La Enciclopedia Libre Universal en Español dispone de una lista de distribución pública, enciclo@listas.us.es
Argonautas
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
Argonautas, del griego, compuesta de αργος η ον: brillante, resplandeciente, ágil. Y ναύτης ού ο: marinero, navegante, tripulante.
Αργος: nombre que se dio a un barco.
Αργοναύτης: los marineros y tripulantes de ese navío.
Índice |
[escribe] Introducción
Hace mención de una leyenda prehomérica que remite a las expediciones que hacían los griegos por el Ponto Euxino (Mar Negro) y que penetraban también por ríos caudalosos para comerciar, robar o fundar ciudades.
Esta leyenda fue una constante que trataron diferentes autores como luego veremos. La versión más conocida es la de Apolonio de Rodas, compuesta a mediados del siglo –III.
Es el tercer poema épico dentro del ámbito griego tras la Ilíada y la Odisea. Pero al redactarse posteriormente, durante el periodo helenístico, tiene un estilo muy diferente a las epopeyas homéricas. Inaugura lo que se suele calificar como “épica culta” al igual que la Eneida de Virgilio.[1] Estos poetas ilustrados, pueden consultar libros y están situados en un nivel social alto, muy alejados de los bardos errantes que narraban poemas orales.
[escribe] El autor
Apolonio de Rodas era natural de Alejandría. Fue director de la Biblioteca y preceptor de un hijo del rey Tolomeo. Su publicación de Los Argonautas fue un fracaso; consecuencia de ello se marchó a Rodas, donde corrigió el poema siendo del gusto de los rodios, de ahí el toponímico que acompaña a su nombre.
Como bibliotecario recurrió a libros para consultar y precisar más tanto a personajes como los acontecimientos que narra su poema. Le gustaba la arqueología, los epítetos de sabor arcaico, la geografía fabulosa y sobre todo Homero.
Fue criticado por coetáneos como Calímaco y Teócrito.
“Intentó un poema épico sobre las muy estudiadas aventuras de los Argonautas, en una era en que el contexto social y la cultura oral de los grandes poemas épicos se había desvanecido hacía mucho”.[2]
[escribe] Precedentes
Ya antes de Homero otros poetas parece que cantaron tan fabulosa historia. Homero menciona a “la nave Argo que cruzó el alta mar, celebrada por todos”. [3]
Pero esos antiguos cantares se perdieron; esta leyenda en su versión épica era tan famosa en el mundo antiguo como los viajes de Ulises.
Hesíodo en la Teogonía también cita a dos de sus protagonistas, Jasón y Medea como un matrimonio feliz. [4]
Píndaro también trata este tema en la Pítaca IV donde aparece Jasón revestido con un aura más heroica, con un fulgurante lirismo.
Eurípides en su tragedia Medea, recuerda este mismo asunto.
Robert Graves señala que en el poema se entrelazan dos temas: una expedición de aventureros griegos, tal vez a las tierras nórdicas del oro y el ámbar y en segundo lugar aparecen una serie de pruebas de carácter mítico (domar toros, arar el campo, …). Estos dos motivos, la expedición lejana y la iniciación heroica, aparecen en el poema.[5]
[escribe] Marco geográfico
Aparece vinculado a una región de Grecia, Tesalia. De Tesalia es la ciudad de Yolcos. En ella está situado el monte Pelíón donde Quirón educa a Jasón.
Atravesaron el Helesponto, llamado así porque ahí pereció uno de los hermanos que iba montado en el carnero Aries cuya lana era de oro –que era la que los Argonautas iban a buscar– y se llamada Heles, de ahí Helesponto. Un peligro grande eran las gigantescas rocas entre las que había que pasar; eran las Simplégades. Y así entraban en el Ponto Euxino. Costearon por el norte la península de Anatolia. Más tarde llegaron a la ciudad de Ea, ya en la Cólquida, fin del trayecto.
Al regresar tuvieron que ir mar adentro para despistar a los perseguidores. Llegaron a la desembocadura del río Istro (Danubio) y lo remontaron. Llegaron al mar Cronio (Adriático) y pusieron proa hacia el sur, pero debieron volver hacia el norte y tuvieron que remontar el río Eridano (Po) y descender por el Ródano y bordearon la península Itálica. Antes de atravesar el Estrecho de Mesina tuvieron que dejar atrás la Isla de las Sirenas y las Rocas Errantes. Navegando por el Mar Ceraunio (Jónico) hacia el este llegaron a la Feacia, pero debido al peligro debieron virar hacia el sur hasta que llegaron al golfo de Sirte. Una vez más tuvieron que transportar el navío a hombros en Libia. Ya proa al norte llegaron a Creta para acabar en Págasas, el puerto de Yolcos.
