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Arquitectura renacentista en España

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Fachada de la Universidad de Alcalá de Henares, obra de Rodrigo Gil de Hontañón, de 1553.

La Arquitectura renacentista aparece en España cuando el denominado estilo Reyes Católicos, todavía goticista, comienza a enriquecerse a finales del siglo XV con motivos decorativos llegados de Italia, dando paso a una nueva tendencia donde predominará el gusto por lo clásico y lo estético sobre el sentimiento religioso. Con la exaltación de la personalidad surgen fuertes individualidades que mostrarían su señorío a través del mecenazgo, que crearían a su costa palacios y fundaciones benéficas donde mostrar su poder y su cultura humanista.

El Renacimiento ocupa prácticamente todo el siglo XVI y se extiende por España con desigual intensidad. Ciudades como Salamanca, Sevilla, Alcalá de Henares o Úbeda revisten su fisonomía urbana con un lenguaje estético nuevo, elegante y culto, generalmente asociado a poderosos mecenas procedentes de entidades religiosas o nobiliarias.

La arquitectura renacentista va evolucionando desde un primer abigarrado mundo decorativo del Plateresco hasta la extrema sobriedad del Clasicismo puro, llegando a amanerarse luego en sus formas dando lugar al denominado Manierismo. Estos movimientos artísticos no se entienden en realidad como estilos arquitectónicos en sí, sino como manifestaciones distintas del mismo Renacimiento, pues los tres toman como base las formas clásicas inspiradas en las culturas Griega y Romana.

Entre sus autores existen reconocidos arquitectos de indudable calidad, entre los que se pueden citar a Enrique Egas, Rodrigo Gil de Hontañón, Juan de Álava, Diego de Siloé, Andrés de Vandelvira, Hernán Ruiz II el Joven, y como figura especial a Juan de Herrera. Algunas de las innumerables obras de calidad son:

El Colegio Mayor de Santa Cruz de Valladolid, fundado en 1479 por don Pedro González de Mendoza, “el Gran Cardenal”, es fábrica inicial goticista, donde se incluyen decoraciones toscanas creadas por el segoviano Lorenzo Vázquez en 1489, dando lugar a una portada principal con espléndida escenografía italianista.

El Castillo de La Calahorra en Granada, fue remodelado a instancias de don Rodrigo de Vivar, marqués de Cenete, quien en 1509 encarga al genovés Michele Carlone la transformación de su interior en un innovador palacio clásico, cuyas obras acabarían en 1512. Destaca la espectacularidad del patio y sus fastuosas portadas.

El Palacio de los duques de Medinaceli en Cogolludo, primer ejemplo de palacio urbano de aspecto renacentista. Mandado construir por don Luis de la Cerda y Mendoza en la última década del siglo XV, de planta rectangular y patio central, su imagen serena y noble le otorga aspecto señorial de acento toscano.

Portada de la portada plateresca de la Universidad de Salamanca.

La Catedral de Sigüenza muy pronto se sumó a esta nueva tendencia artística con obras como la Portada de Pórfido (1503), quizás a instancias del obispo don Bernardino López de Carvajal, continuándose luego con otras nuevas portadas y sepulcros, o el exquisito Altar de Santa Librada (1515), a instancias del obispo don Fadrique de Portugal,

El Hospital Real de Santiago de Compostela es fundación de los Reyes Católicos y obra de Enrique Egas, que se inicia en 1501 y se acaba en 1511. De planta cruciforme, destaca su exuberante portada a modo de retablo, con hornacinas e imaginería, de 1518.

La Casa de las Conchas de Salamanca es una muestra del deseo de ostentación de la nobleza. Obra de hacia 1512 para el doctor Talavera Maldonado, canciller de la Orden de Santiago, aún combina elementos goticistas con la nueva ornamentación renacentista de los antepechos de ventanas, dintel de la puerta de entrada o cresterías del patio.

En la Catedral de Burgos, a principios del siglo XVI aparecen las primeras portadas platerescas, con esquemas que responden en general a un arco sobre pilastras, a veces enmarcado por un orden de columnas, con pedestales y rematado por un edículo o cuerpo semicircular. Las variantes son muchas, en obras como la portada de la Capilla del Condestable o la de La Pellejería, obras de Francisco de Colonia, de 1512 y 1516, respectivamente. De gran importancia son también la Escalera Dorada (1519-23), obra de Diego de Siloé, y los sepulcros labrados por Juan de Vallejo.

