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Arquitectura del siglo XIX en España
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
El siglo XIX es época de profundos cambios en la sociedad, lo que origina grandes cambios en la arquitectura. Aparece el ferrocarril como revolucionario medio de transporte y el acero como material inédito en la construcción. El país cambia con la novedosa Constitución de 1812 y las nuevas teorías económicas y filosóficas.
Aparece una nueva ciencia: el Urbanismo, que entiende la ciudad como un todo unificado. Surgen los ensanches en las grandes ciudades y la creación de las Escuelas de Arquitectura de Madrid y Barcelona, donde quedan superados los viejos conceptos de academicismo y estilo, apareciendo una nueva tendencia: el eclecticismo, que toma su inspiración de cualquier momento de la historia del arte, sin condicionarse a ninguno de ellos. Se crean edificios nuevos, como las grandes estaciones de trenes o los palacios de Exposiciones. Y en otros como los teatros, las condiciones las acústicas y de confort son completamente renovadas.
Algunos autores estudiosos de este siglo tienden a considerar cuatro fases en su arquitectura, que a veces se superponen entre sí en el tiempo:
- El Academicismo neoclásico, heredero de la Ilustración, donde la Norma condiciona toda la obra. Como ejemplo, la Puerta de Toledo de Madrid, obra de Antonio López Aguado, verdadero Arco de triunfo creado para el recibimiento triunfal de los parlamentarios de las Cortes de Cádiz.
- El Romanticismo, donde los órdenes se tratan con cierta libertad, implantándose en especial en las fachadas, como en el Palacio del marqués de Salamanca, de Madrid, obra de Narciso Pascual y Colomer.
- El Eclecticismo, que utiliza cualquier elemento compositivo conocido para su composición. Una obra clave es la Catedral de la Almudena de Madrid, proyectada por el madrileño Francisco de Cubas en 1881, que introduce en su composición elementos de distintas tendencias históricas y artísticas.
- El Personalismo, donde el espíritu individual crea elementos nuevos y formas sorprendentes, en una corriente cortada por la Gran Guerra de 1914. Ejemplo de esta tendencia es el actual Museo de Zoología del Parque de la Ciudadela de Barcelona, obra de 1888 de Luis Doménech y Montaner.
Muchos e importantes edificios públicos y privados se levantan en España en este siglo, algunos en antiguos terrenos ganados por las sucesivas desamortizaciones a la iglesia, creándose a su vez nuevas plazas y abriéndose amplias avenidas en las principales ciudades españolas.
Madrid experimenta una brillante actividad constructiva, con un plantel de arquitectos de enorme valía que reparten sus edificios especialmente por la zona más céntrica y representativa de la ciudad.
Entre los muchos y muy notables edificios de este siglo en Madrid se citan sólo algunos como son: la Biblioteca Nacional, obra de Francisco Jareño de 1852; el edificio del Banco de España de la Plaza de Cibeles, según el depurado proyecto de Eduardo Adaro; el Palacio de Cristal del Parque del Retiro, de 1886, diseñado por Ricardo Velázquez Bosco para albergar las especies botánicas llegadas para la Exposición de Filipinas; el Palacio de Linares, en Cibeles, de 1873, obra de Carlos Colubí; el Palacio del Congreso de los Diputados de la Carrera de San Jerónimo, obra de 1843 a 1850 de Pascual y Colomer, o el edificio de la Real Academia de la Lengua, inaugurado en 1894, obra del madrileño Miguel Aguado de la Sierra.
En Barcelona también se produce una gran actividad constructiva que da origen a una serie de importantes edificios, entre los que se incluyen el Teatro del Liceo, proyectado por Miguel Garriga Roca, comenzado en 1845 y luego realizado por José Oriol Mestre; el Palacio de Justicia, obra de José Doménech Estapa y Enrique Sagnier comenzado en 1887; el Arco de Triunfo para la Exposición Internacional de Barcelona de 1888, obra de José Vilaseca Casanovas; la Iglesia de las Salesas del Paseo de San Juan, en bello estilo neogótico, obra de Juan Martorell Montelles; o la Casa Calvet (1898-1899), obra de Antonio Gaudí y hoy convertido en Museo Gaudí.
En San Sebastián se construye el Gran Casino, obra de Luis Aladrán y Adolfo Morales de los Ríos; en Valladolid, el edificio del Ayuntamiento, en la Plaza Mayor, es obra acabada por el abulense Enrique Repullés, en Barcelona; y en León la Casa de Botines (1891-1892), obra de Gaudí.
En este siglo se abren nuevas avenidas y plazas: Almería abre su Plaza de la Constitución (1842-46), obra de Juan Bautista Domínguez; en Málaga se crea la calle Larios (1878 – 1891), obra de Ricardo Strachan; y sobre todo se inician los grandes ensanches de las grandes ciudades, como Madrid (1857), obra de Carlos María de Castro, o Barcelona, obra de Ildefonso Cerdá proyectada en 1859.
Es el momento de grandes e importantes teatros en toda España: Murcia, Teatro Romea, obra de José Millán, 1880; Cádiz, Teatro Falla, obra de Adolfo Morales de los Ríos y Juan Cabrera Latorre; Santa Cruz de Tenerife, Teatro Guimerá, obra de 1848 de Manuel Oraa; Las Palmas de Gran Canarias, Teatro Pérez Galdós, obra de Francisco Jareño de 1867; Bilbao, Teatro Arriaga, obra de Joaquín Rucoba; Oviedo, Teatro Campoamor (1882), obra de Borrajo Montenegro y López Sallaberry, o Madrid, Teatro de la Zarzuela, obra de Jerónimo de la Gándara, como algunos de los más representativos.
También aparecen las grandes estaciones de ferrocarril, en general diseñada por arquitectos e ingenieros conjuntamente, como ocurre en la de Atocha en Madrid, obra de 1889 de Alberto de Palacio Elissague; la de Valladolid, de 1890, obra de los franceses Darmagnac y Grasset; o la de Sevilla (Plaza de Armas), obra de Santos Silva y Suárez Albizu. Y los grandes mercados con estructura de acero, como el de la Plaza de la Cebada de Madrid, de 1867, obra de Mariano Calvo y Pereira, o el de San Antonio de Barcelona (1876-1882), obra de Antonio Rovira Trias y José María Cornet Mas.
Finalmente se hace mención de algunas de las grandes Plazas de Toros construidas después de las de Sevilla y Ronda, ambas del siglo XVIII. La de Madrid, inaugurada en 1874, es obra neomudéjar de Emilio Rodríguez Ayuso y Lorenzo Álvarez Capra. La de Valencia, de 1859, con cuatro pisos de arcos de ladrillo, fue diseñada por Sebastián Monleón Estellés; la de el Puerto de Santa María, (Cádiz), más academicista, que se inaugura en 1880, según proyecto de Mariano de Cardedera; o la de Palma de Mallorca, obra realizada por Antonio Gureda Vara en 1865.
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Bibliografía
- Arquitectura del siglo XIX, del modernismo a 1936 y de 1940 a 1980, en: Historia de la Arquitectura Española, Volumen 4. Editorial Planeta, año 1985.
Notas