[escribe] Contexto mítico
Artículo principal: Aries
Frixo y Hele son hijos del rey de Tesalia, Atamante, que repudia a su esposa Nefele y se casa con Ino. Esta madrastra, decide sacrificar a los niños para calmar a los dioses por una hambruna provocada por Ino.
Nefele implora a los dioses y Hermes salva a los niños entregándoles un carnero alado, con la lana de oro –de ahí Vellocino de Oro–. Con Aries, que es como se llamará al carnero, parten a Asia. Durante el viaje Hele cae al mar y se ahoga. Frixo llega a la Cólquida; el rey Eetes lo acoge y le da en matrimonio a su hija Calcíope.
En agradecimiento a Eetes, Frixo sacrifica el carnero y le ofrece el Vellocino al rey, que lo cuelga de una encina en un bosque dedicado a Ares. [6]
[escribe] Argumento de la epopeya
El protagonista es Jasón, hijo del rey de Yolcos. Jasón fue educado fuera de su tierra por el centauro Quirón. Cuando regresa a su país natal, Yolcos, su tío Pelias ha usurpado el trono. Este usurpador ha sido prevenido por un misterioso oráculo que le dijo:
“¡Guárdate del hombre con una sola sandalia!”
Pelias reconoce en su sobrino Jasón a su esperado enemigo que iba con una sola sandalia. Poco después pregunta a Jasón
«¿Qué harías si se te predijera que debías morir por mano de uno de tus mayores?»
«Le enviaría a buscar el Vellocino de Oro,» respondió Jasón.
Como Pelias no se atrevió a matarlo lo envió al casi seguro desastre de robar el Vellocino de Oro que estaba en la Cólquida.[7]
Jasón reúne a la tripulación, los argonautas, y cruzan los mares hasta la ciudad de Ea, en la Cólquida, gobernada por otro terrible monarca, Eetes. Este rey tiene una hija, Medea, que se enamora de Jasón. Jasón es el que tiene que realizar en la Cólquida las pruebas impuestas por Eetes, y conquista el Vellocino con la ayuda mágica de Medea, asunto que le reprochará el iracundo Idas. Gracias a sus artes mágicas ayuda a su amado a superar las pruebas heroicas: domar unos toros que vomitan fuego, arar y sembrar un campo con los dientes de un dragón y matar a los guerreros que surgen de la tierra como espigas, en el plazo de un día.
El Vellocino de Oro está en un bosque tenebroso y vigilado por una serpiente insomne.
[escribe] Desarrollo
Canto I. (Preparativos y inicio del viaje a la Cólquida)
Aparecen presentados a veces explicando el carácter específico de cada uno. El más importante es Jasón, el jefe de la expedición.
Como tripulante va Hércules.
También van Peleo y Telamón padres de Aquiles y Ayax.
No faltan dos adivinos: Mopso e Idmón.
Entre todo este elenco va Orfeo, cuya contribución será relevante.
La labor del timonel Tifis es sobresaliente.
No faltan dos rápidos voladores hijos del viento Bóreas, Zetes y Calais, que poseen alas voladoras en los tobillos.
También va Linceo, con una vista extraordinaria.
Polideuces es el más conocido como Pollux, uno de los Gemelos.
Periclímeno tenía el poder de transformarse en cualquier cosa.
Pero la mayoría de ellos no son de utilidad para robar el Vellocino de Oro.
Embarcan los expedicionarios, en la despedida son admirados por el pueblo. (vs. 234-328) Pronto hay una reyerta entre algunos de los tripulantes que es aplacada por Orfeo (vs. 496-511). La partida de la nave está bien narrada (vs. 519-579).
Ya en el mar, se van citando los montes y ríos que conocen. Luego llegan a la isla de Lemnos donde se encuentran con unas Amazonas (vs. 609-909) y tiene que ser Hércules quien les recuerde el propósito del viaje.
Canto II. (El viaje a la Cólquida)
Se inicia con un combate de boxeo con el rey de los Bebrices. Luego viene el episodio de Fineo, “el viejo adivino, ciego y atormentado por las Harpías, patético personaje moribundo entre su hambre y su suciedad. Al que los argonautas compadecen y socorren”.[8] Como muestra de agradecimiento les da algunos consejos útiles como el paso por entre las terribles rocas Simplégades (vs. 155-499).
