ellos dejaron tan solo como recuerdo el edificio de una iglesia que lleva como apellido del Castillo.

  • Recinto de tapial rodeando el castillo de Turégano (Segovia), con nueve cubos hechos también en tapial.
  • En Aguilafuente (Segovia) se conserva la iglesia románica llamada Nuestra Señora del Castillo.
  • También en Segovia se halla el despoblado de Bernardos, del que queda una ermita llamada Nuestra Señora del Castillo.
  • En Coca (Segovia) se conservan muros del recinto románico, construido en cal y canto.
  • El interior de la muralla del recinto de Madrigal de la Altas Torres (Ávila) está construido en fuerte tapial con cal y canto, obra románica. En la parte más alta de este recinto se encuentra la iglesia Santa María del Castillo. Se especula sobre el hecho de que este recinto no se hiciera para proteger una ciudad, a modo de muralla, sino para cultivos y ganadería.[30]
  • En la provincia de Salamanca hay una localidad llamada Cantalapiedra en la que se conserva un cubo de la cerca del recinto y una iglesia llamada Santa María del Castillo.
  • En Ayllón (Segovia), se conserva por detrás del cerro un recinto amurallado que fue abandonado, y que la gente del lugar conoce con el nombre de los paredones. Se cree que fue un gran albacar (una especie de redil para el ganado dentro del recinto de la fortaleza.)
  • En Fuentidueña (Segovia) puede verse la villa vieja despoblada y cercada con muros de cal y canto y algunos cubos circulares y otros de planta cuadrada.
  • En 1161 Fernando II mandó repoblar el núcleo de Ledesma (Salamanca). Puede verse el recinto-castillo castillo que está edificado en sillarejo y mampuesto de granito con algunos sillares reutilizados de la ciudad romana anterior.

En algunos de estos recintos y en épocas siguientes se edificaron torres y ábsides como fortificación y complemento de las defensas de Castilla y León.

Puentes

Igual que sucedió con los castillos, los puentes sufrieron cambios y restauraciones posteriores por lo que su aspecto actual no corresponde en la mayoría de los casos a aquella época. Lo mismo que algunos puentes medievales son llamados vulgarmente “puente romano”, otros puentes de fabricación gótica son conocidos como “puente románico” sin serlo.

Un puente románico y peregrino fue el construido en Ponferrada (León), llamado el Puente de Hierro por la barandilla que se puso de este material. Fue pensado y edificado en función de las necesidades de los viajeros a Santiago de Compostela que en este lugar tenían dificultades para atravesar el río Sil.

Valladolid tuvo su primer puente sobre el río Pisuerga en tiempos del señor de la villa, conde Ansúrez, hacia el año 1080, el llamado Puente Mayor. En origen tenía arcos de medio punto que después fueron sustituidos por los arcos apuntados. Lo que se contempla en el siglo XXI de este puente dista mucho de la primitiva obra románica.

Palacios y casas

Los edificios domésticos, incluidos los palacios, no tenían grandes pretensiones; las casas se construían con materiales deleznables (en contraposición con la grandeza de las iglesias), que no pudieron resistir el paso del tiempo. Cuando ya se quiso dar importancia a esta arquitectura civil, lo poco que había se transformó y lo nuevo se edificó con las tendencias del gótico. Así ocurrió con las célebres canonjías de Segovia cuya estructura pertenece ya a la Baja Edad Media.

En la ciudad de León se encuentra el conocido palacio de doña Berenguela, llamado palacio románico, cuya estructura y planificación corresponden en realidad a los últimos años de la Baja Edad Media, lejos del románico, pero que conserva (tal vez reutilizadas) unas ventanas de estilo románico. Así mismo existe en la ciudad segoviana de Cuéllar el llamado palacio de Pedro I cuyo origen se supone que date de la época de la Repoblación y hasta quizás sean románicos parte de sus cimientos, pero el edificio actual es de principios del siglo XIV, aun cuando tenga una portada románica que puede ser heredada del edificio anterior o reutilizada de otro. Este palacio está considerado sin embargo como uno de los pocos ejemplares del románico civil.[31][32]