La Universidad de Salamanca culmina su fachada plateresca en 1533. Se le ha denominado fachada inconexa, pues no responde su estructura arquitectónica con el resto del edificio. Es una obra puramente decorativa desarrollada como un enorme tapiz, realizada con un virtuosismo plástico difícilmente superable. Elementos como grutescos, heráldica o medallones, se suceden en una exquisita composición.

La Iglesia de San Esteban en Salamanca, correspondiente al convento del mismo nombre, fue en parte promovido por fray Juan Álvarez de Toledo, obispo de Córdoba, hijo del duque de Alba. A los pies del templo se levanta su magnífica fachada plateresca, obra de Juan de Álava que se prolongaría a lo largo del siglo XVI.

Portada plateresca de la Colegiata de Torrijos.

La Catedral de Cuenca levantaría, a partir de 1520 importantes obras renacentistas bajo distintos mecenas. La portada de la Capilla de los Caballeros o de los “Albornoces”, restaurada por don Gómez Carrillo de Albornoz, tesorero y canónigo de la catedral, y la gran portada de la Capilla de los Apóstoles, promovida por don García de Villarreal en 1527, son notables obras platerescas.

La Iglesia de la Asunción, en Almazán, levanta su espléndida torre renacentista en el año 1540 a instancias del señor de Mendoza y de su mujer, doña Leonor de los Ríos; y forma, junto con el Palacio de los Mendoza, la Casa consistorial y el Rollo jurisdiccional, uno de los buenos conjuntos urbanos de nuestro renacimiento.

El Hostal de San Marcos de León se comienza a principios del XVI bajo el patrocinio de Fernando el Católico. Sus trazas se deben a Pedro de Larrea, realizándose en ese siglo la fachada, por Martín de Villarreal, y el claustro y la bella sacristía (1549) bajo la dirección de Juan de Badajoz.

La Iglesia de Santiago de Medina de Rioseco se inicia en 1533, continuándose las obras durante toda la centuria y parte de la siguiente. Sus trazas se deben a Rodrigo Gil de Hontañón y en ella destaca su portada lateral, enmarcada entre sólidos contrafuertes, en la que interviene en 1548 el escultor Miguel de Espinosa, discípulo de Diego de Siloé.

La Iglesia parroquial de Torrijos, se levanta bajo el mecenazgo de doña Teresa Enríquez, acabándose las obras en 1518. Su portada queda cobijada bajo un arco de medio punto con sus dovelas delicadamente decoradas, y muestra en su composición un bello repertorio de columnas, hornacinas, y motivos platerescos.

El Hospital de Tavera o de San Juan Bautista de Toledo, es fundación de la voluntad de mecenas del cardenal Tavera. Trazado por Alonso de Covarrubias, se inició en 1451. Organizado alrededor de dos patios unidos por galería de arcos intermedia, su fachada de tintes florentinos con huecos rodeados por recios sillares almohadillados le dan monumentalidad y sobriedad al edificio.

La Universidad de Alcalá de Henares levanta su espléndida fachada renacentista entre 1541 y 1553, según las trazas de Rodrigo Gil de Hontañón. A la manera de colosal retablo en piedra, sus cuerpos verticales se organizan y articulan mediante columnas y pilastras, marcando un espléndido cuerpo central presidido por un gran escudo imperial con el águila bicéfala y el busto del Padre Eterno.

El Convento de San Benito de Alcántara, lo erige la Orden militar que da nombre a esta localidad. Tiene estructura de palacio con dos fachadas donde repite el esquema de galerías porticadas de tres pisos en arcos de medio punto sobre columnas en los primeros y adintelado el superior; en sus extremos se elevan sendas torrtas cilíndricas donde figuran escudos de Carlos V.

El Palacio del marqués de la Conquista, de Trujillo, es obra tardía (primer tercio del siglo XVII), pero responde plenamente al Plateresco, tanto en su estructura como en su decoración. Mandado levantar por Juan Fernando Pizarro y Manrique, bisnieto del conquistador de Perú, destaca su ventana esquinada entre columnas abalaustradas y su fastuosa decoración superior.