Luego, cuando están entre los Marindinos, mueren Idmón, el adivino –que ya sabía que iba a morir durante el viaje– y Tifis, el hábil timonel. (vs. 720-910).
Después se describen algunos pueblos con costumbres extrañas. En la isla de Ares se encuentran con colcos que van en sentido contrario. Jasón los lleva con ellos para que los ayuden cuando se entrevisten con Eetes, rey de Ea y depositario del Vellocino (vs. 1030-1285).
Canto III. (Hazañas de Jasón y la intervención de Medea)
Ya en la Cólquida, en la ciudad de Ea, comienza el nudo argumental. “Este canto ha sido traducido y comentado muchas veces por separado del resto de la obra. Es, desde luego, el más famoso y lucido de todos”.[9]
Ahora se desarrolla el núcleo de la historia amorosa de Jasón y Medea asunto que centra casi todo este canto. Medea tiene un protagonismo muy destacado. Eros la lanza una flecha. Tras muchas dudas, dividida entre la pasión y el deber filial, entre la atracción del extranjero y el terror a su padre y deseos de suicidio, la princesa decide ayudar con sus pócimas a Jasón (vs. 609-823). “Interpretación helenística bien alejada del sentir épico, en la que el poeta alejandrino ha sabido reflejar, con buen acierto psicológico, el latir de un personaje femenino de trágica vitalidad”.[10]
Cuando ambos se encuentran se desarrolla un diálogo emocionado (vs. 824-1163). Donde se hace una alusión a otra leyenda parecida: la de Teseo y Ariadna. Luego, el héroe sigue todas las instrucciones que le da Medea: doma a los toros, siembra el campo y se deshace de los guerreros nacientes de la tierra (vs. 1163-1407). Medea posee poderes mágicos: maestra en filtros y hechicerías, poseedora de un potente don hipnótico que adormecerá al dragón, dio a Jasón el ungüento que le hacía invulnerable por un día.
Canto IV. (La larga vuelta a casa)
Es el más extenso del poema. El escenario geográfico antes narrado es de distancias enormes para aquella época.
El regreso a Yolcos en Grecia, transcurre por ríos y mares, en un trayecto zigzagueante obligado por un audaz rodeo para evitar a los perseguidores, los colcos que envían una flota contra ellos (vs. 6-240).
Atraviesan el mar Ponto Euxino desde el este al oeste. Ascienden el Danubio, por el que salen al Mar Adriático. Luego debido a una tormenta se internan por el Po. Tras las Puertas de la Noche, en un desvío llegan al Mar de Liguria y luego al Tirreno hasta llegar a la isla de Circe, (vs. 492-752). Posteriormente Jasón y Medea se casan (vs. 753-1169). Más tarde fuertes huracanes los lanzan hasta la costa de Libia. Luego llegan a Creta y destruyen al gigante Talos derribado por Medea en una sesión de hipnosis a distancia. Desde ahí llegan al puerto de Págasas en Yolcos (vs. 1170-1781).
Jasón ha logrado recoger el Vellocino y llevarlo a su tierra.
[escribe] Análisis
Jasón, el capitán de la expedición, el héroe, se pone en camino para conquistar un objeto de muy difícil, casi imposible consecución. Ya en la Cólquida el padre de Medea es quien le pone tremendas tareas. El héroe es ayudado por Medea y al final logra vencer las pruebas.
En general los héroes de este poema resultan demasiado humanos para su papel heroico. Apolonio ha recreado el núcleo de la historia con un trasfondo psicológico muy humanizado. Jasón, más que un héroe clásico es demasiado paciente e irresoluto que se encuentra metido en unos apuros tremendos. No tiene el coraje de los héroes homéricos. Está casi ausente de las aventuras marinas. Es un capitán indeciso. En realidad esta inseguridad del protagonista la soslaya la protectora y angustiada Medea.
Frente a la épica arcaica, en este poema el héroe Jasón aparece bastante minimizado al lado de Ulises, y otros. Es característica de Jasón su “incapacidad de recursos”, sin el coraje vital de los héroes arcaicos ni una fuerza pasional como la de Medea, parece limitarse a cumplir la penosa tarea impuesta. Al apoyo femenino de las diosas y de las princesas debe buena parte de sus éxitos.[11]
Como señala J. Carspecken: “no es la presencia de defectos humanos lo que le elimina como héroe, sino la falta de virtudes heroicas”.
Es en tierra cuando sobresale el papel de Jasón.
