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Arquitectura barroca

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Características

Hôtel des Invalides. París.

En el barroco la arquitectura va, frecuentemente, unida al urbanismo. Los edificios más representativos son los civiles, con interiores recargados de decoración, plantas complicadas y originales soluciones para las cubiertas. Emplea el orden gigante.

La ciudad se vuelve escenográfica. Es el escenario del teatro de la vida. Se crean perspectivas visuales sobre un punto de referencia, pero, también, lugares singulares, plazas y rincones acogedores. Todo ello es un reflejo del poder, ya sea este civil o religioso.

El palacio es el típico edificio de vivienda urbana para las familias poderosas. Se caracteriza por sus fachadas dinámicas, con curvas y contracurvas, y el juego de luces y sombras, en los que se resaltan las piezas principales.

También se crean jardines. Hay un gusto por la belleza de la naturaleza mejorada y ordenada del típico jardín francés.

El hotel es un tipo de vivienda unifamiliar exenta y rodeada de jardines, cerrada con una valla, que triunfa en esta época entre la burguesía y las clases privilegiadas. Es la típica vivienda burguesa. Suele haber varias en la misma calle, con características similares.

El templo es el lugar del sermón y la eucaristía. Se trata de un sitio de representación teatral, por lo que debe tener una buena visibilidad y una buena acústica. Se impone el espacio unitario que los jesuitas, defensores de la Contrarreforma, emplearon en El Gesú, una planta de cruz latina con un gran crucero cubierto por una cúpula. Este es un espacio didáctico, la iluminación va dirigida, a través de una cúpula, hacia la zona de debajo del retablo, el cual tiene un programa iconográfico doctrinal, muy recargado, en el que se manifiesta todo el poder y la riqueza de la orden y la Iglesia Católica.

Existe una nueva concepción del espacio, las plantas adoptan formas caprichosas, en movimiento, los edificios se cargan de una decoración que invade todos los rincones. Los edificios muestran la inclinación al lujo y la riqueza.

Las características básicas de la arquitectura barroca son:

  • El rechazo de la simplicidad y la búsqueda de lo complejo.
  • El papel del movimiento y la luz, como elementos determinantes de la misma.
  • La creación de espacios dinámicos.
  • La creación de nuevas tipologías para edificios concretos.
  • El gusto por lo infinito, por lo teatral, y lo efectista.
  • La subordinación del resto de todas las artes al todo arquitectónico.
  • El uso de la linea curva tanto en las estructuras de los edificios como en la decoración.
  • utilización de materiales ricos para dar mas sensación de ostentación.

La arquitectura barroca en Italia

Iglesia del Gesú. Roma.

La génesis de la arquitectura barroca está en Italia, con figuras tan determinantes como Bernini y Borromini.

Tras la hegemonía cultural que tuvo Venecia después del saqueo de Roma en 1527, esta ciudad vuelve a recuperar todo su esplendor. Roma es lugar de peregrinación, el centro del Papado y la Contrarreforma, y el lugar donde se crea la nueva estética, y las bases del urbanismo moderno y racional. Esta vez, Italia es sinónimo de Roma. Las fachadas se hacen onduladas y ricas en esculturas.

En Roma trabajan los más grandes arquitectos del Barroco. En el período de transición se distingue a Carlo Maderno, que destaca por sus edificios religiosos como Santa Susana, Santa María de la Victoria, y concluye la basílica de San Pedro del Vaticano, y a Giacomo della Porta, sucesor de Vignola, que hizo la fachada de El Gesú. Maderno es el primer escultor que defiende los ideales del barroco.

En el barroco pleno encontramos a los arquitectos más conocidos: Gian Lorenzo Bernini, es el gran arquitecto del barroco, uno de los genios del arte universal. Es uno de los formuladores del lenguaje barroco. Diseñala columnata de San Pedro del Vaticano, y el baldaquino donde sitúa un nuevo tipo de columna, las columnas salomónicas del altar. Utiliza multitud de puntos de vista, la planta central, principalmente de cruz griega, circular u oval. Construye, también, San Andrés del Quirinal, donde demuestra su gusto por los contrastes, entre otra muchas obras.