También existe en la ciudad de Zamora una casa conocida como casa del Cid, cuya historia está documentada en la seguridad de que viviera en ella doña Urraca y que el Cid sirviera en ella al rey. Su aparejo y sus trazas en la fachada frente a la catedral son de mediados del siglo XII. La fachada que da al río Duero es obra del siglo XI. Aun así, está bastante restaurada y reedificada durante los siglos siguientes, pero puede considerarse como una de las poquísimas muestras de arquitectura civil románica en Castilla y León.

Tradicionalmente se ha dado en llamar casa o palacio románico a aquellos edificios que tienen una buena portada con arco de medio punto y grandes dovelas, siendo en realidad estructuras que corresponden a época del gótico.

Simbología en el románico de Castilla y León

Los estudios de la arquitectura religiosa en general y del arte románico en particular han querido ver y demostrar las representaciones simbólicas que presentan desde los orígenes los edificios de las iglesias cristianas en la arquitectura, escultura y pintura. El simbolismo está presente no sólo en los templos románicos, sino en los góticos, renacentistas y barrocos y lo estuvo desde tiempos pretéritos de la Antigüedad.

Para llevar a cabo la arquitectura cristiana y en este caso la arquitectura románica se tenía muy en cuenta una serie de preceptos simbólicos que a primera vista pueden pasar desapercibidos por desconocer su significado pero que fueron desde muy antiguo consustanciales con las creencias religiosas de los hombres. Por eso fueron importantes y se tuvieron en cuenta la ubicación y altura del edificio, la planta con su división en parte circular y partes cuadradas, los números, la luz entrante, la ornamentación geométrica o historiada y en gran medida el bestiario, repartido sobre todo en canecillos y capiteles.[33]

La altura

El hecho de que el edificio sagrado esté construido en todo lo alto es algo heredado o transmitido o que coincide con todas las religiones anteriores. Las iglesias (rurales o catedrales) se construían en el lugar más elevado (que además en muchos casos coincidía con el emplazamiento de un templo anterior) y si el terreno era totalmente llano, se procuraba que los muros y la torre tuvieran mucha más altura que el resto del caserío. La altura simbolizaba un mayor contacto con Dios que supone que habita allá arriba y al que los cristianos dieron uno de los apelativos más antiguos para llamarle: el Altísimo.

La planta y el número 4

La articulación de una iglesia románica se hacía siempre alrededor de uno o más cuadrados. (La planta de cruz latina simboliza la cruz de Cristo y su sacrificio para la salvación de las almas). El cuadrado simboliza lo terrestre frente al círculo que simboliza lo divino. Ya desde el Génesis la Tierra está simbolizada como un cuadrado que flota en el Universo, y en el centro de ese cuadrado está situado el nacimiento de los 4 ríos que se dirigen a los 4 puntos cardinales. A su vez los 4 ríos dibujan una cruz, que es origen del cuadrado. Todos estos diseños cargados de simbología fueron empleados desde antiguo por las sucesivas culturas. El número 4 está bien presente siendo el símbolo basado en los 4 elementos (tierra, agua, aire, fuego) que son las estancias de las purificaciones del alma en las culturas más antiguas. Basándose en estos conceptos, el número 4 será esencial en la simbología del románico, por ejemplo, con la presencia del Tetramorfos (símbolos de los 4 evangelistas) ubicado casi siempre bajo la cúpula en el ángulo en que el círculo se une con el cuadrado, es decir, simbolizando su intervención entre la Tierra y el Cielo, entre los hombres y Dios.

El círculo es desde antiguo el símbolo solar, por tanto y por extensión, el símbolo de Dios. El círculo o el semicírculo se emplea en la construcción románica para las zonas reservadas a lo divino: el ábside o los ábsides son zonas sagradas, lugar donde habita Dios. El círculo de la cúpula simboliza la morada de Dios en el cielo; de hecho, muchas de esas cúpulas se pintaron de azul con estrellas y con ángeles

La luz entra por el este

Todas las iglesias románicas están orientadas en el eje este-oeste. El ábside (la morada de Dios) debe estar en el este, lugar por donde sale el sol, lugar que ha de recibir sus primeros rayos y que por tanto y al estar el resto en penumbra, recibirá las miradas de los allí presentes.