La Catedral de Murcia se suma al movimiento renacentista con elementos importantes como son la Portada de las Cadenas, labrada hacia 1515. Su portentosa torre la comienza Jacobo Florentín, en 1521, realizando el primer cuerpo donde incluye decoración de muy depurado estilo italiano. El segundo cuerpo es obra de Jerónimo Quijano, realizado hacia el año 1560.

La Iglesia de Santa María del Salvador en Chinchilla, cuenta con una obra excepcional en su género, como es su cabecera, realizada por Jerónimo Quijano por encargo de 1536 del deán del obispado de Cartagena, Sebastián Clavijo. Se cubre con bóveda elíptica decorada con gallones radiales y casetones, a la que sigue una espléndida bóveda de hormo avenerada.

La Torre del Reloj o del Tardón, en Alcaraz, es obra de Andrés de Vandelvira realizada entre 1555 y 1574. De planta hexagonal irregular, está profusamente decorada con elementos renacentistas. Frente a ella, la Torre de la Trinidad, iniciada en 1544, presenta en su cuerpo superior un campanario y una crestería similar a la del Reloj.

La Iglesia de Santa María de Calatayud presenta una magnífica portada-retablo levantada entre los años 1525 y 1527 por Juan de Talavera y Esteban de Obray. De decoración fastuosa, incluye columnas abalaustradas con grutescos finamente tallados, y figuras de bulto en las hornacinas, completando la composición un rico cuerpo superior cobijado bajo arco.

La Lonja de Zaragoza es una magnífica obra renacentista construida en 1551 a instancias de don Hernando de Aragón, arzobispo de Zaragoza. Con trazas de Juan de Sariñena, de concibe con planta de salón columnario de tres naves de cinco tramos y de igual altura, cubiertas por espléndidas bóvedas de crucería. Cuenta con unas hermosas fachadas realizadas íntegramente en ladrillo.

El Ayuntamiento de Alcañiz, junto con el edificio de La Lonja que se le adosa en esquina, forma uno de los conjuntos urbanos de mayor sabor italiano de nuestro Renacimiento. Es obra de mediados del siglo XVI y en él destaca la fachada principal con su gran escudo central y la galería de arcos de medio punto del cuerpo superior rematada por un gran alero volado.

La Iglesia de Santa María la Grande de Pontevedra organiza su suntuosa fachada renacentista sobre un templo gótico ya existente. Con abundante decoración e imaginería debida al arquitecto y retablista holandés Cornelio, esta obra data de 1539 y se organiza según una fachada-retablo de varios pisos superpuestos repleta de una minuciosa ornamentación.


El Convento de San Esteban de Ribas de Sil, en Orense, levantó en el siglo XVI una importante portada entre columnas pareadas de orden gigante, con escudos y edículo superior. Pero más importante aún es su claustro de tres pisos y factura renacentista que combina arcos sobre dinteles en el cuerpo central, con arcos sobre columnas en los otros dos niveles.

La Iglesia de la Asunción de Vistabella del Maestrazgo, cuenta con una hermosa portada de finales del siglo XVI constituida a modo de retablo bajo arco. Su composición, de dos series de órdenes superpuestos (dórico y jónico) con un ático superior, presenta unas ricas labores en la labra de columnas, roleos y hornacinas.

La Iglesia de Santa María de Viana presenta una interesante portada fechada en 1566, y realizada según trazas del escultor Juan de Goyaz. Su singular planteamiento combinando superficies planas con curvas la convierte en un ejemplo sin precedentes, de gran audacia y genialidad.

La Universidad de Oñate se debe al obispo de Ávila don Rodrigo Sáez de Mercado, quien expresa su deseo de fundación en 1534. Es un gran edificio organizado alrededor de un patio central, en el que destacan la portada y los contrafuertes calados con cuerpos de hornacinas superpuestas con abundante decoración a base de grutescos y elementos de mitología clásica.

La Iglesia de Santa María la Mayor de Antequera la funda el obispo Diego Ramírez de Villaescusa en 1502. Comenzada en 1514 es el primer templo columnario de Andalucía. De planta basilical, se atribuye a maestro Pedro del Campo, y presenta una sobria y monumental fachada organizada según tres enormes arcos que alojan puertas y hornacinas.