Francesco Borromini es otro de los grandes arquitectos de la historia del arte. Borromini rompe todas las reglas del clasicismo. Concibe toda la obra como una gran escultura, ondula los entablamentos y las cornisas, e inventa nuevas formas para los capiteles. Sus plantas son más dinámicas, y sus fachadas también. Sin embargo, sus obras son de pequeño tamaño, ya que Bernini era el arquitecto oficial. Construyó San Ivo, La sapiencia, San Carlos de las cuatro fuentes, el Oratorio de san Felipe Neri, palacio Barberini, etc. Guarino Guarini, es otro de los grandes arquitectos del período. Sus formas se inspiran en el gótico y en el mudéjar. Trabaja, sobre todo, en Turín donde realiza obras como la iglesia de San Lorenzo, con una bóveda al estilo cordobés, el palacio Carignano y la capilla del Santo Sudario. Baltasar Longhena, que trabaja en Venecia, donde construye Santa María de la Salud y el palacio Pésaro. Pietro di Cortona, discípulo de Bernini, que tiene un lenguaje más sereno. Construye la iglesia de los santos Lucas y Martín, y las fachadas de Santa María de la Paz y de Santa María in vía Lata. Otros arquitectos son Carlo Rainaldi: San Andrea della valle, Martino Lunghi el Joven: iglesia de los santos Vicente y Anastasio.

En el siglo XVIII el barroco evoluciona en dos direcciones. Por un lado existe un retorno a la simplicidad del siglo XVI, que prepara el neoclásico, y por otro se evoluciona hacia la exuberancia decorativa del rococó. En esta época destacan Bernardo Vittone, que trabaja en Turín. Es el iniciador de los excesos decorativos del rococó. Ejemplo de su arquitectura es la capilla de Vallinoto, y la iglesia de las Clarisas de Bra. Ferdinando Fuga, trabaja en Nápoles, de estilo rococó, antes de ser representante del neoclasicismo; factoría de porcelana de Capodimonte. Luigi Vanvitelli, que trabaja en Nápoles y Sicilia, que en aquella época pertenecían a la corona española: palacio de Caserta, iglesia de Vanvitelli en Nápoles. Filippo Juvara, el mejor representante del barroco tardío y sereno. Es un auténtico precursor del neoclasicismo. Entre sus obras destacan la fachada del palacio Madama, en Turín, palacio de caza de los Stupinigi. Y Benedeto Alfieri, discípulo de Juvara, palacio real de Turín.

La arquitectura barroca en España

Palacio de Aranjuez. Aranjuez.

En España, la arquitectura barroca va a estar presidida por el gusto por la desornamentación y la sobriedad que había introducido el estilo herreriano, con importantes edificios en los que impera un estilo mesurado y casi clásico.

En España el barroco se beneficia del mecenazgo del clero y la nobleza. Es el arte de la Contrarreforma, de la cual España es la campeona, por lo que predominarán los edificios religiosos. Sin embargo, España está perdiendo su hegemonía mundial y la crisis económica se hace patente. Las fachadas vuelven a decorarse profusamente. Pero no sólo la Corte es un centro importante, sino también Sevilla, Valencia, Toledo y Valladolid, además de la importancia que el barroco adquiere para la consolidación de la conquista en las Indias. También la burguesía será uno de los promotores del nuevo estilo.

Si en todo el mundo el barroco atiende a preocupaciones urbanísticas, en España lo hace de una manera singular. Se crean, ahora, las grandes plazas mayores, rectangulares y asoportaladas, se amplían las viejas ciudades y se construyen otras nuevas, principalmente en América. A imitación de Versalles se construyen en España los reales sitios, sobre todo Aranjuez.

No obstante, en el primer tercio del siglo XVII pervive el estilo herreriano, con fachadas y plantas simples, materiales pobres y un aspecto austero y sombrío. En este período destacan Francisco de Mora, Juan de Nantes, Giovanni Battista Crescenzi, Francisco Bautista, representante del estilo jesuítico: iglesia de San Isidro de Madrid, Alonso Carbonell que diseña el Buen Retiro y Juan Gómez de Mora, el más representativo. Trabaja en la corte de los Austrias, en Madrid: plaza Mayor, la cárcel de la Corte, colegio de los jesuitas de Salamanca.