Bestiario

Los animales llevan consigo una serie de connotaciones simbólicas bien definidas y bien conocidas por los artistas románicos y por el pueblo a quien iban dirigidas sus obras. Los más comunes o los mejor conocidos son:

  • perro (fidelidad)
  • león (fuerza)
  • mono (lujuria)
  • paloma (castidad, Espíritu Santo)
  • cordero (víctima propiciatoria)

El león, el águila y el toro son símbolos muy empleados y referidos en la mayoría de los casos a la suprema divinidad. Otros animales son símbolos moralizadores, pero todos ellos deben interpretarse de acuerdo al contexto en que se ven, pues a veces el león puede representar al maligno y el perro al demonio. En definitiva, los animales serán siempre símbolos del Bien o del Mal, estudiados dentro de su narración iconográfica.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas

  1. Según la documentación, cronológicamente se utilizó este adorno en Frómista antes que en Jaca. Miguel Ángel García Guinea|García Guinea, Miguel Ángel. Iniciación al Arte Románico. La arquitectura románica: técnicas y principios. Fundación de Santa María la Real. Aguilar de Campoo, 2000. ISBN 84-8948313-2.
  2. El dinar era una moneda musulmana de oro, de mucho valor, que pronto fue imitada por otros reinos que no eran musulmanes.
  3. Un técnico, hombre de gran experiencia que resolvía sobre la marcha los problemas que pudieran surgir.
  4. Bango Torviso, Isidro G. Tesoros de España. Vol. III. Románico; Blanco Martín, Francisco Javier. Iniciación al Arte Románico. Fundación de Santa María la Real. Aguilar de Campoo.
  5. En este momento hay un gran aumento de los miembros de los cabildos catedralicios y de los monjes de los monasterios, por lo que hay necesidad de ampliar los altares, ya que tenían obligación de decir misa diaria cada uno de los sacerdotes.
  6. Ver foto de bajada a la cripta. [1]
  7. Rastra es un madero que se coloca a lo largo de un muro y que sirve para poder apoyar el techo.
  8. En España se llamó atrio o galilea a este espacio cuando estaba dedicado a enterramiento.
  9. Ver [2]
  10. Ver [3]
  11. Ver [4]
  12. Enríquez de Salamanca: Rutas del Románico en la provincia de Palencia, Madrid, 1991.
  13. Ver el capitel de Frómista sobre “la zorra y el cuervo”.
  14. Ver el Padre Eterno de la fachada de Carrión de los condes.
  15. Bertaux, E. L'Arquitecture romane: Espagne et Portugal, Histoire de l’Art, vol.II, Paris 1905.
  16. Moralejo Álvarez, S. San Martín de Frómista, en los orígenes de la escultura románica europea, jornadas sobre el románico en la provincia de Palencia, Palencia 1986.
  17. El Museo Marés de Barcelona guarda una gran cantidad de vírgenes románicas procedentes de iglesias de Castilla y León.
  18. Pila bautismal de Fresneda de la sierra Tirón, siglo XII (Burgos).
  19. Este tipo de pórtico con enterramientos es lo que se llama galilea.
  20. Este sepulcro estuvo en el monasterio de Sahagún, después viajó hasta Estados Unidos y finalmente se encuentra custodiado en el Museo Arqueológico Nacional.
  21. Bango Torviso, Isidro G. Tesoros de España. Vol. III. Románico. Espasa Calpe, 2000. ISBN 84-239-6674-7
  22. Después otros autores como Cook, Gudiol, Ainaud y Camón Aznar han lanzado otras tesis en cuanto a la fecha, influencias y autores de dichas pinturas.
  23. Manuel Gómez Moreno, El arca de las reliquias de San Isidoro de León. Archivo Español de Arte XLVIII, 1940. Este historiador fue el primero en estudiar los marfiles españoles de esta época. En un trabajo de sistematización agrupó las piezas según el estilo y descubrió dos talleres, uno en la ciudad de León y otro en el monasterio de San Millán de la Cogolla.
  24. Así consta en el testamento de esta reina.
  25. Un portapaz es un utensilio litúrgico, plano y generalmente muy valioso, que se ofrecía a los fieles a besar para dar la paz.
  26. Gómez Moreno, Manuel. El Arca de las Reliquias de San Isidoro de León. Archivo Español de Arte y Arqueología, VIII, 1932.
  27. Amelia Gallego de Miguel. Historia del Arte de Castilla y León. Tomo II. Arte Románico. Rejería. Ámbito Ediciones, Valladolid 1994. ISBN 84-8183-002-X
  28. Alfonso Álvarez Mora. Historia del Arte de Castilla y León. Tomo II. Arte Románico. El renacimiento urbano. Ámbito Ediciones, Valladolid 1994. ISBN 84-8183-002-X
  29. Torre que sobresale del recinto principal y al que se une por un paso superior.
  30. Jorge Jiménez Esteban. El castillo medieval español y su evolución. Editorial Agualarga. ISBN 84-88959-12-5
  31. José Luis Cano de Gardoqui García. Casas y palacios de Castilla y León, sección de Segovia. Junta de Castilla y León, 2002. ISBN 84-9718-090-9.
  32. Bango Torviso, Isidro G. Historia del Arte de Castilla y León. Tomo II. Arte Románico, página 39. Ámbito Ediciones, Valladolid 1994. ISBN 84-8183-002-X
  33. Herrera Marcos, Jesús, Arquitectura y simbolismo del románico en Valladolid. Edita Ars Magna, 1997. Diputación de Valladolid. ISBN 84-923230-0-0

