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Arquitectura neoclásica

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La arquitectura neoclásica en Francia

Francia es el centro del arte neoclásico.

Ange-Jacques Gabriel (1698-1782) es el primer arquitecto de la época. Se debate entre el Barroco de sus inicios y el neoclasicismo de sus últimas obras, como el Petit Trianón. Gabriel es un arquitecto del Antiguo Régimen que recupera la arquitectura de estilo dórico, aunque sin basa en la columna. Otras obras suyas son: la Escuela Militar, el Ministerio de Marina y el Teatro de Versalles, además de numerosos hoteles.

Pero los grandes teóricos del neoclasicismo fueron dos críticos de arte Johann Wínckelmann y el, también pintor, Antón Rafael Mengs, que estudian la antigüedad clásica, y propugnan el purismo y el clasicismo como virtudes del arte antiguo, y la serenidad y el equilibrio como modelo de belleza.

Como lo hiciera el barroco, el nuevo estilo sirve de propaganda tanto para el Antiguo Régimen como para los Estados liberales. Aparecen en todas las capitales arcos de triunfo y puertas conmemorativas. El Estado es el impulsor del nuevo arte. Napoleón Bonaparte alienta el primer gran neoclasicismo, dando un carácter monumental a unos edificios que paga el Estado.

Jacques-Germain Soufflot (1713-1780) es el primer gran arquitecto plenamente neoclásico. Construye el Panteón de París. Los edificios recuerdan a los templos clásicos como el Partenón, aunque son más grandes y no tienen acceso por todas partes. Son edificios de uso público, de nueva planta, que se dedican a la Administración del Estado o al ocio de la burguesía, como los casinos y teatros. Otra obra suya es la iglesia de Santa Génova.

Algunos arquitectos continúan con ciertos convencionalismos barrocos, como Víctor Louis, que siendo neoclásico tiende a utilizar elementos barrocos, como en la Comedia de Burdeos o Lyon, y Pierre Vignon en La Madeleine.

Charles Percier (1764-1838) y Pierre Fontaine (1762-1853) son los arquitectos oficiales de Napoleón. En realidad son más decoradores de interiores que arquitectos. Son los creadores del estilo imperio, caracterizado por los muebles macizos, la decoración geométrica y la profusión de curvas. En 1812 publican un Manual de decoración de interiores, en los que recogen cómo se realiza su arte. Desde entonces, el más alto arte está al alcance de cualquiera, y tiene gran difusión.

La arquitectura neoclásica en Italia

En Italia nunca se había perdido el gusto por las fórmulas clásicas, no en vano es el país donde más presente están los edificios clásicos, y es la cuna del Renacimiento.

Giovanni Battista Piranesi (1720-1778) es, probablemente, el arquitecto italiano de mayor prestigio. Conoce la obra de Vitruvio y Palladio, los grandes arquitectos de la Antigüedad y el Renacimiento, respectivamente. Aboga por las grandes escenografías interiores. La amplitud del espacio interior es lo que caracteriza su obra.

Giuseppe Valadier (1762-1839) es otro de los grandes arquitectos del momento. Pudo realizar algunas obras en Roma, lo cual era muy difícil, como la Casa del Pueblo.

Existió, también, una escuela lombarda en la que Giovanni Antonio Antolini era el arquitecto más representativo. Su arquitectura es utópica, severa y moralizante. Como buen neoclásico que era, para Antolini la belleza tiene por fundamento la necesidad, todo lo necesario es bello. Su obra más importante es el foro de Milán.

La arquitectura neoclásica en España

En España no faltan tampoco los edificios de gusto neoclásico. Cada ciudad tiene alguno. Se construyeron en los reales sitios a imitación de los franceses.

Uno de los arquitectos más reconocidos es Francisco Sabatini (1722-1797), que trabaja para Carlos III y realiza obras como la puerta de Alcalá.

Ventura Rodríguez en su última etapa realiza obras de carácter neoclásico como la fachada de la catedral de Pamplona, y Juan de Villanueva (1739-1811) construirá la fachada del palacio del Pardo, el Observatorio Astronómico de Madrid y la puerta del Jardín Botánico.

Otros arquitectos vinculados al movimiento neoclásico en España son Silvestre Pérez (1767-1825), que trabaja en el País Vasco y también en Madrid, y Torcuato Benjumeda, que lo hace en la zona de la Bahía de Cádiz, y entre cuyas obras se encuentra la Cárcel Real de Cádiz.

La arquitectura neoclásica en Otros países

La arquitectura neoclásica se extiende por todo el mundo. En Inglaterra y Estados Unidos trabajan William Chambers, Robert Adam, George Dance, John Soane, John Nash, James Hoban que hace la Casa Blanca, Thomas Ustick Walter y Benjamin Latrobe, que hace el Capitolio. Sus principales obras consisten en casas de campo y restauraciones.

En Rusia los arquitectos están al servicio del Estado de los zares, con obras como las de San Petersburgo y Moscú. Destacan Bartolomeo Francesco Rastrelli: palacio Petrov, Palacio de Invierno, en San Petersburgo, Andréi Dimitróvich Sajarov: edificio del Almirantazgo de San Petersburgo, y Matvei Kazárov: el Senado de Moscú, Teatro Bolshoi.

En Alemania los arquitectos estaban al servicio del emperador prusiano, que muestran su poder. Destacan Karl Gotthard Langhans: la puerta de Brandenburgo, Karl Friedrich Schinkel: palacio imperial de Berlín, y Leo von Klenze.

Visionarios y utópicos

Lo más característico y revolucionario de la arquitectura neoclásica no está en lo construido, sino en los proyectos de una serie de arquitectos, que no se pueden realizar por falta de una tecnología adecuada.

Claude-Nicolás Ledoux (1736-1806) es la figura más representativa de este grupo. Proyecta residencias de campo, palacetes y es, en buena medida, un urbanista. Es partidario de los patrones geométricos y estáticos, en lugar de las perspectivas, los puntos de fuga y los puntos absorbentes. Ledoux es miembro de la Academia, por entonces una institución revolucionaria, y proyecta las aduanas de paso a París, aunque se construyen muy pocas. Se caracterizan por la austeridad y la falta de decoración. Todas son hechas con el mismo patrón. La mayoría de las ideas de Ledoux se quedaron en proyectos: complejo industrial de las salinas de Chaux.

Etienne-Louis Boullée (1728-1799) es otro de los grandes neoclásicos, cuyas ideas se plasman en grandes proyectos que nunca llegarán a construirse. Son, en su mayoría, proyectos utópicos, irrealizables por sus dificultades técnicas, como el cenotafio a Newton, que consiste en una esfera perfecta. Es un precursor del racionalismo del siglo XX.

Jean-Nicolas-Louis Durand (1760-1834) es el tercero de los grandes utópicos. Solamente proyecta. Idea construcciones basadas en una serie de módulos que pueden agruparse en múltiples combinaciones. Una idea genial que recogerá el racionalismo del siglo XX.

Referencias

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Otras fuentes de información

Notas