Al regreso, cuando los colcos los persiguen, Jasón prefiere la diplomacia a combatir a pesar del elenco tan sobresaliente de acompañantes.
El papel de los dioses en la aventura aparece reducido, marginado y degradado respecto a poemas épicos anteriores. Un gran poder actúa decisivamente: Eros. Sus efectos sobre el corazón de Medea son destructores y encubre la pasión desbocada de la joven.
Ya Herodoto al principio de su obra[12] (Libro I, Clío, II) comenta el asunto. “Añaden también que no satisfechos los griegos con este desafuero, cometieron algunos años después otro semejante; porque habiendo navegado en una nave larga (se le dio el nombre de Argos) hasta el río Fasis, llegaron a Eea en la Cólquida, donde después de haber conseguido el objetivo principal de su viaje, robaron al rey de Colcos una hija, llamada Medea”.[13]
Los Argonautas son más una nostalgia que una resurrección de la épica antigua. La historia que narra ya era conocida desde anteriores siglos y el desenlace era totalmente diferente.
Este poema ilustra detalles muy esclarecedores de arcaísmos religiosos, por ejemplo culto a algunos montes, cuevas, y fuentes.[14]
También ayuda a comprender aspectos de la agricultura, ganadería e importancia que dan a la miel[15] y a la vid.[16]
Junto a Jasón, y a veces sin él, Medea fue un referente anterior a Apolonio, posterior a él incluso en época romana pues Plinio, Séneca y Ovidio la citan. En los Argonautas es ella la que ocupa el centro del Canto III. Su intervención resulta decisiva para el éxito de la empresa y el triunfo del héroe.
El canto III, “es el retrato griego de más calidad de cómo una muchacha se enamora perdidamente”.[17] Medea responde a una tipología de bruja o hechicera, con ciertos rasgos de chamanismo. Circe era su tía. Asociada a las noches sin luna, y los ritos de Hécate, es un personaje de aureola sombría.
En el canto IV se produce una humanización expresiva, aburguesadota del mito, que lo impregna de notas un tanto costumbristas con ecos eróticos. “El Vellocino de Oro servirá de colcha nupcial”.[18] En este canto Medea va cobrando un aire más oscuro, atormentada por el terror, que llega al asesinado de su hermano.
W. Jaeger dice que:”Es también una verdadera epopeya del mar el viaje de los argonautas con sus maravillosas narraciones sobre países y pueblos lejanos” [19]
Cuando Apolonio compone el poema es en plena época helenística donde ya tenían muy amplias perspectivas del mundo y un cambio considerable respecto al hombre y a los dioses. “En la descripción del viaje el poeta ha recogido datos eruditos, viejas leyendas mitológicas y rutas geográficas por tierras y mares repetidamente surcadas por marinos giegos”.[20]
El poema concluye con el regreso a Págasas, el puerto de Yolcos.
[escribe] La versión de Eurípides
Articulo principal: Eurípides
La unión de Jasón y Medea está abocada a un final catastrófico. Jasón abandona a Medea y esta corresponde con una bárbara venganza: asesinato de la nueva prometida, y de su padre y muerte de sus propios hijos a sus manos.
[escribe] Simbología
Artículo principal: Vellocino de Oro
Artículo Principal: Aries
Articulo principal: Constelaciones
Argo Navis fue una extensa constelación en el hemisferio austral celeste. Hacía referencia al navío en que tripulaban Jasón y los Argonautas. Al regreso de la expedición y en honor a la victoria lograda al superar todos los obstáculos y obtener el Vellocino de Oro, Palas Atenea convirtió a la nave en la constelación conocida como Argo Navis (Argos). Limitaba con Canis Mayor y Crux del Sur; incluía una gran área de la Vía Láctea. Canopus, la principal estrella de esta constelación, es la segunda más brillante del cielo. Los antiguos quisieron simbolizar con esta constelación a la gran nave, que con las velas desplegadas y a las órdenes de Jasón y del timonel Canopus fue a la conquista del legendario Vellocino de Oro. Esta es la única constelación descrita por Ptolomeo que en la actualidad no se reconoce como tal.
En el siglo XVIII un clérigo francés, con algún conocimiento de astronomía, decía que era muy grande. Y tuvo el atrevimiento de desmembrar la antigua constelación Navío Argos en tres más pequeñas: Puppis (Popa), Carina (Quilla) y Vela (Velas). A pesar de todo, todavía aparecen en algunos planisferios como Argos.