La Iglesia de San Jerónimo en Granada la patrocina el emperador Carlos V como mausoleo para el Gran Capitán. Las obras las inicia Jacobo Florentín en 1525 y las continúa Diego de Siloé. Su concepto espacial interior y soluciones constructivas la catalogan como una obra de las obras maestras de nuestro renacimiento.

Interior de la Catedral de Jaén, obra de Andrés de Vandelvira de hacia mitad del siglo XVI.

El Palacio de Carlos V de Granada lo manda edificar el emperador Carlos V, siendo diseñado por Pedro Machuca. Comenzado en 1527, el edificio de dos plantas de altura y líneas muy puras y clásicas, se organiza de forma magistral según una planta cuadrada en cuyo interior incluye un patio de sección circular.

La Iglesia del Salvador en Úbeda la funda don Francisco de los Cobos, comendador mayor de León y secretario personal de Carlos V como capilla funeraria familiar. Con diseño de Diego de Siloé, las obras se comienzan en 1536 bajo la dirección de Alonso Ruiz y Andrés de Vandelvira, con la intervención del imaginero Esteban Jamete, dando como resultado uno de los mayores logros del Renacimiento andaluz.

El Ayuntamiento de Sevilla se comienza hacia el año 1525 bajo la dirección de Diego de Riaño, arquitecto montañés que en su trabajo tiende hacia un purismo arquitectónico decorado con ornamentaciones de tipo plateresco y estilo italiano. Su fachada se organiza según composición precisa con elementos arquitectónicos decorados con elegantes grutescos de tipo florentino.

La Catedral de Sevilla convierte su viejo alminar almohade en un grandioso campanario cristiano, para lo cual en 1558 el Cabildo acuerda la construcción sobre ella de un importante cuerpo de campanas a Hernán Ruiz II El Joven, quien con gran pericia levanta una magnífica obra renacentista de cuatro cuerpos y más de treinta metros de altura, la popular Giralda, que se concluye en 1568.

La Catedral de Granada se inicia en 1523 según las trazas goticistas de Enrique Egas, pero pronto se cambió por un diseño novedoso y renacentista creado por Diego de Siloé y aprobado por el propio emperador Carlos V en 1529. De cinco naves, doble girola, crucero y dos torres, sus obras acabarían ya entrado el siglo XVIII.

La Catedral de Almería se construye con aires de fortaleza, entre los años 1524 y 1543. Con tres naves de igual altura y enormes contrafuertes, interiormente cuenta con pilares muy esbeltos y notables bóvedas de crucería. Muy importantes son sus portadas clasicistas debidas a Juan de Orea, donde campean el escudo del obispo Villalán, impulsor de las obras.

La Catedral de Jaén la encarga el Cabildo a Andrés de Vandelvira mediante concurso de 1548. De planta rectangular, es una espléndida iglesia de salón de tres naves cubiertas por bóvedas vaídas. Destacan las piezas emblemáticas de la Sacristía y la Sala Capitular, obras acabadas en 1577 y realizadas dentro del más estricto purismo clásico.

Monasterio de El Escorial. Obra de Juan de Herrera de segunda mitad del siglo XVI.

La Catedral de Málaga se inicia en el primer cuarto de siglo XVI, y en ella intervinieron grandes maestros de la arquitectura renacentista española. La grandiosidad de su exterior muestra molduras clasicistas que se acusan en la fachada principal y en la de los brazos del crucero. Desataca su esbelta capilla mayor semicircular y la decoración de sus bóvedas.

La Catedral de Plasencia, magnífico ejemplar de la arquitectura renacentista, se levanta a partir de 1498 a instancias del obispo Gutiérrez Álvarez de Toledo. Intervienen en ella importantes maestros como Juan de Álava, Alonso de Covarrubias y Rodrigo Gil de Hontañón. Aún con muestras del gótico tardío, sus portadas son importantes ejemplos del mejor plateresco español

El Monasterio de El Escorial lo funda Felipe II para que sirva como monasterio, palacio real y panteón familiar. Comenzado por Juan Bautista en 1563 y continuado tras su muerte por Juan de Herrera, constituye la obra de mayor empeño de la construcción civil española y una de las obras maestras de nuestra arquitectura, donde se concretan los más brillantes conceptos del Renacimiento. Sin concesión a la decoración gratuita, sus volúmenes rotundos y sus formas puras representan el cenit del clasicismo en nuestro país.

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