En el período del barroco pleno encontramos una mayor tendencia a la decoración, y a la eliminación de los elementos herrerianos. Son importantes arquitectos como Alonso Cano, aunque más conocido como pintor y escultor es el arquitecto más importante de momento. Construye la fachada de la catedral de Granada, Francisco Hurtado Izquierdo, que realiza sus mejores obras en Andalucía: Cartuja de Granada. José Jiménez Donoso: casa de la Panadería en la plaza Mayor de Madrid, Sebastián de Herrera Barnuevo, el Parnaso, José Peña de Toro, en Salamanca, a quien se le encargó dar un aspecto barroco a la catedral de Santiago de Compostela, Domingo de Andrade: torre del reloj de Compostela, Melchor Velasco de Agüero: Salvador de Celanova y Felipe Berrojo: iglesia de la Pasión de Valladolid. En el Pilar de Zaragoza trabajarán Francisco Sánchez, Francisco Herrera el Joven, Ventura Rodríguez y Domingo Yarza.

En el siglo XVIII se desarrolla el estilo churrigueresco, el rococó español, ya con la dinastía borbónica entronizada. Se trata de un estilo extraordinariamente decorativo, sobre todo en el exterior. El más importante de todos los arquitectos de esta época es José Benito de Churriguera, el auténtico creador del estilo: San Cayetano, Santo Tomás, y la ciudad de Nuevo Baztán, junto con sus hermanos Joaquín de Churriguera: colegio de Calatrava de Salamanca y Alberto de Churriguera: plaza Mayor de Salamanca. Pero si los Churriguera crearon el estilo, sus sucesores lo llevaron a extremos delirantes. Pedro de Ribera, trabaja en Madrid, en numerosas casas, fuentes y obras públicas: puente de Toledo, hospicio de Madrid. Narciso Tomé, el de mayor imaginación decorativa, ya que integra arquitectura, escultura y pintura: transparente de la catedral de Toledo. Leonardo de Figueroa, que trabaja en Sevilla. Reviste los edificios de ladrillo vidriado, yeso y piedra blanca, que recuerda a la mezquita de Córdoba: hospital de los Venerables, seminario de San Telmo. Y Fernando de Casas Novoa, que hace la fachada del Obradoiro en Compostela. Entre otros muchos.

Pero no toda la arquitectura española del siglo XVIII es churrigueresca. La nueva corte borbónica tiene un gusto más clásico, de tipo francés, muy alejado de los excesos decorativos churriguerescos. En sus edificios predomina el ritmo ordenado y claro y el gusto por el equilibrio. Los dos grandes proyectos de la corte borbónica son La Granja de San Ildefonso, residencia de verano de la Corte, encargada a Teodoro Ardemans, y Aranjuez, donde trabajó Santiago Bonavía. También se construyó el Palacio Real, encargado a los italianos Filippo Juvara y Giovanni Battista Sacchetti. También son plenamente barrocos Ventura Rodríguez: Salesas reales, y Francesco Sabatini: puerta de Alcalá, real aduana. Los dos son arquitectos representativos del barroco tardío del gusto de la corte borbónica y el estilo francés, aunque sus obras prescinden tanto de la decoración exterior que frecuentemente se les considera dentro del neoclasicismo, del que sin duda son precursores.

La arquitectura barroca en Hispanoamérica

Catedral de Zacatecas (Méjico). Detalle de fachada.

Durante los siglos XVII y XVIII la conquista y dominación de las Indias llega a su apogeo. Se crean nuevas ciudades y se reconstruyen las ya existentes. La estética básica con que se crean es la del barroco, la que muestra el poder de España. Pero en América el barroco encuentra su propio estilo, gracias a la fusión del nuevo estilo con el sustrato indígena y la tradición mudéjar. Tres son los impulsores del barroco en América: la Corona, la burguesía y los jesuitas como representantes de la Iglesia. La arquitectura también fue un vehículo para la evangelización. Los primeros conventos y las primeras iglesias americanas, de estilo renacentista, tendrán aspecto de fortaleza, debido al carácter de frontera de las Indias, como el convento de Acolmán en el valle de Teotihuacán, o el convento de Actopán, en Hidalgo, México. Pero es en los siglos XVII y XVIII cuando se construyeron los mejores ejemplos de la arquitectura americana, sobre todo gracias a las catedrales.

