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Acorazado

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Buque de guerra de gran tonelaje y fuertemente blindado y artillado que constituyó el núcleo de las flotas de guerra desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la segunda Guerra Mundial.

Las primeras naves acorazadas eran buques tradicionales de madera forrada de planchas de acero. El ingeniero francés Charles Henri Lauren Dupuy de Lôme construyó el primer navío acorazado en 1858, la fragata acorazada Gloire y pronto fue imitado primero por los británicos, que con su clase Warrior mejoraron la idea al construir la nave enteramente de hierro, lo que permitió añadir mamparos estancos para aislar zonas inundadas en caso de perforación del casco, y por los españoles, que en 1863 botaron el primero de una serie de navíos acorazados también construidos enteramente en metal, la fragata acorazada Numancia (por un tiempo se les denomino fragatas acorazadas al tener solo una cubierta con artillería por el peso de la coraza).

En la guerra de Secesión norteamericana aparece por primera vez un buque acorazado en el que se sustituyen las baterías de cañones a los lados de la nave por una torre giratoria con dos únicos cañones, el Monitor que protagonizará el primer enfrentamiento acorazado de la historia contra el buque confederado de madera forrada Virginia que terminó en empate al no conseguir ninguno perforar a su oponente. Ninguno de los dos buques era excesivamente marinero y solo podían actuar cerca de la costa, el Monitor se hunde poco tiempo después durante una tormenta.

Mientras se repetía el esquema de buque acorazado a vapor pero conservando todo el velamen de los antiguos navíos, aparecen los primeros signos de cambio en Gran Bretaña donde en 1873 se construyen los primeros acorazados sin velamen y con su armamento principal en torres giratorias, la serie de buques inaugurada por el Devastation con dos torres dobles de 305 mm y una coraza de 300 mm. La tendencia queda confirmada con la construcción en Italia de los revolucionarios buques de la clase Duilio del ingeniero naval Benedetto Brin en 1880, más marineros y maniobrables que los Devastation, con dos torres giratorias armadas cada una con dos gigantescos cañones de 450 mm capaces de hundir cualquier flota enemiga y blindaje de 540 mm en la parte más gruesa en los flancos capaz de detener cualquier impacto de los rivales existentes en ese momento. El blindaje evoluciona protegiendo con más énfasis la zona de mando, la artillería y santabarbara y la línea de flotación de las naves.

Enseguida todas las potencias navales se lanzaron a construir acorazados del nuevo estilo, con torres armadas con cañones de 305 mm (12 pulgadas) o más (generalmente dos torres con uno o dos cañones cada una) y una panoplia de cañones de calibres más reducidos (280, 152, 120, 76 mm) situados en torres por los costados del buque dándoles el aspecto de castillos de metal flotante. En estos momentos los acorazados rondaban las 15.000 toneladas de desplazamiento.

La guerra ruso-japonesa de 1905 cuestionó seriamente la utilidad de todo ese armamento de calibre más reducido, cuando se comprobó que las flotas comenzaban a abrir fuego a la distancia máxima de su armamento de mayor calibre y que era este el que resolvía el combate la mayor parte de las veces. De esta forma el ingeniero naval británico sir John Fisher concibió lo que sería la segunda revolución en el concepto de acorazado, el acorazado monocalibre.

Estos acorazados debían disponer de entre cuatro y seis torres de dos o tres cañones de calibre pesado (305 mm o más) cada una, de esta forma los acorazados más pequeños disponían de 8 piezas de gran calibre, siendo lo más común en la primera Guerra Mundial disponer de 10-12 piezas llegándose a los 381 mm ( hasta 15 pulgadas) de calibre, aunque los alemanes empleaban piezas de solo 280 o 305 mm (11-12 pulgadas) por la mayor potencia de sus piezas a menor calibre. El armamento secundario permanecía pero unificaba también su calibre a piezas de generalmente 152 mm (6 pulgadas) a 203 mm (8 pulgadas) . Naturalmente esto implicaba que el tamaño y desplazamiento del acorazado se dispara hasta 20-25.000 toneladas y que superan la eslora de los antiguos acorazados policalibre, llegando a más de 200 metros durante la guerra. El nombre de este nuevo tipo de naves vendría por el del primer ejemplar construido, el Dreadnought.

Una importantísima innovación en los primeros años del siglo XX fueron los avances en los sistemas de dirección de tiro. Hasta esta época no se podía aprovechar plenamente el alcance de las piezas, de forma que los combates tenían lugar a cinco o seis kilómetros de distancia como máximo. Los acorazados y demás buques de guerra comienzan a dotarse de máquinas de cálculo mecánicas primero y electromecánicas más tarde capaces de resolver en segundos sistemas de ecuaciones que en base a variables como distancia al enemigo, velocidad del buque, velocidad del viento, etc... devolvían los parámetros necesarios para ajustar las piezas del buque y entrar en combate a distancias que llegaban hasta el límite del alcance de las piezas. La mejora en este terreno será continua hasta la segunda Guerra Mundial.