Bibliografía

  • Bango Torviso, Isidro G. Historia del Arte de Castilla y León. Tomo II. Arte Románico. Ámbito Ediciones, Valladolid 1994. ISBN 84-8183-002-X
  • Juan Sureda Pons. Historia del Arte de Castilla y León. Pintura. Tomo II. Arte Románico. Ámbito Ediciones, Valladolid 1994. ISBN 84-8183-002-X
  • Bango Torviso, Isidro G. Tesoros de España. Vol. III. Románico. Espasa Calpe, 2000. ISBN 84-239-6674-7
  • Herrera Marcos, Jesús, Arquitectura y simbolismo del románico en Valladolid. Edita Ars Magna, 1997. Diputación de Valladolid. ISBN 84-923230-0-0
  • Antonio Viñayo González L’ancien royaume de Leon roman, traducido del español al francés por Norbert Vaillant. Colección La nuit des temps.
  • García Guinea, Miguel Ángel y Blanco Martín, Francisco Javier. Iniciación al Arte Románico. La arquitectura románica: técnicas y principios. Fundación de Santa María la Real. Aguilar de Campoo, 2000. ISBN 84-89483-13-2
  • Catálogo Las Edades del Hombre. El arte en la Iglesia de Castilla y León. ISBN 84-505-7998-8, 1988
  • María Luisa Martín Ansón. Esmaltes. Summa Artis XLV, tomo II. Artes decorativas. Espasa Calpe 1999. ISBN 84-239-5489-7
  • Margarita M. Estella Marcos. La escultura de marfil en España. Summa Artis XLV, tomo I. Artes decorativas. Espasa Calpe 1999. ISBN 84-239-5488-9
  • Alfonso Álvarez Mora. Historia del Arte de Castilla y León. Tomo II. Arte Románico. El renacimiento urbano. Ámbito Ediciones, Valladolid 1994. ISBN 84-8183-002-X
  • Jorge Jiménez Esteban. El castillo medieval español y su evolución. Editorial Agualarga. ISBN 84-88959-12-5 página 77