En la catedral de México, trabajan Claudio Arciniega y Juan Miguel Agüero, donde trabajó, también, Lorenzo Rodríguez: fachada del Sagrario, y Luis Gómez de Trasmonte: fachada central. La catedral de México se convertirá en el paradigma de la arquitectura colonial. Francisco Becerra levantará la catedral de Puebla según este modelo. A Becerra le debemos los planes de las catedrales de Cuzco, Quito y Lima. Otro de los grandes arquitectos mexicanos es Francisco Antonio Guerrero y Torres: capilla del Pocito, en Puebla, que gusta del colorido brillante de los ladrillos vidriados y la cerámica; además construye numerosas casas señoriales para la burguesía mexicana: palacio de Jaral de Berrio. Su decoración recuerda los motivos aztecas. En Puebla aparece una escuela barroca tan activa como poco conocida. De su mano salieron los santuarios de Ocotlán de Tlaxcala, y de San Francisco de Acatepec, dos magníficos ejemplos del rococó mexicano de autor desconocido.

El barroco en el virreinato del Perú está marcado por el terremoto de Lima de 1746. La ciudad quedó totalmente destruida y de su reconstrucción surgieron los edificios más representativos del barroco. Francisco Antonio Guerrero y Torres trabajó, también, en este virreinato: catedrales de Lima, Cuzco y Quito. También trabaja en Lima el portugués Constantino de Vasconcellos: convento de San Francisco. Este es el monumento arquetípico de la arquitectura limeña. José de la Sida: convento de San Agustín.

En Arequipa aparecerá una escuela de fuertes reminiscencias indígenas. Destacan la iglesia de los jesuitas de Diego Felipe, el convento de Santo Domingo y el convento de San Agustín.

En Colombia destaca Simón Schenherr, un jesuita de origen alemán: iglesia de los jesuitas de Cartagena de Indias y Popayán.

En Bolivia destaca la catedral de Potosí. Y en Argentina hay que reseñar a Juan Kraus, jesuita de origen alemán: iglesia de San Ignacio de Buenos Aires, y Andrés Blanqui: catedral de Córdoba (Argentina). Lamentablemente, muchas de las obras americanas, sobre todo si son casas señoriales, son de autor anónimo; como el palacio de los marqueses de Torre-Tagle.

La arquitectura barroca en Francia

En Francia el barroco adquiere caracteres más sobrios que en Italia, con plantas menos complicadas, fachadas más severas, mayor respeto por las proporciones y renuncia a los efectos violentos, es un arte fundamentalmente al servicio de la monarquía absoluta, y su gran realización será el Palacio de Versalles.

París es la capital del absolutismo monárquico, pero también del gusto por lo clásico. Surge la época auténticamente clásica de Francia, es un arte majestuoso al servicio del Estado. Es, pues, un arte cortesano en el que los artistas trabajan para el rey; por lo que la mayor parte de las obras son civiles. Los edificios típicos son: el palacio y el castillo de campo, donde se plasma el refinamiento, la suntuosidad y el poder absoluto. Además del hotel para la burguesía. Los grandes palacios suelen tener un gran cuerpo alargado y dos alas hacia el jardín. Las cubiertas son de estilo francés, que forman grandes cuerpos prismáticos, muy altos, en los que se abren buhardillas. En ellos destaca la horizontalidad y un severo clasicismo.

Sobresalieron arquitectos como Salomón Brosse: palacio de Luxemburgo en París, Jacques Lemercier, que es el arquitecto francés más representativo. Construye la iglesia de la Sorbona, y el palacio de Richelieu en Poitou; Louis le Vau: hotel Lambert, y François Mansart, a quien se supone inventor de las guardillas: mansión Laffitte. Pero en Francia destacaron dos proyectos reales monumentales, el Louvre, en el que trabaja Claude Perrault, y Versalles, en donde trabajan Louis le Vau, Charles le Brun: escalera de los embajadores y galería de los espejos, Jules Hardouin-Mansart, que realiza numerosos hoteles: hotel de los Inválidos, y diseña la ampliación del conjunto de Versalles, una obra maestra que será imitada en todo el mundo, y André le Notre, que diseña los jardines.

La estética barroca francesa, se difunde por todo el mundo. En el siglo XVIII se abandona la severidad y estalla la exuberancia decorativa del rococó. Destacan ahora el italiano Justo Aurelio Meissonnier: iglesia de San Sulpicio, Germain Boffrand: decoración del hotel Soubisse, y otros decoradores como Robert de Cotte, Louis Claude Vassé y Jean Bérain el Viejo.

La arquitectura barroca en Europa central

En Alemania y en Austria la inspiración italiana combinada con la francesa creará edificios de gran exuberancia decorativa, sobre todo en los interiores, de luminosidad brusca, que darán paso al estilo Rococó.