Durante la guerra se comienzan a emplear turbinas diésel, los británicos a veces volverán al carbón, por el temor a quedarse aislados sin combustible en caso de guerra, pero en la mayoría de las marinas el diésel se impondrá en el periodo de entreguerras por la mayor autonomía y rendimiento que aporta a las naves acorazadas. El crecimiento de los calibres y tamaños obligará a llevar los últimos modelos de la guerra a alcanzar las 30.000 toneladas.

En la primera Guerra Mundial el acorazado tuvo que hacer frente a una amenaza que ya había sufrido a finales del siglo XIX, pero que ahora volvía con fuerza: el torpedo, contrarrestadas las lanchas torpederas con el uso del destructor, la nueva amenaza venía desde los submarinos y aviones torpederos.

El acorazado no puede estar blindado en su totalidad. Es imposible blindar la parte sumergida del buque y mantenerlo a flote, de esta forma el torpedo golpea bajo el agua,justo en donde el acorazado es vulnerable, además, la fuerza de la explosión y la presión del agua suele reventar el sistema de mamparos, inundando simultáneamente varios y llegando muchas veces a hacer escorar el buque hasta volcarlo y hundirlo. La potenciación de la escolta de destructores antisubmarinos es esencial y en entreguerras además se añaden puestos de artillería antiaérea para defenderse de los aviones torpederos, a los que en poco tiempo se les unirán los bombarderos en picado que con el peso de sus bombas perforan la cubierta, mucho menos blindada que los flancos, explotando luego en el interior del buque y provocando gravísimos incendios.

En los buques de entreguerras se mejoró la protección antitorpedo, colocando mamparos dobles entre el costado del barco y las instalaciones del interior y blindando la pared del mamparo más interior para resistir la presión del agua, de esa forma un único impacto de torpedo no solía ser definitivo para hundir el buque, pero dos o más eran letales. Otros optaron por soldar tubos huecos o construir cámaras alrededor de la parte sumergida de la nave para amortiguar el impacto del torpedo, pero nada evitó que el acorazado acabara convertido en un concepto obsoleto durante la segunda Guerra Mundial

En un intento de frenar la carrera de construcciones navales de posguerra, cada vez mayores y de creciente poder destructivo, se celebra en Washington, DC una conferencia internacional en 1922 en la que diversas potencias se comprometen en un tratado a desguazar buques existentes y limita el armamento y desplazamiento (ver crucero), en el caso de los acorazados a buques de 35.000 toneladas y 406 mm (16 pulgadas) de armamento principal. En 1929 se celebra otra conferencia naval, esta vez en Londres, limitando en este caso el número de buques en vez de sus dimensiones y obliga a retirar viejos buques del servicio activo. Durante los años 30 hay nuevos intentos de limitación, pero no se evita una creciente escalada de construcciones que desembocará en una nueva guerra.

En la segunda Guerra Mundial y con el acorazado al borde de la obsolescencia, aunque muchos se negaban a creerlo, se llegó con acorazados de más de 40.000 toneladas y a cañones de más de 406 mm, buscando aumentar por todos lados la protección y potencia de esos buques. Pero su época había terminado y en el último acto de la marina acorazada tradicional, el acorazado más grande de la historia, el Yamato japones, de 70.000 toneladas, armado con 9 piezas de ¡¡¡ 460 mm !!! capaces de disparar un proyectil de una tonelada a 40 Km de distancia y con un blindaje de 40 cm fue hundido en 1945 por un ataque coordinado de aviones torpederos y bombarderos navales norteamericanos que atacaban desde portaaviones a centenares de Km de distancia del objetivo.

La marina norteamericana ha mantenido hasta los los años 90 del siglo XX alguna unidad en activo para emplearla en el bombardeo de costas durante la guerra de Vietnam o en la primera guerra del Golfo, finalmente esas unidades pasaron al desguace o a convertirse en museos flotantes hacia la mitad de la década de los noventa. El resto de potencias poseedoras de acorazados los desguazaron o vendieron a precio de chatarra a países que querían un barco para lucir bandera en los años 50 o primeros 60.

En 1929 se denominó acorazado de bolsillo a un tipo de naves construidas en Alemania bajo las limitaciones impuestas por el tratado de Versalles como nación derrotada, con un desplazamiento de 10.000 toneladas y cañones limitados a 280 mm los alemanes construyeron tres de estas naves empleando la tecnología más avanzada del momento, de forma que podían huir fácilmente de los acorazados y podían destruir también con facilidad a los cruceros pesados capaces de darles alcance, con un armamento y protección inferior a los acorazados de bolsillo (piezas de 203 frente a 280 mm). Estas naves se destinaron en la segunda Guerra Mundial a la actividad corsaria, destruyendo tráfico mercante aliado, aunque por poco tiempo al incrementarse la velocidad de los acorazados aliados. Por otro lado la dirección de tiro de los aliados fue claramente superior a la de las potencias del Eje durante la guerra al disponer de sistemas de radar para corregir el tiro de los que carecían los alemanes, italianos y japoneses.

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