Previo a todo esto Johann Bayer aplicó su sistema de nombrar las estrellas con letras griegas en función de la magnitud. En la actualidad continúa usándose su secuencia, en la constelación desaparecida. Vela y Puppis carecen de estrellas α y β, pues α y β Argo Navis corresponden hoy a α y β Carina. Y así con otras estrellas.
Por la precesión de los equinoccios, la constelación era visible para esas latitudes septentrionales hace 2.000 años; aunque en la actualidad es invisible desde casi todo el hemisferio norte.
Según Gérard de Sede explica el escudo de la ciudad de Paris, que es una nave, por el mito de los Argonautas y la búsqueda del Vellocino de Oro.[21]
Siendo del cordero símbolo de la inocencia, el Vellocino de Oro significaría que aquello que buscaban los Argonautas era la fuerza suprema del espíritu por la pureza del alma. [22]
Como Aries, el carnero del Vellocino de Oro, era hijo de Teófana y Poseidón, y como fue sacrificado a Zeus, forma parte del zodíaco; concretamente es el primer signo.[23]
El Vellocino de Oro es el símbolo de la Orden del Toisón de Oro. Un símbolo pagano en una orden de caballería católica, cuya jefatura recae en el rey de España.[24]
Otro asunto que relaciona a España con la Cólquida, es que también se conoce desde la antigüedad como Iberia del Caúcaso.
[escribe] Nota Importante
En la elaboración de este artículo hemos utilizado diversas fuentes. Una mención especial merece la aportación de Carlos García Gual, catedrático de filología griega en la Universidad Complutense. Experto en el legado clásico e impulsor de iniciativas muy meritorias para mantener viva la cultura griega. Su traducción del poema es especialmente significativa pues se ciñe al original griego; la realizó en 1973 y pasa por conservar el carácter poético y realista de Apolonio. El mismo señala: “si nuestra traducción contribuye al conocimiento de esta epopeya antigua, ignorada del público lector español hasta ahora, nos daremos por bien recompensados por ello”.[25]
[escribe] Referencias
Notas
- ↑ De Rodas, Apolonio, García Gual, Carlos (traductor) [1983]. El viaje de los Argonautas, Editora Nacional, Madrid, 10. ISBN 84-276-1234-6.
- ↑ Boarnab, John, Griffin, Jasper y Murray, Oswyn [1986]. Historia Oxford del mundo clásico. I Grecia, Alianza Editorial, Madrid, 1993, 399. ISBN 84-206-5229-6.
- ↑ "12 vs 69-70", Odisea, Editora Nacional, Madrid, 1983.
- ↑ Teogonía, 992 y ss., Editorial Gredos, Madrid, 2006, 111-113. ISBN 84-249-3517-9.
- ↑ Graves, Robert. Los mitos griegos, Alianza Editorial, Madrid, 2002. ISBN 978-84-206-7263-2.
- ↑ Fontán Barreiro, Rafael. Diccionario de la mitología mundial, 7ª, EDAF, Madrid, 2007, 78-80. ISBN 978-84-441-0397-0.
- ↑ Graves, Robert. Dioses y héroes de la antigua Grecia, Unidad Editorial, Madrid, 1999, 85-86. ISBN 84-8130-155-8.
- ↑ García Gual, Carlos, p 36
- ↑ García Gual, Carlos, p 38
- ↑ García Gual, Carlos p 39
- ↑ García Gual, Carlos. pp 24-25
- ↑ "Libro I, Clío II", Los nueve libros de historia, EDAF, Madrid, 1996, 40-41.
- ↑ Herodoto. P. 41
- ↑ Kerenyi, Karl [1994]. Dionisios, Herder, Barcelona, 1998, 53. ISBN 84-254-1985-9.
- ↑ Kerenyi, Karl. P. 36
- ↑ Kerenyi, Karl. P. 180
- ↑ Boarnab, John et al. P. 400
- ↑ García Gual, Carlos. P. 42
- ↑ Jaeger, Werner [1933]. Paideia, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2004, 105. ISBN 84-375-0195-4.
- ↑ García Gual, Carlos. P. 37
- ↑ De Sede, Gérard [1962]. Les Templiers sont parmi nous, Paris.
- ↑ Cirlot, J.E. [1969]. Diccionario de símbolos, Siruela, Madrid, 2007, 462. ISBN 84-7844-798-9.
- ↑ Fontán Barreiro, Rafael. P. 78
- ↑ Taylor, René [1992]. Arquitectura y magia, Siruela, Madrid, 2006, 115-116. ISBN 84-7844-242-1.
- ↑ García Gual, Carlos. P. 46