Una vez superada la guerra de los Treinta Años (1618-1648) en Europa central habrá sitio para los artistas. En Alemania y Austria el barroco posee un gusto clásico, no en vano, no han tenido Renacimiento y se pasa directamente del gótico a un barroco con tintes clásicos, que, sin embargo, dará pronto paso al rococó. Esta tardanza favorece que hasta bien entrado el siglo XVIII el estilo de Europa central sea de estilo italiano o francés. Se trata de un barroco muy dado a la policromía y a los efectos del claroscuro. Los edificios se llenan de perfiles curvos y las plantas adquieren formas inverosímiles. Se utiliza con profusión el orden gigante, los atlantes y las columnas salomónicas. Los palacios adquieren grandes proporciones.

Destacan arquitectos como Agostino Barelli: iglesia de los Teatinos de Múnich, Gaetano Chiaveri: iglesia de Corte de Dresde, Jorge Baern: Nuestra Señora de Dresde, Fischer von Erlach es el arquitecto más significativo. Construye la iglesia de San Carlos de Borromeo, con una gran cúpula central y anchos espacios laterales, y la Cancillería Imperial de Viena, Lucas Hildebrand construye palacios y jardines: palacio Alto Belverde, Baltasar Neumann: palacio de Wiuzburg, y Jacob Prandtauer: el convento de Melk, siguiendo las ideas del Concilio de Trento.

La arquitectura barroca en Inglaterra

En Inglaterra predomina el equilibrio y la austeridad. Pervive el estilo Tudor, y la igual que Alemania y Austria pasa a un estilo barroco con tintes clásicos. Es en las ciudades universitarias de Cambridge y Oxford donde está mejor representado el nuevo estilo. La arquitectura inglesa está muy influida por Palladio por lo que también se la conoce como paladianismo.

Entre los arquitectos ingleses destacan Christopher Wren, es el más conocido. Reconstruye la catedral de San Pablo y Londres, tras el incendio de 1666. Iñigo Jones traduce fielmente las villas de Palladio: trazas del Whitehall en Londres, y James Gibbs: biblioteca Radcilffe en Oxford.

La arquitectura barroca en Otros países

El barroco se extendió por todo el mundo, como lo hizo el absolutismo monárquico, la Reforma protestante, la Contrarreforma y la burguesía. Entre ellos destaca Rusia, donde se levantaría la ciudad de San Petersburgo. Aquí trabajan Bartolomeo Carlo Rastrelli, en el Palacio de Invierno, y Vallin de la Mothe: Academia de Bellas Artes.

En Suecia destaca la Satísima Trinidad de Kristianstadt, y el palacio de Wibyholm, y Nicodemus Tessin el Joven; palacio real de Estocolmo.

En Dinamarca trabajan los Steenwinkel, Lorenzo Hans van Steenwinkel: Bolsa de Copenhague.

En Holanda se remodelan las ciudades, se crean canales, se abren plazas y se construyen edificios oficiales, al calor de la burguesía.

Por otra parte, en Portugal trabajaron Nicola Nasoni: Los clérigos, y el colegio de la Compañía en Oporto, la ciudad barroca de Portugal, y Filippo Juvara, palacio de Mafra.

El urbanismo

La ciudad del barroco se ve como la imagen de su gobernante, cuya importancia se mide por su tamaño y por el número de sus habitantes.

En las cortes más poderosas de Europa, la estructura urbana intentará ostentosamente asentar los valores y la estructura política creada por los dirigentes.

La ciudad se va a estructurar en torno a un centro, como el poder absoluto tiene como centro el Rey, al que confluyen grandes vías, rectas de amplias perspectivas. Las plazas serán uno de los grandes elementos, reflejo y símbolo del poder civil o religioso, entendidas como escenarios de fiestas y representación.

Los cambios se van reflejar mejor en las pequeñas cortes europeas, donde las realizaciones pueden cambiar y determinar la imagen de toda la ciudad, como es el caso de Würzburg, mientras que en los grandes organismos urbanos como París o Roma, la complejidad y la aparatosidad de los proyectos va a chocar con la ciudad preexistente, que dificulta en gran medida la transformación pretendida, consiguiéndose mejores resultados en las nuevas residencias de los soberanos, fuera de la ciudad, como es el caso de Versalles.

Referencias

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Otras fuentes de información

Notas